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30 abr 2011

Fallece a los 99 años el escritor Ernesto Sábato


Caracas. Admirado por Thomas Mann y Albert Camus, el autor de las novelas “El túnel”, “Sobre héroes y tumbas” y “Abaddon el exterminador”, Ernesto Sábato, perdió la vida este sábado en Buenos Aires. En la imagen, durante un discurso en Venezuela. Ap

Premio Cervantes de Literatura y autor del informe Nunca más sobre crímenes de la dictadura argentina.
El escritor Ernesto Sábato, Premio Cervantes de Literatura, uno de los grandes autores argentinos del siglo XX y reconocido defensor de los derechos humanos, murió hoy a los 99 años en su residencia de Santos Lugares, en Buenos Aires.

"Hace como quince días tuvo una bronquitis y a la edad de él esto es terrible", dijo su esposa Elvira González Fraga al confirmar su deceso. "Es un grande que se va", sostuvo.

La salud del mítico escritor se había complicado en las últimas semanas a raíz de problemas respiratorios y esta madrugada no pudo superar la bronquitis, señaló su compañera y colaboradora, quien está al frente de la fundación Erenesto Sábato.

El escritor iba a ser homenajeado este domingo en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires y su muerte causó gran pesar en Argentina y el mundo de las letras.
“Nos quedan sus libros y el recuerdo de un hombre apasionado por su país", señaló el canciller argentino, Héctor Timerman.

Fue "un hombre justo y valiente, y un gran escritor", dijo el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi.

Sábato, un escritor que luchó por mártires argentinos

"No se puede vivir sin héroes, santos ni mártires", decía el escritor argentino.

Pese a tener sólo tres novelas escritas, Sábato es un poco héroe y un poco santo en Argentina.

Fue idolatrado por jóvenes y estudiantes que admiraban su defensa de la justicia y los derechos humanos.

Cuando terminó la cruenta dictadura militar que gobernó el país, entre 1976 y 1983, Sábato fue designado para presidir la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), cuya tarea fue investigar el destino de los miles de argentinos que desaparecieron durante ese período.

La Conadep recopiló 50 mil páginas de escalofriantes evidencias de secuestros, torturas, violaciones y asesinatos de integrantes de las guerrillas de izquierda, simpatizantes, familiares o militantes políticos.

Sus hallazgos sobre los crímenes de la dictadura y las recomendaciones sobre el castigo que deberían recibir los represores se publicaron en 1984 en un libro llamado Nunca Más. Ese mismo año, Sábato ganó el premio Miguel de Cervantes, considerado el principal galardón de las letras en castellano.

Tres novelas y ensayos memorables

"¿Para qué hay que escribir tanto?. Yo sólo 'cometí' tres novelas", decía el escritor, cuya escasa obra fue traducida al italiano, alemán, esloveno, griego, danés, noruego, ruso, inglés, francés, portugués, y hebreo, entre muchos otros idiomas.

"Yo creo que hay que escribir cuando no damos más, cuando nos desespera eso que tenemos adentro y no sabemos lo que es, cuando la existencia se nos hace insoportable", sostenía.

Las tres novelas de Sábato son El Túnel (1948), donde el autor se sumerge en el alma humana a través de una historia de amor y muerte, obra que fue venerada como un clásico existencialista y cosechó admiradores, entre los que se incluyen a Thomas Mann y Albert Camus. Sobre héroes y tumbas (1961), en la que muestra a los últimos personajes de una familia de la oligarquía venida a menos y las obsesiones del hombre contemporáneo; y Abaddón el exterminador (1974), de corte más bien autobiográfico.

La obra completa de Sábato, uno de los principales exponentes de la intelectualidad argentina del siglo XX, incluye además varios ensayos, donde no rehuye de los temas filosóficos, científicos, culturales y políticos, ni de su constante preocupación por los derechos humanos.

El primero de sus ensayos fue "Uno y el universo" (1945), que siguió con "Hombres y engranajes" (1951), "Heterodoxia" (1953) y "El caso Sabato. Torturas y libertad de prensa. Carta abierta al general Aramburu" (1956).

Asimismo editó "El otro rostro del peronismo (1956), "El escritor y sus fantasmas" (1963), "Tango, discusión y clave" (1963), "Romance de la muerte de Juan Lavalle. Cantar de Gesta" (1966), "Significado de Pedro Henríquez Ureña" (1967) y "Aproximación a la literatura de nuestro tiempo: Robbe-Grillet, Borges, Sartre" (1968).

Su obra se completa con los ensayos "La cultura en la encrucijada nacional" (1973), "Diálogos con Jorge Luis Borges (1976), "Apologías y rechazos" (1979), "Los libros y su misión en la liberación e integración de la América Latina" (1979), "Entre la letra y la sangre" (1988), "Antes del Fin" (1998), "La Resistencia" (2000) y "España en los diarios de mi vejez" (2004).

Humanista, no sólo literato

Ante su pequeña, pero elogiada obra literaria y su gran contribución humanista —pese a que también ha recibido críticas de organismos de derechos humanos—, algunos afirman que Sábato debería haber sido candidato al premio Nobel de la Paz más que al de Literatura.

Buscado y admirado por militantes de izquierda, Sábato —que militó en el Partido Comunista durante su juventud— rechazaba, sin embargo, cualquier filiación partidaria y decía que apoyaba cualquier cosa que denunciara todo lo que fuera falso, despreciable, sucio, corrupto e hipócrita.

También estaba en contra de la tendencia de buscar soluciones tecnológicas para el sufrimiento humano, una declaración dolorosa para un hombre que estudió ciencia en Buenos Aires y París, donde fue seducido por el surrealismo y abandonó la ciencia por las letras.

"No se trata de estar a rajatabla contra el progreso científico, que tiene su lado positivo", dijo este año el escritor en un discurso en Montevideo.

"Pero no puede admitirse que se viva una cada vez más fría, insensible y desgarrante civilización tecnocrática, que en vez de solucionar agrava los problemas de la humanidad", agregó el autor, nacido el 24 de junio de 1911.

El escritor y ensayista pasó los últimos años de su vida recluido en su casa en el barrio de Santos Lugares, en las afueras de Buenos Aires, debido a su delicada salud.

Afp, Reuters y Dpa

Tomado: La Jornada.unam.mx

16 dic 2010

Los desmanes del nóbel


Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

Los tiempos cambian y a veces no es para progresar.

Hay quien dice que Suecia, la única socialdemocracia que lo era de veras, -cuando todas las demás que usaban el nombre se escoraban a la derecha- es ya un encubierto miembro de la OTAN.

