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10 feb 2012

Robotizando la guerra


El presidente Obama confirmó que EE.UU. ataca la zona tribal del noroeste de Pakistán con aviones no tripulados (ANT) (www.bbc.co.uk, 31112). No es una novedad desde que esa forma de intervención militar comenzó en el 2004, pero es la primera admisión oficial de su existencia. De hecho, los bombardeos con ANT se cuadruplicaron con creces bajo el gobierno estadounidense actual en relación con la era W. Bush. El Pentágono está desarrollando un nuevo tipo de guerra para evitar futuras invasiones.

Los ANT son relativamente baratos, en especial si su costo se compara con el del caza F35, el más avanzado hasta ahora que produce la Lockheed Martin: unos 300 millones de dólares cada unidad. Pueden volar largas distancias y cruzar cualquier frontera sin peligro para la tripulación, porque no la tiene, permanecer en el aire mucho tiempo y los manejan electrónicamente militares cómodamente sentados en bases que a veces están muy lejos del objetivo, por ejemplo en Nevada, EE.UU. Son capaces de despegar y aterrizar en la cubierta de los portaaviones y se trabaja en un modelo que pueda aterrizar sin control humano. No es casual que conserven un lugar destacado en los presupuestos de guerra estadounidenses pese a los recortes anunciados.

El Pentágono ha destinado bases para los ANT en buena parte del mundo: se estima que son 60, por ahora, y se conoce que algunas funcionan en Djibuti, los Emiratos Arabes Unidos, Afganistán, las islas Seychelles. El capturado en Irán prueba que también se utilizan en misiones de espionaje. Son ideales para violar espacios aéreos ajenos y, además de los paquistaníes, los vienen sufriendo los yemenitas.

Obama se apresuró a señalar que la mayoría de las víctimas causadas por los ANT en Pakistán figuraban en “una lista de terroristas” y que las bajas civiles “no son grandes”. Como, salvo excepciones, no se conocen sus identidades, puede que sí y puede que no. John Brennan, asesor principal del mandatario en materia de contraterrorismo, llegó a afirmar el año pasado que el número de muertes de civiles era igual a cero (www.latyimes.com, 29611). Hay informaciones que lo contradicen rotundamente.

La oficina de periodismo de investigación de la City University de Londres advirtió el año pasado que al menos 175 niños figuraban entre las más de dos mil víctimas de los ANT hasta ese momento (www.thebureauinvestigates.com, 10811). La institución –que durante cuatro meses llevó a cabo un trabajo de campo en Waziristán, la zona lindante con Afganistán que sobre todo padece las incursiones programadas a miles de kilómetros de distancia– subraya en sus estudios más recientes que los ataques se dirigen también a quienes procuran rescatar a los heridos, a reuniones tribales, funerales y bodas (4212). Amnesty cuestionó la legalidad de estas incursiones que violan la soberanía nacional de Pakistán. La Casa Blanca las justifica con su habitual desparpajo: “... de acuerdo con el derecho internacional, tenemos la autoridad para actuar contra Al Qaida y sus fuerzas asociadas”, dijo Brennan (www.nytimes.com, 17911). “Las fuerzas asociadas” son las mismas que entrenó y financió la CIA para expulsar a los soviéticos de Afganistán.

Hace más de tres años que Noor Behrman, nativo de Waziristán, documenta fotográficamente el impacto de los misilazos de los ANT. “A veces él llega al lugar pocos minutos después de la explosión, deja la cámara a un lado y se ocupa primero de revisar los escombros en busca de sobrevivientes. Un trabajo peligroso y desagradable. Los ANT suelen atacar de nuevo minutos después, de manera que escarbar para ver si hay heridos es arriesgado”, registra The Guardian (17711). Las conclusiones de Behram son terminantes: “Por cada 10 o 15 personas muertas, tal vez abaten a un militante. No cuento cuántos talibán han caído. Cuento cuántos niños, mujeres, gente inocente, han caído”.

Washington ensaya otro artefacto de la guerra a distancia que confiere a los bombardeos aéreos de la Primera Guerra Mundial la calidad de experiencia infantil. Este nuevo robot es el “Vehículo 2 de tecnología hipersónica”, un proyectil capaz de alcanzar un objetivo en cualquier punto del planeta en menos de una hora: estará dotado de una velocidad ocho veces superior a la del sonido y podrá volar 21.000 km en 60 minutos (www.wired.com, 171112). Para qué desperdiciar marines en la ocupación de países ajenos.

Concurren a ese fin los operativos clandestinos de las fuerzas especiales, 60.000 efectivos distribuidos en 120 naciones, es decir, casi dos tercios de los países de la Tierra (www.tomdispatch.com, 5212), que también se dedican a vulnerar soberanías nacionales convirtiéndolas en un papel usado, inútil, sin lugar.

Juan Gelman.

Tomado: Página 12.com.ar

5 feb 2012

Diálogos curiosos


El presidente afgano Hamid Karzai está algo desesperado: los talibán no quieren negociar con él, se aprestan a hacerlo con la Casa Blanca y para ese fin abrieron una oficina política en Qatar. El comando talibán confirmó su disposición a dialogar con Washington pero nunca con el gobierno “ilegal y sin autoridad” de Afganistán (www.dailytimes.com.pk, 1/2/12). Hace dos años que la administración Obama procura alcanzar algún tipo de acuerdo con los insurgentes para que cesen sus acciones militares y esto contradice el triunfalismo de que hace gala el Pentágono sobre el desarrollo de una guerra que dura ya más de una década. “A pesar de las incompatibilidades, se abre el camino para una interlocución EE.UU.-talibán”, titula el New York Times una nota sobre el tema (11/1/12).

El secretario de Defensa Leon Panetta declaró el miércoles que EE.UU. espera poner fin a sus misiones de combate a mediados del 2013, más de un año antes de lo planeado, para limitar su papel “al entrenamiento, asesoramiento y asistencia (aunque) esto no significa que no estaremos preparados para combatir... porque siempre debemos estar en condiciones de defendernos”, advirtió (www.washingtonpost.com, 2/1/12). Pareciera un deseo que la realidad cohíbe: el ejército y la policía de Afganistán, que se harían cargo de las tareas de seguridad en el 2014, han dado muestras de ineptitud, señales de corrupción y están eventualmente infiltradas por los insurgentes. La violencia sigue imperando en el país y aumenta el número de bajas, tanto afganas como estadounidenses.

