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20 mar 2009

Bolonia: un análisis de clase

Imagen: Juan Kalvellido
En estos últimos meses ha cobrado fuerza en diversas Universidades españolas la movilización, fundamentalmente estudiantil, frente a la reforma de las titulaciones universitarias para su convergencia en un Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado "proceso de Bolonia". Esta movilización, no obstante, tiene distintas dimensiones, que se corresponden con la complejidad de la situación de clase del estudiantado universitario.
Sabemos que la Universidad hace años que dejó de ser un reducto elitista de los hijos de la burguesía. Pero sabemos también que los hijos de obreros siguen siendo una minoría en ella. En su mayor parte, su procedencia de clase es de trabajadores "intelectuales" y de capas medias, incluyendo profesionales liberales
A su vez, su "destino de clase" es diverso: en unos casos, pasar a dirigir el negocio familiar; en otros, ejercer una profesión bien remunerada, ya como "profesionales liberales", ya como asalariados con una retribución netamente superior a la renta media; y en otros casos, el paro o el subempleo, realizando tareas para las que no necesitan su formación académica o, en todo caso, con una retribución netamente inferior a la renta media, como los llamados "milieuristas"; a ello se añade también un porcentaje significativo que no llegan a obtener una titulación universitaria, cayendo así dentro de lo que llamamos "fracaso escolar".
Dada esta complejidad de situaciones, hay que analizar en detalle el contenido de las reivindicaciones del movimiento estudiantil, para deslindar aquéllas congruentes con los intereses generales de la clase trabajadora de aquéllas que corresponden a otros intereses particulares.
En el caso del movimiento frente a la aplicación del llamado "proceso de Bolonia", hay componentes que se corresponden plenamente con los intereses generales de la clase trabajadora y son congruentes con los objetivos socialistas, como la oposición a la privatización y mercantilización de la Universidad Pública, entendiendo tal "mercantilización" como la subordinación al mercado. Dicha subordinación, además, sería escasamente funcional a la Universidad, donde los ritmos de la formación educativa y de la investigación requieren una perspectiva a medio y largo plazo que no puede regularse de forma adecuada por el mercado. Y es un mérito del movimiento estudiantil haber forzado a diversos actores a pronunciarse en contra de la mercantilización de la Universidad Püblica, contribuyendo así al movimiento contra el neoliberalismo que cabalga en todo el mundo a lomos de la bancarrota de las políticas neoliberales expresada en la actual crisis global del sistema capitalista.
Hay que señalar, no obstante, que tal mercantilización puede corresponder a las políticas neoliberales de una serie de Gobiernos y de la misma Unión Europea, pero no se deduce de las Declaraciones de Ministros Europeos que jalonan el "proceso de Bolonia", y que incluyen a casi todos los Estados europeos, de dentro y de fuera de la Unión Europea. Por ello no puede pasarse sin más de la crítica al mercantilismo al rechazo global del "proceso de Bolonia".
Para ello es necesario pasar de la crítica al mercantilismo a la crítica de lo que sí es uno de los principios centrales de dicho proceso: la "empleabilidad". Se entiende por tal el hecho de que la obtención de una titulación universitaria capacite para el ejercicio de una profesión y permita encontrar trabajo en la misma. Naturalmente, dicho trabajo podrá encontrarse en la función pública, en un ejercicio independiente como profesional liberal, o como asalariado, es decir, en lo que se llama el "mercado laboral". La proporción en la que se den esas tres formas de trabajo dependerá de la estructura económica de la sociedad, pero en la medida en que una parte importante de ésta corresponda al modo de producción capitalista la "empleabilidad" supone que la Universidad prepare en buena parte a sus estudiantes para la incorporación al mercado laboral.
