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26 dic 2010

“Assanginato”: Del asesinato del personaje a la realidad

Audio del artículo publicado en Democracy Now sobre el caso Assange,en la Columna Semanal de Amy Goodman.



Tomado: Democracy Now

19 dic 2010

¿Assange es periodista?



Sí para algunos, no para otros, quién sabe para muchos. Este tema deriva, con presunción jurídica, de la voluntad de juzgar a Assange en EE.UU. que la Casa Blanca y varios congresistas no ocultan. Si el australiano es periodista y su difusión de documentos por Wikileaks es similar a la de cualquier periódico o agencia noticiosa, la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense impide que lo procesen: prohíbe expresamente la promulgación de toda ley que inhiba el ejercicio de la libertad de prensa. Hay que buscar otro camino legal o con visos de legalidad.

El Comité Judicial de la Cámara de Representantes comenzó a explorar el asunto el jueves que pasó. Una de las alternativas examinadas en esta primera audiencia, a la que fueron citados siete fiscales, abogados y peritos, fue la aplicación de la Ley de Espionaje aprobada en 1917, cuando EE.UU. decidió participar en la Gran Guerra del ’14-’18 y la histeria belicista guiaba los pasos de gobierno y Parlamento. Raras veces surtió efecto, en ocasiones ninguno. El senador independiente Joe Lieberman y dos colegas republicanos presentaron un proyecto de ley que califica de ilegal la difusión de informaciones clasificadas y que permitiría, si se aprueba, echarle el guante al fundador de Wikileaks. Se escucharon opiniones contrarias en la audiencia.

Geoffrey Stone, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, tachó de inconstitucional el proyecto de los tres senadores: aplicarlo a ciudadanos particulares que no son funcionarios del gobierno violaría la Primera Enmienda, aseveró. Ralph Nader, el repetido candidato a la presidencia por el Partido Verde, centró el problema en “la abismante falta de seguridad” que el gobierno muestra en el manejo de documentos delicados y subrayó: “La supresión de información ha provocado más pérdidas de vidas, verdadera amenaza a la seguridad estadounidense, y demás consecuencias que se atribuyen ahora a Wikileaks y a Julian Assange” (www.talkradio.com, 16/12/10).

Para el presidente del Comité Judicial, el representante demócrata John Conyers, no hay nada que punir: “EE.UU. se ha basado en la idea de que la libertad de expresión es sacrosanta –declaró–. No hay duda de que Wikileaks es muy impopular en estos momentos, pero ser impopular no es un delito y publicar informaciones agresivas tampoco. Me incomodan mucho los llamados insistentes de políticos, periodistas y otros presuntos expertos que demandan un proceso penal o medidas extremas” (www.rawsroty.com, 16/12/10).

William Keller, director ejecutivo del New York Times –uno de los cinco diarios que difunden los documentos filtrados–, tomó distancia: “No creo que (Wikileaks) sea la organización informativa de mi gusto, pero ha evolucionado. A lo largo de esta experiencia hemos considerado que Julian Assange y su alegre banda de provocadores y hackers son una fuente. No diría que pura y simple porque, como sabe todo periodista o director, las fuentes rara vez son puras y simples” (//blogs.forbes.com, 16/12/10). Agregó que lo perturbaría que el gobierno intentara procesar a Assange aplicando la Ley de Espionaje: “Dejando a un lado lo legal, eso me enviaría una señal de alarma... es una ley que se presta a los abusos”.

Kenneth L. Wainstein, socio de la firma internacional de abogados O’Melveny & Myers, sugirió en la audiencia que Wikileaks es un medio “fundamentalmente diferente” de otros porque se limita a recoger y difundir información sin la supervisión editorial que rige en las publicaciones tradicionales. Para Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, “se aproxima cada vez más a una organización mediática”. Entonces, Assange ¿es periodista o no?

