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18 feb 2012

Afganistán sigue en nuestro recuerdo, sigue doliendo



A día de hoy, para toda la gente pensante es cada vez más evidente que el envío de tropas soviéticas a la República Democrática de Afganistán fue un paso correcto y bien meditado del gobierno de la URSS, para garantizar la seguridad de nuestras fronteras meridionales.

Los soldados soviéticos cumplieron con honor su deber internacionalista. Debemos de estar orgullosos de nuestros héroes. Algunos llegaron a Afganistán cumpliendo órdenes, otros bajo el dictado del corazón, para ayudar a un pueblo hermano que había caído bajo el rodillo de la globalización imperialista. No llegaron con ánimo de conquista, lucharon y murieron por la independencia y soberanía de la República de Afganistán, demostrando su arrojo y heroísmo. Honor y loas para ellos por aquello, y para muchos, gloria eterna.

El 15 de febrero de 1989, hace ahora justo 23 años, las tropas soviéticas abandonaron Afganistán. Nuestros soldados salían rodeados de flores y sonrisas, rindiendo los últimos honores a los caídos. Muchos de ellos fueron condecorados con órdenes y medallas, a 86 se les concedió el título de Héroe de la Unión Soviética, de los que 26 fueron a título póstumo.

De que no se trató de una guerra de conquista dan fe las siguientes cifras: solo en la segunda mitad de 1989 las tropas soviéticas destruyeron 417 caravanas con armamento proveniente de Paquistán e Irán. Entre los trofeos: 1000 unidades de artillería antiaérea, más de 30 mil proyectiles a reacción, más de 700 morteros y 25 mil minas, una enorme cantidad de fusiles y munición.

Hace 23 años que salimos de esa guerra. ¿Qué quedó?

Sin la ayuda de la URSS, y luego de Rusia, el gobierno de Najibullah resistió 3 años. De no ser por la traición de Yeltsin y Gorbachov y su entorno, tendríamos en Afganistán un país amigo del que no nos llegaría ese flujo de narcóticos.

La guerra en Afganistán continúa. Es la guerra del capitalismo mundial por áreas de influencia y recursos naturales, contra un pueblo afgano amante de la paz, es la guerra por la creación de un nuevo foco de tensión en los límites del sur de Rusia.

Por desgracia, esa hermandad afgana de participantes en actos bélicos se fue completando como resultado de nuevas guerras y conflictos, surgidos en el propio territorio de la antigua URSS y en la misma Rusia.

Como resultado de la criminal destrucción de la URSS, los veteranos de la contienda afgana se vieron humillados y difamados.

El tiempo nos acabó dando la razón a aquellos que advertíamos de que en las condiciones creadas, nuestro país solo tiene dos fieles aliados: al Ejército Soviético y su Flota. Por desgracia la comprensión de esto llega muy tarde.

La memoria de los caídos en Afganistán sigue y seguirá presente en nuestros corazones. Nuestra más profunda reverencia a esas madres que educaron a unos hijos dispuestos a sacrificarse por la vida en la Tierra. ¡Gloria eterna a nuestros héroes!

El deber de la sociedad es prestar ayuda con arreglo a sus posibilidades, a aquellos soldados que recibieron heridas, a aquellos que tomaron parte en los conflictos locales en el territorio de nuestro país y más allá de sus fronteras, devolverles los privilegios que les fueron retirados, el honor y la dignidad de los Defensores de la Patria.

Hoy volvemos a pronunciarnos en defensa de nuestro ejército, contra la criminal “reforma militar” en Rusia. Hoy volvemos a estar preocupados, confiando en no llegar tarde.

Ziuganov / Fuente: GazetaPravda.ru

Tomado: La República.es

17 dic 2010

En boca cerrada no entra mosca


 Las autoridades rusas se abstuvieron de comentar en serio las filtraciones de Wikileaks, bromeando al respecto. No tenían otro remedio: semejantes materiales no son para comentar ni refutar, sólo se puede tomarlos en consideración. Los telegramas divulgados no contienen ninguna información de carácter revolucionario. Pueden añadir unos detalles picantes, pero nada más.

¿Afectarán las relaciones entre Rusia y EEUU? Probablemente, sí. Pero no porque los mandatarios rusos se ofendan y empiecen a sabotear el reinicio, sino que porque sus homólogos norteamericanos pueden resultar tan perjudicados que perderán toda capacidad de realizar una política coherente.El Gabinete de Barack Obama lleva medio año luchando a brazo partido contra los senadores republicanos por la ratificación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START). La Casa Blanca metió la pata al mostrar a sus oponentes cómo lo necesita. Inmediatamente, los republicanos elevaron sus reivindicaciones, y después del fracaso de los demócratas en las pasadas elecciones intermediarias sus acciones recuerdan más un chantaje.