Han pasado los tiempos en que el partido de Olof Palme gobernaba conjuntamente con los comunistas y en el que Suecia era el único gobierno del occidente europeo que se permitía acoger a los jóvenes norteamericanos que quemaban su tarjeta de reclutamiento para no ser enviados a matar (o a morir) en las selvas de Vietnam, en la primera guerra que perdieron los Estados Unidos, porque nunca tuvieron ni siquiera una consigna con la que justificarla ante su pueblo.

Las cosas se han puesto peor desde que desapareció la Unión Soviética, ciertamente más hija de su padrastro Stalin que de su padre Lenin, pero que era una izquierda beligerante que permitía la existencia de otras, porque había izquierdas. Los Estados Unidos ahora muestran abiertamente que se sienten capaces de hacer lo que quieran, sin que nada ni nadie interfiera.

En Europa se está acabando todo: la izquierda ya no tiene casi partidarios (ni partidos) y como desapareció esa amenaza a la vieja burguesía y el fantasma de recorrido se ha mudado a otros sitios, va desapareciendo también la “sociedad de bienestar”, que era la vitrina para evitar que los desvariantes cayeran en manos de algún hijo de Marx.

Los nuevos paquetes que la UE acuerda con los administradores yanquis del FMI se aplican a los más pobres dentro de los privilegiados países de Europa: a griegos e irlandeses, al menos por ahora. Pero aunque sea por partes, el paquetazo neoliberal se va extendiendo: empiezan a retrasar la edad de la jubilación, a bajar las cuantías de las pensiones, a liquidar la seguridad social, a aumentar el desempleo.

Porque eso que empieza a perderse, aunque los europeos no lo sepan, era también una consecuencia de la existencia del comunismo que ellos se permitían el lujo de mirar de arriba abajo, sin sospechar el bien que les hacía.

Ahora Suecia le da asilo a los disidentes cubanos y su fiscalía acuerda con la Interpol la persecución, con alerta roja -como si fuera Martin Bormann o Jack The Ripper- del australiano Julian Assange, por formicar con dos suecas amigas, dicen ellas que sin condón.

Ahora no hay reclutamiento obligatorio y “patriótico” en las fuerzas armadas estadounidenses. Los hijos de los millonarios ya no tienen que ir -o hacer como que van- a cumplir ese deber. Algunos cumplían y otros no: John F. Kennedy fue un valiente teniente en la Segunda Guerra Mundial; George W. Bush se pasó la de Vietnam entre los soldados de su padre en el estado de Texas, bebiendo whisky y dejando correr los años de peligro para luego encaramarse en la silla presidencial y mandar a los jóvenes a la guerra, cuando el supo esconderse muy bien de la suya. Ahora los soldados son los pobres, que arriesgan la posibilidad de morir no por patriotismo, sino por el salario que les pagan.

Acabo de leer -lo tengo ante mí- el discurso con el que Mario Vargas Llosa aceptó el Nóbel de literatura que le fuera conferido por la obra de toda su vida.

Quisiera empezar diciendo que soy un declarado admirador del escritor Mario Vargas Llosa: lo sigo desde su temprana La ciudad y los perros y de aquella excelente noveleta titulada Los cachorros, que Casa de las Américas editó en los años sesenta. He accedido, como he podido, a sus novelas a pesar de que en Cuba no se editan.

Soy un decidido opositor de la idea de que los escritores que se han convertido en enemigos de la Revolución Cubana, no deben ser editados en nuestro país. Algunas personas entienden que esa exclusión es un castigo a nuestros enemigos ideológicos. Yo no lo veo así: creo que se castiga a los lectores cubanos cuando dejan de leer páginas excelentes: la medida, para nada afectará al escritor en cuestión. Tampoco sé si Vargas Llosa, como han hecho García Márquez o Julio Cortázar, amigos de la Revolución Cubana, cedería los derechos de sus novelas para ser editadas en Cuba, pero creo que el gran público lector que tenemos disfrutaría obras como La fiesta del chivo, apasionante crónica de la conspiración que puso fin a la vida del tirano dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Leer el discurso de aceptación del novelista lo obliga a uno, forzosamente, a tener que contrastarlo, compararlo con su obra, y nos da idea de la distancia que media entre el brillante narrador -capaz de hacernos ver el sentido y las trágicas, dramáticas o cómicas dimensiones de la realidad latinoamericana- y el acomodado pequeño burgués de Arequipa (elevado a burgués por su talento, su vanidad y sus temores) que abjuró no ya de la Revolución Cubana, sino de cualquier modalidad de marxismo o socialismo, para ser el escritor “admitido” al que celebra el mundo burgués de este tiempo, porque esa propia abjuración es el gran requisito para su admisión, mucho más que la excelencia de su prosa.

El marxista que fuera en su juventud nunca pretendió buscar otra lectura de Marx que se apartara del verticalismo soviético asumido por la Revolución Cubana: su desencanto lo llevó directamente a engrosar la momificada colección de demócratas liberales que han sido y que han sumido a la América Latina en esa subordinación a los intereses norteamericanos que pobló nuestros países de las dictaduras que el novelista dice despreciar, pero que eran la salida a la que los buenos demócratas liberales y sus jefes norteamericanos echaban mano cuando los pueblos se les ponían indóciles.

Don Mario dice repudiar esas tiranías -gestada la de Pinochet por el demócrata liberal Kissinger- aunque reverencia a sus propulsores. Don Mario, en fin, no fue el revisionista que busca otra verdad en la revolución, sino el arrepentido que abandonó la plaza de la tía Julia para irse al salón de la prima Patricia; el claudicante que, aunque persistan la explotación y las injusticias sociales que vio en su juventud, regresa al conformista redil de los demócratas liberales: no hay nada que hacer sino mantener la alternancia de gobiernos que protegen los privilegios de los de arriba, que son el verdadero poder.

De dientes para afuera se indigna porque América Latina ha incumplido con la emancipación de sus indígenas pero, como una Malinche andina, considera una “seudodemocracia payasa” el gobierno de Evo Morales en Bolivia, uno de los pocos regímenes democráticos del país donde mayor número de golpes militares han ocurrido en el mundo, en el que existe una feroz oligarquía que no ha podido socavar el abierto apoyo popular a Evo.

Que yo sepa, el presidente boliviano nunca se ha propuesto escribir una novela como La casa verde. Acaso intentar ese propósito que no conseguiría, sería una bufonada del dirigente sindical cocalero, pero esa bufonada es hipotética. La payasada de Mario Vargas Llosa sí tuvo lugar, cuando aspiró a la presidencia de Perú y fue vapuleado nada menos que por Alberto Fujimori. Acaso de esa desastrosa aventura presidencial provenga la herida no cicatrizada del novelista, y también la envidia que el político Evo Morales le provoca.

Don Mario irá a codearse en la historia política peruana -no rebasa ese localismo- con Prado Ugarteche, Belaúnde Terry, Alejandro Toledo y el diz que aprista Alan García. En su discurso sueco, menciona al nunca desmentido marxista que fue César Vallejo, quien seguramente se revolvería en su tumba de Montparnasse si lo escuchara. Sólo le faltaría invocar a José Carlos Mariátegui para que la comedia fuera perfecta.

