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22 ene 2012

Y la viga en el propio


El Departamento de Estado registra cuidadosamente las violaciones a los derechos civiles y a las libertades públicas en el mundo entero. Cada año publica un informe en el que figuran las que se perpetran en todos los países del planeta, menos en EE.UU., desde luego. Se encontrarían semejanzas si lo hiciera.

El presidente Obama cerró el 2011 estampando su firma al pie de la Ley de autorización de la defensa nacional (NDAA, por sus siglas en inglés), que faculta a la Casa Blanca a detener en instalaciones militares sin cargos ni proceso y por tiempo indeterminado a todo sospechado de terrorismo, aunque sea estadounidense. “Aprobé esta ley –dijo– pese a que tengo serias reservas respecto de algunas disposiciones... y quiero aclarar que mi gobierno no autorizará la detención militar indefinida sin proceso de ciudadanos estadounidenses. Creo que ello quebrantaría nuestros valores y tradiciones más importantes como Nación.” (www.washingtonpost.com, 31/12/11)

Lástima que había insistido ante el Congreso para que esa providencia fuera incluida. Washington critica que en países como Cuba, China y Camboya no se respeten, como no se respetan, las garantías legales de los imputados. De Guantánamo a la fecha, en EE.UU. tampoco.

Como su antecesor W. Bush, Obama se arroga el derecho de pasar a mejor vida a cualquier presunto terrorista o instigador del terrorismo. El año pasado autorizó la ejecución extrajudicial del clérigo radical Anwar al Aulaqi, nacido en Nuevo México y asesinado en Yemen por un avión no tripulado. El Departamento de Justicia expidió un memorándum secreto que daba luz verde al acto, del que se encargó la CIA (www.washingtonpost.com, 30/9/11). Más: el mes pasado, funcionarios de la Casa Blanca afirmaron que el presidente tiene la facultad de dar esta clase de órdenes (AP, 1º/12/11).

Nigeria, Irán y Siria practican estos métodos que el Departamento de Estado enjuicia con razón, son los mismos de las dictaduras militares de América latina y de Israel también, pero sería vano esperar que haya alguna referencia a EE.UU. en sus informes. Es que nadie tiene por qué meterse en lo de uno, especialmente uno.

El ocupante de la Casa Blanca decide si un acusado será juzgado por un tribunal civil o una Corte militar, medida impuesta por W. Bush que Obama observa. Pero Washington denunció a Egipto por mantener dos sistemas judiciales separados, el militar y el civil, para procesar a ciertos imputados, civiles incluidos. Obama amplió el poder discrecional de vigilancia de la ciudadanía que la Ley Patriótica concedió a W. Bush: la NDAA obliga a empresas y organizaciones a proporcionar información sobre las finanzas y contactos de un ciudadano; el uso de las llamadas “comunicaciones de seguridad nacional” permite que, sin causa probable alguna, las instituciones proporcionen datos personales, teléfonos, direcciones electrónicas y otros de cualquier persona, actos que la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense prohíbe. Pakistán y Arabia Saudita se distinguen por un ejercicio similar.

La Casa Blanca suele ordenar la detención de presuntos terroristas con base en documentación calificada de secreta y que no presenta en los tribunales federales porque su divulgación “atenta contra la seguridad nacional”. Esto facilita que muchos casos ni se traten en la Justicia civil y ningún acusado puede probar que no es un terrorista. Hay manga ancha para torturar a los detenidos: con W. Bush se extendió el uso del “submarino”, que levantó protestas en EE.UU., pero Obama declaró en el 2009 que no permitiría que el personal de la CIA fuera investigado o juzgado por métodos que violan el derecho internacional (www.wahingtonpost.com, 17/4/09). Del mismo modo, Irán y Siria se han negado a aceptar investigaciones independientes de denuncias de torturas formuladas contra sus gobiernos.

El aparato interno de seguridad ha crecido en EE.UU. de manera inmensurable. Una investigación del Washington Post determinó que 1271 organismos del gobierno y 1931 empresas privadas se dedican a espiar a la población y se desconoce con exactitud el monto de los fondos multimillonarios destinados a estas actividades. Un ejemplo: los grupos de tareas contra el terrorismo del FBI pasaron de 35 en el 2002 a 106 en el 2010, constituyendo una suerte de Estado secreto dentro del Estado (www.washingtonpost.com, 19/7/10). Es evidente que el viejo concepto del general Eisenhower sobre el complejo militar-industrial ha quedado atrás.