Abbe Lowell, abogado y miembro de la firma McDermott, Will & Emery, señaló que la respuesta a esa pregunta es un terreno resbaladizo desde el punto de vista legal que podría introducir fiscalizaciones ajenas en el proceso editorial. “En la historia de EE.UU., el reunir información y difundirla es periodismo clásico”, afirmó. No solamente allí.

Los objetivos de la Ley de Espionaje fueron los opositores a la entrada de EE.UU. en la guerra y sirvió para destruir al joven Partido Socialista. El senador demócrata Kenneth McKellar lo dijo con claridad cuando el proyecto se presentó ante el Congreso en 1917: “Si no logramos que la gente entre en razón para que sea leal, llegó el momento de obligarla a ser leal”. El representante republicano William Green fue más lejos: “No hay medida lo suficientemente severa para exterminar a esa canalla perniciosa”. No faltan personalidades norteamericanas que hoy piden el asesinato de Assange. A los 93 años de la promulgación de la Ley de Espionaje, poco ha cambiado la clase política de EE.UU.

Juan Gelman

Tomado: Página 12

9 dic 2010

Wikileaks, un peligro para la democracia


Caricatura:Quino
En 1922, el periodista y sociólogo norteamericano Walter Lippmann proponía en su libro “Opinión pública” cuáles tendrían que ser las funciones de los medios de comunicación para garantizar la estabilidad y la buena marcha de la democracia. Para Lippmann, el “rebaño” debía seguir una dirección firme marcada por una élite, por lo que los medios se dedicarían a “fabricar el consenso” entre el grueso de la población y sus líderes. Para este autor, cierto periodismo podía confundir a las masas, lo que les restaría capacidad para tomar adecuadamente decisiones. La producción de propaganda pasaba, por tanto, a cumplir una función necesaria, casi imprescindible.

Huelga decir que los propósitos de Lippmann se cumplieron ampliamente, incluso sin la necesidad de exhibir una gran energía represora por parte de los poderes públicos. Los Profesores Noam Chomsky y Edward S. Herman cuentan en “Los guardianes de la libertad (Manufacturing consent)” cómo fue el propio “libre mercado” el que terminó con el subversivo periodismo radical británico iniciado en el siglo XIX, incapaz de cargar con los costes de una producción periodística que se había vuelto cada vez más compleja, así como de competir con otros diarios que sí contaban con anunciantes y financiadores, pero que no tenían precisamente el propósito de reforzar la conciencia de clase de los obreros ingleses.

De la sociedad industrial pasamos a una serie de revoluciones tecnológicas y financieras que se retroalimentaron para crear auténticas “autopistas de la información”, como pronunciara victorioso el ex presidente estadounidense Bill Clinton. En definitiva, la innovación tecnológica hacía posible la globalización financiera, decisiva, a su vez, para financiar los grandes avances aplicados a la comunicación. La “era de la información” no nacía de manera neutra, sino ideológicamente marcada por los capitales que la habían hecho posible: esas carreteras virtuales tenían dueño antes de ponerse en marcha.

Con estas reglas del juego aún vigentes, cabe preguntarse si el fenómeno Wikileaks representa un mero bache o, por el contrario, es el inicio de una nueva serie de tendencias en el universo comunicativo. El clima de confusión y de desconfianza hacia el personaje de Julian Assange está en parte justificado, pero, por otro lado, refleja el conformismo y el interés del ‘establisment’ en que persista un sistema de comunicación que, en suma, se dirige a reforzar la fe del ‘ciudadano sonámbulo’ en una determinada realidad que encaja perfectamente con la conformación y relaciones entre los poderes existentes. Por ello, la irrupción de este peculiar personaje, al despertar a quien dormía, deviene necesariamente en atentado terrorista, y su fulminante detención –o su asesinato- se dan por descontados.