Sin embargo, Washington, por su propia iniciativa, promete a Moscú que logrará la aprobación del documento hasta el fin del año, aunque ya es evidente que el Congreso actual no lo hará en lo que le queda de su mandato. En el mejor de los casos, se llegará a la ratificación en 2011, pero entonces, una vez consumada la nueva composición del Congreso, el precio puede resultar demasiado alto para la Casa Blanca.

Y está claro por qué, el START es tan importante para Obama, que un fracaso en este campo significará un fiasco a las relaciones que lleva construyendo desde hace año y medio. Y el avance en las relaciones con Rusia es el único logro considerable del partido democrático en política exterior.

El reinicio de las relaciones es como una transacción de paquete, cuyos componentes (el desarme nuclear, el sistema de defensa antimisil, Irán y, en parte, Afganistán) aunque no estén estrechamente interrelacionados, dependen unos de otros.

El START es el eje del diálogo entre los dos estados, sin el cual difícilmente se mantendrán las relaciones en las demás direcciones. Según los documentos publicados por Wikileaks, Rusia alteró su actitud hacia Irán no gracias a su revaloración de la amenaza nuclear de Irán, sino debido a sus aspiraciones de establecer relaciones más estrechas con EEUU.

En el caso de que Washington dé un paso atrás Rusia puede reconsiderar el riesgo al que se expone si estropea las relaciones con un vecino regional bastante influyente e impredecible.

La situación con Afganistán es diferente: Rusia y EEUU tienen intereses comunes al respecto. Pero cambios del ambiente en general pueden afectar el progreso en esta dirección también.

Es como un círculo vicioso: de no restablecer las relaciones con Rusia la Casa Blanca queda sin triunfos en su política exterior. Tendrá que moverse hacia la derecha, renunciando a los principios por los que se pronunció en el primer año de presidencia de Obama.

Lo que pasa es que entre la élite política estadounidense son pocos los partidarios de las demás ideas y de su programa, como la renuncia al armamento nuclear, y el fin de la hegemonía norteamericana en el mundo, reconocer la multipolaridad de la política internacional, y adoptar una postura más equilibrada en el Oriente Próximo.

Si la Casa Blanca resulta impotente e incapaz de ratificar el START, Moscú puede poner en tela de juicio la oportunidad de negociaciones ulteriores.

Aunque el presidente de EEUU tiene vastos poderes para realizar una política exterior y no siempre necesita la aprobación del Congreso, de este depende una serie de cuestiones pendientes con Rusia: el START, el acuerdo de cooperación en la esfera nuclear, y la enmienda Jackson-Vanik. Además, el gabinete de Obama necesitará el apoyo de los republicanos en muchas cuestiones de política interior, cada una de las cuales le costará mucho.

Si el Kremlin se da cuenta de que Obama no podrá con ninguno de los mencionados problemas pendientes, los próximos dos años quedarán perdidos para las relaciones ruso-estadounidenses, pese a las simpatías de las autoridades rusas con el actual presidente de EEUU.

Wikileaks está asestando golpes duros a Obama. Aunque el sistema de intercambio de archivos confidenciales entre el Pentágono y el Departamento de Estado que permitió estas filtraciones inadmisibles fue introducido en la época del anterior presidente, los demócratas se verán responsables.
Acusados por los conservadores de realizar una política exterior ingenua desde una posición débil, los demócratas, para colmo, permiten un caos que hace posible las numerosas divulgaciones de documentos confidenciales. La investigación declarada por Hillary Clinton ya no ayudará a quitarse la reputación de jefes irresponsables.

Esta semana la secretaria de Estado estadounidense se reunirá en Astaná (Kazajstán) con muchos protagonistas de notas divulgadas en la cumbre de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Seguramente, el ambiente allí no será nada agradable.

¿Cómo podrá evitar ponerse cara de pocos amigos el presidente de Azerbaiyán, Ilham Alíev, cuyos comentarios sobre los jefes rusos hechos al asistente de Clinton, Willam Burns, han salido a la luz? Lo único que les queda a los participantes de la cumbre, es hablar con la ilustre visitante norteamericana de temas alejados y abstractos, como el tiempo. Es mucho menos arriesgado.

Fiodor Lukiánov.
Director de la revista “Rusia en la política global”, una prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos sobre la política exterior de Rusia y el desarrollo global. Es autor de comentarios sobre temas internacionales de actualidad y colabora con varios medios noticiosos de Estados Unidos, Europa y China. Es miembro del Consejo de Política Exterior y Defensa y del Consejo Presidencial de Derechos Humanos y Sociedad Civil de Rusia. Lukiánov se graduó en la Universidad Estatal de Moscú.