No obstante, es importante distinguir entre el hecho de que los estudios universitarios preparen para la incorporación al mercado laboral, y por tanto que la Universidad eduque en buena medida para el mercado laboral, y la pretensión de que el contenido de dichos estudios se determine por una adaptación al mercado laboral. Lo primero es una necesidad para que la Universidad cumpla su función social en el marco de un sistema capitalista. Lo segundo sería profundamente disfuncional, como hemos señalado antes: dada la rápida evolución y variabilidad del mercado laboral, en el marco además de un desarrollo tecnológico acelerado, determinar los contenidos específicos de los estudios por las demandas actuales del mercado laboral no garantizaría su adaptación a las demandas de dicho mercado a la finalización de los estudios, 4 o 6 años más tarde. Por sus propios ritmos y naturaleza, los estudios universitarios requieren de una programación a medio y largo plazo, y no pueden regularse por el mercado, sino por una planificación del desarrollo socioeconómico y cultural.
Y precisamente la planificación de un desarrollo sostenible requiere de la formación de profesionales creativos con capacidad investigadora e innovadora, cuya incorporación al mercado laboral (en la medida en que subsista el modo de producción capitalista) supondría una transformación del mismo. Es decir, en vez de "adaptarse" al mercado laboral, la Universidad impulsaría la transformación del mismo en el marco de una renovación tecnológica. Hay que señalar, además, que en este modelo de desarrollo el protagonismo principal corresponde a la creatividad del trabajo y no a las inversiones más o menos especulativas de capital privado, lo que precisamente crea condiciones adecuadas para la superación del capitalismo y el desarrollo del Socialismo (naturalmente, del siglo XXI) como un proceso de transformación democrática hacia una humanidad sin clases ni Estados, es decir, hacia lo que Marx llamó el comunismo.
Ojo: no estamos diciendo que la "empleabilidad" conduzca necesariamente al comunismo. Pero sí que la perspectiva comunista, la vía socialista para la transformación de la sociedad, requiere de la "empleabilidad" de los titulados universitarios.
En este marco, ¿qué sentido tiene el rechazo a la "empleabilidad" vinculado a la consigna del "No a Bolonia"?
Hay que subrayar que no tiene sentido contraponer "formación profesional" con "formación humanística": también hacen falta, y cada vez más, profesionales formados en ciencias humanas, como la psicología, la pedagogía o la sociología, tanto en el sistema educativo como en las empresas (públicas o privadas), y la misma formación artística es un instrumento relevante para el fomento de la creatividad necesaria para lo que se llama el "I+D+i" (Investigación+Desarrollo+innovación). También, naturalmente, hacen falta historiadores, bien para la docencia bien para la investigación en el ámbito público. Otro problema distinto es el lugar de la filosofía en los estudios superiores, sobre el que debatieron Manuel Sacristán y Gustavo Bueno en 1970, pero ese es un debate específico que no debe confundirse con el debate global sobre el "proceso de Bolonia".
De hecho, la oposición a que la Universidad prepare a sus estudiantes para trabajar, postulando una formación cultural al margen del ejercicio de cualquier profesión, sólo es consistente con los intereses de aquellos estudiantes cuyos medios de vida futuros no dependan de su formación académica, sino que están eventualmente garantizados por su origen familiar.
Más allá de sus intenciones, éste el significado profundo de la consigna "No a Bolonia", consigna que se apoya también sobre el equívoco de su confusión con la justa consigna del "No a la mercantilización de la Universidad".
Rafael Plá López
Tomado de Mundo Obrero