Es cierto que las tropas de la OTAN dirigidas por EE.UU. han recuperado algunos territorios en poder del talibán, pero lo conseguido es insuficiente para garantizar la continuidad del gobierno de Karzai. Así lo afirma un documento top secret de los 16 organismos de inteligencia, el National Intelligence Estimate (NIE) más reciente, del que dieron cuenta medios británicos cono la BBC y el Times de Londres. Esta evaluación sobre el curso de la guerra en Afganistán concluye que se encuentra en punto muerto, que los insurgentes no han perdido capacidad de lucha y que el gobierno de Kabul, instalado por EE.UU., podría no sobrevivir a la retirada de las tropas invasoras (www.latimes.com, 11/1/12). El NIE contrasta de manera terminante con las afirmaciones optimistas del Pentágono y ha echado leña al fuego del debate entre la Casa Blanca y los mandos militares acerca del ritmo de la retirada de las tropas.

El vicepresidente Joe Biden, otros altos funcionarios y varios congresistas han manifestado su preocupación por el elevado costo de la guerra: el año pasado cayeron más de 400 efectivos estadounidenses y la inversión superó los 100.000 millones de dólares, hechos que, sumados a la crisis económica, la desocupación, los desalojos, tornan vidriosa la campaña por la reelección de Obama. Pujan, entonces, por una retirada rápida, pero las cien páginas del documento del Consejo de Seguridad Nacional aconsejarían lo contrario: “Muchos afganos se preparan para un eventual retorno del talibán. Los talibán consideran que, cuando desaparezca la OTAN, su victoria será inevitable”, subraya el NIE (www.guardian.co.uk, 3/2/12).

El diálogo que Washington intenta no ha salido aún de encuentros que exploran la posibilidad de establecer “medidas de confianza”, como la debatida liberación de cinco jefes talibán detenidos en Guantánamo. Este nuevo elemento estratégico entraña consecuencias significativas a nivel internacional para los esfuerzos de la Casa Blanca destinados a terminar un conflicto bélico que no gana. En el plano interior, “Obama pelea por su reelección en un clima de fuerte oposición a la guerra y de la exigencia de recortes del presupuesto federal” (www.kansascity.com, 11/1/12). En el fondo, esta tentativa de reconciliación revela en parte que Washington reconoce que la insurgencia talibán continuará después de la retirada de las tropas con vistas a la retoma del poder.

El ex embajador en Turquía Marc Grossman, enviado especial a Pakistán y Afganistán, encabeza esta difícil tarea asistido por funcionarios del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA. Hace un mes se reunieron en Bonn los representantes de decenas de países para impulsar una componenda política en Afganistán y la iniciativa agonizaba por el rechazo de Karzai hasta que la Casa Blanca doblegó su resistencia. “Dado que EE.UU. y la OTAN anunciaron ya que en el 2014 retirarían de Afganistán la mayoría de sus tropas, la búsqueda de algún tipo de acuerdo político entre el nuevo gobierno y los talibán se ha convertido en un imperativo para el gobierno (de Obama)” (www.nytimes.com, 11/1/12). Revive en la memoria un hecho que se considera histórico: desde los tiempos de Alejandro Magno, nadie ha podido ocupar Afganistán. Ni siquiera Alejandro Magno.

Juan Gelman.

Tomado: Página 12.com.ar

27 ene 2012

Un incidente diurético


El soldado afgano que el viernes 20 mató a cuatro efectivos franceses e hirió a una docena o más –ocho se encuentran graves– no era un recluta talibán, como pretendió un comunicado triunfalista: el hombre había visto el documental de 40 segundos que alguien subió al blog TMZ y que muestra a cuatro marines sonrientes orinando los cadáveres de presuntos enemigos. Para el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, el hecho arroja serias dudas sobre la eficacia del entrenamiento que las tropas de la OTAN imparten al naciente ejército afgano y podría adelantar el regreso de los 3600 militares de su país estacionados en el país asiático.

Se puede considerar que esa profanación es una más de las perpetradas a los afganos, talibán o no, presos en Abu Ghraib, o cercados en Fallujah por las tropas de la OTAN que incluso utilizaron gases venenosos y mataron talibán y civiles por igual sin distinción alguna. Sólo que es un síntoma de otra naturaleza: aumenta el número de tropas aliadas muertas por los mismos que entrenan. El muy británico The Guardian publicó una lista, más bien escueta, de esa clase de guerra interna: el 3 noviembre del 2009, un policía afgano eliminó desde el techo de una vivienda a cuatro soldados británicos, hirió a ocho y logró escapar; en 2010, un soldado afgano asesinó a tres británicos en la provincia de Helmand, y un policía a ocho soldados estadounidenses durante un entrenamiento en Nangahar antes de suicidarse.

Estos incidentes fueron in crescendo en el 2011. El 18 de febrero, un soldado afgano ametralló a tres soldados alemanes en la provincia de Baghlan; el 27 de abril, un piloto muy experimentado de la fuerza aérea de Afganistán disparó contra un grupo reunido en Kabul, la capital, dando muerte a ocho efectivos de EE.UU. y a un contratista civil antes de ser derribado; el 9 de noviembre, las víctimas fueron tres soldados australianos y el 29 de diciembre, dos militares de la Legión Extranjera francesa. Se estima que el número total de efectivos aliados caídos en sucesos similares asciende a 57. ¿A qué se debe esta reacción? ¿Raptos de locura? ¿Patriotismo recuperado? ¿El stress post-traumático del combate, como proponen especialistas de la OTAN?

El Pentágono decidió investigar las razones y resultaron bien otras. Por ejemplo, la extrema arrogancia, los abusos y “el trato rudo” que los soldados afganos reciben de los instructores extranjeros. El informe asimismo califica de “profunda deshonestidad intelectual” la afirmación del comando de la OTAN de que son extremadamente raras las muertes de sus efectivos a manos de soldados o policías afganos. La de los cuatro franceses el viernes 20 –dice– “refleja una creciente amenaza sistemática de homicidios (entre ‘aliados’ de una magnitud sin precedente en la historia militar moderna)” (www.guardian.co.uk, 20-1-12). Y advierte que el problema es tan serio que “está provocando una crisis de seguridad y de confianza entre los occidentales que entrenan y trabajan con las Fuerzas Afganas de Seguridad Nacional”. Los efectivos alemanes de Baghlan se niegan a patrullar con los afganos. Tuvieron ya bastante con tres bajas.

Un informe del científico conductista Jeffrey Bordin señala que la mayoría de estos “asesinatos fratricidas” –así los llama– son producto de “una profunda animosidad estimulada por conflictos sociales y personales” (www.michaelyon-online.com, 12-5-11). El Dr. Bordin entrevistó a 623 miembros de las fuerzas de seguridad afganas, 215 soldados estadounidenses y 30 intérpretes afganos que trabajan para éstos y encontró que el desprecio y la incomprensión imperan por igual en instructores y entrenados. Subraya que se trata de “una crisis de incompatibilidad cultural”, pero el problema admite otras complejidades.

