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13 ene 2012

Educar para la revolución ( Videos )


Foto:Fernando Fernández Hevia

Tiken Jah Fakoly es una de las voces autorizadas del reggae de África, cuyo mensaje panafricanista y delator de los explotadores tiene gran calado entre la población del continente.

En un momento crucial para su país, con el expresidente Laurent Gbagbo siendo juzgado en la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, el guerrillero del reggae marfileño, Tiken Jah Fakoly, tiene claro de qué lado se posiciona: el de la construcción de una sociedad sobre pilares firmes. “El hecho de que se encuentre en prisión es bueno para nuestra justicia. Así los restantes presidentes de África podrán comprobar que si matan, irán al menos un día a prisión. Si ven que no son dioses, tendrán más cuidado de la gente”.

No obstante, Gbagbo fue, durante su mandato, uno de los principales responsables en divulgar el concepto de “ivorité”, que Tiken rechaza de plano. “Este concepto divide a nuestro país y lo incendia. Mi nación fue construida entre todos: gente de Mali, Guinea, Burkina Faso, Beni, Togo…la gente vino de diversas partes para ayudarnos a construir nuestra nación. Cuando los políticos comenzaron a hablar acerca de este concepto, mi nación comenzó a tener problemas”. A esta concepción excluyente de la nación, Tiken contrapone el panafricanismo defendido por próceres como Marcus Garvey o el ex presidente de Ghana, Kwame Nkrumah: la unión de los diversos pueblos africanos bajo el paraguas de unmismo Estado que los integre a todos respetando su diversidad y acervo cultural. “La unidad de África es la única solución para el desarrollo de este continente. Desde un punto de vista económico, África es uno de los continentes más ricos. Todos los continentes necesitan a África porque tenemos todo el campo que los países occidentales precisan para mantener su desarrollo. Así que si estamos unidos, seremos fuertes en esta batalla”.

La clave para despertar es lo que en ‘African Revolution’ llama “la revolución inteligente”, esto es, la educación

Probablemente el Estado que más se ha encargado de exprimir África para su propio desarrollo es Francia a través de la ‘françafrique’. Concepto que ha servido para caracterizar ese neocolonialismoque el economista François-Xavier Verschave describió como “la criminalidad encubierta de las altas esferas económica y política francesa, donde una suerte de República subterránea se oculta a nuestra vista” y que sirvió para titular el trabajo que Tiken editó en 2002. Preguntado sobre qué precisa el pueblo africano para sobreponerse a esta situación que depreda sus recursos naturales, el marfileño responde: “Necesitamos despertar y comprender eso, porque África es una gran paradoja. África es uno de los continentes más ricos del mundo y los africanos son de la gente más pobre en el mundo. No es normal ser rico y pobre”. Tikenes consciente, además,del hándicap que supone el pasado reciente al que ha estado sometido su pueblo: “Venimos de la esclavitud y la colonización y nacimos como nación en 1960, por lo que en la actualidad sólo llevamos 50 años como nación. Estamos escribiendo nuestra historia”.

La revolución inteligente

La clave para hacer despertar a sus vecinos es lo que en su último trabajo, African Revolution (2010), define como la revolución inteligente: la educación. “Hemos edificado una escuela en Costa de Marfil, una en Burkina Faso, una enMali y estamos tratando de construir otramás enmi país debido a su situación. La llamaremos Reconsideration School y en marzo daré un gran concierto en Génova para construir una escuela en Guinea Conakry. Esto es lo que mi música hace para ayudar a alfabetizarmi país, porque sé que la educación cambiará África”. La culturización de un pueblo, elmarfileño, cuya tasa de analfabetismo alcanza el 50%, será clave en el devenir de África. “Estoy seguro, porque la gente de Babilonia debe saber que si somos inteligentes, si estamos preparados para hablar con ellos... si algún día la mayoría de los africanos saben leer y escribir, cambiará el destino de esta nación. Estoy convencido. Ése es el motivo por el que construyo escuelas: paramostrar el camino de la escuela a los jóvenes, para decirles: “Ve al colegio, así estudiarás y comprenderás lo que ocurre en elmundo, en el país”.

