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22 nov 2010

“Una crisis de gestión política internacional”


Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo
Toussaint señala que si bien la crisis afectó principalmente a los países del Norte, en China se produjeron burbujas financieras cuya explosión podría afectar a países emergentes, como la Argentina. Y denuncia que los organismos financieros internacionales como el FMI y BM mantienen las mismas políticas que llevaron a la crisis  

–¿Por qué cree que actualmente hay un entramado entre crisis económica y crisis financiera?

–Estamos enfrentando una crisis sistémica del capitalismo donde hay una interconexión entre varios aspectos: económico y financiero, pero también alimentario y climático. Podríamos también hablar de una crisis de gestión política internacional.

–¿De qué manera se manifiesta la crisis de gestión política?

–La manera de intentar gobernar a nivel mundial entró en una crisis muy importante, que quedó demostrado en la crisis del manejo internacional por parte del Grupo de los 8. En el plano económico, en general, la prensa financiera habla de una “crisis financiera”, que empezó por la crisis hipotecaria del 2007. Yo insisto en que empezó por la economía real, es decir, por una sobreproducción en el 2006 que desembocó en una crisis financiera, porque los bancos en Estados Unidos habían inventado nuevos productos derivados de deuda, basados en una especulación inmobiliaria en el mercado de los subprime. Este mercado de los subprime entró en crisis provocada por la reducción del valor de la vivienda. Y tres millones de familias, que no pudieron seguir pagando los empréstitos hipotecarios, fueron expulsadas de sus hogares en Estados Unidos.

–¿Por qué la crisis explotó en los países del Norte?

–La crisis de la deuda hipotecaria desembocó en una crisis global del sistema financiero estadounidense y del europeo porque los grandes bancos de inversión de Estados Unidos y los grandes bancos comerciales habían comprado o vendido CDOs, que tenían créditos hipotecarios integrados en esos productos estructurados. Y todo eso explotó. Esta crisis financiera, ligada a una burbuja de la deuda privada, se vio facilitada por la desregulación bancaria de final de los años ’90, que no ha sido obra de (George) Bush sino de (Bill) Clinton. Robert Rubin, secretario del Tesoro de Estados Unidos durante la gestión Clinton, en 1999 convenció al Congreso de aprobar una ley llamada Glass-Steagall, que impedía a los bancos de inversión mezclar sus actividades con bancos comerciales de depósito. Eso llevó a bancos de inversión como Lehman Brothers o Merrill Lynch a entrar directamente en el mercado hipotecario generando productos estructurados que explotaron en el 2007.

–¿Qué efectos tuvo la conversión de la deuda privada en deuda pública?

–Varios. Primero, una destrucción de valor, ya que en las cuentas de los bancos del Norte había una sobrevalorización de productos estructurados de deuda que inflaban los activos de los bancos. Debieron declarar nulos un montón de créditos porque eran créditos dudosos, imposibles de recuperar. Cuando explotó la crisis a partir del 2007, los bancos tuvieron que reconocer que en sus cuentas había un capital ficticio. Hablaban de activos tóxicos, pero es capital ficticio, ya que no cuentan con una contraparte real. Esto no sólo afectó al sistema de créditos sino también al sector industrial, porque muchas empresas no financieras en Estados Unidos habían invertido parte de sus activos en el sector financiero, como la General Motors o la General Electric. Por el contagio en la economía real, varias empresas industriales fueron declaradas en bancarrota, como la General Motors, que después fue totalmente reestructurada. Cuando el sector financiero volvió a una situación de saneamiento descubrimos que había sobreproducción en varios sectores, como el de viviendas o el automotor. Mientras que los países emergentes y, en general, los países en desarrollo lograron ser muy poco afectados por la crisis financiera y económica de los países más industrializados.

–¿A qué se debe?

–A China, que sigue con un crecimiento alto y compra materias primas –alimentos– a los países emergentes como Argentina o Brasil, que pueden mantener ingresos fiscales importantes. El segundo factor es que los bancos centrales de los países más industriales, la banca central de los Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón, decidieron reducir de manera brutal la tasa de interés a partir del 2007. La consecuencia para los países emergentes es que el refinanciamiento de su deuda externa tiene un costo manejable porque la tasa de interés es baja. Y dado que tienen reservas en divisas –debido al alto precio de las materias primas– no tienen alto riesgo financiero. El tercer factor se relaciona con que los países del Norte y Europa occidental entraron en una crisis financiera con una política de rescate bancario por la cual los gobiernos y los bancos centrales inyectaron mucha liquidez sobre las cuentas de esos bancos.

–¿Qué efectos tuvo esa política sobre los países emergentes?

–Que esos bancos reciclaron una parte de la liquidez que provenía de los bancos centrales del Norte y lo invirtieron en la Bolsa de Valores de varios países emergentes. En Brasil, en la India y en China la capitalización aumentó. Así que hubo entrada de capital, pero son capitales golondrina, de manera que puede haber un reflujo rápido y cambiaría la situación. Claramente, las economías de los países emergentes no fueron afectadas de manera importante por la crisis del 2007 y 2008, pero eso no quiere decir que no se verán afectadas en el futuro.

–¿Cómo podrían verse afectados los países periféricos?

–Puede ocurrir que la economía China entre en una situación de crisis, porque allí se desarrollaron varias burbujas en los últimos años, inmobiliaria pero también de crédito bancario interno. Esas burbujas pueden reducir de manera brutal el crecimiento chino y –peor aún– producir una recesión. Si ocurre, esto tendrá un efecto inmediato sobre los precios de las materias primas y afectará inmediatamente a Argentina, a Brasil, a todas las economías que exportan a China.

–¿Qué otros factores hay?

–Dije que los bancos centrales otorgaron créditos a una tasa muy baja a los bancos privados del Norte para permitirles arreglar sus cuentas refinanciándose a una tasa muy baja. Pero en unos años, los bancos centrales tendrán que subir nuevamente las tasas de interés. En Estados Unidos es de 0,25%, en Europa, entre 1 y 2% y en Japón del 0%, eso no puede seguir durante varios años. Si aumentan las tasas de interés, el costo de refinanciación de la deuda de los países del Sur va a aumentar. Si esto se produce, cuando los precios de materia primas bajen habrá un problema de liquidez en los países del Sur. Además, el aumento de las tasas de interés por parte de los bancos centrales tendrá otro efecto.