Artículo relacionado: Las razones concretas para el acercamiento entre Rusia y la OTAN

Tomado:RiaNovosti.ru

22 nov 2010

El imperio no descansa



Ni lo piensa. La reunión de la máquina bélica llamada OTAN finaliza hoy en Lisboa y su objetivo es declarado: elaborar el nuevo “concepto estratégico” destinado a reforzar militarmente a sus 27 estados miembro para que la organización “sea más efectiva, más empeñada y más eficiente que nunca”. Así lo afirmó su secretario general, el danés Anders Fogh Rasmussen, y precisó: “Más efectiva porque la OTAN invertirá en la adquisición de herramientas clave como los misiles de defensa y la defensa cibernética” (www.nato.int, 15-11-10). La reunión se limita a oficializar lo que sucede ya: la intensificación de la presencia militar de EE.UU. y sus socios menores en el continente asiático, nueva etapa de la expansión imperial.

Esto entre otras cosas, que parten de la instalación de un sistema de misiles escudo y el continuo despliegue de armas nucleares tácticas en toda Europa –como si Rusia estuviera por invadir Finlandia y Polonia– hasta la participación en los planes de guerra cibernética del Pentágono y la expansión de las misiones castrenses en el este y el sur del planeta. Unos 38 países han enviado efectivos a la guerra Afganistán/Pakistán y sucede que la OTAN se ha convertido en el factor más importante de la unidad de Europa por encima de su institución política, la Unión Europea, una unidad sellada con sangre en el campo de batalla. Cabe preguntarse si el cacareado humanismo nacido en el Viejo Continente existió en pleno alguna vez.

Asegurada esa retaguardia, Washington se proyecta ahora hacia otras regiones con la intención definitiva de convertir en súbditos a los países que todavía no lo son. Barack Obama insiste en las políticas de su antecesor y ya no se habla de una retirada próxima de Afganistán: Mark Sedwill, el representante civil número uno de la OTAN, señaló que el lapso necesario para controlar completamente el país podría dilatarse “hasta el 2015 y aún más” (//afpakforeignpoloicy.com, 17-11-10). No comparte ese “optimismo” el general David Richards, comandante en jefe del ejército británico: declaró que “la OTAN necesita planificar el papel que jugará en los próximos 30 o 40 años para ayudar a las fuerzas armadas afganas a recuperar el país” (www.dailymail.co.uk, 15-11-10). Va entonces para largo, lo cual no obsta para que otros preparativos de guerra sigan su curso.

El cuarteto encargado de la política exterior estadounidense que integran Obama, Hillary Clinton, Robert Gates y el jefe del estado mayor conjunto, almirante Michael Mullen, estuvo muy ocupado en la primera quincena de noviembre recorriendo en total diez países del Pacífico asiático. El 7 de noviembre Robert Gates afirmaba en Melbourne que el siglo XXI es “el siglo del Pacífico” (www.defense.gov, 7-11-10) y no desaprovechó su visita a Australia para lograr, con la ayuda de Mullen, un estacionarán en varias bases militares del país. Al mismo tiempo, Hillary Clinton volvió a dar existencia, después de 24 años de congelamiento, al tratado de seguridad Australia / Nueva Zelanda / EE.UU. (Anzus, por sus siglas en inglés).

Manifestantes en Lisboa contra la OTAN

Obama no se quedó atrás: realizó una gira de diez días por Indonesia, Corea del Sur y Japón que comenzó en la India, a la que adjudicó 10 Boeing C-17 por valor de 5000 millones de dólares, la sexta venta de armas más importante de la historia de EE.UU. (www.businessinsider.com,. 6-11-10). Quedará muy atrás de la que será la primera cuando a pedido de Obama el Congreso estadounidense apruebe, como sin duda aprobará, la exportación a Arabia Saudita de 84 cazas de combate F-15, helicópteros, radares y misiles, por un valor total de 60.000 millones de dólares. Para el general prusiano Carl von Clausewitz, la guerra era la continuación de la política por otros medios. Para la Casa Blanca, es el medio de engordar los bolsillos voraces del complejo militar-industrial. La dirección de la economía de un país debiera ser el resultado de una concepción política. En EE.UU. es más bien al revés.