Musulmán por tradición familiar, considera que las religiones monoteístas han supuesto para su continente un elemento más de disputa y desunión. “Antes de que todas estas religiones vinieran a África, teníamos nuestra religión y nuestra primera religión era africana, porque el Islamo el cristianismo dividen. Debemos ser cautelosos con todo lo que divide nuestra nación. Pienso que lo que la gente debe hacer en mi país o en el resto de África es situarse por encima de la religión”.

Precisamente porque sus canciones sirven como forma de condena y denuncia de la corrupción, la colonización o la explotación, Tiken es consciente de que pone su vida al servicio de una causa noble por la que merece la pena apostar. “Si he de morir por ello, estoy preparado. Sería una buena razón por la que hacerlo, pues uso mi voz para un buen fin: para África. Esta gente sufre mucho: hemos sufrido la esclavitud, una gran colonización y hoy estamos nuevamente bajo la colonización, porque los gobiernos occidentales controlan nuestras riquezas”.


De ascendencia griot (una historia familiar)

“Había un gran guerrero cuyo nombre era Samory Touré. Cuando vino a mi aldea, quiso llevarse a toda la población a la guerra. El nombre de la mujer de mi abuelo, Massona, era el mismo que el de la madre del gran guerrero. Y cuando se marchaba con toda la población, dijo ‘bueno, me marcho con todos, pero me gustaría que una familia se quedara y cuidara de la aldea. Esta familia debe ser la de la mujer cuyo nombre sea el mismo que el de mi madre’. Así fue como mi familia se quedó en la aldea”, explica Tiken Jah Fakoly. “Y cuando la población se estaba marchando con el gran guerrero, vinieron para entregarnos a los animales (búfalos, cabras, pollos) y nos dijeron: ‘tenéis que cuidar de ellos y cuando volvamos, nos lo llevamos’. Mi abuelo quiso guardar todo aquello que le entregaron antes de marcharse. Y consiguió que en su familia alguna gente tocara la percusión, otros cantaran, otros bailaran para avisar de que se llevaran a los animales que le habían entregado. Así es como los griots entraron en mi familia”.





Tomado: PeriódicoDiagonal.net

26 ene 2011

Washington ante la cólera del pueblo tunecino


El general William Ward, ex responsable de la represión en los territorios palestinos convertido en comandante del AfriCom, participa en una ceremonia en mayo de 2010. El ejército tunecino fue reducido al mínimo, pero el país sirve de base de retaguardia para las operaciones «antiterroristas» en la región y dispone de puertos indispensables para la OTAN en el control del Mediterráneo.

Mientras los medios occidentales celebran la «Jasmine Revolution», Thierry Meyssan revela el plan estadounidense tendiente a detener la cólera del pueblo tunecino y a conservar esa discreta base de retaguardia de la CIA y la OTAN. Para Meyssan, el fenómeno insurreccional no ha terminado y la verdadera revolución, que tanto temen los occidentales, puede estar a punto de empezar.

A las grandes potencias no les agradan los acontecimientos políticos que no pueden controlar y que obstaculizan sus planes. Los acontecimientos que han venido conmocionando Túnez desde hace un mes no son ajenos a esa regla. Todo lo contrario.

Resulta entonces bastante sorprendente que los grandes medios internacionales de difusión, fieles aliados del sistema de dominación mundial, se entusiasmen de pronto por la «revolución de jazmín» y que publiquen investigaciones y reportajes sobre la fortuna de la familia Ben Ali, a la que anteriormente no prestaban atención a pesar de su escandaloso tren de vida.