–¿Cuál?

–Del crédito otorgado por los bancos centrales a los bancos privados del Norte, una gran parte –una liquidez enorme– no se invirtió en la economía real, son especulaciones sobre materia prima, bonos de la deuda y otro tipo de activos. El aumento de la tasa de interés generará una reducción de las actividades especulativas en el sector de materias primas y generará, por ende, una caída de los precios de las materias primas. Finalmente, cuando los bancos centrales aumenten sus tasas de interés, la liquidez se reducirá y habrá una presión para reorganizar un reflujo de las inversiones hechas en las Bolsas de Valores en el Sur. Y habrá un reflujo hacia el Norte, porque los bancos del Norte tendrán que repatriar una parte de las inversiones que tienen en el Sur. Estos factores, los precios de las materias primas, las tasas de interés y el reflujo de capital del Sur hacia al Norte pueden afectar en los años que vienen las economías de los países emergentes.

–¿La inminente crisis de la deuda a la que hace referencia tiene algún parangón con el pasado?

–La crisis de América latina de los años ’80, empezó en el ’82 con la colocación de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos al final del ’79. Hubo un aumento de la tasa de interés internacional en los años ’80 y ’81 y, a partir de entonces, una caída tremenda en los precios de las materias primas, empezando por el petróleo. México, que exportaba petróleo y había pedido muchos empréstitos a los bancos norteamericanos a tasas de interés variable, se encontró con una gran incapacidad de pago porque la deuda había variado por la decisión de la Reserva Federal y no tenía más ingresos fiscales para desembolsar la deuda.

–Como integrante de la Comisión de Auditoría de la Deuda de Ecuador, ¿qué irregularidades encontró en la forma de endeudamiento de algunos de los países de América del Sur, desde la década del ’70?

–En los años ’70, ’80 y ’90, las economías de América latina contrajeron mucha deuda bajo la forma de créditos bancarios. Hacia fines de los ’90 y en la primera década del 2000 se contrajeron, sobre todo, mediante emisión de bonos. En esto hay una característica común. Los bancos del Norte, para lograr colocar créditos en el Sur, convencieron a altos funcionarios de América latina, que aceptaron contratos que, en varios aspectos, contradicen la construcción de sus raíces. En Ecuador, varios altos funcionarios y ministros firmaron contratos con la banca privada norteamericana, en contradicción con la legalidad. Por eso, el fiscal de la República del Ecuador está enjuiciando a esos funcionarios de los años ’90. Eso ocurrió en Argentina de manera evidente durante la dictadura de (Jorge Rafael) Videla, pero también durante los ’90, hasta el Megacanje del 2001.

Caricatura: Página 12  Daniel Paz -  Rudy
–¿Qué otras similitudes puede mencionar?

–Que los préstamos del Banco Mundial y del Fondo Monetario no eran para proyectos productivos o para construir hospitales o escuelas, sino para remodelar el Estado.

–Los llamados procesos de “reforma del Estado”.

–Sí. Para privatizar, modificar leyes, desregular el mercado de trabajo, desregular el sistema financiero nacional. Eran préstamos que, en realidad, estaban destinados a destruir el Estado regulador, el Estado en sus aspectos benefactores. Estos créditos también pueden ser considerados ilegítimos.

–¿Por qué?

–No sirvieron al proyecto de la Nación: mejorar las condiciones de vida o el aparato productivo. Fue una acción dolosa de los prestamistas multilaterales para volver más débiles a los Estados de América latina y ponerlos en una condición de fragilidad tremenda frente a factores internacionales de crisis. Yo había trabajado mucho el tema del Banco Mundial, pero gracias al gobierno de Ecuador tuve acceso a documentos internos de los gobiernos anteriores, que estaban dialogando con el BM, documentos que no son accesibles al público.

–¿Y qué pudo ver en esos documentos?

–Pude darme cuenta hasta qué punto el BM y el FMI dictaban las políticas adoptadas por los gobiernos. Decían: “Si ustedes no logran en el Congreso la mayoría para aprobar tales leyes, no vamos a darles créditos”. Y decidieron en varias ocasiones no dar el crédito. Por ejemplo, había varios tramos de 150 millones de dólares, ya había sido otorgado el primero y con el segundo decían: “No lo otorgamos porque el Congreso no votó el cambio de tal ley”. Es decir, una intervención de instituciones multilaterales en la vida democrática de una sociedad, una inhibición –incluso– contraria a los estatutos de tales instituciones.

–¿En qué aspectos las contradecían?

–Los estatutos del BM y el FMI dicen que no pueden intervenir en los mecanismos de decisión de los países. Ese es un argumento para declarar ilegítima y repudiable esa deuda. Gran parte de la deuda actual de América latina es en bonos y descubrimos que, en las condiciones de emisión de bonos, también hay un montón de irregularidades.

–¿Cómo cuáles?

–Para la emisión de bonos, primero se negocia de manera confidencial con los posibles compradores –los grandes bancos– en Wall Street y ellos dictan condiciones en la emisión de bonos que les son favorables. En varios casos les pagan a ministros o altos funcionario importantes cantidades en cuentas bancarias de esos bancos. Es decir que no aparece en las cuentas bancarias del ministro en su país, sino en una cuenta bancaria en el banco que va a comprar los bonos o en una cuenta bancaria en un paraíso fiscal.

–¿Cómo descubrieron este mecanismo?

–Analizando contratos, descubrimos que en un intercambio de telegramas se mencionaba que tal suma estaba transferida del Citibank a una cuenta en un paraíso fiscal ligado a la firma de un contrato, y pudimos comprobar una relación evidente. Hay condiciones a partir de las cuales los bonos se emiten. Por ejemplo, un gobierno dice: “Voy a renunciar a cualquier pleito contra los tenedores de bonos”. Es una renuncia en nombre del país. El tipo que firma eso obliga al país a cumplir un contrato de carácter internacional, pero mediante el cual el país renuncia a sus derechos soberanos. Un gobierno puede decir: “Esto era anticonstitucional, el ministro que firmó en estas condiciones cometió un delito, lo vamos a enjuiciar en el país y no reconoceremos el contrato”.