“Los soldados de EE.UU. no escuchan, son demasiado violentos, imprudentes, intrusivos, soberbios, profanos, aprovechados que se ocultan detrás de una tecnología de vanguardia... los civiles pagan cuando uno de los suyos cae”, fueron algunas opiniones de efectivos afganos recogidas por el investigador. La otra parte no se quedó corta: los soldados afganos “son cobardes, incompetentes, obtusos, ladrones, complacientes, holgazanes, drogradictos, radicales traidores y asesinos”, espetaron los soldados estadounidenses. Ni el gobierno de Karzai, ni los mandos de la OTAN han logrado frenar semejante hostilidad.

Esta situación podría tener consecuencias políticas no triviales. La Casa Blanca y su aliados vacilan en abandonar Afganistán con una población civil cargada de odio a los ocupantes y fuerzas de seguridad permeadas por el mismo sentimiento. La creación de un ejército afgano operativo contra los talibán es la base fundamental del designio de Obama, tantas veces reiterado, de retirar sus tropas a fines del 2014. ¿Lo hará?

Juan Gelman.

Tomado: Página 12.com.ar

22 ene 2012

Y la viga en el propio


El Departamento de Estado registra cuidadosamente las violaciones a los derechos civiles y a las libertades públicas en el mundo entero. Cada año publica un informe en el que figuran las que se perpetran en todos los países del planeta, menos en EE.UU., desde luego. Se encontrarían semejanzas si lo hiciera.

El presidente Obama cerró el 2011 estampando su firma al pie de la Ley de autorización de la defensa nacional (NDAA, por sus siglas en inglés), que faculta a la Casa Blanca a detener en instalaciones militares sin cargos ni proceso y por tiempo indeterminado a todo sospechado de terrorismo, aunque sea estadounidense. “Aprobé esta ley –dijo– pese a que tengo serias reservas respecto de algunas disposiciones... y quiero aclarar que mi gobierno no autorizará la detención militar indefinida sin proceso de ciudadanos estadounidenses. Creo que ello quebrantaría nuestros valores y tradiciones más importantes como Nación.” (www.washingtonpost.com, 31/12/11)

Lástima que había insistido ante el Congreso para que esa providencia fuera incluida. Washington critica que en países como Cuba, China y Camboya no se respeten, como no se respetan, las garantías legales de los imputados. De Guantánamo a la fecha, en EE.UU. tampoco.

Como su antecesor W. Bush, Obama se arroga el derecho de pasar a mejor vida a cualquier presunto terrorista o instigador del terrorismo. El año pasado autorizó la ejecución extrajudicial del clérigo radical Anwar al Aulaqi, nacido en Nuevo México y asesinado en Yemen por un avión no tripulado. El Departamento de Justicia expidió un memorándum secreto que daba luz verde al acto, del que se encargó la CIA (www.washingtonpost.com, 30/9/11). Más: el mes pasado, funcionarios de la Casa Blanca afirmaron que el presidente tiene la facultad de dar esta clase de órdenes (AP, 1º/12/11).

Nigeria, Irán y Siria practican estos métodos que el Departamento de Estado enjuicia con razón, son los mismos de las dictaduras militares de América latina y de Israel también, pero sería vano esperar que haya alguna referencia a EE.UU. en sus informes. Es que nadie tiene por qué meterse en lo de uno, especialmente uno.

El ocupante de la Casa Blanca decide si un acusado será juzgado por un tribunal civil o una Corte militar, medida impuesta por W. Bush que Obama observa. Pero Washington denunció a Egipto por mantener dos sistemas judiciales separados, el militar y el civil, para procesar a ciertos imputados, civiles incluidos. Obama amplió el poder discrecional de vigilancia de la ciudadanía que la Ley Patriótica concedió a W. Bush: la NDAA obliga a empresas y organizaciones a proporcionar información sobre las finanzas y contactos de un ciudadano; el uso de las llamadas “comunicaciones de seguridad nacional” permite que, sin causa probable alguna, las instituciones proporcionen datos personales, teléfonos, direcciones electrónicas y otros de cualquier persona, actos que la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense prohíbe. Pakistán y Arabia Saudita se distinguen por un ejercicio similar.

La Casa Blanca suele ordenar la detención de presuntos terroristas con base en documentación calificada de secreta y que no presenta en los tribunales federales porque su divulgación “atenta contra la seguridad nacional”. Esto facilita que muchos casos ni se traten en la Justicia civil y ningún acusado puede probar que no es un terrorista. Hay manga ancha para torturar a los detenidos: con W. Bush se extendió el uso del “submarino”, que levantó protestas en EE.UU., pero Obama declaró en el 2009 que no permitiría que el personal de la CIA fuera investigado o juzgado por métodos que violan el derecho internacional (www.wahingtonpost.com, 17/4/09). Del mismo modo, Irán y Siria se han negado a aceptar investigaciones independientes de denuncias de torturas formuladas contra sus gobiernos.

El aparato interno de seguridad ha crecido en EE.UU. de manera inmensurable. Una investigación del Washington Post determinó que 1271 organismos del gobierno y 1931 empresas privadas se dedican a espiar a la población y se desconoce con exactitud el monto de los fondos multimillonarios destinados a estas actividades. Un ejemplo: los grupos de tareas contra el terrorismo del FBI pasaron de 35 en el 2002 a 106 en el 2010, constituyendo una suerte de Estado secreto dentro del Estado (www.washingtonpost.com, 19/7/10). Es evidente que el viejo concepto del general Eisenhower sobre el complejo militar-industrial ha quedado atrás.

El senador republicano Lindsey Graham sostiene, como no pocos de sus colegas, que tales medidas son la debida respuesta al terrorismo: “La libertad de expresión es una gran idea, pero estamos en guerra”, dijo (www.csnews.com, 3/4/11). Claro que, para la Casa Blanca, el terrorismo nunca se acabará y tampoco esta clase de guerra. Al menos, hasta que EE.UU. termine de invadir países para asegurarse el dominio mundial.

Juan Gelman.

Tomado: Página 12.com.ar

30 abr 2011

El príncipe no fue a la boda


Imagen: EFE
El británico Guillermo por supuesto que sí. El que se abstuvo fue el de Bahrein, Salman bin Hamad al Khalifa, uno de los 40 monarcas convidados: pretextó que la situación interna del país no le permitía asistir, aunque no aclaró que la ha creado él mismo. Lo cierto es que la pareja real padeció manifestaciones y la crítica de varios medios ingleses por invitar al príncipe bahreinita, vicecomandante supremo de las fuerzas armadas y maestro en reprimir a sus connacionales. Claro que, en este caso, como en el de Siria, difícilmente la ONU autorizará una intervención militar “para proteger a los civiles”.