Haydee Santamaría lo liberó de la farsa de mencionar al Che, y el ego de Don Mario nunca pudo perdonárselo. Ahí está el verdadero punto de quiebre del hispanoperuano: hasta ahí llegaron sus ínfulas de revolucionario.

A ver quién logra liberarlo de citar al autor de España, aparta de mí este cáliz.

Recordaremos siempre al excelente narrador que es Mario Vargas Llosa. Se nos irá al basurero el adocenado político que se ha empeñado en ser. Quizás ahí le hubiera sido útil el consejo de su prima-esposa, que él mismo entiende como el mayor elogio que ha recibido: “Mario, para lo único, para lo que tú sirves es para escribir”.

Por Guillermo Rodríguez Rivera
Publicado por Silvio Rodríguez Domínguez en Segunda Cita

Tomado: cubadebate.cu

27 nov 2010

“El lector ideal es el adolescente”


La aventura humana. Diálogo con el crítico e historiador literario Antoine Compagnon

En 1979 revolucionó el mundo de la crítica literaria con su libro La segunda mano o el trabajo de la cita, que anticipó la lógica de Internet. Por eso no sorprende que ahora dedique sus reflexiones al impacto que tendrá el nacimiento y generalización de los libros electrónicos (o numéricos), también conocidos como e-book, sobre escritores, lectores y, más globalmente, la cultura de nuestro tiempo.
El historiador y crítico literario Antoine Compagnon contó en un libro delicioso la historia de un hombre que cortaba con una tijera las páginas que no le gustaban de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. De aquel libro monumental –por su extensión y su hazaña literaria y estética– no le quedaban más que unas cuantas páginas selectas. Esa mutilación física de un libro impreso respondía a una selección apasionada. Median muchos años y avances tecnológicos entre esta historia y la formación lenta pero verosímil de un lector numérico (e-book) y de una ficción digital. Antoine Compagnon lleva más de 30 años dando clases de Literatura en la Universidad de la Sorbona, en el College de France y en la Universidad de Columbia de Nueva York. Entre el señor de las tijeras y los señores de los pixeles este autor riguroso y elegante vio esbozarse una amenaza que se hizo realidad: la lectura, la lectura de textos literarios, ha quedado relegada a una función de mera distracción superficial. El libro, que forjó la identidad de Occidente, cede terreno ante las nuevas formas de leer derivadas de la era digital. Al mismo tiempo, la creación de grandes obras literarias, las novelas mundo, se fueron espaciando con el tiempo. En uno de sus libros traducidos al español, ¿Para qué sirve la literatura?, Compagnon se pregunta qué sentido tiene la literatura en estas décadas en que la oferta distractiva estrecha el tiempo de la lectura y las imágenes reemplazan la proyección imaginaria. “Mi fe en el futuro de la literatura –escribió Italo Calvino– consiste en saber que hay cosas que sólo ella puede darnos.” ¿Y qué puede darnos la lectura literaria, qué alternativa nos proponen la lectura numérica o las obras digitales donde conviven la palabra y los objetos multimedia? Compagnon no se demora en la amenaza del fin ni en el lamento por el retroceso de la literatura –que constata–, ni en la proyección apocalíptica. Este autor brillante defiende, más que un género en sí, una práctica: la lectura. “La literatura es un ejercicio del pensamiento: la lectura, una experimentación de lo posible”, dice Compagnon. Es imposible pensar la historia del mundo sin el objeto libro. ¿Qué quedará de su maravillosa contribución al pensamiento, a la transmisión de las ideas, a la comprensión del mundo, una vez que avance su transmutación hacia el libro electrónico? ¿Google fagocitará a Borges e Internet a Joyce? Así como el libro modeló un tipo de humanidad, ¿qué saldrá del objeto tecnológico? Para Antoine Compagnon, la amenaza central no está en el agotamiento de la creatividad sino en la compresión de la masa de lectores. La lectura numérica, en pantalla, y la escritura numérica, articulada en imágenes y sonidos, terminarán forzosamente por “crear” un nuevo tipo de lector. ¿Menos humanista? ¿Menos profundo? ¿Menos reflexivo? Las respuestas son inciertas. Cuando salió el CD ROM, los heraldos decretaron de inmediato el fin del libro. Pero sigue entre nosotros. Compagnon pone de relieve una paradoja: ve en la lectura a través de Internet “una resurrección de la lectura pre moderna, la que precedió a Gutenberg y a la era del libro”.

Con el apoyo de una profusa obra teórica, crítica e histórica, Antoine Compagnon llevó sus últimas reflexiones al territorio de la coexistencia entre la lectura entretenida de la era numérica, la lectura de obras literarias y el imperio de la ideología de la narración, que domina el mundo. Antoine Compagnon es autor de más de una docena de libros, de los cuales dos han sido traducidos al español. El más célebre es Los antimodernos. En este ensayo paradójico, que analiza la resistencia a la modernidad, el autor demuestra cómo las figuras centrales de la corriente antimoderna han sido los auténticos animadores de la modernidad. ¿Será el libro un objeto sustantivo de la modernidad?

Libros electrónicos y libros de papel

–La pregunta que mucha gente se hace, y que ha revestido en los últimos dos años una forma del miedo, consiste en saber si la literatura, la narración en general, debe tener miedo del formato electrónico.

–No se puede responder simplemente por sí o por no. Es evidente que la irrupción de lo numérico transforma muchas cosas. Lo primero que cambia de manera fundamental es nuestra manera de leer. ¡Hasta yo leo cada vez más en una pantalla!: prensa, artículos, informes y libros. Nuestra lectura pasa de lo impreso a la pantalla y esto cambia cosas fundamentales en nuestra forma de leer. También se puede decir que, cuando estamos ante una pantalla, operamos en multitarea porque realizamos unas cuantas actividades simultáneas. La pantalla sirve al mismo tiempo para comunicar, hablar por teléfono, intercambiar mensajes, etc. La lectura de la literatura era un gesto solitario, bastante aislado, que exigía amplias playas de tiempo. Leer supone largos momentos sin distracción. Creo que hay un aspecto muy importante de la literatura que se ve modificado con los cambios de los modos de lectura. Pertenezco a una generación que primero leyó libros impresos y ahora lee en superficies numéricas. Las próximas generaciones aprenderán a leer sobre pantallas. Se están produciendo cambios profundos. Hay menos lectura impresa, por consiguiente menos lectura de libros. Es lícito entonces tener cierta preocupación sobre la lectura de la literatura. Agrego, además, que está la literatura que se lee y también la que se escribe. No veo entonces cómo la literatura que se escribe puede escapar a todos estos cambios tecnológicos. Habrá sin dudas nuevas formas literarias ligadas a los nuevos medios. Creo que veremos aparecer una literatura numérica de la misma manera que en el siglo XIX vimos aparecer los relatos por entregas en los diarios. Esos relatos cambiaron el curso de la historia de la novela. Así, entonces, si la prensa trastornó la novela no creo que la literatura pueda mantenerse a salvo de las transformaciones derivadas de la era numérica. Destaco que siempre habrá literatura, siempre tendremos creadores. Ese no es un tema que debe preocuparnos. Los creadores incorporarán los soportes numéricos a sus creaciones. Eso ya existe en los Estados Unidos, los llamados libros multimedia que incluyen elementos audiovisuales. En cambio, sí podemos preocuparnos por la lectura misma. Nuestro tiempo está fagocitado por la electrónica. Las prótesis numéricas que nos rodean rara vez nos dejan solos.