–En Argentina hay un debate sobre el uso de las reservas del Banco Central en su financiamiento al Gobierno para hacer frente a la deuda externa.

–Pienso que es un error utilizar reservas para pagar deudas. Esas deudas primero tienen que ser auditadas para identificar la parte legítima y la ilegítima. Hay que utilizar las reservas para inversiones productivas y mejorar el presupuesto público y los gastos prioritarios. Mejorar la salud, la educación, la formación profesional y crear empleo. Si un gobierno utiliza sus reservas para esto, disminuye la necesidad de pedir créditos al exterior o al interior. Hay que mantener un nivel prudente de reservas, se considera que un Banco Central debe tener reservas equivalentes a tres meses de importación. Muchos países de América latina tienen reservas que corresponden a uno, dos, tres años de importaciones. La parte que sobra la podrían utilizar en inversiones y gasto público para limitar la necesidad del Estado de contraer nuevas deudas. Hay otra versión que apunta a no tener reservas a un nivel alto.

–¿Con qué argumentos?

–Que un Banco Central tenga un alto nivel de reservas tiene un efecto inflacionario en el país. Y los bancos centrales, para limitar el efecto inflacionario en el país, emiten deuda interna. A veces, un banco central pide prestado a los bancos nacionales. En realidad, el objetivo es reducir la liquidez monetaria en circulación en ese país tratando de reducir la inflación. Si bajas tu nivel de reserva a un nivel razonable, reduces también la necesidad de endeudarte como gobierno a nivel interno. He publicado un libro que se llama El Banco del Sur y la nueva crisis internacional, donde argumento –y critico– a los gobiernos y a los bancos centrales que siguen con un altísimo nivel de reservas. Y allí crítico también el hecho de utilizar reservas para pagar deudas.

–¿Qué alternativa propone usted?

–Un gobierno puede transferir una parte de sus reservas a un fondo soberano, lo hacen varios Estados: Singapur, Malasia, los Emiratos, los productores de petróleo del Golfo, Venezuela, que tiene un fondo de desarrollo nacional. Se mantiene un cierto nivel de reservas y la parte que sobra va a un fondo desarrollo que permite hacer inversiones de distinto tipo.

–Desde hace un tiempo se debate una propuesta alternativa de arquitectura financiera en América del Sur. ¿Qué opina sobre los aspectos que están puestos en discusión?

–El Banco del Sur es un proyecto excelente y me preocupa mucho el tiempo que se está perdiendo en su lanzamiento. El acto fundacional fue el último día del mandato de Néstor Kirchner, en diciembre de 2007, pero todavía el Banco del Sur no entró en actividad. Se está perdiendo mucho tiempo porque hay muchas presiones sobre los gobiernos y, sobre todo, hay mucha hesitación de varios gobiernos en potenciar realmente el Banco del Sur.

–En su último libro, La crisis global, usted plantea que no estamos en condiciones de alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio.

–La Agencia de Naciones Unidas del PNUD, la FAO y Unicef dicen claramente que la mayoría de los objetivos no estarán garantizados en el 2015, porque hubo una degradación evidente de las condiciones de vida en gran parte de los países durante los tres últimos años. A pesar de que la comunidad internacional adoptó objetivos que son demasiado modestos –se habla de reducción de la pobreza o el analfabetismo en 15 años, no de erradicarlos–, no logra concretarlos por varias razones.

–¿Como cuáles?

–El modelo dominante, el comportamiento del Banco Mundial y del FMI, el consenso que sigue dominando las decisiones de los gobiernos, el llamado Consenso de Washington. Tanto el BM como el FMI dicen que ya no siguen más con el Consenso de Washington porque es universalmente criticable. Pero si se analizan las medidas que recomiendan a los países que han enfrentado una crisis en los últimos años se puede ver que siguen con la misma lógica. En la Asamblea General de Naciones Unidas expliqué de manera polémica esta visión.

Natalia Aruguete

Tomado: Página 12

17 oct 2010

Las cifras de la concentración mundial de la riqueza




Imagen tomada: Sin Permiso



Los estudios sobre la pobreza y los pobres son muy abundantes. Los estudios sobre la riqueza y los ricos no son tan profusos. Departamentos de sociología, de filosofía política o de economía de cualquier facultad del mundo, revistas académicas de ciencias sociales, multitud de gobiernos, institutos estadísticos, muchos ayuntamientos, periódicos, organismos internacionales… producen cantidades formidables de informes, estudios, tesis doctorales, estadísticas y artículos sobre los más increíbles aspectos de la pobreza. Algunos incluso son buenos y útiles. La conocida publicista y activista de ATTAC Susan George describe la situación con no poca sorna: ¿los pobres? ¡que coman investigaciones!

Los ricos está más a cubierto de inoportunas investigaciones que expongan de forma bien documentada las cada vez mayores desigualdades actualmente existentes en el mundo posibilitadas y fomentadas por el diseño político y económico de nuestras sociedades. Desigualdades que se están incrementando como consecuencia de la tremenda ofensiva lanzada a lo largo de los últimos meses contra las condiciones sociales de las clases trabajadoras; una guerra de clases implacable. Ya se disfracen de imposibilidad de hacer otras políticas diferentes, ya de realismo económico (sic), o incluso de política de izquierdas (en el colmo del delirio), las políticas económicas diseñadas en estas postreras semanas son para beneficio de los ricos y, como lógica contraparte, para expolio y desgracia de los pobres y las clases trabajadoras.