Más de treinta han muerto desde que el 14 de febrero se iniciara en las calles el reclamo de democracia en Bahrein: la policía balea a mansalva a la multitud y la violencia se ha redoblado desde que el 16 de marzo entraron en la isla fuerzas armadas de otros países del Golfo al mando de militares saudíes. Hay varios miles de heridos, más de mil detenidos o “desaparecidos”, médicos, enfermeras, abogados, defensores de los derechos humanos, incluso blogueros como Faisal Hayat y sobre todo miembros de la mayoría chiíta, siempre acosada por la realeza sunnita. Cuatro personas fallecieron en la tortura, entre ellas Karim Kakhrawi, fundador de Al Wasat, el primer –y único– periódico independiente del reino (www.cpj.org, 12-4-11). Puede parecer poco a los afectos a los números, sólo que Bahrein tiene apenas 700 mil habitantes.

Los militares toman hospitales, golpean al personal, impiden la atención de los heridos y no vacilan en llevarse a los enfermos. Así ocurrió el martes en el centro de salud Aali sito en Manama, la capital. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU y organismos como Human Rights Watch y Médicos sin Fronteras condenaron estos crímenes con nulo resultado. No parece posible que Washington y Londres los ignoren: en Bahrein se asienta la Quinta Flota de EE.UU., encargada de asegurar la hegemonía geopolítica de Occidente en la petrolífera región.

La Casa Blanca y Downing Street no dicen una palabra sobre el tema y “lo más probable es que esos gobiernos hayan dado su aprobación para que se reprima al movimiento”, aventura Finian Cunningham, corresponsal de Global Research en Medio Oriente. Pocos días antes de la intervención militar dirigida por Arabia Saudita, el jefe del Pentágono, Robert Gates, y el principal asesor de seguridad de Gran Bretaña, Sir Peter Ri-cketts, mantuvieron reuniones por separado con el rey de Bahrein y con su hijo. Es natural: la base de la Quinta Flota no puede ni debe ser perturbada. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, se suma a los argumentos y atribuye las demandas de la oposición bahreinita a “la injerencia iraní”.

El príncipe Salman al Khalifa confirmó de entrada su asistencia a la boda, pero las protestas de la prensa y la opinión pública británicas lo desinvitaron: “Esperaba que el Reino de Bahrein tuviera una representación de alto perfil en ese encantador acontecimiento, como reflejo de la amistad que une a nuestros países, pero la situación imperante en Bahrein me impide asistir”, explicó (www.bangkokpost.com, 25-4-11). La oficina de prensa del príncipe Guillermo emitió un comunicado para responder a los reproches recibidos: “Nos atuvimos al antiguo protocolo de invitar a todas las testas coronadas del mundo y a la opinión del Foreign Office” (www.middleest-online.com, 25-4-11). No todos se mostraron conformes con esta explicación.

Graham Smith, jefe del grupo apartidario y antimonárquico Republic, manifestó que la lista de invitados parecía el “Who is who de los tiranos y sus cómplices”: no sólo figuró la casa real de Bahrein sino también las de Arabia Saudita, Brunei, Qatar, Lesotho, Bhután, Kuwait, Omán y Swazilandia. “¿Qué ha sucedido con la presuntamente vigorosa conciencia social de Guillermo?”, preguntó al exigir que se las quitara de la lista. No sucedió, quién puede contra el protocolo.

Bahrein fue un protectorado británico desde 1820 hasta 1971, año en que Londres le otorgó una independencia más bien formal: muchos agentes de las fuerzas de seguridad instaladas por Gran Bretaña permanecieron en sus puestos, involucrándose en las políticas represivas del régimen. Su jefe, el coronel de policía Ian Henderson, ejerció el cargo de 1968 a 1998 y se ganó el título de “El carnicero de Bahrein”. Se estima que todavía influye en la materia como asesor del rey.

Una corte marcial condenó el jueves pasado a siete presuntos opositores, cuatro a muerte y tres a prisión perpetua, acusados de asesinar a dos policías “con fines terroristas”.

Es la primera vez que siete civiles son sometidos a la Justicia militar y aún se desconoce dónde y cómo fueron secuestrados, hace semanas ya. El gobierno prohibió que recibieran algún asesoramiento legal y que los visitaran sus familias (www.peacebahrain.com, 28-4-11). Es costumbre en ciertos invitados a la boda de la pareja real.

Juan Gelman.

Tomado: Página 12.com.ar

24 feb 2011

Lo de Bahrein



Pasa algo desapercibida en los medios la situación imperante en este reino de 33 islas, 1,2 millón de habitantes y menos de 700 kilómetros cuadrados. No para la Casa Blanca: Bahrein tiene petróleo y está ubicado en un punto estratégico del superestratégico Golfo Pérsico. En el 2002 fue designado “un aliado no miembro de la OTAN muy importante”, en marzo del 2008 se convirtió en el primer país árabe que comandó maniobras navales conjuntas con EE.UU., en diciembre del 2008 envió a Afganistán una compañía de sus fuerzas especiales de seguridad y es calificado “líder del Consejo Coordinador del Golfo”, según cables de la embajada estadounidense en Manama filtrados por Wikileaks (http://www.washingtonpost.com/, 22-2-11). Tiene buenas notas en las libretas del Pentágono.

Hace 40 años que el primer ministro Khalifa bin Salman al Khalifa, con las bendiciones de su tío, el rey, ejerce un poder despótico sobre el país. La familia Al Khalifa es otra de las autocracias que cuentan con el apoyo de EE.UU. en la región. El lunes 14 de febrero fue el “Día de la Furia” local contra un régimen que practica la marginalización, el sectarismo y la represión indiscriminada. La manifestación era pacífica, pero la policía disparó con fuego real. Hubo muertos y heridos, y miles ocuparon la plaza central de Manama. En la madrugada del jueves, mientras dormían, fueron atacados con bastones, gas lacrimógeno y pistolas: cinco muertos y más de 2000 heridos (http://www.asiatimes.com/, 20-2-11). No todos pudieron acudir al Hospital Salmaniya: la policía impidió el paso de las ambulancias, sacó a los paramédicos de los vehículos y los golpeó brutalmente.

Es un ejercicio conocido en Bahrein. El año pasado fueron detenidos 450 líderes religiosos, figuras de la oposición y activistas de los derechos humanos que demandaban el fin de las torturas infligidas a los presos políticos: la mitad fue acusada de intentar un golpe de Estado y 25 personas, de “relacionarse con organizaciones extranjeras y proporcionarles información falsa sobre el reino”. Denunciaron que los torturaron antes de someterlos a juicio y los examinaron médicos del gobierno que concluyeron que las heridas, cortes, quemaduras y huellas de fuertes golpes en los cuerpos de los detenidos no eran el resultado de la tortura. Bahrein tiene un sistema médico avanzado, pero ni un solo médico que reconozca esas trazas.