Los negocios no inhiben otros preparativos. Las maniobras militares conjuntas y los juegos de guerra de fuerzas estadounidenses, británicas, alemanas, francesas y otras europeas con países del Pacífico se multiplicaron en el segundo semestre de este año y hasta Vietnam, por primera vez desde su guerra, fue copartícipe de uno de estos operativos. El más largo duró 40 días, comenzó a fines de junio y tuvo lugar en las aguas que rodean a Hawai dirigido por EE.UU. con 32 buques de guerra, 5 submarinos, más de 170 aviones y 20.000 efectivos de Australia, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, Francia, Indonesia, Japón, Malasia, los Países Bajos, Perú, Singapur y Tailandia. Avanzan las alianzas militares del Pentágono con países africanos. El imperio está lejos de dormirse, pero quién sabe cuándo y cómo será su verdadero despertar.

Juan Gelman

Tomado: Página 12

28 mar 2010

Un pacto de desarme histórico

Rusia y EE.UU. van a recortar drásticamente sus arsenales nucleares. Sólo tendrán 1550 cabezas nucleares y 800 misiles portadores, un cuarto de los que cada país tiene ahora. Inspecciones de cumplimiento e información. Estados Unidos y Rusia sellaron ayer un acuerdo de desarme nuclear que los obligará a reducir en un 30 por ciento sus arsenales en la próxima década. Barack Obama y Dimitri Medvedev terminaron de afinar los detalles durante una conversación telefónica y luego hicieron cada uno su anuncio en la Casa Blanca y el Kremlin. El 8 de abril los mandatarios de las dos mayores potencias nucleares del mundo pondrán su firma al pie del texto del histórico pacto y sentarán un precedente para la próxima Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de armas nucleares en la sede de la ONU en Nueva York en mayo. Una vez que cumplan esa ceremonia, los Congresos de los dos países deberán refrendar el texto. En Washington, el jefe de los republicanos en el Senado prometió que no pondrán obstáculos. El pacto sustituye al Start, el acuerdo firmado en 1991 entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética y que rigió hasta diciembre pasado. Según ese texto, los dos rivales de la Guerra Fría aceptaban reducir su arsenal de 10 mil a seis mil cabezas nucleares cada uno. Once años más tarde, el Tratado de Moscú sobre Reducciones Estratégicas Ofensivas estableció un nuevo recorte. Esta vez no ponían un piso a alcanzar, sino un techo: podían destruir hasta 2200 cabezas. El resultado fue que dos décadas después del fin de la Guerra Fría, Washington posee 5576 cabezas nucleares y 1198 portadores, mientras Rusia dispone de unas 3909 cabezas y 814 portadores, según informó ayer la agencia oficial rusa RIA-Novosti. El nuevo acuerdo ahora limitará a 1550 el número de cabezas nucleares en cada país en un plazo de siete años, lo que supone una reducción del 74 por ciento con respecto al acuerdo que expiró en diciembre pasado y del 30 por ciento frente al Tratado de Moscú de 2002. Además, establece que cada nación no podrá tener más de 800 portadores estratégicos desplegados y no desplegados, tanto misiles balísticos intercontinentales con base terrestre como en submarinos y en bombarderos pesados. Por último, los dos Estados se comprometerán a un estricto y periódico régimen de verificación. “Este es un acuerdo histórico”, celebró Obama en una conferencia de prensa junto a su secretaria de Estado, Hillary Clinton, y su secretario de Defensa, Robert Gates. Aunque los dos gobiernos salieron a reivindicar el cierre del pacto como una victoria nacional, para Obama la noticia representaba la culminación de una promesa de campaña y de su recordado discurso en Praga a principios de 2009, cuando se comprometió a luchar por un mundo sin armas nucleares. El primer paso, había adelantado, era alcanzar un nuevo acuerdo con Rusia, la segunda potencia nuclear en el globo, después de Estados Unidos. “Con este acuerdo, Estados Unidos y Rusia también envían una señal clara de que intentamos ser líderes en este tema. Al cumplir nuestros propios compromisos bajo el Tratado de No Proliferación, fortalecemos nuestros esfuerzos globales para detener la propagación de estas armas y asegurar que otros países asuman sus responsabilidades”, explicó el mandatario norteamericano. Minutos después lo felicitaban desde Londres y la sede de Naciones Unidas. “Aliento a otros países con armas nucleares a seguir ese ejemplo”, instó el secretario general de la organización, Ban Ki-moon. Pero el cierre del acuerdo de de-sarme no eliminó las tensiones entre los dos antiguos enemigos de la Guerra Fría. Ayer, tanto el gobierno norteamericano como el ruso se apuraron a aclararlo. El primero advirtió que la reducción de su arsenal nuclear en nada afecta sus planes de instalar un escudo antimisiles en Europa Central y Oriental, un proyecto que irrita y pone a la defensiva al Kremlin desde hace tres años. Después de que los acuerdos con Polonia y República Checa para ser parte de ese escudo estadounidense se cayeran, en febrero pasado Rumania aprobó un plan para instalar en su territorio interceptores terrestres, que serán parte del futuro sistema norteamericano. Al mismo tiempo, Moscú no se quedó atrás y advirtió que el nuevo acuerdo de desarme nuclear funcionará siempre y cuando no cambie la actual relación de fuerzas, ofensivas y defensivas, entre las dos potencias. “El tratado se ha sellado en condiciones en las que cada parte tiene determinados niveles de sistemas estratégicos defensivos. Un cambio de estos niveles reserva a cada parte el derecho a decidir si sigue participando en el proceso de reducción de los armamentos ofensivos”, explicó el canciller ruso, Serguei Lavrov. Hace unas semanas, cuando se reunió en Moscú con Clinton, Lavrov había sido aún más claro. Estados Unidos y Rusia ya no son enemigos –había señalado y aclarado–, pero tampoco son amigos. Tomado de Página 12