El senador republicano Lindsey Graham sostiene, como no pocos de sus colegas, que tales medidas son la debida respuesta al terrorismo: “La libertad de expresión es una gran idea, pero estamos en guerra”, dijo (www.csnews.com, 3/4/11). Claro que, para la Casa Blanca, el terrorismo nunca se acabará y tampoco esta clase de guerra. Al menos, hasta que EE.UU. termine de invadir países para asegurarse el dominio mundial.

Juan Gelman.

Tomado: Página 12.com.ar

17 nov 2010

"La guerra contra el terrorismo no existe"


Washington "confunde intencionalmente a Al Qaeda con otros grupos alrededor del mundo que luchan por su independencia y liberación, ya que es una forma conveniente de obtener apoyo y mantener a la gente asustada", afirmó el escritor y periodista estadounidense Reese Erlich.
"No existe la guerra contra el terrorismo", dijo a IPS.

Basándose en investigaciones originales y entrevistas, el nuevo libro de Erlich, "Conversations with Terrorists" ("Conversaciones con terroristas") presenta interesantes retratos de seis líderes polémicos.


Entre ellos están el presidente de Siria, Bashar Al Assad, el máximo líder del palestino Hamás (acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámica), Khaled Mashal, la política derechista israelí Geulah Cohen y el fundador de la Guardia Revolucionaria Iraní, Mohsen Sazargara.


También se encuentran el asesor espiritual del movimiento chiita libanés Hezbolá (Partido de Dios), el gran ayatolá Mohammad Fadlallah, y el jefe del Ministerio de Radio y Televisión bajo el régimen islamista Talibán afgano Malamo Nazamy.


"A algunos de ellos ya los había entrevistado antes de que se me ocurriera la idea del libro. Por ejemplo, a Bashar Al Assad y a Khaled Mashal", explicó Erlich. "Son acusados en Estados Unidos tanto de ser terroristas como de auspiciar el terrorismo desde el Estado".


"El terrorista de ayer es hoy un líder nacional, y el combatiente por la libertad hoy puede pasar a ser calificado de terrorista mañana", añadió Erlich, co-autor de libros como "Target Iraq" ("Objetivo Iraq", 2003) y "Iran Agenda" ("Agenda Irán", 2007).
El escritor dialogó con IPS sobre los detalles de su último libro.

IPS: ¿Qué pueden aprender sus lectores de entrevistas a aquellos que son acusados de terrorismo o de apoyarlo?


REESE ERLICH: El objetivo del libro es hacer que las personas conozcan quiénes son acusados de terrorismo o que podrían ser considerados terroristas, y qué es lo que realmente reclaman y qué sucede en sus países.


IPS: En uno de los capítulos, usted dice que el ayatolá Mohammad Fadlallah es una "víctima de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos)". ¿Qué quiso decir con eso?


RE: Bueno, Estados Unidos estaba absolutamente convencido de que Fadlallah era el cerebro detrás del atentado con bomba contra los cuarteles generales de los infantes de marina (marines) en Beirut (en 1983). Contrataron a un agente libanés para matarlo. Y esto está señalado en el libro "Veil" ("Velo"), de Bob Woodward.


Lo confirmamos con Fadlallah en la entrevista. Es un caso muy bien documentado que fue informado en su momento. En 1985, un agente que trabajaba para la CIA hizo estallar un edificio de apartamentos donde vivía el ayatolá Fadlallah. Murieron 80 civiles, pero él (Fadlallah) se encontraba fuera del edifico en ese momento.


Poco después se demostró que Fadlallah no tenía nada que ver con el atentado. Esto me lo confirmó Bob Baer (un ex agente de la CIA en Medio Oriente), que estaba en Beirut entonces e investigaba el caso.


Esto constituye una seria alerta de que cada vez que se escucha a la prensa estadounidense decir que tal o cual terrorista ha sido asesinado, hay que mantener una actitud escéptica.


IPS: En uno de los capítulos usted entrevista a Mohsen Sazegara, ex miembro de la Guardia Revolucionaria iraní. ¿Cuál es su opinión sobre esa organización militar?


RE: No hay dudas de que el gobierno iraní ha estado involucrado en tácticas terroristas. Por ejemplo, asesinaron a algunos líderes del KDP (Partido Democrático del Kurdistán) en Alemania. Es un clásico atentado terrorista fuera de sus fronteras.


Yo hago una distinción entre eso y un legítimo grupo que lucha por la independencia de su país o por la liberación de alguna clase de ocupación.


IPS: ¿Y Hamás y Hezbolá?


RE: Pasé un tiempo con ambos grupos. Desde el punto de vista político, discrepo rotundamente con ellos y dejo en claro que han hecho cosas horribles, y que si yo fuera libanés o palestino no los votaría en las elecciones, sino que escogería a otras personas que quieren ver un progreso político en ambos países.