Lo que sucede es que los occidentales están tratando de recuperar terreno en una situación que se les fue de las manos y en la que ahora quieren insertarse describiéndola según sus propios deseos.

Primero que todo, es importante recordar que el régimen de Ben Ali gozaba del apoyo de Estados Unidos y de Israel, de Francia y de Italia.
Considerado por Washington como un Estado de importancia menor, Túnez estaba siendo más utilizado en materia de seguridad que en el plano económico.

En 1987, un golpe de Estado derrocó al presidente Habib Bourguiba para favorecer a su ministro del Interior, Zine el-Abidine Ben Ali. Este último es un agente de la CIA entrenado en la Senior Intelligence School de Fort Holabird.
Según informaciones recientes, Italia y Argelia parecen haber estado vinculadas a aquella toma del poder [1].

Desde su llegada misma al Palacio de la República, Ben Ali establece una Comisión Militar Conjunta con el Pentágono que se reúne anualmente, en mayo.
Ben Ali no confía en el ejército, lo mantiene marginado y no le proporciona suficiente equipamiento, con excepción del Grupo de Fuerzas Especiales que se entrena con los militares estadounidenses y que participa en el dispositivo «antiterrorista» regional.

Los puertos de Bizerta, Sfax, Susa y Túnez se abren a los navíos de la OTAN y, en 2004, la República de Túnez se inserta en el «Dialogo mediterráneo» de la alianza atlántica.

Al no abrigar con Túnez expectativas especiales en el plano económico, Washington permite que los miembros de la familia Ben Ali exploten a fondo el país. Cualquier empresa que allí se desarrolle tiene que cederles el 50% de su capital y los dividendos correspondientes a esa tajada. Pero las cosas se ponen feas en 2009, cuando la familia que controla el país pasa de la glotonería a la avaricia y trata de chantajear también a los empresarios estadounidenses.

Por su lado, el Departamento de Estado prevé la inevitable desaparición del presidente. El dictador ha eliminado a todos sus rivales y no tiene sucesor. Se impone entonces buscarle un sustituto en caso de que fallezca. Se recluta a unas 60 personalidades capaces de desempeñar un papel político después de Ben Ali. Cada una de esas personas recibe un entrenamiento de 3 meses en Fort Bragg y posteriormente se le asigna un salario mensual [2]. Y pasa el tiempo…

Aunque el presidente Ben Ali mantiene la retórica antisionista en vigor en el mundo musulmán, Túnez ofrece diversas facilidades a la colonia judía de Palestina. Se autoriza a los israelíes descendientes de tunecinos a viajar a Túnez y a comerciar en ese país. Incluso se invita a Ariel Sharon a viajar a Túnez.

La revuelta
El 17 de diciembre de 2010, la inmolación voluntaria de un vendedor ambulante, Mohamed Bouazizi, quien se prendió porque la policía le había confiscado su carreta y sus productos, da paso a los primeros disturbios. La población de Sidi Bouzid se identifica con aquel drama personal y se subleva.

Los enfrentamientos se extienden a varias regiones y, posteriormente, alcanzan la capital tunecina. El sindicato UGTT y un colectivo de abogados organizan manifestaciones, sellando así –sin hacerlo a propósito– la alianza entre las clases populares y la burguesía alrededor de una organización estructurada.

El 28 de diciembre, el presidente Ben Ali trata de recuperar el control de la situación. Visita al joven Mohamed Buazizi en el hospital y se dirige esa misma noche a la nación. Pero su discurso televisivo expresa su ceguera. Ben Ali denuncia a los manifestantes como extremistas y agitadores a sueldo y anuncia una represión feroz. Lejos de calmar las cosas, su intervención convierte la revuelta popular en insurrección. El pueblo tunecino ya no denuncia solamente la injusticia social sino el poder político.

El productor Tarak Ben Ammar, propietario de Nessma TV y socio de Silvio Berlusconi. Es primo de Yasmina Torjman, la esposa del ministro francés de Industrias, Eric Besson.