Sólo unos 530.000 habitantes son nacionales y un 70 por ciento de éstos, chiítas, pero la dinastía reinante desde hace dos siglos es sunnita. Esto da pie a una discriminación espesa: los primeros constituyen el 80 por ciento de la fuerza de trabajo, pero ninguno de ellos labora en la administración pública. Más de dos tercios de los mil agentes del aparato de seguridad nacional son de origen jordano, egipcio, paquistaní y el resto, sobre todo sunnitas. Es jordano el “maestro” en materia de torturas. En el informe mundial de Human Rights Watch presentado este año se reitera que continúan los tormentos infligidos a opositores políticos y la violación de niños en cárceles y puestos policiales (http://www.hrw.org/, 24111). Pero el Pentágono instaló dos baterías antimisiles en Bahrein, un radar costero, aviones de combate en la base Isa y 2500 marines en Manana. No es cuestión de despreciar: Irán está cerca.

La Casa Blanca sigue con preocupación y en particular la situación en Bahrein. Con los ejemplos de Túnez y Egipto a la vista, el presidente Obama, la secretaria de Estado, Hillary Clinton; el jefe del Pentágono, Robert Gates; y el asesor de seguridad nacional Thomas Donildon llamaron incesantemente al rey y a otros miembros de la familia real –también a dirigentes de los países del Golfo– para instarlos a no reprimir y a negociar con la oposición algunas reformas políticas (http://www.washingtonpost.com/, 19-2-11). Washington teme que el peso numérico de los tan excluidos chiítas dé cobijo a aventuras de al Qaida y al parecer no comprende algo muy sencillo: la mejor vacuna contra el terrorismo no es la intervención militar, sino la democratización de estos países.

Algo hay que reconocerle, sin embargo: su largo sostén a dictadores árabes de todo pelaje ha contribuido a sembrar las semillas de protestas populares espontáneas, no organizadas por partido alguno y laicas, que demandan trabajo, un alto a la pobreza, mejoras sociales y democracia. La familia real construyó una farsa en este campo: los diputados surgen de elecciones –controladas–, pero el Consejo Shura o Senado puede rechazar cualquier ley aprobada por la Cámara baja. Y no hay sorpresas: el rey elige a los miembros del Shura.

Los manifestantes cantaban en la plaza “Ni chiítas ni sunnitas, sólo bahreinitas”. Esta suerte de nuevo panarabismo rechaza las guerras de religión entre connacionales.

Juan Gelman

Tomado: Página 12.com.ar

2 ene 2011

Una Nochebuena particular



Cesaron los tiros. Los combatientes de una trinchera comenzaron a cantar un villancico. En la trinchera de enfrente respondieron con el mismo villancico en otro idioma. Los adversarios de ambos bandos salieron a la tierra de nadie sembrada de cadáveres y confraternizaron. Sucedió el 24 de diciembre de 1914 en el frente de la Bélgica francesa donde terminó la guerra de posiciones y tuvo lugar la batalla de Flandes. A esa altura, la Gran Guerra o “la guerra que iba a terminar con todas las guerras” había cobrado decenas de miles de vidas en cuatro meses. Y el pronóstico falló.

La Historia conoce treguas desde Troya, concertadas entre los mandos enemigos para enterrar a sus muertos, rezar por la victoria, dar algún descanso a las tropas. Esta fue espontánea. La instauraron los efectivos alemanes y británicos enfrentados corriendo el riesgo de padecer sendas cortes marciales, tal vez movidos por el encuentro de la memoria de Navidades pasadas en compañía de sus familias, con la fe en Dios y la fatiga de una guerra sin sentido aparentemente provocada por el asesinato de un remoto archiduque. No se trata de un mito ni de un cuento de Navidad: ocurrió, aunque relatos, novelas, canciones y películas que nacieron de este hecho excepcional lo envolvieron luego con capas de fantasía.

Una fuente legítima de conocimiento son las cartas que los soldados, suboficiales y oficiales británicos enviaron a sus familiares y se publicaron en periódicos ingleses locales hasta que su aparición fue prohibida en 1915 (www.chris tian.co.uk). Construyen una narrativa sin tapujos que deshace toda posibilidad de literatura fantástica. No hace falta. Menos de 60 metros separaban las trincheras de los contendientes en Ypres y los de un lado podían escuchar las conversaciones del otro cuando callaban los fusiles. El 24 de diciembre de 1914 un extraño silencio acompañó la caída del crepúsculo. A las 11 de la noche, los alemanes alzaron un árbol de Navidad con velas encendidas que recibió algunos tiros hasta que se oyó el “Stille Nacht, Heilige Nacht”. Fue respondido enfrente con el “Silent Night”, el villancico “Noche de Paz” en otras lenguas. Y siguieron otros: “Oh, Come All Ye Faithful” y “Adeste Fideles”.

Los soldados salieron entonces de los pozos de fango en que se habían convertido las trincheras, cremaron o enterraron los restos de los caídos que llevaban semanas bajo el frío invernal, se dieron la mano en medio de la tierra de nadie –ahora de ellos–, intercambiaron cigarrillos ingleses por schnaps y caramelos alemanes y no tardaron en jugar al fútbol con una pelota de verdad aportada por un militar precavido. Los puntiagudos cascos alemanes delimitaban los arcos y no se oían cañonazos, sino gritos de “goal” y “tor”. Los Fritzs les ganaron a los Tommies 3 a 2.

“La noche pasó como en sueños”, escribió el soldado británico Henry Williamson. “Descubrimos que los del otro lado no eran bárbaros, como se nos hizo creer –declaró el escocés Alfred Anderson–, eran como nosotros.” “Nos separamos estrechándonos las manos largamente y deseándonos lo mejor”, anotó en carta a su familia Percy Jones, de la Brigada Westminster. Abundan en esas misivas la mención “soñando despierto”. Los altos mandos franceses negaron lo sucedido, pero Víctor Granier, tenor de la Opera de París, interpretó “Minuit, Chrétiens” y Walter Kirchoff, un astro de la Opera Imperial de Berlín, cantó para los ingleses.

Los jefes militares estaban presos en su indignación: la guerra debía seguir, la matanza debía seguir en aras del interés nacional de cada quien. El general sir Horace Smith-Dorrien ordenó cesar los contactos con el enemigo porque “debemos conservar nuestro espíritu de lucha para acabar con esta guerra rápidamente”. Más rápido hubiera sido ponerle fin: el armisticio se firmó cuatro años después con un saldo de diez millones de muertos y 20 millones de heridos.