Sería bueno que Assange fuera más allá de lo militar y lo diplomático: hay muchos lazos entre el poder económico y el político que no se nos explican diariamente en nuestros medios tradicionales. ¿Habrá quien recoja el testigo de esta organización, todavía tan personalista? Wikileaks debería dar paso a un nuevo modo de concebir la información, desligada del producto comercial y liberada, por tanto, de los constreñimientos a los que este queda automáticamente sometido. La democracia, la que ellos quieren que mantengamos, está en peligro. Esperemos que el riesgo siga creciendo.

Andrés Villena

Tomado: blog Público.es

8 dic 2010

La mujer que acusa a Julian Assange de “violación” está vinculada a la CIA


Anna Ardin vínculada a la CIA

Artículo publicado originalmente en inglés el 06/12/10 http://www.rawstory.com/rs/2010/12/assange-rape-accuser-cia-ties/  

Una de las mujeres que acusa al fundador de Wikileaks, Julian Assange, de delitos sexuales parece haber trabajado con un grupo que tiene conexiones con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos.

James D. Catlin, un abogado que representó recientemente a Assange, afirmó que la investigación por delito sexual contra el fundador WikiLeaks se basa en afirmaciones de que no usó condones durante sus relaciones sexuales con dos mujeres suecas.

Fuentes de la Fiscalía sueca dijeron AOL News la semana pasada que Assange no era buscado por violación como se ha informado, sino por algo llamado “sexo por sorpresa” o “sexo inesperado”.

Una de las acusadoras, Anna Ardin, parece tener “vínculos con grupos financiados por Estados Unidos contra Fidel Castro y por grupos anticomunistas”, de acuerdo con una investigación publicada por Israel Shamir y Paul Bennett, en CounterPunch. Ardin, nacida en Cuba, trabajó a favor de “Las Damas de Blanco”, un grupo de mujeres que se oponen al gobierno cubano.

Shamir y Bennett también describen a Ardin como una supuesta “izquierdista” que “publicó diatribas anti-Castro (ver aquí y aquí) en lengua sueca para la Revista Asignaturas Cubanas difundida por Misceláneas de Cuba.” Señaló el profesor Michael Seltzer que el grupo está dirigido por Carlos Alberto Montaner, un hombre vinculado con la CIA.

Shamir y Bennett señalaron que “Las Damas de Blanco reciben financiamiento del gobierno de los EE.UU. y cuentan entre sus partidarios con Luis Posada Carriles“.
Un documento desclasificado en 1976 (. Pdf) reveló que Posada era entonces agente de la CIA y sus abogados han sostenido que mantuvo vínculos con la agencia por 25 años. Ha estado vinculado a ataques terroristas que mataron a decenas de personas.

Ardin es “está vinculada a militantes por la equidad de género en la Universidad de Uppsula, que optaron por asociarse con ese grupo de mujeres cubanas financiado por EE.UU. y apoyado abiertamente por terrorista y asesino de masas”, observó Kirk James Murphy en Firedoglake..

En agosto, Assange le dijo a Al Jazzeera que las acusaciones eran “claramente una campaña de desprestigio”. ”Se nos ha advertido que, por ejemplo, el Pentágono está planeando usar trucos sucios para destruir nuestro trabajo”, dijo Assange al diario sueco Aftonbladet.

El fundador de WikiLeaks dijo que fue advertido de tener cuidado con “las trampas del sexo.” ¿Habrá caído Assange en una de esas trampas? -Tal vez, sí. Tal vez no”, dijo.

El abogado Catlin señaló que tanto Ardin com Sofía Wilén, la segunda acusadora, enviaron mensajes SMS y tweets alardeando de sus conquistas después de las supuestas “violaciones”.