–Usted decía que resulta difícil leer a Proust o a Hegel de manera prolongada en una pantalla.

–Sí. Sigo asociando esas grandes novelas al objeto libro. Hoy hay muchos soportes: iPad, el Kindle de Amazon. Reconozco que, desde hace un año, los lectores numéricos se han acercado al libro impreso. Pero tampoco debemos olvidar que el libro impreso es un objeto tecnológico muy perfecto, muy ideal. El libro en sí es muy económico, manuable, liviano en relación con la información que puede contener. No creo que este objeto tecnológico vaya a desaparecer muy pronto, incluso si hoy tenemos la oportunidad de leer las grandes novelas de la adolescencia en un iPad o un Kindle.

La imagen contra el imaginario de la palabra

–Usted anticipó hace poco que con los nuevos soportes para leer, nuestra lectura será más en imágenes y menos imaginaria.

–Lo que quise decir es que, por ejemplo, con los libros multimedia vamos a clickear sobre un link y tendremos imagen y sonido. Frente a esto, el libro impreso tiene dos atributos para la literatura y la novela: uno, cuando leemos un libro impreso tenemos el control del tiempo en relación con la imagen. Cuando estamos en una novela, el tiempo es el tiempo del lector. Puede acelerar, aminorar, hacer una pausa, volver a leer. No es lo mismo que un libro electrónico, incluso si miramos un DVD no es igual al movimiento del pensamiento a través de un libro. Dos, el otro gran atributo del libro es la dimensión imaginaria. Nos figuramos y nos representamos lo que leemos. El mundo numérico es el universo de la imagen total, un mundo en el cual hay menos lugar para el imaginario. Eso es lo que quise expresar cuando hablé de una lectura más en imágenes y menos imaginaria. Quise manifestar el temor de que la facultad imaginaria ligada a la literatura se vea sacrificada en un tipo de literatura numérica y multimedia.

–Tendremos tal vez una situación paradójica: habrá más lectores, pero serán menos profundos.

–Sí, la meditación, lo que está auténticamente ligado a la lectura solitaria y prolongada del libro puede diluirse.

El humanismo de la era numérica

–La cultura occidental ha sido modelada por el libro. ¿Qué tipo de cultura y de ser humano puede modelar la era numérica?

–Esto plantea grandes interrogantes. A veces se dice que el sujeto moderno tiene al lector como modelo. Esto nos remite a Montaigne, a la irrupción de la subjetividad, de la identidad, de eso que se forja a través de la lectura. La identidad se reconoce a través del movimiento de la lectura. Si la correlación entre lectura, libro e identidad es muy fuerte no es menos cierto que estamos asistiendo a grandes cambios que van más allá de la técnica. ¿Acaso es una gran época que se cierra o un marco histórico que se agota? No pienso que haya que llegar tan lejos en la afirmación. Sin embargo, los cambios que se producirán son fundamentales.

–Nuestra más crujiente actualidad se conecta con un ensayo suyo de los años ’80, La segunda mano. En este libro delicioso sobre el arte de la cita usted escribió que lo único que hacemos es glosar y entreglosar. En este sentido, Internet es el imperio de la glosa, una suerte de pozo infinito de la cita y de la copia de lo que otro ya escribió antes. ¿Esa dimensión de la cita-copia también cambia la lectura y la escritura?

–Sí, absolutamente. En lo que se refiere a Internet, podemos hablar perfectamente de oralidad, de una suerte de régimen oral. Internet es una suerte de resurrección de la lectura premoderna, la que precedió a Gutenberg y a la era del libro. Esto nos reenvía al Renacimiento. La tecnología actual consagró la intertextualidad y, en cierta medida, la muerte del autor.

–¿Internet nos permite elaborar una novela infinita, colectiva?

–¿Acaso veremos aparecer obras colectivas? Soy escéptico ante esta idea de creación colectiva. Sigo persuadido de que la obra literaria pertenece a una sola persona. Desde luego, hay ejemplos de obras escritas a cuatro manos, pero no son las obras más memorables de la literatura. Es una utopía abierta. Las novelas mundo como las de James Joyce, Dostoievski o Proust tenían un jefe de orquesta para todas esas músicas y palabras.

La invasión de la ideología del relato

–Usted dice una frase clave: la novela mundo. Ese tipo de obras literarias maravillosas, que abarcan el destino humano, han desaparecido de la cultura moderna.

–¡Claro que sí! Y podemos decir que ese tipo de novelas nos hacen falta. Pero tampoco hay que dejar de lado el hecho de que la producción literaria, la producción estética, siempre fue muy importante. Frente a esto, la cantidad de obras memorables no es considerable. Pero es cierto que en la literatura francesa y europea hace tiempo que faltan novelas con esa envergadura, con esa capacidad de aprehender el mundo en su variedad, en su profundidad y complejidad. Esperemos que esa obra surja pronto. No hay nada fatal en esta ausencia. No diría que se trata de un encogimiento definitivo de la literatura. Hubo muchas tesis para explicar la ausencia de novelas mundo: se dijo que la culpa la tenía la teoría de la literatura, que la literatura francesa se marchitó por culpa del Nouveau Roman, otros dijeron que la culpa la tiene la democracia porque la literatura iba mejor bajo el régimen soviético que cuando se cayó el Muro de Berlín. Hay algo cierto en todo esto: la democracia, la sociedad de consumo, etc., etc., no son propicias a la creación literaria. Pero el pesimismo no debe imponerse. Estoy seguro de que la novela mundo incorporará imágenes y sonido, que nos propondrá una lectura hipertextual, un montón de links, que tendrá su propio portal Internet y que no dejará afuera a la literatura.

–Con todo, esa ausencia de novelas mundo se acompaña de otra particularidad: el ataque sistemático contra el relato literario.