Así que, ante los pocos datos sobre los ricos, los documentos como los que publican anualmente Merryll-Lynch y Capgemini sobre la riqueza y sus detentadores tienen un indiscutible interés para conocer cómo van evolucionando las cosas en ese punto. Merryll-Lynch es una empresa muy conocida que hace dos años fue adquirida por el Bank of America por 44.000 millones de dólares; Capgemini, no tan afamada como la anterior, es una empresa con más de 90.000 empleados en el mundo y con unos ingresos globales manifiestos de 8.400 millones de euros en el 2009 que se dedica, según declara ella misma, a la provisión de servicios de consultoría, tecnología y outsourcing. Merryll-Lynch y Capgemini trabajan para los ricos. No puede extrañar que quieran conocer bien el objeto principal de sus negocios. Y para ello realizan unos informes anuales sobre el estado de los ricos y de sus riquezas que aportan datos de indisputable interés. El último informe disponible es el recientemente publicado del año 2010 que aporta datos del 2009 y años anteriores. También se ha editado un informe dedicado exclusivamente a los ricos de la “región Asia-Pacífico”. Los datos que a continuación se exponen están obtenidos de estos dos informes, así como del informe global de 2009. [1] Los informes de Merryll-Lynch y Capgemini establecen unas definiciones sobre los ricos de los que van a informar. A unos los designa por HNWI por la siglas de High Net Worth Individuals (es decir, individuos de valor neto elevado), a otros los llama UHNWI (la “U” va por ultra). Los primeros son los que tienen activos superiores al millón de dólares entre los que no contabilizan la primera residencia, los bienes consumibles, los bienes coleccionables y los bienes de consumo duradero. Es decir, se trata de evaluar en estos informes lo que estos ricos tienen como efectivo y activos fácil y rápidamente convertibles en líquido. Para los segundos, los UHNWI o Ultra-HNWI, vale la misma definición, pero subiendo el nivel a 30 millones de dólares. Según las definiciones expuestas, queda claro que se trata de personas con una riqueza efectiva superior, como quedaría reflejado si se añadiesen los bienes no contabilizados a las cantidades respectivas de uno y 30 millones de dólares.

A partir de las mencionadas estipulaciones Merryll-Lynch y Capgemini, en el mundo había 8,8 millones de HNWI en el año 2005, aumentaron a 9,5 en el año siguiente y aún lo hicieron hasta 10,1 millones en el año 2007. En el 2008, con el estallido de la crisis económica, el número de HNWI volvió aproximadamente a los mismos niveles de 2005, con 8,6 millones en todo el mundo. Pero ya en 2009 la cifra alcanzada era de 10 millones, casi el mismo nivel del año 2007, anterior a la crisis. La riqueza conjunta de todos los HNWI del mundo fue, en estos mismos años, de 33,4 billones (sí, trillion en inglés de EEUU) de dólares en el 2005, 37,2 en el 2006, 40,7 en el 2007, para bajar hasta los 32,8 en el 2008. Y para volver a subir en plena crisis del año 2009 a 39 billones. Para tomar en su justa proporción las cantidades de las que estamos hablando bueno será considerar que equivalen aproximadamente a 3 veces el PIB de Estados Unidos. Y entre 30 y 40 veces, según el año, al PIB del Reino de España. Francamente espectacular.

El selecto grupo de los Ultra-HNWI estaba formado en el año 2009 por solamente 93.100 personas en todo el planeta. Aproximadamente una de cada 75.000 personas que en el mundo existe es un Ultra-HNWI. Y, dato interesante, la riqueza que concentraban era del 35,5% de la acaparada por todos los HNWI, mientras que solamente representaban el 0,9% de los mismos. Es decir, estos 93.100 campeones mundiales de la riqueza poseían unos activos de más de 13.845.000.000.000 de dólares. Lo que representa una cantidad similar al PIB de toda la Unión Europea.

Entre Estados Unidos (con casi 2’9 millones), Japón (con casi 1’7 millones) y Alemania (con 861.000), concentran el 53,5% de todos los HNWI del mundo del último año que hasta el momento se disponen de datos, el 2009. El Reino de España tiene la nada despreciable cifra de 143.000 HNWI, para este mismo año. Eso significa situarse en el lugar número 12 de esta clasificación mundial de ricachones.

¿Cómo afectará la crisis a estas riquezas? Bueno será verlo en el informe que Capgemini y Merryll-Lynch hagan con datos del 2010. Pero de momento, podemos esperar de forma razonable que, después de algún primer tropezón, les irá fantásticamente. Dos puntos de apoyo de esta afirmación son los siguientes. En primer lugar, la propia previsión que hacen Capgemini y Merryll-Lynch es que en el año 2013 los HNWI lograrán acumular unas fortunas (recordemos que, para el cálculo de las mismas, no se contabilizan la primera residencia, los bienes consumibles, los bienes coleccionables y los bienes de consumo duradero) del orden de ¡48,5 billones de dólares! Multiplicarán, de cumplirse la previsión de Capgemini y Merryll-Lynch, la fortuna que disponían globalmente en el 2008 por casi el 60%, en cinco años. De momento, el 2009 les ha ido más que bien. El segundo punto de apoyo de nuestra afirmación lo aporta el anteriormente citado informe de 2010 dedicado exclusivamente a los ricos de la “región Asia-Pacífico”. Los datos más interesantes de este informe desvelan que ya en el 2009 los niveles de la riqueza acumulada por los HNWI de la región, volvían también a los niveles de 2007, anterior a la crisis. Es decir, los HNWI crecieron en el 2009 exactamente un 25,8% y su riqueza conjunta un 30,9% respecto al año anterior. Japón concentraba en el 2009 el 54,6% de todos los HNWI de la región y el 40’3% de la riqueza de los mismos.

La conclusión del informe de Capgemini y Merryll-Lynch es: “Alrededor del planeta, la creación de HNWI y de riqueza depende muy estrechamente del éxito de cada país en la gestión de la incipiente recuperación económica… y de los desafíos globales en las condiciones financieras”. Lo que tiene por condición, puesto en palabras más directas, “servirse de la crisis bancaria (generada por préstamos inmobiliarios de mala calidad y por la morosidad, no por unos costes laborales altos) como ocasión para cambiar las leyes y permitir que las empresas privadas y los entes públicos puedan despedir de barato y más discrecionalmente a los trabajadores, así como reducir las pensiones y el gasto social a fin de pagar más a los bancos.” [2] Una guerra de clases en toda regla.