18 mar 2010

Un siglo sin León Tolstoy

Se decía que en Rusia existían dos zares, el malo y el bueno. El bueno era Tolstoy, novelista, el anarquista cristiano al que los humillados y ofendidos consideraban de los suyos. Este año hará un siglo que León Tolstoy (Yasnaya, Polyana, 1828-Astapo VO, 1910), con 82 años, anciano Rey Lear cuidado por su hija preferida, huyó de sus comodidades, y fue a parar a una modesta estación. Cuando su hija le trajo los diarios descubrió que estaba en la portada de todos, se le conocía y se le respetaba en todo el mundo. Representaba, junto con Dostoievski, y Chejov, la cima da la gran literatura rusa que registraba el movimiento sísmico de un país que era carcelero de otros países, y que no había conocido ni el Renacimiento, ni la Reforma ni la Ilustración. Gigantes contradictorios y complementarios que asombraron el mundo. En 1917, los periódicos del mundo podían decir que había estallado la revolución en el país de Tolstoy y Dostoievski. Lo dicho, Tolstoy fue un personaje pletórico: novelista, dramaturgo, y pensador cristiano anarquista de gran influencia social tanto en Rusia —hasta principios de los años veinte— como en el resto del mundo; en España mismo el tolstonyanismo fueron uno de los componentes —aunque secundario y diluido— del movimiento libertario Tolstoy influyó poderosamente en Gandhi y después de este en toda la tradición pacifista que pasa por el African National Congress sudafricano, por Martin Luther King, si nombre es uno de los grandes referentes del movimiento pacifista, como lo podía haber sido en no poca medida de los hippies... Estuvo sin duda influenciado por Proudhom, al que leyó en 1857 y al que visitó en 1862, y mantuvo una relación abierta (y del que tomó el titulo de su obra más famosa, Guerra y paz), no exenta naturalmente de discrepancias (sobre todo en relación a la violencia revolucionaria) con Kropotkin, con cuya biografía no deja de tener paralelo (así lo han hecho notar copiosamente autores como George Woodcock). Como Kropotkin, Tolstoy fue un joven aristócrata, adscrito como voluntario en el ejército ruso del Cáucaso, sufrió ulteriormente, durante la guerra de Crimea, una auténtica crisis de conciencia posteriormente acentuada al conocer la revolución industrial en Europa y un «espectáculo» como el del funcionamiento de la guillotina en París. Este hecho Ie lleva a escribir: «El Estado moderno no es más que una conspiración para explotar a los ciudadanos, pero sobre todo para desmoralizarle (…) Comprendo las leyes morales y religiosas, que no son coercitivas para nadie pero que nos llevan adelante y prometen un futuro más armonioso; siento las leyes del arte, que siempre dan felicidad. Pero las leyes políticas me parecen unas mentiras tan prodigiosas que no comprendo cómo una sola de ellas puede ser mejor o peor que cualquiera de las demás (…) En adelante no serviré jamás a gobierno alguno». Esta indignación se trasluce en su obra en la que nunca se olvida el artista cuya finalidad es la de «hacernos amar la vida en todas sus manifestaciones», Tolstoy ama la vida y sus personajes con los que pobló un microcosmos y un macrocosmos literarios de la rara perfección de conjunto alcanzado en obras maestras como Guerra y Paz, Ana Karerina, Resurrección y tantas otras, todas ellas sumamente popularizada a través del cine, en particular la primera en una inmortal adaptación de King Vidor (1960). Su crisis de conciencia le llevó a volver la mirada hacia el hombre natural que había conocido en el Cáucaso, a devorar las obras de Rousseau, y a buscar una nueva vida y una nueva alternativa social. Estaba en la cumbre de su fama literaria cuando volvió la espalda al mundo académico, convirtió sus propiedades en Yasnaia Polyana en una comuna de trabajo —se avergonzaba de pertenecer a una familia que nunca había tenido callos en las manos— y de educación, intentando desarrollar un sistema educativo natural y abierto, muy en línea de Willian Goodwin. Redescubrió de nuevo los Evangelios a los que despojó de