–La condena del relato es típica del movimiento moderno. El relato como una trampa, como una ilusión, en todo el movimiento moderno hay una voluntad de terminar con el relato. Pero claro, no se puede terminar con el relato porque necesitamos relatos para imaginar, para conocerse, para comprenderse, para verse. El relato siempre renace de sus cenizas. Paradójicamente, hoy estamos en una ideología del relato. En los últimos años se impuso la idea de que es preciso contar relatos: en la publicidad, en la política. Si no se producen relatos no se es capaz de integrar a los interlocutores. Convencer consiste en tener un relato en el cual el otro puede encontrar su lugar. Estamos entonces en una ideología del relato muy fuerte. La psicología, la filosofía, la sociología nos dicen que para vivir feliz hay que tener un relato. Este reino de la ideología del relato no equivale a decir que la literatura produzca obras de calidad.

–Hay una suerte de oposición hiper-moderna entre el relato espectáculo y el relato literario.

–El relato político, publicitario, psicológico o sociológico es un relato de adaptación. Se trata de un relato de orden, casi de manipulación. La forma de la retórica contemporánea pasa por el relato. En contraposición, la propiedad del relato literario consiste en perturbar el orden, en molestar. Si la literatura no molesta deja de ser literatura y se convierte en pasatiempo, en diversión. La literatura descoloca, desconcierta, provoca. Eso es precisamente lo que no hacen los relatos confortables que nos propone el mundo contemporáneo.

El adolescente como lector ideal

–Usted le ha dado un lugar privilegiado a ese ser plural y anónimo que es el lector. ¿Cuál es para usted la figura del lector ideal, aquel que encarna mejor la persistencia de los valores culturales?

–Para mí, el lector ideal es el adolescente que, en la literatura, en las novelas y también en la poesía, descubre quién es, descubre el mundo. Estamos aquí ante una de las dificultades contemporáneas: la transmisión de la cultura y de la literatura a través del acceso a la lectura de los adolescentes y de los adultos jóvenes. Los jóvenes leen hoy, hay una literatura infantil atractiva y bella, pero nuestra sociedad contemporánea, en particular la escuela, tiene dificultades para que los jóvenes pasen a la lectura adulta. Se ha producido un corte: las mujeres leen, los muchachos no. Se produjo una virilización de la lectura. Nuestras sociedades tienen aquí un problema. Cómo hacer para que los chicos pasen de los libros con imágenes a los libros sin ellas.

–La lectura, en suma, perdió su valor de iniciación.

–Claro, porque esa iniciación puede obtenerse por otros medios: el cine, la televisión, los juegos informáticos, que son también formas de relato. Pero volvemos a lo que hablábamos recién: estos soportes constan de imágenes y el imaginario no trabaja. Estamos en una puesta en escena y en una puesta en imágenes globalizada del relato.

–A la lectura también le faltan sus guías: la crítica literaria como tal se ha esfumado al tiempo que los escritores, que antes escribían sobre otros autores, no se exponen más.

–Una cierta forma de crítica literaria desapareció. Para mí, la crítica literaria está ligada a la conversación sobre los libros. Hay mucha gente molesta porque Internet ofrece una clara degradación de la crítica literaria, una suerte de crítica salvaje. Lo que sí es cierto es que la crítica literaria incitativa, directiva, prescriptiva, desaparece. La crítica literaria no tiene repercusión en los lectores. Ahora bien, lo que más falta es la crítica hecha por escritores. Había una gran tradición de escritores que escribían sobre otros. Todos los grandes escritores del siglo XX escribieron sobre los autores clásicos y contemporáneos. La ausencia de crítica de autor me resulta inquietante, como si los autores ya no se leyeran más entre ellos. Tal vez ello explique por qué no tenemos novelas mundo.

–Alguien comentó en un avión que el autor ideal para la lectura numérica y las pantallas era Jorge Luis Borges.

–Sí, por qué no, es perfectamente plausible. Después de todo, Borges originó todas nuestras reflexiones sobre la intertextualidad, etc. El nos llevó a pensar en esos temas. Por qué entonces no leer los cuentos de Ficciones o La Biblioteca de Babel en un iPhone o un iPad. Sería una forma de justicia hacia Borges.

Obras de Antoine Compagnon en español

¿Para qué sirve la literatura?, Editorial Acantilado, Madrid, 2008.

 Los antimodernos, Editorial Acantilado, Madrid, 2006.

Eduardo Febbro  Desde París

Tomado: Página 12

17 nov 2010

"La guerra contra el terrorismo no existe"


Washington "confunde intencionalmente a Al Qaeda con otros grupos alrededor del mundo que luchan por su independencia y liberación, ya que es una forma conveniente de obtener apoyo y mantener a la gente asustada", afirmó el escritor y periodista estadounidense Reese Erlich.
"No existe la guerra contra el terrorismo", dijo a IPS.

Basándose en investigaciones originales y entrevistas, el nuevo libro de Erlich, "Conversations with Terrorists" ("Conversaciones con terroristas") presenta interesantes retratos de seis líderes polémicos.


Entre ellos están el presidente de Siria, Bashar Al Assad, el máximo líder del palestino Hamás (acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámica), Khaled Mashal, la política derechista israelí Geulah Cohen y el fundador de la Guardia Revolucionaria Iraní, Mohsen Sazargara.


También se encuentran el asesor espiritual del movimiento chiita libanés Hezbolá (Partido de Dios), el gran ayatolá Mohammad Fadlallah, y el jefe del Ministerio de Radio y Televisión bajo el régimen islamista Talibán afgano Malamo Nazamy.


"A algunos de ellos ya los había entrevistado antes de que se me ocurriera la idea del libro. Por ejemplo, a Bashar Al Assad y a Khaled Mashal", explicó Erlich. "Son acusados en Estados Unidos tanto de ser terroristas como de auspiciar el terrorismo desde el Estado".


"El terrorista de ayer es hoy un líder nacional, y el combatiente por la libertad hoy puede pasar a ser calificado de terrorista mañana", añadió Erlich, co-autor de libros como "Target Iraq" ("Objetivo Iraq", 2003) y "Iran Agenda" ("Agenda Irán", 2007).
El escritor dialogó con IPS sobre los detalles de su último libro.

IPS: ¿Qué pueden aprender sus lectores de entrevistas a aquellos que son acusados de terrorismo o de apoyarlo?


REESE ERLICH: El objetivo del libro es hacer que las personas conozcan quiénes son acusados de terrorismo o que podrían ser considerados terroristas, y qué es lo que realmente reclaman y qué sucede en sus países.


IPS: En uno de los capítulos, usted dice que el ayatolá Mohammad Fadlallah es una "víctima de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos)". ¿Qué quiso decir con eso?


RE: Bueno, Estados Unidos estaba absolutamente convencido de que Fadlallah era el cerebro detrás del atentado con bomba contra los cuarteles generales de los infantes de marina (marines) en Beirut (en 1983). Contrataron a un agente libanés para matarlo. Y esto está señalado en el libro "Veil" ("Velo"), de Bob Woodward.