Daniel Raventós · · · · ·

Tomado: Revista Sin Permiso

1 http://www.at.capgemini.com/

2 http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/hudsonh.pdf

18 may 2010

Europa en el espejo argentino

Luego de hacer estragos en su patria de origen, Estados Unidos, el “virus neoliberal”, para usar la acertada expresión de Samir Amin, ha contagiado Europa. Ante los síntomas inocultables de la crisis los mercados reaccionan con su explosiva mezcla de rapacidad e irracionalidad y evidencian su escepticismo ante las recetas de salida de la crisis elaboradas por el G-20, el FMI o el BM. Para colmo, este fin de semana, Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, declaró que “el salvataje de un billón de dólares aprobado por la UE y el FMI es sólo para ganar un poco de tiempo”. Esta opinión fue secundada por el economista-jefe del BCE, Jürgen Stark, quien además dijo que “cuando los mercados se vuelven locos nadie puede prever las consecuencias”. El carácter estructural y de larga duración de la crisis es evidente y sus dimensiones son impresionantes: en Grecia el déficit fiscal en relación con el PBI roza el 14 por ciento; en Irlanda casi el 15; en España está a centésimos del 12; en Portugal supera ya el 9 y en Gran Bretaña, de la cual pocos hablan, el déficit fiscal es apenas una centésima inferior a la incendiada Grecia: 13 por ciento. Estas cifras se apartan brutalmente de las estipuladas en el ya difunto Tratado de Maastricht, por el cual los países europeos se comprometieron a mantener su déficit fiscal por debajo del 3 por ciento del PBI. Todo esto ocurre porque, ante el estallido de la crisis en el verano boreal de 2008, los gobiernos ordenaron al Banco Central Europeo y a sus propios bancos rescatar a las grandes empresas afectadas por la crisis; tal como lo habían hecho en Estados Unidos Bush y Obama, demostrando, por la vía del ejemplo, que la doctrina de la “autonomía del Banco Central” es una engañifa sólo destinada al consumo de los sumisos gobiernos de la periferia. El problema con estos rescates es que más pronto que tarde los fenomenales desembolsos realizados por los gobiernos se convierten en una deuda de proporciones gigantescas, originando un incontenible crecimiento del déficit fiscal. Dado que hasta hace pocas semanas el FMI se abstuvo siquiera de lanzar una advertencia a los países del mundo desarrollado (cuando por déficit muchísimo menores envía sus letales misiones a cualquier país del Tercer Mundo), el problema no suscitó mayor atención salvo entre los pocos que estaban realmente al tanto de la situación y no creían en las ingeniosas metáforas utilizadas por los gurús del capitalismo que hacía un año venían hablando de los “brotes verdes” que anunciaban el fin de la crisis. Charlatanes irresponsables (al igual que los que en la Argentina pronosticaban en marzo de 2002 que para finales de ese año el dólar se cotizaría entre 12 y 14 pesos por unidad), sienten ahora que el mundo se les viene abajo: el euro se desploma, la Eurozona está a punto de desintegrarse y como los gobiernos capitalistas sólo conciben la salida de la crisis haciéndosela pagar a los trabajadores, el clima social se carga de una conflictividad no vista desde los sucesos de 1968, aunque algunos se remontan hasta las postrimerías de la Primera Guerra Mundial. La propuesta para griegos y españoles es un calco de las que el FMI impulsara en América latina y que sólo sirvieron para acelerar el derrumbe, siendo el caso argentino el espejo más fiel de lo que probablemente les espere a muchos países de la Unión Europea que todavía se aferran al catecismo neoliberal. El Wall Street Journal del 12 de mayo señalaba que “en la Eurozona y en menos de un mes el FMI dejó de ser un paria para convertirse en una institución esencial cuya bendición es necesaria para los países que necesitan paquetes de rescate”. Este verdadero Dr. Mengele de las economías –que sigue siendo el mismo de antes, pese a declaraciones públicas en contrario– fue el que las autoridades de la Unión Europea eligieron para que administre los remedios que resolverán la crisis. Por eso no sorprende ver a una Europa en pie de guerra social como respuesta a un programa de ajuste tan brutal como los que padecimos en América Latina. Al igual que en Grecia, el ajuste recesivo de Rodríguez Zapatero en España tiene como uno de sus puntales la reducción salarial del 5 por ciento para la mayoría de los trabajadores y la congelación para los de menor ingreso, los llamados “mileuristas” (por ser aproximadamente ésa la suma que ganan mensualmente). Para demostrar que habrá austeridad para todos, y que ésta será progresiva, el gobierno español decidió que desde el cargo de secretario de Estado para arriba, la reducción sería del 15 por ciento. El único detalle es que mientras el presidente del gobierno español gana 91.982,40 euros por año (cerca de 8.000 euros mensuales, amén de diversos gastos que corren por cuenta del erario), el recorte del 15 por ciento difícilmente le producirá alguna merma en su capacidad de ahorro y consumo. Pero para los sectores inferiores de la administración pública –cuyos ingresos oscilan, con premios, complementos y pagas extraordinarias, en torno de los 2.000 euros mensuales–, los 100 euros que les serán reducidos incidirán negativamente en su nivel de vida. David Cameron, el nuevo premier británico, fue más flemático y ordenó una reducción del 5 por ciento de sus emolumentos, pese a que su sueldo anual de 207.500 libras esterlinas (sumando el que le corresponde como premier y como miembro del Parlamento) más que duplica el de su colega español. Estos dos ejemplos bastan para caracterizar la filosofía que inspira estos programas de ajuste. Agréguese a ello que en ningún país de la UE esta reducción del gasto afecta al voluminoso presupuesto militar, parte del cual se destina a financiar guerras inmorales e infames como las que se están librando en Iraq y Afganistán. Lo que sí se reducirá será la suma destinada a la cooperación internacional. Sólo en el caso español esto significa una baja de 600 millones de euros, un 8 por ciento en relación con lo previamente presupuestado. En este contexto, no deja de ser llamativa la conversación telefónica que sostuvieron el 11 de mayo Obama y Rodríguez Zapatero, sobre todo cuando el primero le aconsejó que tomara medidas resolutivas “para calmar a los mercados”. Esta frase es más que semejante a la que en su momento pronunciara el ex presidente Fernando de la Rúa en vísperas del derrumbe de la convertibilidad, cuando también él –como Obama ahora– creía que era imprescindible y factible “llevar tranquilidad a los mercados”. En realidad, los mercados son una institución en la cual la crispación, el desenfreno y la irracionalidad son la norma; además, sin importar cuánto se haga a su favor, son insaciables y siempre querrán más, como se lo hicieron saber a De la Rúa y Cavallo en diciembre de 2001. En las páginas finales del primer tomo de El Capital, Marx describió con vívidos caracteres la naturaleza de los capitalistas y los mercados al decir que “el capital experimenta horror por la ausencia de ganancia... Si la ganancia es adecuada, el capital se vuelve audaz (...) Al 20 por ciento, se pondrá impulsivo; al 50 por ciento se vuelve temerario; por el 100 por ciento, pisoteará todas las leyes humanas; y por el 300 por ciento no hay crimen que lo arredre, aunque corra el riesgo de que lo ahorquen”. La experiencia de los dos últimos años le da la razón y la crisis recién está comenzando a manifestarse. Atilio Borón www.atilioboron.com Tomado: Página 12

9 may 2010

¿Quién quiere destruir Grecia?