“En el caso de Ardin está claro que hasta hizo una fiesta en honor a Assange en su apartamento después de que él cometiera “el delito” y ella aseguró a sus seguidores en Twitter que él era “una de las personas más simpáticas e inteligentes del mundo, es increíble!”, escribió. (El mensaje en sueco original está borrado del Twitter de Anna Ardin, sin embargo fue publicado por un bloguero sueco y puede accederse al caché de esa página, en este link. Nota de Cubadebate)

David Edwards

Tomado: CubaDebate

3 dic 2010

WikiLeaks y el fin de la “diplomacia” estadounidense


Amy Goodman
Una vez más WikiLeaks ha publicado una enorme cantidad de documentos. Esta vez, se trata de cables diplomáticos del Departamento de Estado estadounidense. El sitio web de revelación de datos secretos anunció que publicará gradualmente más de doscientos cincuenta mil documentos durante los próximos meses. De esta manera, los documentos podrán ser analizados y recibir la atención que merecen. Los cables son comunicaciones internas escritas entre embajadas de Estados Unidos de todo el mundo y también con el Departamento de Estado. WikiLeaks habla de la filtración como “el mayor conjunto de documentos confidenciales que jamás se hayan dado a conocer, que proporcionan una visión sin precedentes de las actividades en el exterior del gobierno estadounidense.”

Los críticos sostienen, al igual que lo hicieron cuando se filtraron documentos secretos referidos a Irak y Afganistán, que habrá víctimas fatales como resultado de estas filtraciones. Sin embargo, se podría, en realidad, salvar vidas, dado que la forma en que Estados Unidos hace diplomacia se encuentra más expuesta que nunca – así como la aparente facilidad con la cual el gobierno de Estados Unidos cumple (o no) con el dicho del periodista pionero I.F. Stone: “Los gobiernos mienten.”

Observemos el caso de Khaled El-Masri. El-Masri fue secuestrado en Macedonia en el marco del llamado "programa de rendición extraordinaria" de la CIA, por medio del cual el gobierno de Estados Unidos secuestra personas en cualquier parte del mundo y las entrega secretamente a un tercer país, adonde puedan ser objeto de torturas. Khaled El-Masri cuenta lo que le sucedió: “Me llevaron a una habitación, estaba esposado y me habían vendado los ojos. Cuando la puerta se cerró, recibí golpes por todas partes. Entonces fui humillado. Pude oír que me tomaban fotos durante el proceso, mientras estaba completamente desnudo. Luego me ataron las manos por detrás de la espalda, me pusieron cadenas en los tobillos y una bolsa en la cabeza. Luego fui introducido brutalmente en un avión y en el aeropuerto me tiraron al piso. Cuando desperté, estaba en Afganistán. Me sacaron brutalmente del avión y me pusieron en el cofre de un automóvil.”

Khaled El-Masri estuvo prisionero y fue torturado en una cárcel secreta en Afganistán durante meses hasta que la CIA lo dejó abandonado en una carretera desierta de Albania. Esto sucedió a pesar de que la CIA sabía desde hacía tiempo que había secuestrado al hombre equivocado. El-Masri, ciudadano alemán, intentó que se hiciera justicia en los tribunales alemanes y todo indicaba que trece agentes de la CIA enfrentarían cargos. En ese momento intervino la embajada de Estados Unidos en Berlín y realizó, según uno de los cables, la siguiente amenaza: “la emisión de órdenes de captura internacional tendría un impacto negativo en las relaciones bilaterales.” Nunca se presentaron cargos en Alemania, lo que sugiere que la amenaza diplomática funcionó. Aún así, los trece agentes enfrentan todavía cargos en España, donde los fiscales gozan de un poco más de libertad con respecto a las presiones políticas.

O al menos eso creíamos. De hecho, España también se destaca en los documentos filtrados. Entre los cables, hay uno de fecha 14 de mayo de 2007 escrito por Eduardo Aguirre, un banquero cubano-estadounidense conservador nombrado embajador en España por George W. Bush. En el cable, Aguirre escribió: “Para nosotros, tendrá consecuencias importantes que se continúe planteando el caso Couso, por el que tres soldados estadounidenses enfrentan cargos en relación a la muerte del camarógrafo español José Couso, ocurrida durante la batalla por Bagdad en 2003.”