Lo confirmamos con Fadlallah en la entrevista. Es un caso muy bien documentado que fue informado en su momento. En 1985, un agente que trabajaba para la CIA hizo estallar un edificio de apartamentos donde vivía el ayatolá Fadlallah. Murieron 80 civiles, pero él (Fadlallah) se encontraba fuera del edifico en ese momento.


Poco después se demostró que Fadlallah no tenía nada que ver con el atentado. Esto me lo confirmó Bob Baer (un ex agente de la CIA en Medio Oriente), que estaba en Beirut entonces e investigaba el caso.


Esto constituye una seria alerta de que cada vez que se escucha a la prensa estadounidense decir que tal o cual terrorista ha sido asesinado, hay que mantener una actitud escéptica.


IPS: En uno de los capítulos usted entrevista a Mohsen Sazegara, ex miembro de la Guardia Revolucionaria iraní. ¿Cuál es su opinión sobre esa organización militar?


RE: No hay dudas de que el gobierno iraní ha estado involucrado en tácticas terroristas. Por ejemplo, asesinaron a algunos líderes del KDP (Partido Democrático del Kurdistán) en Alemania. Es un clásico atentado terrorista fuera de sus fronteras.


Yo hago una distinción entre eso y un legítimo grupo que lucha por la independencia de su país o por la liberación de alguna clase de ocupación.


IPS: ¿Y Hamás y Hezbolá?


RE: Pasé un tiempo con ambos grupos. Desde el punto de vista político, discrepo rotundamente con ellos y dejo en claro que han hecho cosas horribles, y que si yo fuera libanés o palestino no los votaría en las elecciones, sino que escogería a otras personas que quieren ver un progreso político en ambos países.


Pero son fuerzas políticas legítimas. Ganan significativos números de asientos (legislativos). Hezbolá es parte hoy de la coalición gobernante en Líbano. Hamás de hecho ganó los comicios palestinos, que fueron libres y justos. Así que simplemente calificarlos de terroristas no hace nada bien. Tienen que ser parte de un proceso de negociación política.


IPS: Si un grupo político legítimo participa de asesinatos de personas al azar, ¿no es suficiente para ser calificado de organización terrorista?


RE: Tanto Hamás como Hezbolá han utilizado tácticas terroristas. No hay duda de ello. El gobierno israelí usó tácticas terroristas contra libaneses y palestinos. Creo que no hay duda de ello.


Pero Hamás y Hezbolá son muy diferentes de Al Qaeda, que quiere llevar adelante una campaña sin fronteras y no es parte de ningún movimiento de liberación nacional. Coloca al terrorismo en el centro de sus creencias y tácticas. Ese no es el caso de Hezbolá y Hamás. Y Estados Unidos lo sabe bien.


IPS: ¿Cuál es su evaluación del Talibán, luego de haber entrevistado a Malamo Nazamy?


RE: Nazamy consideraba al Talibán un legítimo grupo de liberación, que traería estabilidad, la ley islámica y la justicia a Afganistán. Sin duda no se consideraba a sí mismo un terrorista. Fue jefe de la radio y la televisión afganas, y se negaba a las demandas de otros líderes talibanes de destruir los archivos televisivos, y es muy bien conocido por eso.


Hoy mantiene muchas de sus ideas sobre el Islam, la forma de gobierno, las actitudes hacia las mujeres, etcétera. Pero está dispuesto a permitir que tropas de Estados Unidos permanezcan por un tiempo (en Afganistán) hasta que se puedan llevar a cabo negociaciones, y eso parece suficiente para convertirlo en un aliado del presidente Hamid Karzai y de Washington.


Omid Memarian entrevista al escritor y periodista REESE ERLICH

Tomado: ipsnoticias.net

6 nov 2010

Contra la escritura letrada de Vargas Llosa



No creo que el Premio Nobel de literatura o los premios literarios en general tengan ninguna legitimidad. No me interesa por tanto discutir si el premio Nobel de literatura a Vargas Llosa es justo o injusto, es simplemente tan arbitrario como todos los demás. Lo que me interesa explorar es el modo en el que amplios sectores de izquierda parecen asumir explícita o implícitamente que Vargas Llosa es un intelectual orgánico de la internacional neoliberal conservadora, un esbirro del imperio y, al mismo tiempo, el autor de algunas novelas de indudable valor literario. Algunos son incluso más específicos y añaden que sus mejores novelas son aquellas que publica en su primera época, antes de su ruptura con la revolución cubana y de abandonarse a un tipo de escritura eminentemente comercial y oportunista. Esta concepción de la obra de Vargas Llosa asume sin discutirlo nunca que el estilo, la calidad literaria o la literatura en general están al margen de la realidad, au dessus de la mêlé. Pero la literatura, como cualquier otro discurso, está no sólo inserta en la realidad, sino que es un modo de construir, conocer y atravesar esa realidad. Por eso, no hay estilo inocuo ni estética literaria que no esté siempre ya determinada por todas las tensiones del poder: el fondo y la forma son inseparables y están abocados a producir efectos ideológicos.

En América Latina, nadie como Ángel Rama entendió las estrechas conexiones de la literatura con las estructuras de poder, dominación y explotación que constituyen la historia de la región desde la colonia a la formación de los estados modernos. Rama teoriza las relaciones entre escritura y poder a partir de la figura del letrado, una singular versión del intelectual orgánico gramsciano. Para el critico uruguayo, la escritura desempeña un papel fundamental en América Latina, porque desde la conquista en adelante, son sólo una minoría los intelectuales que tienen el privilegio de acceder a la escritura y lo hacen siempre en contraposición a las culturas orales precolombinas y sus particulares formas de entender el lenguaje y la historia. A partir de la independencia y con mayor ímpetu todavía con la llegada de la modernidad, el letrado latinoamericano se transforma en una suerte de mediador entre el Estado y las clases subalternas. El letrado es, por tanto, traductor y representante de las clases subalternas en su proceso de integración a los procesos de modernidad en América Latina. Esta particular singladura está en el corazón, por ejemplo, de toda la literatura indigenista del continente. El escritor indigenista está entre el Estado y las masas de indígenas tratando de imaginarles un lugar en el corazón de la patria tras siglos de invisibilidad, explotación y opresión. Esta importante y ambivalente posición de representantes de "los sin voz" que ocupan los escritores letrados en América Latina es crucial para entender la producción literaria y cultural.