El compositor y ex ministro griego Mikis Theodorakis no cree que su país sea responsable de la crisis financiera que está atravesando. Theodorakis ve la mano de Washington detrás de la crisis financiera y denuncia el papel del FMI. Una interesante reflexión para comprender acerca de lo que está pasando en Grecia. El sentido común del que dispongo no me permite explicar ni mucho menos justificar la rapidez de la caída de nuestro país desde el año 2009, caída que lo lleva ahora a recurrir al FMI, privándolo así de parte de su soberanía nacional y poniéndolo bajo un régimen de tutela. Es curioso que nadie se haya ocupado hasta ahora de lo más simple, o sea de explicar nuestra trayectoria económica con cifras y documentos, para que nosotros, los ignorantes, fuésemos capaces de entender las verdaderas causas de esta evolución vertiginosa y sin precedentes cuyo resultado es la pérdida de nuestra identidad nacional y la humillación internacional. Oigo hablar de una deuda de 360 000 millones de dólares, pero veo al mismo tiempo que muchos países presentan esas mismas deudas, e incluso mayores. Por lo tanto, no puede ser esa la causa esencial de la desgracia. Lo que también me intriga es la desmesurada importancia de los ataques internacionales de los que nuestro país está siendo objeto, y cuya coordinación es casi perfecta, a pesar de tratarse de un país cuya economía es insignificante, lo cual acaba por parecer sospechoso. Todo eso me lleva a pensar que alguien nos está culpabilizando y que nos están metiendo miedo para que nos pongamos en manos del FMI, lo cual tiene una importancia esencial en la política expansionista de Estados Unidos, y que todo el asunto de la solidaridad europea nos es más que una cortina de humo, para que no se vea que se trata de una iniciativa puramente estadounidense, para llevarnos a una crisis económica artificial, para que nuestro pueblo tenga miedo, para que se someta, para que pierda importantísimas conquistas y, finalmente, para que se ponga de rodillas y acepte la dominación extranjera. ¿Pero por qué? ¿En aras de qué planes y de qué objetivos? Aunque he sido y sigo siendo partidario de la amistad greco-turca, tengo que decir que el repentino fortalecimiento de las relaciones gubernamentales y los precipitados contactos entre ministros y otros actores, me inspiran temor, al igual que los recientes viajes a Chipre y la próxima visita de Erdogan. Sospecho que detrás de todo eso se esconde la política estadounidense con sus sospechosos proyectos, que tienen que ver con nuestro espacio geográfico, con la existencia de yacimientos petrolíferos, con el régimen de Chipre, con el mar Egeo, con nuestros vecinos del norte y con la actitud arrogante de Turquía, y que el único obstáculo para esos planes es la desconfianza y la oposición del pueblo griego. En mayor o menor medida, todos los que nos rodean están atados al carro de Estados Unidos. La única diferencia es que nosotros, desde la dictadura de la junta y la pérdida del 40% de Chipre y hasta las incómodas polémicas con Skopje (la antigua república yugoslava de Macedonia) y con los ultranacionalistas albaneses, hemos venido recibiendo golpes sin tomar conciencia de ello. Por eso tienen que eliminarnos como pueblo. Y eso es precisamente lo que está pasando en este momento. Yo invito a los economistas, los políticos y los analistas a que me desmientan. Creo que no existe otra explicación lógica, a pesar del complot internacional, en el que han participado los europeos proestadounidenses como Merkel, el Banco Europeo, la prensa reaccionaria internacional, todos juntos han participado en el «gran golpe», que consiste en degradar a todo un pueblo de la categoría de pueblo libre a la de pueblo sometido. Al menos yo no puedo encontrar otra explicación. Reconozco que no dispongo de conocimientos específicos. Pero lo que digo, lo digo utilizando mi sentido común. Puede que muchos estén pensando lo mismo que yo y quizás podamos comprobarlo en los próximos días. En todo caso, yo quisiera alertar a la opinión pública y subrayar que si mi análisis resulta correcto, la crisis económica –que, como ya dije anteriormente, nos ha sido impuesta– no será entonces otra cosa que el primer trago amargo de una cena de Lúculo y que saldrán entonces a flote cuestiones cruciales de carácter nacional de las que no quiero ni pensar hacia dónde pueden llevarnos. ¡Ojalá me equivoque! Míkis Theodorákis Compositor y político griego Tomado de Red Voltaire

28 feb 2010

¡Rechazo al retroceso social en Francia y en Europa !