Pero son fuerzas políticas legítimas. Ganan significativos números de asientos (legislativos). Hezbolá es parte hoy de la coalición gobernante en Líbano. Hamás de hecho ganó los comicios palestinos, que fueron libres y justos. Así que simplemente calificarlos de terroristas no hace nada bien. Tienen que ser parte de un proceso de negociación política.


IPS: Si un grupo político legítimo participa de asesinatos de personas al azar, ¿no es suficiente para ser calificado de organización terrorista?


RE: Tanto Hamás como Hezbolá han utilizado tácticas terroristas. No hay duda de ello. El gobierno israelí usó tácticas terroristas contra libaneses y palestinos. Creo que no hay duda de ello.


Pero Hamás y Hezbolá son muy diferentes de Al Qaeda, que quiere llevar adelante una campaña sin fronteras y no es parte de ningún movimiento de liberación nacional. Coloca al terrorismo en el centro de sus creencias y tácticas. Ese no es el caso de Hezbolá y Hamás. Y Estados Unidos lo sabe bien.


IPS: ¿Cuál es su evaluación del Talibán, luego de haber entrevistado a Malamo Nazamy?


RE: Nazamy consideraba al Talibán un legítimo grupo de liberación, que traería estabilidad, la ley islámica y la justicia a Afganistán. Sin duda no se consideraba a sí mismo un terrorista. Fue jefe de la radio y la televisión afganas, y se negaba a las demandas de otros líderes talibanes de destruir los archivos televisivos, y es muy bien conocido por eso.


Hoy mantiene muchas de sus ideas sobre el Islam, la forma de gobierno, las actitudes hacia las mujeres, etcétera. Pero está dispuesto a permitir que tropas de Estados Unidos permanezcan por un tiempo (en Afganistán) hasta que se puedan llevar a cabo negociaciones, y eso parece suficiente para convertirlo en un aliado del presidente Hamid Karzai y de Washington.


Omid Memarian entrevista al escritor y periodista REESE ERLICH

Tomado: ipsnoticias.net

15 nov 2009

Irán: Allí los terroristas son los muertos

Imagen Juan Kalvellido Cuarenta y nueve muertos por una bomba, sólo once de ellos militares, pero ni se calificaba de atentado terrorista ni a sus ejecutores de grupo terrorista. Así es como lo pudimos comprobar en tres periódicos españoles -El País, El Mundo y La Vanguardia- cuando trataron el 19 de octubre la noticia de la masacre contra la guardia de élite iraní. El término usado fue “ataque”, “atentado” o simplemente “acción” y para el grupo que se responsabilizó -Jundollah- no hubo calificativo ni consideración de terrorista a pesar de que ya en mayo pasado atentó contra una mezquita provocando 25 muertos. Para El País son “un grupo rebelde suní de Balachistán, fundado en 2002”, para La Vanguardia “un movimiento de resistencia popular de Irán formado por suníes que combaten al régimen chií, persa e islámico”, El Mundo se limita a llamarlo “grupo suní Jundollah”. Años y años nos llevan angustiando sobre el peligro del terrorismo iraní y ahora resulta que los atentados suicidas con decenas de muertos es contra esos “terroristas”. Porque, para quienes no lo sepan, Estados Unidos tiene declarado como “grupo terrorista” desde 2007 a las víctimas del atentado, los Guardianes de la Revolución. Una vez más, es el mundo al revés, cuando los muertos no son de los nuestros, las víctimas son los terroristas y los verdugos, combatientes y resistencia. Pascual Serrano/Correo del Orinoco