En este sentido, cabe decir que Mario Vargas Llosa es un escritor letrado por definición y, no sólo eso, es un escritor letrado que siempre o casi siempre ha escrito a favor del poder de las clases dominantes, primero en América Latina y más tarde a nivel global. Esta adscripción al poder constituido se puede leer en novelas a priori tan alejadas de la política como La tía Julia y el escribidor (1977). La novela, escrita en clave autobiográfica, cuenta la historia de "Varguitas" un joven escritor latinoamericano que se inicia en la literatura y en el amor con una turgente tía suya, a pesar y contra los valores burgueses de su familia. Pero la novela es también la historia de Pedro Camacho, un “escribidor” boliviano de guiones de radionovela que inicia a “Varguitas” en la escritura. Al cabo de escribir tantos folletines, Camacho acaba volviéndose loco y produciendo un discurso delirante, donde el folletín, la realidad y la ficción se vuelven inoperativos. Por tanto, lo que esta en juego no es sólo la iniciación del joven escritor, sino la autoridad del letrado sobre la cultura popular oral, lo que la novela produce es la distinción entre el escritor letrado con capital simbólico y el escribiente popular sin capital cultural ni legitimidad, el otro abyecto.

Esta obsesión por ejercer y reclamar la autoridad del escritor letrado sobre las clases subalternas aparece en infinidad de novelas de Vargas Llosa y llega a su clímax con la publicación de El Hablador (1987), novela que vuelve a mezclar dos planos narrativos y dos voces, la del hablador y la del escritor letrado. El “hablador” es una figura clave en las culturas indígenas de la amazonía, porque es el encargado de preservar y actualizar la historia de la comunidad, una suerte de archivo oral andante. A medida que avanza la novela la contraposición entre oralidad y escritura se acentúa y se vuelve más violenta, hasta que descubrimos que, en realidad, el “hablador” es, Saúl Zuratas, un compañero de facultad del escritor/narrador. Zuratas, apodado “Mascarita” por una mancha oscura que le cubre la mitad de la cara y por su cabello endiablado y pelirrojo era famoso por su fealdad, era hijo de un judío y una criolla. Así de crudo y poco sofisticado: Zuratas se interesa en las culturas indígenas porque es feo. De hecho, la novela no es más una burda reactualización de la dicotomía civilización y barbarie que inaugura el Facundo del escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento. Los indios, para Vargas Llosa, representan simplemente la barbarie y el atraso. Tal y como expresara con singular brutalidad en un artículo publicado en la revista norteamericana Harper’s: “Questions of Conquest: What Columbus Wrought and What He Did Not”, el precio que debe pagar Perú por el desarrollo y la modernidad es la extinción de sus culturas indígenas, porque éstas no son más que un lastre antimoderno e irracional.

Vargas Llosa, que seguramente es un lector ferviente de “Kafka y sus precursores”, sabe como Borges que todo escritor se inventa su propia genealogía literaria. Por eso, además de desplazar continuamente la oralidad, la cultura popular y el indigenismo, el escritor hispano-peruano, como lo llama El País , también está obsesionado por ejercer su autoridad y desplazar a otros escritores, sobre todo a aquéllos que han puesto su escritura a favor de la revolución y de los excluidos (los otros letrados). La guerra del fin del mundo (1981) es ejemplar en este sentido, porque se trata de una reescritura de la novela Os Sertoes (1902), del escritor brasileño, Euclides da Cunha. Las dos novelas cuentan la historia de Antonio Consejero, una especie de líder religioso-político de Canudos que forma una comunidad que suprime, entre otras cosas, el dinero y el sistema métrico decimal. Los rebeldes de Canudos, los más desposeídos y olvidados del Brasil, se resisten a la dominación del Estado liberal hasta que el ejército les aniquila. Sin embargo, mientras que Euclides da Cunha se esfuerza en intentar comprender Canudos como una forma de "cotrarracionalidad" y resistencia al Estado liberal, Vargas Llosa construye a los rebeldes como obstinados místicos milenaristas y transforma a da Cunha en un periodista ciego. Apoyar la revolución produce ceguera política.


Pero no sólo son da Cunha o García Márquez, ningún escritor inquieta y preocupa tanto a Vargas Llosa como José María Arguedas. Arguedas era quechuahablante y su literatura, al contrario que la de Vargas Llosa, se movió siempre en una tensión entre dos mundos, dos lenguas y dos historias; El Zorro de arriba y el zorro de abajo, como tituló su última novela. Arguedas, como José Carlos Mariátegui aunque de manera diferente, no vio en las culturas indígenas una rémora, sino la posibilidad misma del comunismo incaico, de una sociedad y una modernidad asentadas sobre el comunitarismo y no sobre el genocidio cultural y físico de los indígenas. Si, como Borges imaginó en “La biblioteca de babel”, todo libro tiene su contralibro, sin duda el contralibro de la Ciudad y los Perros (1962) es Los ríos profundos (1956). Mientras que La ciudad y los perros es el relato iniciático de la burguesía limeña, Los ríos profundos es el relato iniciático de un sujeto cuzqueño radicalmente mestizo y utópicamente bicultural; mientras que la Ciudad y los perros está escrita en el español de la clase media limeña, Los ríos profundos está escrita un español liberado de sus trabas por la sintaxis del quechua; mientras el protagonista de La ciudad y los perros se debate entre sus amores y su solidaridad con “el esclavo”, Ernesto, el protagonista de Los ríos profundos , se identifica con la rebelión de las indias chicheras contra la opresión neocolonial; mientras que Arguedas se pegó dos tiros para firmar su última novela, desesperado por las contradicciones de la modernidad andina, Vargas Llosa gana el premio Nobel de literatura.

A Vargas Llosa le preocupa tanto Arguedas que escribió un panfleto infame, La utopía arcaica, cuya única función es desplazar a Arguedas del canon literario peruano para ponerse él. Los ejemplos podrían multiplicarse, podemos pensar muchas cosas de Vargas Llosa, pero no podemos decir, si somos lectores serios y rigurosos, que su literatura se hizo al margen de las voluntades de los poderosos; podemos pensar que es buena literatura, pero no podemos ignorar que su literatura se construyó sobre el desprecio más absoluto a las clases populares latinoamericanas.

(Para Daniel Noemi, por las conversaciones de literatura latinoamericana hasta altas horas de la madrugada en Toronto y por tantos años de lecturas y aprendizajes compartidos).

Luis Martín-Cabrera. Profesor asistente del Departamento de Literatura de la Universidad de California, San Diego.

Tomado: Revista Sin Permiso

15 sept 2010

No les des importancia, Marquitos, No sueltes la guitarra…


Marcos no sueltes la guitarra.

Como aquel miliciano, al que captó un fotógrafo en lo alto de una colina, derribado por una bala franquista, pero que cae empuñando su fusil, como si remontara el vuelo, Marcos, no sueltes tu guitarra.

Así te veremos siempre, mientras tengamos ojos para verte; mientras la memoria reproduzca tu figura, tu rostro afilado, tu canción más afilada aún; tu guitarra campera.