“Financial Times” : “Lo que será crucial en los años venideros, no es la simple amplitud de la deuda, sino saber si los gobiernos están en posición de encontrar un medio eficaz de reducirla (…) sin provocar (en el mejor de los casos) una inestabilidad política o (en el peor) una verdadera revolución.” ¿Por qué será “el peor de los casos” ? Tras haber soltado miles de miles de millones de euros para salvar un sistema financiero responsable de la mayor “crisis desde los años 1930”, reaparecen los discursos dogmáticos denunciando las “deudas abismales” que deben ser subsanadas a golpes de recortes sociales. En este tiempo, los que han sido reflotados con dinero público se lo pasan en grande y hacen dinero sobre las espaldas de los Estados, especulando con la deuda que ellos mismos han contribuido a crear. Y a los pueblos se les exige pagar, como siempre. Pagar para reflotar los bancos y las empresas, pagar para reembolsar la deuda, pagar para amortizar la especulación. Ya que la catástrofe bancaria ha podido ser evitada, para qué cambiar las reglas del juego, dicen los banqueros, los fondos especulativos y los dirigentes políticos que lo consienten. Seguidores disciplinados del buen doctor Milton Friedman, aplican al pie de la letra su credo : “Sólo una crisis, real o supuesta, puede producir cambios. Cuando ésta se produce, las medidas a tomar dependen de las ideas en vigor en ese momento. Ésta es, pienso, nuestra auténtica función : encontrar soluciones de recambio a las políticas existentes y mantenerlas hasta que las nociones políticas imposibles, lleguen a ser inevitables.” ¿Cómo transformar una crisis que refrenda el fracaso del capitalismo en un momento de aceleración de la transformación neoliberal de nuestras sociedades ? ¡Agitando el trapo rojo de la deuda ! El “Financial Times” británico llega a afirmar que “el espectro de las bancarrotas de los Estados ha resurgido en el mundo rico”. Una buena excusa para justificar que los dirigentes liberales y social-liberales de la zona euro se arrodillen ante las exigencias de los especuladores, e impongan la austeridad, al mismo tiempo que cuentan ya con 15,8 millones de parados, el 10% de su población activa. Prueba de que la “moralización del capitalismo” sólo era un señuelo agitado para hacer tragarse la píldora a los pueblos. Peor, si los bancos han sido reflotados sin ninguna contrapartida, los gobiernos actualmente en dificultades debidas a la financiación de este reflotamiento y de sus consecuencias, recibirán una ayuda financiera de los bancos internacionales y europeos únicamente si demuestran, en contrapartida, una voluntad real de aplicar las medidas de austeridad. Todavía peor, mientras los países de la UE y La UE tienen el derecho de salvar a los bancos comprando los “títulos tóxicos”, los Tratados de la Unión Europea prohíben toda solidaridad entre Estados frente a problemas de financiación del déficit y de la deuda pública, en nombre del rechazo al falseamiento de la competencia. Los mismos Tratados que instituyen la independencia del Banco Central Europeo (BCE)., independencia que hace valer el BCE para negarse a comprar títulos de deuda pública que favorecen los gastos útiles al desarrollo y al crecimiento. Lo que guía a los jefes de Estado y de gobierno reunidos en Bruselas alienta a proseguir esta cura de rigor y sólo les interesa la estabilidad de la zona euro para los financieros. Grecia deberá por tanto contentarse con declaraciones tranquilizadoras. Los griegos van a pagar : profundos recortes en el sistema sanitario, aumento de impuestos indirectos. Los funcionarios helenos tendrán derecho a una congelación de salarios, a la bajada del 10% de las primas, al cese de las contrataciones. A los españoles se promete el aplazamiento de la edad de jubilación a los 67 años. En Francia, el seguro de enfermedad, las pensiones y las administraciones locales están ya en el punto de mira. ¿Permitirán los pueblos hacer todo esto ? En un artículo publicado a primeros de enero y titulado “La financiación y el test de patriotismo”, Gillian Tett, periodista del “Financial Times”, escribe, una pizca preocupado : “Lo que será crucial en los años venideros, no es la simple amplitud de la deuda, sino saber si los gobiernos están en posición de encontrar un medio eficaz de reducirla (…) sin provocar (en el mejor de los casos) una inestabilidad política o (en el peor) una verdadera revolución.” ¿Por qué será “el peor de los casos” ? Stéphane Sahuc Traducción J.A. Pina Tomado texto e imagen de L`Humanité

29 mar 2009

Europa protesta contra el G20

Protesta en Londres
La policía estimó que unas 35.000 personas participaron en la movilización que, según los organizadores, buscaba darle expresión pacífica a la gente. La corresponsal de la BBC, Janet Barrie, dice que había advertencias sobre posibles brotes de violencia, pero varios de los manifestantes describieron la marcha como una "atmósfera de carnaval".
Resaltaron que la ira y el desagrado era contra los banqueros y los políticos a quienes culpan de la crisis económica mundial. Al final de la marcha hubo discursos en los que algunos exhortaron a los líderes del G-20 a cambiar el rumbo del capitalismo global. Glen Tarman, presidente de la organización Put People First (Primero el Pueblo) - uno de los coordinadores - dijo a la BBC: "Hoy ha nacido una emocionante alianza nueva. Continuaremos presionando a los líderes mundiales y al gobierno británico para que aborden nuestras demandas y pongan de primero al pueblo".
La manifestación del sábado es solo el preludio de varias movilizaciones programadas para la próxima semana. El miércoles y jueves habrá una serie de protestas organizadas por una variedad de agrupaciones y coaliciones haciendo campaña sobre una gama de temas que van desde la pobreza, inequidad, empleos, guerra, cambio climático y capitalismo.
La policía de Londres dice que el operativo de seguridad en torno a la cumbre del G-20 es uno de los más amplios y complejos en su historia. El comandante Simon O´Brien dice que grupos extremistas de antaño están aprovechando la ira pública y la recesión para planear sus actividades.
La policía está principalmente preocupada con el potencial de violencia el miércoles 1ro. de abril - Día de los inocentes en el mundo anglosajón - en el que se ha organizado una protesta denominada "Día de los Tontos Financistas". Los empleados del distrito financiero en Londres han sido advertidos de que podrían ser blanco de ataques por parte de manifestantes iracundos por el papel que ha jugado ese sector en la crisis económica.
Berlín y Frankfurt:
No pagaremos su crisis.
10.00 personas salieron a la calle en Berlín con banderas rojas del partido de "Linke" y un ataúd negro que simbolizaba la muerte del capitalismo. Otras 9.000 personas desfilaron por las calles de Frankfurt.
París:
Pocos cientos de personas, 400 según la policía, 700 según los organizadores se manifestaron contra el G20 de Londres y procedieron al "desmantelamiento simbólico de un paraíso fiscal". El símbolo lo habían construido a posta delante de la Bolsa: una miniplaya, dos palmeras, dos tumbonas ocupadas por hombres en chanquletas y camisa de flores. Por el suelo, facsímiles de billetes de 5.000 euros barradas con la palabra "exenta de impuestos". Para demostrar lo fácil que es abatir un paraíso fiscal, los estudiantes, guiados por los organizadores, se armaron con palas y recogieron y tiraron la arena, "eliminando" la playa.
Roma:
Nosotros no vamos a pagar la crisis
Miles de personas -10.000 según Reuters, 50.000 según los organizadores- se manifestaron ayer por Roma. Habían convocado la manifestación los de base COBAS, CUB y SDL así como los estudiantes universitarios de la Onda anómala. También estaban los precarios de la escuela, trabajadores de Alitalia, EREs, muchos de ellos llegados desde Lombardía. "La crisis la deben pagar los banqueros, la patronal y los evasores".
Rebelión / Agencias