En Washington se dan cuenta de que «nuestro agente Ben Ali» ha perdido el control de la situación. En el Consejo de Seguridad Nacional, Jeffrey Feltman [3] y Colin Kahl [4] consideran que es hora de deshacerse del dictador ya desgastado y de organizar la sucesión antes de que la insurrección se convierta en una verdadera revolución, o sea antes de que ponga en tela de juicio el sistema.

Se decide entonces movilizar a los medios de difusión, en Túnez y en el mundo, para limitar la insurrección. Se trata de dirigir la atención de los tunecinos hacia los problemas sociales, la corrupción de la familia Ben Ali y la censura de prensa.
Todo con tal de evitar el debate sobre las razones que llevaron a Washington a poner a Ben Ali en el poder hace 23 años y a protegerlo mientras se apoderaba de la economía nacional.

El 30 de diciembre, el canal privado Nessma TV desafía al régimen con la transmisión de reportajes sobre los disturbios y organizando un debate sobre la necesaria transición democrática. Nessma TV es propiedad del grupo italo-tunecino de Tarak Ben Ammar y Silvio Berlusconi. Los indecisos captan inmediatamente el mensaje: el régimen se tambalea.

Simultáneamente, expertos estadounidenses, así como serbios y alemanes, son enviados a Túnez para canalizar la insurrección. Son estos expertos quienes, manipulando las emociones colectivas, tratan de imponer consignas en las manifestaciones. Siguiendo la técnica de las supuestas «revoluciones» de colores, elaborada por la Albert Einstein Institution de Gene Sharp [5], estos expertos dirigen la atención hacia el dictador para así evitar cualquier debate sobre el futuro político del país. Aparece así la consigna «¡Ben Ali, lárgate!» [6].


(Foto tomada de una pantalla) El 2 de enero de 2010, el grupo Anonymous (una pantalla de la CIA) hackea el sitio web del primer ministro tunecino e inserta un mensaje en inglés. El logo es el del Partido Pirata Internacional, cuyo miembro tunecino Slim Amanou, apadrinado por la embajada de Estados Unidos, se convertirá rápidamente en ministro de Juventud y Deportes del «gobierno de unión nacional». Bajo la denominación Anonymous, el ciberescuadrón de la CIA –ya utilizado anteriormente contra Zimbabwe e Irán– hackea varios sitios web oficiales tunecinos e introduce en ellos un mensaje de amenaza en inglés.

La insurrección
Los tunecinos siguen desafiando al régimen de forma espontánea, lanzándose masivamente a las calles y quemando estaciones de policía y establecimientos pertenecientes a la familia de Ben Ali. Algunos lo pagarán incluso con su sangre.
Desorientado y patético, el dictador sigue sin entender lo que sucede.
El 13 de enero, Ben Ali ordena al ejército disparar contra la multitud, pero el jefe del Estado Mayor de las fuerzas terrestres se niega a hacerlo. El general Rachid Ammar, ya en contacto con el general William Ward, comandante del AfriCom, anuncia personalmente al presidente Ben Ali que Washington le ordena huir.

En Francia, el gobierno del presidente Sarkozy no ha sido prevenido de la decisión estadounidense y no ha analizado los diferentes cambios de casaca. La ministra de Relaciones Exteriores, Michele Alliot-Marie, se propone salvar al dictador enviándole consejeros en materia de orden público y equipamiento para que pueda mantenerse en el poder mediante procedimientos más limpios [7]. El viernes 14 se fleta un avión de carga. Cuando terminan en París los trámites de aduana, ya es demasiado tarde. El envío de ayuda ya no es necesario. Ben Ali ha huido.

En Washington y Tel Aviv, en París y en Roma, sus antiguos amigos le niegan el asilo. Va a parar a Riyadh (capital de Arabia Saudita), no sin haberse llevado consigo 1,5 toneladas de oro robado del Tesoro público tunecino.