su parte más milagrosa para alcanzar lo que consideraba una ley de oro para la conducta. Sobre sus principios de desobediencia civil y no violencia, se desarrollará un debate dentro del movimiento libertario. Para Urales, Tolstoy yerra cuando desautoriza la acción violenta de los revolucionarios rusos, y escribe: «Si Tolstoy no ha comprendido esto es porque jamás ha reconocido las grandes leyes, tan evidentes y claras, en la sociedad. Y sí no las ha reconocido es porque ha desdeñado siempre la observación metódica de la realidad. Nunca ha consentido descender hasta esta modesta indagación de la verdad que el sentido común de los mortales llaman ciencia. En este sentido no se ha repetido bastante que Tolstoy, bajo la blusa del mujik, ha seguido siendo un aristócrata desdeñoso y altanero» (La Revista Blanca, abril, 1905). Sin embargo, para Nettlau estos principios de Tolstoy no son los de la resignación tradicional cristiana, por el contrario, quería «la resistencia al mal, y ha agregado a uno de los métodos de resistencia, la fuerza activa, otro método, la resistencia por la desobediencia, la fuerza pasiva por tanto. No ha dicho: someteos al daño que os causa; presentado la otra mejilla después de la bofetada recibida, sino: no hagáis lo que se os ordena hacer; no toquéis el fusil que se os presenta para enseñaros a matar a vuestro hermano». Su alternativa está en la vida natural, el hombre es tanto más humano cuánto más cerca está de la naturaleza. Los tolstonyanos viven en comunidades y practican objeción de conciencia, sin embargo, al margen de estos grupos esforzados, su influencia es instrumentalizada. Discípulos suyos por ejemplo, se confiesan algunos ministros del patético gobierno provisional de febrero de 1917 que, paradójicamente, no dudan en mantener a Rusia en la guerra mundial y rechazan hasta la reforma agraria. En el último tramo de su vida, Tolstoy se convirtió en el único opositor legal al régimen zarista, un opositor gigantesco cuyo prestigio mundial ayudó a socavar la autarquía a la que Tolstoy denunció siempre que se brindó la situación. Fue un «padre» para todos los perseguidos. Sus conflictos internos y familiares le llevaron a escapar de su casa poco antes de morir. Su obra ha sido respetada hasta por el estalinismo, aunque sus enseñanzas morales y políticas han sido, por lo general, olvidadas o subestimadas, subrayándose sus aspectos más anacrónicos, y olvidando sus ángulos más subversivos como sus críticas a los poderes establecidos, al ejército y al militarismo, con testimonios todavía vigentes como lo demuestra su denuncia del atropello colonial de Chechenia, efectuadas con un vigor que todavía asombra y sobrepasa las medidas «liberales» del presente. Entre sus numerosas biografías anotemos las de Henri Troyat, León Tolstoy (Bruguera, BCN 1985), Jean Cassou, Grandeza y miseria de Tolstoy (Fomento de Cultura, Valencia 1961; hay una reedición de Bruguera), Francöis Porché, Tolstoy. Retrato psicológico (Losada, Buenos Aires, 1958), en general, inencontrables. Woodcock lo trata ampliamente en su obra sobre el anarquismo. Lo más reconocido de la inmensa obra literaria de León Tolstoy sigue siendo perfectamente asequible en cualquier biblioteca pública, no tanto sus escritos inconformistas que se encuentran por lo general en ediciones muy antiguas (sobre todo de Maucci, BCN). Juventud ha editado su Autobiografía y Pequeña Biblioteca (Mallorca) sus Escritos pedagógicos. Alianza está ahora (re)editando sus obras más conocidas con nuevas traducciones que, en muchos casos, se habían efectuado desde el francés. Aunque quizás la obra más interesante que actualmente se puede encontrar sea, Sobre el poder y la vida buena, una elaborada versión de José Luis Gordillo para Libros de la Catarata. En Internet se puede encontrar otro buen trabajo de José Luís sobre Tolstoy, La estaca verde de Tolstoy,…Tendremos que volver a hablar del personaje, por ejemplo de lo que escribieron Lenin y Trotsky sobre él. Pepe Gutiérrez-Álvarez Tomado de Kaos en la Red