11 mar 2009

Secreto imbancable

Imagen Daniel Paz
En Suiza, Luxemburgo y Austria impera el secreto bancario. La crisis fisura la complicidad mundial ante la falta de transparencia financiera. Tema para la cumbre del G-20.
El ministro del Tesoro de Luxemburgo, Luc Frieden (cen.), se saluda con sus pares de Austria y Suiza.Desde París
El cinismo es el valor más cotizado en las Bolsas mundiales. Prueba de ello, en medio de la quiebra más honda que haya conocido el sistema financiero internacional en las últimas décadas, tres de los principales países europeos que practican el secreto bancario, Suiza, Luxemburgo y Austria, siguen defendiendo ese lucrativo principio, en contra de las evidencias y las ya abrumadoras críticas de los demás socios europeos. El secreto bancario ha demostrado su poderosa eficacia para las transacciones mafiosas y el fraude fiscal, al tiempo que dota a los Estados donde está vigente de fondos oscuros provenientes de todos los puntos del planeta y, por consiguiente, de una riqueza sin proporción alguna con la realidad del país. Hay países grandes como dos barrios de Buenos Aires que, gracias al secreto bancario, tienen un PIB de nación industrializada. Pero la crisis financiera internacional fisuró en parte el silencio y la complicidad mundial que durante décadas protegió a esos Estados caja fuerte. Estados Unidos, Alemania y Francia son los países que más han presionado a los paraísos fiscales europeos para que modifiquen una legislación que, en épocas de crisis, es sólo lucrativa para el receptor de capitales.
Pero las malas costumbres no se pierden de un día para otro. Reunidos este fin de semana en una cumbre propuesta por Suiza, Luxemburgo y Austria se presentaron como víctimas de críticas injustas. El problema para estos tres países radica en que el G-20, que se reunirá a principios de abril en Londres, intenta elaborar una lista negra coherente de paraísos fiscales donde pueden estar presentes estas tres naciones europeas. ¿Qué dicen hoy Luxemburgo, Berna y Viena? Sacaron de la manga una deliciosa fórmula que el ministro luxemburgués del Tesoro, Luc Frieden, explicó así: “Los debates a propósito del secreto bancario se llevan a cabo en recintos de los que nosotros no formamos parte, como el G-20. Exigimos entonces que se nos abran las puertas de esos debates para ver cómo se establece la lista de los paraísos fiscales”. En suma, hay que abrirles las puertas de los foros para que ellos no abran las cajas fuertes de sus bancos donde duermen de manera fructífera los capitales de origen inconfesable. Suiza, Luxemburgo y Austria se declararon dispuestos a trabajar para que el fraude fiscal sea sancionado, pero no quieren oír hablar de levantar el secreto bancario. ¿De qué vivirían si así lo hicieran? Por ejemplo, Luxemburgo, que es un Gran Ducado, saca un provecho considerable de sus actividades financieras. Estas, en 2007, representaron más de un tercio de las riquezas del país y la mitad de sus ganancias fiscales. Hans-Rudolf Merz, el ministro suizo de Finanzas, dijo que era preciso “preservar la esfera privada”.
Estas declaraciones no ocultan sin embargo una realidad ineluctable: la explosión del sistema internacional y la necesidad de reformarlo, aunque sea tímidamente, no le evitará a los Estados caja fuerte mostrarse más cooperativos. La transparencia del sistema financiero internacional es el tema central de la agenda de la cumbre del G-20. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, amenazó con incluir a Suiza en la lista de los paraísos fiscales que el G-20 piensa actualizar. Desde luego, Luxemburgo, Suiza y Austria no son los únicos países del Viejo Continente donde impera el secreto bancario. Bélgica también lo practica, al igual que Liechtenstein y el Principado de Mónaco, un paraíso diseñado a orillas del Mediterráneo donde se lavan muchos fondos tóxicos. Pero Suiza está en el centro de la tormenta luego de que, en febrero pasado, Estados Unidos obligara al banco suizo UBS a entregarle los nombres de unos 300 clientes norteamericanos acusados de fraude fiscal en los Estados Unidos. El banco suministró los nombres y pagó una multa de 780 millones de dólares. Esa lista de 300 nombres es una migaja comparada con los 52.000 nombres que exige el fisco de Estados Unidos. Se trata de un fabuloso tesoro valuado en 15 mil millones de dólares. Alemania y Francia se quejan por lo mismo, tanto ante Suiza como ante Luxemburgo. Los contribuyentes de peso se evaden hacia esos paraísos cuya prosperidad es fruto, entre otras cosas, de la evasión fiscal.
La presión internacional y la amenaza que hace pesar la cumbre del G-20 han modificado un poco la actitud de esos países. Suiza, particularmente, se muestra cooperativa y empieza a adelantar algunas fórmulas de compromiso para atenuar la presión. Sin embargo, el secreto bancario no se cambiará. Suiza lo puso en práctica mediante una ley adoptada por los diputados en 1934 y Luxemburgo recién en 1984. Los expertos calculan que cada año 400 fortunas dejan el territorio francés para pedir asilo fiscal en Irlanda, Bélgica, Suiza, Londres, Luxemburgo o Liechtenstein. Mónaco, la isla de Man, Guernesey, Jersey, Gibraltar, Andorra y Liechtenstein están definidos por la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) como “paraísos fiscales no cooperantes” que funcionan, además, con el secreto bancario. Bélgica, Suiza, San Marino, Luxemburgo y Austria figuran en la lista como paraísos bancarios. Los lavadores de dinero tienen una amplia selección de territorios donde poner los capitales a salvo de toda indiscreción.
Por Eduardo Febbro
Tomado de Página 12
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