4 abr 2009

Querella española por la prisión de Guantánamo

La fiscalía examina la demanda criminal presentada ante Garzón contra el equipo jurídico de Bush. Los abogados esgrimen que la tortura es un delito contra la comunidad internacional.
George W. Bush puede seguir descansando en Texas, pero deberá tener al menos un ojo puesto en España: un grupo de abogados ha presentado a la Audiencia Nacional la primera querella criminal contra algunos miembros de su Gabinete por el atropello de derechos básicos internacionales y torturas en la base de Guantánamo.
La querella, presentada el 17 de marzo, está ya en la mesa del juez Baltasar Garzón. Y aunque formalmente aún no la ha aceptado a trámite, ya ha tenido consecuencias: fuentes jurídicas explican que el juez ha emitido una providencia en la que pide a la fiscalía que examine la querella, que no va directamente contra Bush sino contra el equipo de abogados de la Casa Blanca y el Pentágono que construyó todo el andamiaje que justificó Guantánamo y el uso de la tortura en la "guerra contra el terrorismo".
La querella está impulsada por cuatro abogados Gonzalo Boyé, Isabel Elbal, Luis Velasco y Antonio Segura con experiencia en causas de delitos contra la humanidad, que no se circunscriben al lugar donde se cometen sino que, por su gravedad, son perseguibles en todo el mundo. El equipo jurídico es el mismo que promovió la querella contra el ex ministro de Defensa israelí Binyamin Ben Eliezer por su responsabilidad en la muerte de los 14 civiles en un bombardeo en Gaza en julio de 2002. Esta última querella ya fue admitida a trámite por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, lo que provocó la indignación del Gobierno israelí.
La nueva querella presentada obligará a la Audiencia Nacional a abordar el caso sobre Guantánamo en nombre de la jurisdicción universal al considerarse pisoteados principios fundamentales como el rechazo de la tortura. Pero los querellantes han encontrado una fórmula para encontrarle conexión también con España y reforzar así sus posibilidades: recuerdan que el juez Baltasar Garzón abrió procedimientos contra cinco personas por su presunta vinculación a una eventual célula española de Al Qaeda Lahcen Ikassrien, Hamed Abderrahman Ahmed, Reswad Abdulsam, Abu Anas y Omar Deghayes y que pasaron por Guantánamo. Los cinco fueron finalmente absueltos por el Tribunal Supremo al considerar precisamente que no podían tenerse en cuenta las declaraciones sonsacadas bajo tortura en Guantánamo.
Margen amplio
Esta conexión es la que ha dado pie a Garzón a reabrir ese caso y a pedir a la fiscalía que se pronuncie sobre si la nueva querella lo altera en la medida en que habría que enjuiciar a los responsables de las torturas, que fueron determinantes para la sentencia. Ésta sería una vía para vehicular la querella. La otra sería admitirla a trámite como una causa independiente.
El único precedente a la querella presentada ante la Audiencia Nacional se dio en Alemania en 2006 y fue archivada. Pero en aquella ocasión se apuntaba directamente a lo más alto Bush y a su hombre en el Pentágono, Donald Rumsfeld y por acusaciones tan globales y filosóficas que acabó en nada.
La querella presentada ahora en Madrid es mucho más concreta y posibilista. No señala directamente al primerísimo nivel, sino a los juristas que elaboraron por escrito toda la doctrina que argumentaba que las normas internacionales del trato a los prisioneros debían suspenderse como consecuencia de la excepcionalidad de la "guerra contra el terror" emprendida tras el 11-S.
Los acusados son Alberto Gonzales, asesor de Bush cuando se diseñó la nueva política y posteriormente fiscal general; David Addington, consejero del vicepresidente, Dick Cheney; William J Haynes, consejero del Departamento de Defensa, que dirigía Donald Rumsfeld; Douglas Feith, subsecretario para asuntos legales de Defensa, Jay S. Bybee, asistente del fiscal general, y John Yoo, otro asistente jurídico del primer Gobierno de Bush, el que creó Guantánamo.
Expertos consultados ajenos a la querella subrayan que tiene muchas más posibilidades de prosperar que en Alemania precisamente porque no se apunta tan alto. Obviamente, dirigentes de más rango podrían incluirse si la causa finalmente se aceptara a trámite, como queda claro en la propia querella: "Sin perjuicio de las personas que posteriormente, y avanzada la investigación, puedan aparecer también como responsables de los hechos aquí expuestos".
Los mismos expertos recalcan otro elemento distinto con respecto a Alemania: la legislación española es mucho más abierta a investigar violaciones contra la ley internacional en todo el mundo, como ha quedado claro con los procesos abiertos contra dictadores latinamericanos, la guerra de los Grandes Lagos y la actuación israelí en Gaza, entre otros. En España, la legislación universal es absoluta, lo que hace mucho más fácil que se admita a trámite.
Memorandos internos
La querella aporta algunos memorandos internos recientemente desclasificados del equipo de juristas de Bush en el que se detalla la nueva política de situar la "guerra contra el terrorismo" al margen de los tratados internacionales suscritos por EEUU, como las Convenciones de Ginebra, en las que se regula el trato que debe darse a los detenidos, o la Convención contra la Tortura.
El documento, de casi 100 páginas, constituye una crónica exhaustiva de cómo la Administración de Bush armó un nuevo corpus legal que echó por la borda toda una tradición legalista de más de 200 años. Los documentos muestran que los asesores de Bush conocían la ley internacional y la violaban conscientemente, según los querellantes.
PERE RUSIÑOL
Tomado de Público