Marketing: el logo de la «Jasmine Revolution» aparece en el preciso momento de la fuga de Ben Ali. En el centro se puede ver el puño en alto, símbolo ex comunista utilizado en todas las «revoluciones» de colores desde la época de Otpor, en Serbia. Desde la perspectiva de Washington, lo importante es hacer ver que todo ha terminado y que los hechos se inscriben en una dinámica internacional de carácter liberal. Es interesante señalar que el título aparece en inglés y que la bandera tunecina se reduce a un simple adorno encima de la letra R. Jazmín para calmar a los tunecinos
Los consejeros estadounidenses en materia de comunicación estratégica tratan entonces de dar el juego por terminado, mientras que el primer ministro saliente forma un gobierno de continuidad. Es en ese momento que las agencias de prensa lanzan la denominación de «Jasmine Revolution», ¡en inglés, por supuesto! Las agencias afirman que los tunecinos acaban de realizar su propia «revolución de color». Se instaura un gobierno de unión nacional y todo el mundo contento.

La expresión «Jasmine Revolution» deja un sabor amargo a los tunecinos más viejos: es precisamente la que utilizó la CIA durante el golpe de Estado de 1987 que puso a Ben Ali en el poder.

La prensa occidental –sobre la cual el Imperio ejerce ahora más control que sobre la tunecina– descubre entonces la fortuna mal habida de la familia Ben Ali, que hasta ahora había ignorado. Se olvida, sin embargo, del visto bueno que el director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, le había dado a los funcionarios del régimen pocos meses después de los motines que protagonizó la población hambrienta [8].

También se olvida del último informe de Transparency International que afirmaba que en Túnez había menos corrupción que en varios Estados de la Unión Europea, como Italia, Rumania y Grecia [9].

Mientras tanto, se desvanecen los grupos armados del régimen, que habían sembrado el terror entre los civiles durante los disturbios y los llevaron incluso a organizarse en comités de autodefensa.

Los tunecinos, a quienes se creía despolitizados y manejables al cabo de tantos años de dictadura, resultan sin embargo muy maduros. Rápidamente se dan cuenta de que el gobierno de Mohammed Ghannouchi no es otra cosa que «benalismo sin Ben Ali». Con algunos cambios de fachada, los caciques del partido único (RCD) conservan los ministerios más importantes. Los sindicalistas de la UGTT se niegan a sumarse a la maniobra estadounidense y renuncian a los puestos que les habían sido otorgados.


Ahmed Nejib Chebbi, un oponente «Made in USA». Además de los inamovibles miembros del RCD, se mantienen los dispositivos mediáticos y varios agentes de la CIA. Por obra y gracia del productor Tarak Ben Ammar (el gran jefe de Nessma TV), la realizadora Moufida Tlati se convierte en ministra de Cultura. Menos implicado en el negocio del espectáculo, pero más significativo, Ahmed Nejib Chebbi, peón de la National Endowment for Democracy (NED), se convierte en ministro de Desarrollo Regional y el oscuro Slim Amanou, un bloguero conocedor de los métodos del Albert Einstein Institute, se transforma en ministro de Juventud y Deportes a nombre del fantasmagórico Partido Pirata, vinculado al autoproclamado grupo Anonymous.






La verdadera sede del poder ya no es el Palacio de la República sino la embajada de Estados Unidos. En ella se conformó el gobierno de Ghannouchi. Situada fuera de la capital tunecina, en un terreno fortificado, la embajada estadounidense es un gigantesco bunker estrechamente vigilado que abriga las oficinas centrales de la CIA y del MEPI para el norte de África y parte del Medio Oriente.

Por supuesto, la embajada de Estados Unidos no solicitó al Partido Comunista que se integrara al llamado «gobierno de unión nacional». Por el contrario, lo que hicieron fue traer de Londres, donde había obtenido el asilo político, al líder histórico del Partido del Renacimiento (Ennahda), Rached Ghannouchi.