19 mar 2009

A golpes de porra. ¿Gobierno de izquierda o gobierno de empresa?

Esther Vivas*
La represión y el ensañamiento policial han sido la respuesta contundente del gobierno de entesa a las movilizaciones estudiantiles en favor de una universidad pública y de calidad. Los y las estudiantes contra Bolonia, encerrados desde hace meses en el r ectorado de la Universidad de Barcelona, han sido duramente reprimidos. Los jóvenes que han resistido hasta el final en el rectorado ocupado han acabado empujados escaleras abajo, con los pies de los antidisturbios en el cuello ... ¡La policía de siempre ahora pero con un gobierno que se autoproclama de "izquierdas" y con un consejero de interior que se define como "ecosocialista". Pero éste no ha sido un hecho aislado, sino que se trata de un episodio más de una larga serie de casos de represión protagonizados por los mossos d'esquadra a las órdenes de Joan Saura.
Varios imputados por desobediencia y atentado a la autoridad y manifestantes y periodistas heridos son los resultados de esta jornada de lucha que ha vivido una dura represión policial como hacía tiempo no se veía en las calles de Barcelona. Las diferentes manifestaciones en apoyo a los estudiantes contra Bolonia y de repudio a la extrema represión policial han acabado con duras cargas policiales. ¡ Sr. Saura, ni la privatización de la educación pública casa con unas políticas progresistas ni la represión a los movimientos sociales tiene nada que ver con el ecopacifismo!
En el transcurso de estos meses, el movimiento contra Bolonia ha sido capaz de poner en cuestión el discurso oficial sobre las supuestas bondades de la reforma universitaria, atrayendo la atención mediática y visibilizando las consecuencias de un proceso de reforma al servicio de los intereses empresariales. La ocupación del rectorado en pl. Universitat ha sido un símbolo de la lucha y de la resistencia no tan sólo de aquellos que decimos "no" a la privatización del sistema educativo sino también de aquellos que nos oponemos a la creciente mercantilización de todos los ámbitos de nuestra vida y que luchamos desde bajo y a la izquierda.
Los y las estudiantes contra Bolonia se han reconocido en u n movimiento social muy amplio integrado por jóvenes, mujeres, trabajadores y trabajadoras, ecologistas ... que nos oponemos y decimos "ya basta" a unas políticas neoliberales que anteponen los intereses privados y mercantiles a las necesidades de las personas y el respeto al medio ambiente.
Estas semanas, se han convocado en el rectorado ocupado dos asambleas de movimientos sociales que han servido para tender puentes y discutir estrategias de acción entre un amplio abanico de organizaciones, campañas y movimientos sociales. La lucha contra Bolonia nos incumbe a todas y a todos porque se lleva a cabo en un contexto de crisis económica, social y ecológica y de creciente endurecimiento de las políticas neoliberales con graves consecuencias sobre la vida de las personas: mayor precariedad, despidos, flexibilización laboral, incremento del coste de la vida, etc. Los próximos días serán decisivos para el futuro del movimiento contra Bolonia y también para el conjunto del movimientos sociales catalanes. Ahora es el momento de relanzar la protesta estudiantil, ampliarla y masificarla y, en paralelo, buscar sinergias con otros movimientos y sectores sociales. La manifestación del próximo día 28 de marzo, convocada por la campaña Que la crisis la paguen los ricos, será un test importante.
La represión brutal ejercida sobre el movimiento estudiantil se enmarca en una estrategia de aumento de la represión a los movimientos sociales y a cualquier tipo de disidencia política que ponga en cuestión el actual orden de cosas. Se criminaliza al inmigrante, a las avortistas, a los ecologistas que defienden el territorio, a los estudiantes contra Bolonia ... con un consejero de interior que pertenece a un partido que se dice "de izquierdas y ecologista de veras". Y es, precisamente, con un gobierno de "izquierdas" que este 18 de marzo hemos rememorado imágenes que nos remontan a treinta años atrás con nuestros padres corriendo delante de los grises o a nosotros mismos el año 2001 masacrados brutalmente por la policía italiana en Génova.
La represión al movimiento estudiantil contra Bolonia muestra crudamente la naturaleza del gobierno de ente sa y de los partidos de la izquierda oficial, convertidos en gestores fieles de los intereses empresariales. Destaca el triste y lamentable papel de ICV-EUiA, convertida desde hace tiempo en un apéndice subalterno del PSC y en una maquinaría profesional-electoral absolutamente institucionalizada, corresponsable de políticas contrarias a su propia base social y a su propio ideario y en ruptura y confrontación abierta con los movimientos sociales y los segmentos movilizados de la sociedad catalana.
Es en este contexto que hay que apostar por la construcción de un izquierda de combate, en ruptura con el sistema, donde la lucha contra el neoliberalismo se inserte en una perspectiva anticapitalista, y que tenga una concepción no institucional de la acción política. Una izquierda comprometida con las luchas, fiel a unos principios feministas, ecologistas, internacionalistas y con una total indepen dencia con respecto a los gobiernos social-liberales.
Es el momento de intensificar nuestros esfuerzos para organizar la resistencia social frente a la crisis, para combatir la represión y para avanzar en la construcción de una alternativa política anticapitalista. No nos detendrán.
*Esther Vivas. Miembro de Revolta Global-Esquerra Anticapitalista y del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la UPF
Tomado de Rebelión
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