22 mar 2009

"No soy un gran fan del Gobierno Bush"

Intelectual neoconservador. Uno de los principales 'halcones' en la guerra contra el terror en Estados Unidos
Richard Perle no quiere que le asocien con George Bush. El analista neoconservador cuyas teorías sobre la supremacía de EEUU sentaron la base de la doctrina Bush de ataques preventivos y justificaron la guerra contra Irak no quiere que le identifiquen con los "errores" de las dos presidencias republicanas. Errores de fondo y de forma, por no haber impuesto una auténtica ideología y haber dejado los asuntos de estado en manos de la burocracia del Departamento de Estado y de la CIA.
Perle, también apodado el príncipe de las tinieblas, escribió recientemente en la revista conservadora National Interest una sorprendente crítica contra Bush por sus "fracasadas políticas en materia exterior y de defensa" y llegó incluso, en una conferencia en Washington el pasado febrero, a renegar del término neocon.
El que fuera presidente del comité de asesores del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, de 2001 a 2003, y que ahora redacta sus análisis desde su despacho del American Enterprise Institute, asegura que nunca abogó por "promover la democracia por la violencia". Y eso que en 1998, junto con Rumsfeld, Paul Wolfowitz, John Bolton y Robert Kagan, escribió una carta abierta al entonces presidente Bill Clinton pidiendo "sacar a Sadam Husein del poder".
Con todo lo que sabe hoy ¿volvería a respaldar la guerra en Irak?
Reformularía la pregunta. ¿El precio a pagar fue demasiado alto? Ahora tenemos una situación bastante prometedora, la seguridad parece haberse estabilizado. Creo que es un buen resultado. Pero hemos pagado un precio muy alto.
¿Cree que es hora de retirar las tropas?
Creo que sí, aunque me parece mala idea anunciar una fecha de repliegue.
¿Sigue abogando por un cambio de régimen en Irán?
Sí. Aunque se han tergiversado mis palabras, no equiparo cambio de régimen con intervención militar, incluso creo que ahora sería demasiado tarde. El Gobierno Bush malgastó siete años en este tema. La idea hubiera sido animar a grupos de oposición para que se hicieran con el poder.
Y durante los años Bush, no le hicieron caso.
El establishment diplomático no ve las cosas de la misma forma que el Departamento de Defensa. Hablé con muchos responsables en aquel entonces pero todos desecharon la idea, decían que era demasiado difícil, demasiado arriesgado. Sigo pensando que es una opción válida. Yo abogué por el cambio de régimen en Irak mucho antes del 11-S. En aquel momento no teníamos la alternativa de alimentar una oposición y sólo quedaba la opción militar, aunque no fuera una buena opción. En el caso de Irán, algunas personas hablan de bombardeos estratégicos y limitados. No puedo opinar sobre eso. Pero es cierto que tenemos la capacidad de alcanzar objetivos con gran precisión. Es una opción para EEUU y lo es definitivamente para Israel.
¿Qué haría en Afganistán?
La cuestión no sólo se resume en mandar más tropas. Deberíamos aclarar cuáles son nuestros objetivos.
¿Y no le parece que la situación en Afganistán se debe al escaso interés que le prestó Bush?
No es resultado directo pero sí hubo un momento en que el Gobierno no entendió lo que estaba pasando ahí.
¿Se refiere a la estrategia o a los responsables?
A los responsables por supuesto. Los errores siempre los cometen las personas. La verdad es que la gente encargada de la cuestión afgana no era nada impresionante. De hecho, no creo que el Gobierno fuera muy capaz. No tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Yo no soy un gran fan del Gobierno Bush.
Sorprende lo que dice.
Bush nunca entendió cómo ser presidente. No fue un buen presidente. Se habla mucho de cómo le juzgará la historia, yo creo que sólo hizo algo importante, supo cómo responder a los ataques del 11-S. Supo tomar en serio la amenaza de un asesinato en masa e implementar medidas de seguridad que minaran la capacidad operativa de los terroristas.
¿Le molesta que le llamen príncipe de las tinieblas?
Ya me he acostumbrado. Circulan muchas anécdotas sobre cómo me dieron ese apodo. Ocurrió cuando yo tenía 20 años y era asistente del senador Henry Jackson. Un periodista británico escribió un artículo sobre mí. Se equivocó y me dio el apodo de Bob Novak (un columnista ultraconservador que tituló sus memorias sobre sus 50 años en Washington El príncipe de las tinieblas). Ahora ya me da igual. Lo que me cansa mucho son las bromas. Eso sí que cansa.
I. PIQUER
Tomado de Público
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