Se trata de un islamista ex salafista que predica la compatibilidad entre el Islam y la democracia y que viene preparando desde hace tiempo un acercamiento al Partido Demócrata Progresista de su amigo Ahmed Nejib Chebbi, un socialdemócrata ex marxista. En caso de que fracase el «gobierno de unión nacional», este dúo pudiera representar una solución alternativa.

Los tunecinos se sublevan nuevamente, ampliando por su propia cuenta la consigna que se les había inculcado: «¡RCD, lárgate!». En comunas y empresas, ellos mismos expulsan a los colaboradores del régimen derrocado.

¿Hacia la revolución?

Contrariamente a lo que ha dicho la prensa occidental, la insurrección no ha terminado aún y la revolución todavía no ha comenzado. Es importante señalar que Washington no ha canalizado nada, exceptuando a los periodistas occidentales. Ahora más que en diciembre, la situación está fuera de control.

Thierry Meyssan

Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008

Tomado: Red Voltaire.org







5 feb 2009

Neocolonialismo agrario

Por Ignacio Ramonet
Una de las grandes batallas del siglo XXI será la de la alimentación. Muchos países, importadores de comida, se ven afectados por el aumento de los precios. Los Estados ricos lo venían soportando; hasta que, en la primavera de 2008, se asustaron por la actitud proteccionista de naciones productoras que limitaron sus exportaciones. A partir de ahí, varios Estados con crecimiento económico y demográfico -pero desprovistos de grandes recursos agrícolas y de agua- decidieron asegurarse reservas de comestibles comprando tierras en el extranjero.
Al mismo tiempo, muchos especuladores se pusieron igualmente a comprar terrenos para hacer negocios. Convencidos de que la alimentación será el oro negro del futuro. Según ellos, de aquí a 2050, la producción de alimentos se duplicará para satisfacer la demanda mundial. "¡Invertid en granjas! ¡Comprad tierras!" repite Jim Rogers, gurú de las materias primas. George Soros apuesta asimismo por los agrocarburantes y ha adquirido parcelas en Argentina. Un grupo sueco ha comprado medio millón de hectáreas en Rusia; el hedge fund ruso Renaissance Capital, 300.000 ha . en Ucrania; el británico Landkom, 100.000 ha . también en Ucrania; el banco estadounidense Morgan Stanley y el grupo agro-industrial francés Louis Dreyfus, decenas de miles de hectáreas en Brasil, etc.
Pero quienes se han lanzado a comprar tierras por todo el mundo, son principalmente los Estados con petrodólares y divisas. Corea del Sur, primer comprador mundial, ha adquirido 2.306.000 hectáreas; le sigue China (2,09 millones), Arabia Saudí (1,61 millones), los Emiratos Árabes Unidos (1,28 millones) y Japón (324.000 ha .). Total: cerca de 8 millones de hectáreas de tierras fértiles compradas o alquiladas en el exterior. Regiones enteras han pasado a estar bajo control extranjero en países con escasa densidad demográfica y cuyos gobernantes están dispuestos a ceder partes de la soberanía nacional. Un fenómeno que preocupa. En un informe alarmante, la ONG Grain denuncia "un acaparamiento de tierras a nivel mundial" (1).
Sin campos fértiles ni agua, los países del Golfo son los que más pronto se han lanzado. Kuwait, Qatar y Arabia Saudí buscan parcelas disponibles donde sea. "Ellos poseen tierras, nosotros dinero", explican los inversores del Golfo. Los Emiratos Árabes Unidos controlan 900.000 ha en Pakistán; y están considerando proyectos agrícolas en Kazajistán. Libia adquirió 250.000 ha . en Ucrania a cambio de petróleo y gas. El grupo saudí Binladen ha conseguido terrenos en Indonesia para cultivar arroz. Inversionistas de Abu Dhabi compraron decenas de miles de hectáreas en Pakistán. Jordania producirá comestibles en Sudán. Egipto obtuvo 850.000 ha . en Uganda para sembrar trigo y maíz...