El 25 a la mañana se ofició una suerte de misa por los muertos de los dos ejércitos y la confraternización continuó. Como las tropas de reemplazo de los “pacifistas” tardaban en llegar, la tregua se prolongó varios días. Los cañones inauguraron el 1915 creando un Año Nuevo inédito para casi todos. George Wilson, de la 3ª Compañía de Rifleros de Londres, escribió en su diario: “Nos separamos sabiendo que difícilmente nos volveríamos a ver”.

Los capitanes Miles Barnes y sir Iain Colquhoun, de la 1ª Compañía de Guardias Escoceses, intentaron convertir esa tregua en tradición: en la Nochebuena de 1915, efectivos británicos y alemanes sólo se mezclaron media hora en la tierra de nadie, pero durante todo el día de Navidad se sentaban en sus respectivos parapetos a la vista del enemigo sin disparar un tiro. Una Corte Marcial juzgó a los capitanes y el hecho ya no se repitió.

En un mundo que no conoce un solo día de paz desde 1939, con una guerra siempre en algún rincón del planeta, esa tregua parece una ficción. Será que la Naturaleza imita al Arte, como observó Oscar Wilde.

Juan Gelman

Tomado: Página 12

28 nov 2010

El grito congelado en la garganta


El grito congelado en la garganta

 En 1980, durante su exilio en Roma, Juan Gelman escribió “Bajo la lluvia ajena”, un libro sobre el destierro y el dolor, que se reeditó con ilustraciones inéditas del artista Carlos Alonso.

Cuando expuse Manos anónimas –dice Carlos Alonso–, frente a es
a obra muy fuerte, escuché a dos señoras decir ‘Qué maravilla, qué hermosura’. (…) Supongo que estaban hablando de cómo estaba hecha la obra y no de lo que representaba. Pero en el fondo, hay una cierta ambigüedad. Es un riesgo.” Con texto de Gelman, con aguafuertes de Alonso, este es un libro que corre el riesgo. Es incómodo, peligroso y bello. Los argentinos no necesitamos que nos expliquen qué significa esa mujer desnuda que no nos ve, cuyos ojos no vemos, esa mano vestida de traje y camisa que los tapa. Pero si no conociéramos la historia argentina, si fuéramos ajenos, extranjeros, de otra época o de otra cultura, nos bastaría con ser humanos para sentir la angustia.

“El exilio es una vaca envenenada, algunos parecen alimentarse así (...) La necesidad de autodestruirse y la necesidad de sobrevivir pelean entre sí como dos hermanos vueltos locos”, dice Gelman, en el primer texto de Bajo la lluvia ajena , haciendo poesía con el espanto y la mentira de estar vivo.

En 1980 Juan Gelman y Carlos Alonso están exiliados en Roma. No se conocen. Los dos tienen hijos desaparecidos. Los dos están luchando por dejar paso al grito que tienen congelado en la garganta. Mientras Alonso dibuja las imágenes de sus pesadillas, Gelman, después de cuatro años de silencio, empieza a escribir estas “Notas al pie de una derrota”. Su voz está llena de amargura. No hay piedad para sí mismo, la poesía de su prosa clava los dientes en su propia carne. También nosotros, aquí, somos actores mudos. Tenemos brillos suaves, ternuras sucias de sangre seca como niños, mucho silencio alrededor.

Años después, en Barcelona, el editor Alejandro García Schnetzer imagina uno de los Libros del Zorro Rojo. Quisiera reeditar Bajo la lluva ajena con ilustraciones de Carlos Alonso. “No puedo” contesta Alonso. “Y al mismo tiempo, siento que el texto está ilustrado por mí, pero en el mismo momento en que fue escrito, porque las preocupaciones, el sentimiento, incluso las metáforas que yo trabajaba entonces coincidían con las de Juan”. Así nace este libro peligroso, incómodo, bello, donde las aguafuertes inéditas de Alonso, como bien dice Gelman en el prefacio, no son ilustraciones, donde el texto y los dibujos conversan, se dañan, se acusan, se lamen las heridas.

¿De dónde viene Gelman, a dónde va? En los 60 publicó sus Traducciones , en las que finge traducir a poetas inventados como Yamanokuchi Ando, un supuesto poeta japonés: “Tomiro Sakayagu se cansó/ arrinconó a la tristeza contra el río/ la hizo objeto de viles atentados”. Ahora es Gelman mismo el que está tratando de arrinconar la pena colectiva, la de los argenguayos, urulenos, chilentinos, tratando de violar a la tristeza aunque sólo sirva para engendrar más tristeza ensimismada, porque no es posible penetrar el cuerpo siempre ajeno de las calles extranjeras, “sueñan que no existimos, que no pesamos sobre ellas”. ¿De dónde viene Alonso, adónde va? Viene de El ganado y lo perdido , una exposición premonitoria, aterradora, con la que se planta una vez más para desmentir y reírse de la muerte de la pintura pintando otras muertes, de vacas y de hombres. Alonso expuso por primera vez en el 76 esa serie de reflexiones plásticas sobre el por qué de la violencia en la Argentina. Un año después desaparecía su hija Paloma. Y ahora podemos ver ya adónde va: hacia una bellísima interpretación del horror que culminará en las obras de Manos Anónimas , realizadas entre el 83 y el 86, después de un período de parálisis creativa en la que Alonso sólo puede pintar paisajes, porque se le niegan los cuerpos.

La lluvia es de los otros, dice Gelman, pero la tierra no. La tierra se lleva pegada a esas raíces rotas, arrancadas. “Estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo todavía a partir de eso. (…) me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando a mi perro...” ¿Adónde va, Gelman? Va hacia adelante cargando con ese empedrado, que es parte de su ser, hacia la poesía, hacia la vida, tal vez hacia un libro escrito en México ( País que fue será ), ya no en el exilio, sino lejos por voluntad y elección y sin embargo dispuesto a reconocer que “Estos pájaros vienen del sur/ Tienen razón./ Tener razón es un error./ Barcos, barcas, la mano/ El río gris de los gorriones/ Vienen del ser, no del sur”. Como si se hubiera estado preparando para la descripción de los monstruos, Alonso ha sido hasta entonces un cantor de la enfermedad, la locura y el dolor, de cuerpos lacerados y cercenados. En estas aguafuertes al desnudar a los hombres, a las mujeres, se desnuda. Las palabras no sirven para describir estas imágenes en las que Alonso no se perdona, no nos perdona nada.