21 sept 2009

Rusia en el siglo XXI

Rusia está de regreso y su veloz reafirmación en el tablero mundial se debe a las iniciativas puestas en juego por Vladimir Putin y hoy por el presidente Medvédev. En el frente interno, reconducir bajo el control del Estado las industrias estratégicas del país, erradicar la criminalidad organizada, contener con firmeza el secesionismo en el Cáucaso e infundir confianza a la población. En el frente externo alianzas que ayudan a pequeños países a resistir con éxito a la hegemonía imperial. Presentamos el análisis del politólogo italiano Tiberio Graziani. En el curso de los últimos dos decenios en Rusia se han manifestado dos hechos geopolíticos tan importantes que condicionan muy profundamente tanto la política internacional planetaria, como –teniendo en cuenta un planteo teórico especulativo– los habituales paradigmas interpretativos utilizados por los analistas de cuestiones geopolíticas y geoestratégicas. Nos referimos, claro está, a la caída de la Unión Soviética y a la reconfiguración geopolítica del área rusa como elemento que constituye el nuevo asentamiento mundial luego de una condición unipolar. Es necesario señalar de inmediato que la reconfiguración-reconstrucción del espacio geopolítico ruso, iniciado por Putin y ahora continuado por Medvedev, tiene la peculiaridad de iniciarse en un lapso breve –no habían trascurrido diez años de la disolución oficial de la potencia soviética–, si se tienen en cuenta los largos arcos temporales típicos de los ciclos geopolíticos y del contexto económico, político y social, además el psicológico, dentro de cuyo periodo la reconstrucción se ha manifestado. Todos podemos recordar el profundo estado de postración que sumergió a Moscú a los inicios de los noventas y su consecuencia a nivel mundial por el temor extremo que provocó en los observadores, en los políticos y en los exponentes del mundo de las financias, del comercio y las industrias el vacío producido por la caída vertical del sistema soviético. El desplome de la URSS, como es notorio, permitió la expansión de la potencia americana en el espacio centro europeo, y centroasiático a lo largo de los años noventas. Entre las etapas más significativas de la marcha de EEUU hacía oriente podemos recordar: la primera guerra de Golfo (1990-1991), la agresión a Serbia (1999) en el cuadro del la programada desintegración de la confederación yugoslava, la ocupación de Afganistán (2002) la devastación de Iraq (2003). En paralelo a las acciones bélicas, Wáshington intensificado su esfera de influencias sobre el Viejo Continente por medio de la inclusión en la OTAN de los Países de Europa central, miembros del ex Pacto de Varsovia. La ampliación de la OTAN da inicio, como es sabido, a la inclusión de la Alemania del Este el dia 3 de octubre de 1990; luego de la reunificación de las dos entidades alemanas sigue, el 12 de marzo de 1999, con Polonia, Hungría, la Republica Checa y, el 29 de marzo de 2004, con la inclusión de Eslovaquia, de Rumania, Bulgaria y Eslovenia. Al ex enemigo soviético no se le ahorra tampoco, aún fuere simbólico, pero geoestratégico y relevante golpe: el 29 de marzo de 2004 hacen parte de la OTAN tres ex Republicas Soviéticas,Estonia, Letonia y Lituania. Recién, el 1º de abril de 2009 entraron Croacia y Albania. Por primera vez en su historia Europa es rehén por completo de una alianza hegemónica extracontinental. La vuelta al Comando integrado de la OTAN (abril de 2009) de la Francia de Sarkozy constituye, en el orden temporal, el último acto de subordinación europeo a los intereses de Wáshington. La erosión continua en lo que se comprende como el “exterior cercano” ex soviético por parte de los EEUU, que a continuación, a partir del 2000, inicia la conquista de lo que se entiende como “sociedades civiles” de los países que lo componen. A tal fin, asistimos a la puesta en escena de la estrategia de las “revoluciones coloradas”, cuya finalidad es ubicar un gobierno filo occidental en Serbia (5 de octubre 2000), en Georgia (“Revolución de las Rosas”, 2003-2004), en Ucrania (“Revolución Color Naranja”, 2004), en Kirguizistán (“Revolución de los Tulipanes”, 2005). La conquista de las sociedades civiles de algunos países, como Georgia y Ucrania, teorizadas por "think tanks" como el Albert Einstein Institute, sobre la base de las indicaciones propuestas por su fundador, el estadounidense Gene Sharp –que parecer financio por el conocidofilántropo y especulador Georges Soros, consejero del actual presidente Obama. Por un largo decenio parece que el dictado de las reglas de la política y la economía mundial ha sido guiado por los EEUU el sólo sistema occidental. En el trascurso