China es el comprador más compulsivo, pues debe alimentar a 1.400 millones de bocas cuando sólo dispone del 7% de las tierras fértiles del planeta. Además, la industrialización y la urbanización le han destruido unos 8 millones de hectáreas. Y algunas regiones se están desertificando. "Tenemos menos espacio para la producción agrícola, y es cada vez más difícil elevar el rendimiento", explicó Nie Zhenbang, jefe de la Administración Estatal de Granos (2).
China detenta tierras en Australia, Kazajistán, Laos, México, Brasil, Surinam, y sobre todo en África. Pekín ha firmado unos treinta acuerdos de cooperación con Gobiernos que le dan acceso a tierras. A veces, las autoridades de Pekín envían desde China la mano de obra; pagada a menos de cuarenta euros al mes, sin contrato de trabajo y sin cobertura social. Por su parte, Corea del Sur ya controla en el extranjero una superficie superior a la totalidad de sus propias tierras fértiles... En noviembre de 2008, el grupo Daewoo Logistics, estableció un acuerdo con el Gobierno de Marc Ravalomanana, presidente de Madagascar, para alquilar 1,3 millones de hectáreas, o sea la mitad de las tierras cultivables de esa gran isla...
El Gobierno surcoreano también ha comprado 21.000 hectáreas para cría de ganado en Argentina, país en el cual el 10% del territorio (unos 270.000 kilómetros cuadrados) se encuentra en manos de inversores extranjeros, quienes "se han beneficiado de la actitud de los diferentes Gobiernos para adquirir millones de hectáreas y recursos no renovables, sin restricciones y a precios módicos" (3). El mayor terrateniente es Benetton, industrial italiano de la moda, que posee unas 900.000 ha. y se ha convertido en el principal productor de lana. También el millonario estadounidense Douglas Tompkins tiene unas 200.000 ha . situadas próximas a importantes reservas de agua.
En general, la cesión de tierras a Estados extranjeros se traduce en expropiaciones de pequeños productores y aumento de la especulación. Sin olvidar la deforestación. Una hectárea de bosque procura un beneficio de cuatro a cinco mil dólares si se plantan en ella palmas de aceite; o sea de 10 a 15 veces más que si se dedica a producir madera (4). Ello explica por qué los bosques de la Amazonia, de la cuenca del Congo y de Borneo están siendo sustituidos por plantaciones.
Es un retorno a odiosas prácticas coloniales, y una bomba con efecto retardado. Porque la tentación de los Estados extranjeros es la de saquear los recursos, como lo hace China, con mano de obra importada y poco beneficio local... Pero la resistencia se organiza. En Pakistán, los campesinos ya se están movilizando contra el desplazamiento de aldeas si Qatar compra terrenos en la región de Penyab. Paraguay ha aprobado una ley que prohíbe vender parcelas a extranjeros. Uruguay se lo está planteando; y Brasil estudia cambiar su legislación.
El neocolonialismo agrario le arrebata el trabajo al campesinado y crea un "riesgo de pauperización, tensiones sociales extremas y violencias civiles" (5). La tierra es un asunto muy sensible. Siempre ha provocado pasiones. Representa una parte de la identidad de los pueblos. Tocar ese símbolo podría terminar mal.
Notas: (1) www.grain.org/m/?id=213 (2) China Daily , Pekín, 9 de mayo de 2008. (3) Daniel Enz y Andrés Klipphan, Tierras SA. Crónicas de un país rematado , Alfaguara, Buenos Aires, 2006. (4) Le Nouvel Observateur , París, 23 de diciembre de 2008. (5) Le Monde , París, 23 de noviembre de 2008.
Tomado de Le Monde Diplomatique
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