Exiliado en España, otro escritor argentino Antonio Di Benedetto analiza el exilio de la lengua, “el estancamiento que produce el cambio de lenguaje. Me refiero al lenguaje en un sentido integral, al lenguaje con el que nos entendemos entre nosotros y con el que trabajamos: el idiolecto que se refiere a la participación activa en una nación”. Gelman, en Italia, quisiera cerrar los oídos a la suave fluidez de la lengua italiana. El poeta, a veces, necesita piedras. Las encuentra en el romanesco, lo ayuda a vencer el silencio escribir sonetos en ese dialecto, en el que encuentra correspondencias con el porteño. ¿Cómo se aferra Gelman, en este libro, a ese lenguaje íntimo, imprescindible, “sin el cual no”? De muchos modos. Siempre explícito, nunca obvio. Afincándose, por ejemplo, en los diminutivos irónicos, tiernos, dolorosos, esa argentinidad chiquita que nos define. Cuando la lechita no quiere decir leche pequeña y la tierrita no es una tierra chica. Las interrogaciones que exploró hasta el fondo en Relaciones ya son para siempre palabra calcinada, poesía. “¿Será que la soledad no tiene discursos? ¿Perra que ladra a la luna, sorda de su derrota, satélite o muertita?” Con esa misma claridad brutal dibuja Alonso. Expone, revela, sus metáforas son directas. Como escribe Sigwart Blum, Alonso apela a la degradación humana pero no como un moralista o predicador, sino como un sagaz observador del sufrimiento. Allí están las buenas conciencias, frente a los cuerpos desnudos y sufrientes, la tortura que se sale de cuadro. Para quien ilustró La Divina Comedia , lo que está pasando en ese momento en el país es un nuevo aporte del hombre a lo infernal.

En 1973 Gelman elige un epígrafe para abrir sus Relaciones . Es un párrafo de Don José de Pellicer, erudito aragonés, y su frase final también define a este libro: “¿Dónde podrá verse la verdad más lúcida que cuando se halle más sencillamente explicada?”

Ana Maria Shua

Tomado: revistadeculturaenie

24 nov 2010

“Hay un tejido cívico-militar que impide conocer la verdad”


El poeta Juan Gelman habla de su demanda en la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado uruguayo por el caso de su nuera

Durante las audiencias en el tribunal internacional, Uruguay reconoció que hubo una violación a los derechos humanos en este caso. Pero la causa judicial sobre el destino de María Claudia Iruretagoyena no tiene avances y la Ley de Caducidad sigue vigente. “Por eso iniciamos una demanda contra el Estado uruguayo, no sólo contra el Ejecutivo, sino contra todas las instituciones”, explica Gelman.

El reclamo del poeta sigue siendo el mismo: Verdad y Justicia. Saber qué pasó con su nuera, María Claudia Iruretagoyena, que fue secuestrada en la Argentina y asesinada en Uruguay luego de que le quitaran a su hija recién nacida. La semana pasada repitió su pedido ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde él y su nieta Macarena recurrieron luego de agotar las instancias judiciales en Uruguay. En diálogo con Página/12, Juan Gelman repasa el camino que lo llevó al tribunal internacional, responde a quienes quieren reducir el tema a un asunto de dinero y busca contestar la pregunta acerca de las contradicciones que en el Frente Amplio impiden que se apruebe un proyecto que acabaría con los efectos de la Ley de Caducidad y así permitiría poner en prisión a los responsables de graves violaciones a los derechos humanos.

–¿Cuál es el balance de las audiencias en la Corte Interamericana de Derechos Humanos?

–Durante las audiencias en la Corte Interamericana el representante del Estado uruguayo reconoció que en este caso hubo una violación a los derechos humanos, como si eso arreglara la situación. Con eso no hacemos nada. Mi nieta logró que se reabriera ante la Justicia el caso de su madre en el año 2008 y después de dos años el caso no pasó de la etapa presumarial, es decir, no se investigó nada, no se citó a ningún testigo. Por eso la querella que presentamos es contra el Estado uruguayo.

–Ustedes demandan por la imposibilidad de hacer justicia en Uruguay.

–Mi nieta y yo y iniciamos una demanda contra el Estado uruguayo, entendido no sólo como el Ejecutivo, sino como el Parlamento, la Justicia, todas las instituciones de un Estado. Golpeé la puerta de cuatro gobiernos uruguayos sucesivos para ver si el contenido de nuestra demanda ante la Corte se podía llevar a la práctica, es decir, investigar a fondo qué había sucedió con mi nuera María Claudia y eventualmente encontrar sus restos para darle descanso. (El ex presidente Julio María) Sanguinetti sabía perfectamente quién tenía a mi nieta y se quejó porque según él yo le había dado solamente cuatro meses para averiguarlo. El, que era comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Sanguinetti no habló de dinero ni de humillación. Dijo que yo lo hacía porque quería entorpecer la campaña electoral del Partido Colorado. Después llegó (Jorge) Batlle. Nosotros habíamos encontrado a nuestra nieta a fines de 1999 y a través de un intermediario nos pusimos en contacto con la señora que la crió –el señor había muerto–, nos encontramos y nuestro deseo era hacerlo en secreto porque tanto Mara como yo sabíamos qué tipo de trauma podía provocar en una mujer de 23 años enterarse que sus padres no eran sus padres y que, en cambio, sus padres habían sido asesinados por las dos dictaduras militares. El presidente Batlle en febrero del año 2000 dijo que era imposible que esto ocurriera en Uruguay, porque Sanguinetti siempre insistía que nunca habían nacido niños en cautiverio, que nunca había habido ejecuciones. Pero cuando nosotros llegamos a fin de marzo nos quiso ver inmediatamente porque alguien le había dicho que habíamos encontrado a mi nieta y él entonces hizo la investigación con un militar y quería hacer el anuncio público. Mi nieta acordó en que se podía hacer, claro que Batlle lo hizo con un fin político. Yo le escribí a Néstor Kirchner, quien me convocó inmediatamente para ir a Buenos Aires y me dijo que para él ésta era una cuestión de Estado. Empezó a hablar con Batlle, que le hizo no sé cuántas promesas que nunca cumplió. Cuando habían pasado dos años y no había novedad abrí una causa en Uruguay, que fue clausurada por el fiscal (Enrique) Moler aduciendo la vigencia de la Ley de Caducidad. Después de eso, en el año 2003 fue clausurada la causa. Batlle consideró que efectivamente el caso estaba incluido en la Ley de Caducidad y en consecuencia no había que seguir averiguando. Mi abogado pidió el pronunciamiento de la Corte Suprema de Uruguay declarando la inconstitucionalidad de esa ley en este caso y se desestimó este pedido. En el año 2005 hubo un cambio cuando asumió Tabaré Vázquez. En su discurso de asunción sacó expresamente de la ley el caso de mi nuera y el del senador Zelmar Michelini y el ex diputado Héctor Gutiérrez Ruiz. Entonces reabrí la causa, que fue nuevamente clausurada por el mismo fiscal. Apelamos y el tribunal de apelaciones desautorizó la acción del juez y hasta lo regañó y ordenó archivar el caso. Ya habían pasado seis años de reclamo sin respuesta.