Couso era un joven camarógrafo de la cadena española de televisión Telecinco que estaba filmando desde el balcón del Hotel Palestina en Bagdad el 8 de abril de 2003, cuando un tanque del ejército estadounidense disparó sobre el hotel, en el que se alojaban principalmente periodistas, causando la muerte a Couso y a un camarógrafo de la agencia de noticias Reuters. El Embajador Aguirre intentaba invalidar el juicio iniciado por la familia Couso en España.

El hermano de José Couso, Javier Couso, inició el proceso judicial por su hermano José junto a su madre. Aunque un tribunal español ha reabierto la causa recientemente, Javier Couso reaccionó ante el cable filtrado en estos días por WikiLeaks y dijo: “Nosotros estamos en primer lugar indignados y horrorizados; horrorizados porque no podemos creer que el gobierno de mi país y la fiscalía actúen conspirando con un gobierno extranjero para impedir la investigación de lo que le pasó a un ciudadano español; e indignados porque nos han mentido continuamente, nos hemos reunido con todas esas personas del gobierno y de la fiscalía y ellos decían que no iban a obstaculizar el caso.”

Además, el embajador estadounidense presionó al gobierno español para que desistiera de realizar un juicio, que sentaría precedente, contra el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y otros funcionarios del gobierno de Bush. En el mismo memorando Aguirre escribe: “El Vice Ministro de Justicia dijo también que el gobierno español se opone firmemente a la acusación presentada contra el ex Ministro Rumsfeld y tratará de que sea desestimada. El juez que entiende en la causa nos ha dicho que ha iniciado ya los procedimientos para desestimar el caso.”

Estas revelaciones han convulsionado al gobierno de España, ya que los cables muestran claramente los intentos de Estados Unidos por incidir en el sistema de justicia de ese país.

Hace varios años, el Embajador Aguirre declaró al periódico español El País: “Soy el plomero de George Bush, voy a resolver todos los problemas que George ponga en mis manos.”

En otra serie de cables, el Departamento de Estado de Estados Unidos ordena a su personal de las Naciones Unidas y del resto del mundo que espíen a funcionarios gubernamentales, e increíblemente, también da instrucciones de que recaven información biométrica de los diplomáticos. El cable dice textualmente: “Los datos deben incluir direcciones de correo electrónico, números de teléfono y fax, huellas digitales, imágenes faciales, escaneo de iris y de ADN.”

WikiLeaks sigue asociada a un grupo de medios de comunicación de todo el mundo: el periódico inglés The Guardian, El País, de España, el New York Times, la revista alemana Der Spiegel y el periódico francés Le Monde. David Leigh, editor de investigaciones del periódico The Guardian me dijo: “Esta serie de revelaciones no ha terminado aún. Desde el periódico The Guardian y otras cadenas de noticias del mundo iremos haciendo revelaciones, a partir de ahora y día a día, posiblemente durante toda la semana próxima y quizás más. Por lo cual, todavía no hemos visto nada.” Queda más de un cuarto de millón de cables que no han sido dados a conocer públicamente aún.

Hace cuarenta años, Noam Chomsky, reconocido analista político y lingüista, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, ayudó a Daniel Ellsberg, el primer informante de Estados Unidos, a revelar los Documentos del Pentágono. Le pregunté a Chomsky acerca de los cables recientemente publicados por WikiLeaks y respondió: “La principal importancia de los cables que han sido publicados hasta ahora radica en lo que nos dicen sobre el liderazgo occidental. Lo que revelan es un profundo odio a la democracia.”

Amy Goodman

Tomado: Democracy Now

30 nov 2010

Wikileaks humilla al Cibercomando (+ Infografía)



El gobierno de EEUU, siempre tan coherente, ataca al mensajero para que todo el mundo se olvide del mensaje. Resulta que el enemigo es Wikileaks, particularmente Julian Assange -su figura más visible-, pero ni una disculpa por los “excesos” de la diplomacia norteamericana, ni por la práctica de la tortura en los territorios ocupados, ni por los pagos a los contratistas privados que disparan a la multitud cuando están de mal humor, ni por las mentiras que han divulgado para justificar las guerras que desangran a Iraq, Afganistán y Yemen -país que, ahora sabemos, también forma parte del teatro de operaciones de los EEUU.