de los años noventas, de hecho, los Estados Unidos, (la hyperpuissance, como los definió con motivada preocupación, un canciller francés, Hubert Vèdrine,, o la “nación necesaria” según una renombraba expresión, mesiánica y arrogante de la secretaria de Estado Madeleine Albright y de su presidente Clinton), impusieron el su criterio unilateral en casi todas las iniciativas políticas, económicas y militares del planeta. Pero tras la llegada de Putin a la presidencia de la Federación Rusa el cuadro internacional comienza a cambiar. El primer episodio que se puede valuar como el inicio de la reafirmación de la nueva Rusia en el certamen internacional es tal vez el conectado a las tensiones que emergen en el seno del sistema occidental, por marginarse de la agresiva intervención militar en el Iraq de Saddam Hussein. En el 2003 París y Berlín se oponen a la voluntad de Wáshington: Moscú se opone y, por momentos, el eje París-Berlín-Moscú parece una alternativa realista al juego unipolar estadounidense. Rusia obtiene un primer gran éxito a causa de la tensión provocada en el campo occidental por la política exterior implementada por el ex agente del KGB. Rusia, luego del embate soportado en Serbia, comienza a reaccionar. Y en menos de un decenio, reconfirma su rol de Estado "pivot" del espacio euroasiático. Eso fue posible, por cierto, gracias a dos relevantes factores geo- económicos: los concomitantes crecimientos económicos de China y de India. Los peculiares desarrollos socio-económicos de estos países asiáticos se han integrado coherentemente en las estrategias de sus respetivos gobiernos, deseosos de expandir la esfera de influencia sino-india en Eurasia. Beijing y Nueva Dehli, concientes de poder contribuir a la concreción de un futuro sistema multipolar, y de contar en lo sucesivo con una Rusia fuerte como pilar fundamental de todo entendimiento euroasiático, prudentes, jamás la humillaron, ni siquiera en el periodo más oscuro de su historia. La plena y veloz reafirmación de Rusia en el tablero mundial, se debe, sin embargo, a las muchas iniciativas puestas en juego por Vladimir Putin. El ex primer ministro del Kremlin consigue en el curso de dos mandatos presidenciales, en el frente interno, reconducir bajo el control del Estado las industrias estratégicas del país, erradicar la criminalidad organizada, contener con firmaza el secesionismo chechenio y daguestano e infundir confianza a la población. Mientras, en el frente externo, inicia el tejido de una red de relaciones con las repúblicas centroasiáticas, decididas a seguir la sirena estadounidense, y, como prioridad, se ocupa de reanudar sus lazos con China popular. Moscú no descuida tampoco las muchas identidades culturales y religiosas de las poblaciones de las naciones euroasiáticas. De hecho, en el ámbito de una lógica euroasiática, sensible al encuentro entre las varias civilizaciones del continente en franca oposición a la estrategia Islam-fóbica de los anglos estadounidenses, Putin presenta en la conferencia islámica de Kuala Lumpur en 2003 a Rusia como “defensor histórico del Islam”. Tal significativa declaración, por cierto, tiene en cuenta que el Islam es la segunda religión de la Federación Rusa (también es la única en expansión en el área rusa) y es el primer paso oficial que llevará a la Rusia a ser miembro observador de la Organización de la Conferencia Islámica (OIC). La tentativa estadounidense de provocar tensiones a partir de identidades locales como “arcos de crisis” a lo largo de las fronteras étnico-religiosas, se controlan con esta mirada a la vez longeva y preventiva de Moscú. Sobre el plano geoestratégico el Kremlin, conciente de la mira estadounidense en el Asia Central, refuerza la Organización de la Cooperación de Shangai (SCO) de la cual es parte también China popular. La finalidad es volver estable un área considerada insegura por los estrategas de Wáshington, que la definen como la "barriga floja" de Eurasia. La dirigencia rusa además contribuye, en 2002, a la creación de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva de los países de la Confederación de los Estados independientes (CSTO). Las dos organizaciones demuestran al mundo – y principalmente a Estados Unidos– que los problemas en materia de seguridad y de defensa de toda el área están bien instalados y que, por eso, no se precisan supervisores o ayudas provenientes de occidente, y, mucho menos, provenientes de la OTAN. Gracias al despertar del “Oso” ruso, la marcha de los EEUU en Asia Central, parece, por ahora acabada. Un nuevo ciclo geopolítico se perfila en el horizonte. Tiberio Graziani Tomado de Red Voltaire
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