–¿Y así decidieron presentarse ante la Comisión Interamericana?

–En 2006 mi nieta y yo decidimos presentarnos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos representados por el Cejii (Centro por la Justicia y el Derecho Internacional). Vázquez no hizo nada para que la investigación continúe, a pesar de que el Poder Ejecutivo tenía esa facultad. La Ley de Caducidad en su artículo tercero faculta al Poder Ejecutivo a ordenar que una investigación continúe o se clausure. Batlle dijo que se clausura, Tabaré no dijo nada y ordenó una excavación en la que se produjo una escena terrible. En el Batallón 14 el comandante en jefe del Ejército, el general (Angel) Bertolotti, le dijo a mi nieta que en un círculo de un radio de cinco metros estaban con un 99,9 por ciento de probabilidad los restos de su madre. No encontraron nada, el gobierno cesó las excavaciones. En el mejor de los casos hubo una ingenuidad de Tabaré que supuso que el Ejército, al cual ordenó la investigación, iba a denunciarse a sí mismo, cosa que no sucede en ninguna parte. Hay una suerte de tejido cívico militar que incluye a jueces, políticos, que impide el conocimiento de la verdad, como si hubiera sectores en los que continua en el plano civil el pensamiento militar en lo que hace a impedir el conocimiento de la verdad y a castigar a los victimarios. Después de cuatro años la Comisión Interamericana pasó el caso a la Corte Interamericana y ahí vinieron las audiencias. Yo golpeé las puertas de cuatro gobiernos uruguayos. Ahora el de (José) Mujica.

–En ese sentido parece contradictoria la posición en el Frente Amplio sobre la posibilidad de hacer cesar los efectos de la Ley de Caducidad.

–Hay un proyecto de ley que se aprobó en Diputados por la mayoría del Frente Amplio. Acataron una resolución de la última asamblea del Frente Amplio en el sentido de que había que terminar con los efectos de la Ley de Caducidad. Es un proyecto que no es de anulación, es de interpretación de la ley, pero que de todos modos hacer cesar los efectos de la Ley de Caducidad. El tema es que en el Senado, que recién lo va considerar a principios de diciembre, después del Presupuesto, ya cuenta con una decisión desfavorable. Hay tres senadores del Frente Amplio que ya han dicho que van a votar contra ese proyecto de ley. Como la mayoría del Frente Amplio es muy tenue, son 17 senadores y necesita por lo menos 16 votos, si tres senadores se niegan no se va a poder aprobar. Me sorprende mucho la posición de gente como el senador (Eleuterio) Fernández Huidobro, que padeció once años en un pozo durante la última dictadura militar, donde como decía Mauricio Rosencof, que también estuvo en la misma situación, lo tenían a media ración, no les daban agua, a veces tenían que beber sus orines. No entiendo por qué este senador se niega a que se levante esta prohibición de saber la verdad y llegar a la Justicia. No sé qué ha hecho con su pasado, es un problema de él. Pero me pregunto por qué tiene esta posición. En 1985 hubo una ley, la 15.737, que proclamaba una amnistía general que incluía a los tupamaros. Inmediatamente después salió la Ley de Caducidad que tiene un nombre bastante increíble. Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, como si el Estado, al castigar los crímenes, fuera un pretencioso. Probablemente eso forma parte del pacto de los militares con los políticos.

–Pero si alguien quisiera reabrir alguna causa contra un dirigente tupamaro, los eventuales delitos estarían prescriptos, a diferencia de lo que pasa con los delitos cometidos desde el poder estatal.

–Yo soy lego, tengo que pensar que los senadores son muy cumplidores de su palabra. El secretario de la Presidencia, Alberto Breccia, en una campaña perversa dice que lo único que se trata es de dinero. El primero que lo dijo fue Fernández Huidobro. De eso se hizo eco el diario de derecha El País, por ahí también se habló de que queríamos humillar a Uruguay como si eso fuera el propósito. Son cosas de guerra sucia que los que se oponen ahora a la aprobación del proyecto de ley sufrieron en carne propia. Deben haber aprendido mucho. Breccia utiliza el argumento de que hubo dos consultas populares que no lograron la anulación de la Ley de Caducidad. La última fue el año pasado. Pero la primera se hizo poco después de que los militares se fueran y todavía imperaba mucho miedo en la sociedad uruguaya y se ignoraba bastante lo que había ocurrido, no como en Argentina. Y según fuentes confiables, la que se hizo el año pasado fue también saboteada por miembros de este sector del Frente Amplio. Por otro lado, como planteó el secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana, Santiago Cantón, que es un gran jurista, hay temas que no son plebiscitarios porque son responsabilidad del Estado. Castigar los crímenes es una responsabilidad del Estado. A nadie se le ocurriría plebiscitar si tiene que haber libertad de prensa o no, si tiene que haber pobreza o no o si tiene que haber justicia o no, son responsabilidades institucionales del Estado que se deben cumplir.

–¿Cuál es en concreto el reclamo que usted y Macarena le hacen al Estado uruguayo?

–Lo que nosotros pedimos es que la Corte Interamericana conmine a Uruguay a cumplir los tratados internacionales como la Convención Americana de Derechos Humanos, la Convención Interamericana sobre la Desaparición Forzada, que declaran que no son prescriptibles los crímenes de lesa humanidad. El Estado uruguayo ha adherido y ratificado esos pactos. Pedimos lo que pedimos toda la vida, que se investigue a fondo la surte de mi nuera y eventualmente que se encuentren los restos.

–¿Confían en que finalmente se pueda hacer justicia en Uruguay?

–Estoy esperando la decisión del Senado, pero aparentemente esta ley no va a salir.

–¿Y que se reabran las causas a partir de decisión de la Corte Interamericana? Los fallos de ese organismo, como las decisiones de la Comisión, fueron un precedente importante para los jueces argentinos.

–Una de las cosas que dicen quienes se oponen es que las decisiones de la Corte no son vinculantes. Pero reírse de las decisiones de la Corte Interamericana es políticamente muy negativo. Eso sí que colocaría al Estado uruguayo en una posición humillante.

–Su abogada señaló que ese caso no debería llamarse Gelman contra Uruguay, sino Gelman con Uruguay, porque están ayudando a que el país pueda hacer justicia.

–Sí. Porque hay muchos otros casos en los que tampoco hay justicia.

Victoria Ginzberg

Tomado: Página 12
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