Wikileaks comenzó el domingo la filtración de más de 250 000 informes de las oficinas diplomáticas de Estados Unidos en el mundo, asociado con cinco grandes periódicos: New York Times, The Guardian, El País, Le Monde y Der Spigel. El golpe es demoledor para la política imperial norteamericana, que había aprendido a convivir con los medios tradicionales, domesticándolos. Ahora estos saben que tienen que adaptarse a la nueva era, la del ciberespacio, con sus millones de fuentes autónomas de información, que han resultado ser una amenaza decisiva a la capacidad de silenciar en la que se ha fundado siempre la dominación.

Lo que estamos presenciando es histórico y humillante para los halcones imperiales. Con su audaz estrategia de coordinación entre los medios tradicionales y los llamados medios sociales, Wikileaks ha ganado la primera gran batalla de la “Era de Información” contra los mecanismos que en las últimas décadas han utilizado los Estados Unidos y sus aliados gubernamentales y mediáticos para influir, controlar y coaccionar a todo el planeta.

Una de las consecuencias en las que más se han detenido los analistas es en la torcedura de brazo a los medios transnacionales, que pactaron con Wikileaks tras el cálculo de que si la colaboración con los EEUU termina por ver la luz pública gracias al activismo individual y a la Internet, los estados clientes y sus dirigentes van a estar menos dispuestos a acompañar las maquinaciones imperiales. Por una vez, el Imperio ha recibido un durísimo y humillante golpe, que lo ha puesto contra las cuerdas con signos visibles de impotencia y descoordinación.

La prueba es el intento frenético del Departamento de Estado de alertar de las filtraciones a sus funcionarios y a sus aliados durante el fin de semana. En medio del corre corre, un congresista pidió a la Secretaria Clinton incluir a Wikileaks en la lista de las organizaciones terroristas extranjeras. Luego vino el ataque de denegación de servicio contra el sitio web, una hora antes del lanzamiento programado este domingo, que algunos analistas atribuyeron a una torpe intervención del nuevo Comando Ciberespacial de los EEUU. El Comando llegó a su “completa capacidad operativa” hace menos de un mes y ya está peleándose con la CIA y con el Departamento de Seguridad Interior para ver quién tiene autoridad en las acciones ofensivas y el control de las redes de telecomunicaciones en el ámbito civil.

Amy Davidson, editora de la prestigiosa revista The New Yorker, alertaba hace unos días por dónde iban a venir los tiros del gobierno de Obama contra Wikileaks:

1. Acusar a Assange y a sus colegas de espionaje, independientemente de que ellos estén fuera de la jurisdicción norteamericana; pedirle a los aliados de EEUU que hagan lo mismo;

2. Explorar las oportunidades para que el Presidente Obama incluya a los colaboradores de Wikileaks en la lista de combatientes enemigos, allanando el camino para acciones no judiciales en su contra.

3. Congelar los activos de la organización Wikileaks y de sus partidarios, y aplicar sanciones financieras a aquellas instituciones que colaboren con esta organización; impedirles todo tipo de transacciones en dólares norteamericanos;

4. Darle la oportunidad al nuevo Cibercomando de EE.UU. de demostrar que pueden, por vía electrónica, asaltar a WikiLeaks y a cualquier compañía de telecomunicaciones que ofrezca sus servicios a esta organización;

5. La celebración de audiencias en el Congreso para evaluar cómo la información clasificada podría estar comprometida y cómo EEUU puede identificar mejor y luchar contra organizaciones políticas como Wikileaks.

Hillary Clinton insinuó algunas de estas medidas en su conferencia de prensa del lunes y, conteniendo a duras penas la ira, aseguró que su Gobierno dará “pasos agresivos contra los responsables de la filtración”. El fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, anunció inmediatamente después que su departamento abrió una investigación criminal para “depurar responsabilidades” por la divulgación de estos documentos “pone en riesgo la seguridad nacional”. Sarah Palin, figura emblemática de la ultraderecha norteamericana, se preguntaba en Facebook, por qué el gobierno “no había utilizado todos los medios cibernéticos a nuestra disposición para desmantelar de manera permanente a Wikileaks”.

Unos y otros han intentado centrar la atención en Julián Assange, el fundador de Wikileaks -¿en qué guerra de EEUU no hay un villano?-. Sin embargo, eso no explica la escasa compostura de los líderes norteamericanos, tanto de Hillary como de los jerarcas del Pentágono que han tenido que darle la cara a las varias oleadas de filtraciones. Las estructuras de poder norteamericano, estén o no en el gobierno, se dan perfecta cuenta de que esto va mucho más allá de la revelación de pruebas de lo que ya más o menos cualquiera sabe: los abusos de toda índole de Washington.

Lo que ha desatado las alarmas en Washington es que Wikileaks demuestra que un pequeño grupo de periodistas e informáticos, utilizando hábilmente las nuevas tecnologías y maniobrando en las redes sociales y en las aguas turbias de la comunicación transnacional, puede poner en jaque a la mayor superpotencia del mundo y a su super-ejército ciberespacial, con 1 000 hackers, un presupuesto multimillonario y una abrumadora campaña de terror para imponer en todo el mundo, con el pretexto de la ciberseguridad, la ciberguerra.

“Es precisamente ese creciente prestigio de profesionalidad de Wikileaks el que preocupa en las alturas”, diría el sociólogo Manuel Castells, el académico que mejor ha descrito los espectaculares cambios que se estan produciendo a escala planetaria desde la aparición de las Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones (TICs). Julián Assange y sus compañeros, más los miles de usuarios de la Internet que colaboran de una manera o de otra con este proyecto, son hijos de esta nueva realidad histórica.

Nadie puede predecir hasta dónde más podrá llegar Wikileaks en esta batalla contra Estados Unidos. El poder tiene una enorme capacidad para controlar los daños, desaparecer o reciclar a sus oponentes y tender un manto de olvido. Pero ahora mismo, en medio de los fogonazos, son perceptibles ciertas claves que no debería desdeñar ninguna estrategia de resistencia: el conocimiento y apropiación de las nuevas tecnologías, el valor de la transparencia informativa, el ciberespacio como ámbito de acciones tanto ofensivas como defensivas, y las extraordinarias posibilidades de Internet como herramienta de lucha.

Infografía de WikiLeaks

Tomado: CubaDebate.cu

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30 ago 2010

Una suciedad chiquita


Hay guerras sucias de todo tipo, enormes como la que segó la vida de 30.000 personas inermes a manos de la más reciente dictadura militar argentina. Otras son chicas y, al parecer, el Pentágono habría desatado una contra Julian Assange, el coordinador del sitio WikiLeaks que difundió 75.000 mil documentos internos de las fuerzas armadas que combaten en Afganistán (ver Página/12, 29/7/10). Abundan en informes sobre matanzas de civiles y ejecuciones extrajudiciales, entre muchas otras cosas, y su publicación en periódicos importantes puso los pelos de punta a la Casa Blanca.

Assange, ciudadano australiano que reside actualmente en Suecia, fue acusado de violar a dos mujeres y todo resultó muy extraño. La fiscal María Häljebo Kjellstrand emitió en las últimas horas del viernes 20 una orden de arresto contra Assange en razón de la denuncia de las dos presuntas violadas, que afirmaban que lo fueron en un espacio de tres días. Eva Finné, la fiscal general, anuló la orden 24 horas después por falta de pruebas. Declaró que estaba en curso una investigación por acoso sexual, un delito mucho menos grave que la violación para la Justicia sueca (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). Lo mejor vino después.

Una de las dos mujeres dio marcha atrás rápidamente: el domingo dijo al diario Aftonbladet que la sorprendía el cargo de violación propinado a Assange, negó que hubiera violencia en el encuentro que tuvieron y sugirió que, en realidad, habían discutido porque él se negaba a usar condón. En tanto, el ombudsman del sistema judicial ordenó que se investigue cómo se filtró la noticia a la prensa, ya que apenas habían transcurrido minutos entre la emisión de la orden de arresto y su aparición en un tabloide. Según el británico The Guardian, la información habría sido proporcionada por la policía sueca (www.guardian.co.uk, 22/8/10). Curioso, sí.

Assange se apresuró a señalar con el índice al Pentágono, que calificó de “absurda” esa pretensión. “El 11 de agosto –señaló Assange–, los servicios de inteligencia de Australia me advirtieron que debía esperar cosas de este tipo” (//news.smh.com.au, 24/8/10). Afinó luego esta imputación: “No tenemos evidencias directas de que esto viene de la inteligencia estadounidense o de alguna otra. Algo podemos sospechar pensando a quién beneficia la historia”. No parece casual que el escándalo estalle ahora: Assange había prometido publicar otros 15.000 documentos secretos de la guerra de Afganistán y ofreció al Pentágono que los leyera antes para borrar todo aquello que podía afectar el curso de la guerra y/o la seguridad de los informantes. El Pentágono se negó: su política es borrar a WikiLeaks de la faz de Internet.


Otra extravagancia. Una de las mujeres afirmó que había conocido a la otra en una conferencia impartida por Assange (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). No existen estadísticas sobre el número de violadas que asisten a las conferencias de sus violadores, pero no deben ser muchas. Según The Telegraph, la segunda se acercó a la primera, le confió lo sucedido y logró que ésta la acompañara a la policía para presentar la denuncia. ¿Es que las mujeres que padecen esa bárbara violencia se reconocen a primera vista?


Algo interesante: la entrevistada por Aftonbladet “descartó la idea de muchos teóricos de la conspiración de que las incriminaciones de violación se debían a alguna ‘sucia trampa’ por la actitud de desafío al gobierno de EE.UU. asumida por WikiLeaks. Dijo: ‘Los cargos contra Assange no fueron, desde luego, orquestados por el Pentágono’”. Un “desde luego” que no puede evitar el olor a excusa anticipada. En particular, porque el Pentágono difundió las acusaciones por Twitter con bastante frenesí.

Scott Horton reveló hace meses la existencia de un documento clasificado del Centro de Inteligencia del Ejército que subrayaba la necesidad de no limitarse a anular los servidores y las bases de datos de WikiLeaks: además había que neutralizar a los individuos que operan el sitio (//file.wikileaks.org, 15/3/10). En las 32 páginas del informe se nombra a Assange a saciedad, se califica de “acto delictuoso” su labor y se aboga por incoar un proceso que “logre con éxito destruir el centro de gravedad” de WikiLeaks. Ese centro no es otro que Assange mismo.

Las denuncias contra el australiano fueron precedidas de una campaña contra Bradley Manning, analista de inteligencia preso en Kuwait por filtrar a WikiLeaks el video Asesinato colateral. Filmado desde un helicóptero Apache, muestra claramente el asesinato de un miembro de la agencia Reuters y el ataque a quienes acudieron a ayudarlo, entre ellos dos adolescentes que resultaron heridos. Manning es sospechoso de pasar los documentos que Assange difundió y la campaña se centró en su condición declarada de gay. Típico de EE.UU.: es notorio que las noticias, ciertas o falsas, sobre la sexualidad de un político, un candidato, un periodista, pueden acabar con su carrera. Casi le quitan la presidencia a Bill Clinton.

Juan Gelman
 
Tomado: Página 12
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