Saliste a la intemperie en años del pachecato; permaneciste en ruedas de fogones, plazas y entreveros, cantando con “la raíz y copa” de nuestra música; la canción necesaria:”La rastrojera”, abriendo despertares; “Nuestro camino” en tu lirismo llano.

Ahora aparecerás en diarios y hasta (¡quién sabe¡) en la TV, tu rostro sufrido y generoso, tu sapiencia escondida como cachimba entre un mar de helechos.

No les des importancia, Marquitos, No sueltes la guitarra…

Editado en Francia

(Para el poeta, folklorólogo y gran músico, Marcos Velásquez. Porque mucho nos duele. Washington Benavides, Setiembre del 2010, Montevideo)

Toamdo:
LA ONDA® DIGITAL

Como si estuviera

Foto:  Sandro Pereyra

En el 90º aniversario de Mario Benedetti, la Fundación que lleva su nombre anunció publicaciones y concursos.

Ayer Mario Benedetti hubiera cumplido 90 años. La Fundación Benedetti, que funciona desde la muerte del escritor, en mayo del año pasado, convocó a una conferencia de prensa en AGADU para anunciar varias novedades.

Para empezar, se lanzaron formalmente dos concursos. Uno de ellos, que inaugura el Premio Internacional Mario Benedetti, tendrá como objeto la distinción de ensayos sobre la obra del autor uruguayo. La elección del tema obedece a la intención de difundir la lectura profunda y novedosa de Benedetti, según Ariel Silva, ex secretario del escritor y actual gerente de la Fundación. Las próximas ediciones del premio no tendrán por objeto al autor de La tregua y se concentrarán en otros géneros (poesía, narrativa). El premio constará de 10.000 dólares y la publicación de la obra. El único jurado confirmado es la escritora y docente Sylvia Lago (también directiva de la Fundación), en tanto se están por confirmar algunos nombres extranjeros.

Además, Ricardo Casas, realizador del documental Palabras verdaderas, sobre la vida de Benedetti, consiguió promover desde la fundación un concurso de documentales sobre el mismo tema. Los proyectos seleccionados deberán pasar por un nuevo examen durante el festival Atlantidoc, donde se decidirá a cuál de ellos financiar con 30.000 dólares para que sea finalizado.

Las bases de ambos concursos se encuentran en www.fundacionmariobenedetti.org.uy.

Paralelamente, los escritores e investigadores Helena Corbellini y Alfredo Fonticelli están preparando una Guía Benedetti de Montevideo, que identificará con fotografías y mapas aquellos lugares clave en la biografía del autor, así como aquellos que integró a su ficción. Según Silva, el interés turístico del proyecto es evidente, ya que la Fundación recibe con frecuencia consultas de visitantes extranjeros que desean conocer cómo llegar a calles y edificios que Benedetti nombra en sus libros. “Todo dato que sea de interés para una lectura benedettiana de Montevideo nos  parece bueno”, dijo Corbellini a la diaria, y agregó que aún se está relevando la información para completar la guía.

Entre esos sitios benedettianos no podrá estar, todavía, la sede de la Fundación, que sigue sin encontrar casa definitiva. La idea es establecerse en el Cordón, en la zona de las facultades, para facilitar el trabajo con los jóvenes.

El Ministerio de Educación y Cultura, por su parte, se plegó al homenaje realizando el ploteado del poema “Pausa” en las ventanas del bar San Rafael. El escritor solía almorzar allí con su esposa y también concurría con amigos. “Incluso en los últimos días pedíamos comida de allí”, puntualiza Silva.

Póstumo
Asimismo, ya están en la calle dos “nuevos” libros de Benedetti. Biografía para encontrarme es un poemario que el escritor dejó terminado, aunque no llegó a hacer la revisión final de los 62 textos que integran la obra. “Él era muy riguroso. Tal vez podía haber cambiado algo, pero en todos los poemas que están ahí está el espíritu de lo que es el libro”, dijo Silva, que también es narrador.

La misma editorial, Planeta, publicó A imagen y semejanza, una selección de 80 cuentos de toda la carrera de Benedetti. En este caso, Silva actuó como antólogo (mandatado por Benedetti), para lo que utilizó como herramienta la experiencia acumulada como asistente del escritor. Basado en los autores más citados por su maestro y atendiendo a los consejos que daba a jóvenes escritores, Silva llegó a una definición benedettiana del cuento que aplicó luego a los más de trescientos relatos breves que produjo Benedetti. La idea fue que el resultado se acercara lo más posible a una selección hecha por el propio Benedetti. En el proceso, Silva percibió que el ordenamiento no debía obedecer a una cronología sino a nueve núcleos temáticos (“La oficina”, “La pareja”, “La muerte”, “Los niños”, “El tiempo”, “La verdad”, “La ironía”, “Los militantes de la vida”, “La vida de los militantes”), dentro de los cuales detectó evoluciones y variaciones.

Tomado: La Diaria

27 ago 2010

La leona blanca, de Henning Mankell

Y el sueño se cumplió

Aquí, en esta casa cultural, estamos ya en la primera L de Wallander. Me explico, he pasado el mes más augusto, como lo llama mi compañero Julio, en compañía de un sueco bebedor compulsivo de café, tendente a la depresión, y con unas relaciones familiares -padre e hija-, que siempre penden de un hilo. Kurt Wallander me ha llevado a África este verano, ya que mis compañeros me han atado a la esquina del videoclub. La leona blanca, (1993), es la tercera novela de la serie Wallander (marcada con la L en el lomo) del comprometido escritor y dramaturgo Henning Mankell, de quien ya hemos tratado aquí anteriores novelas suyas, Asesinos sin rostro y Los perros de Riga.

Como dice la contraportada, ésta es una de las novelas más comprometidas (y más larga, 648 páginas) de Mankell, con la que denuncia la Sudáfrica del Apartheid y celebra las primeras reformas del entonces presidente, Frederick De Klerk, además de mantenernos en suspenso con la suerte de un esperanzador Nelson Mandela. Sí, Henning Mankell introduce la historia contemporánea en la ficción, en su ficción.

Para empezar a ponerse en situación, el autor sueco comienza con un prólogo situado en la Sudáfrica de 1918, historia de como se formó la asociación secreta denominada la Hermandad, con la que defender a los bóers, salvaguardar sus derechos sobre un pueblo en el que gobernarían con poder absoluto. Esta entrada ya pone al lector sobreaviso, aunque luego pase directamente al habitual entorno del inspector Wallader y a la investigación de la desaparición de una mujer, agente inmobiliaria, cuyo cadaver aparece unos días más tarde con un disparo a bocajarro en una casa deshabitada. Madre y esposa devota, la muerte de Louise Akerblom conmocionará a su comunidad religiosa, así como al inspector y sus compañeros, que no consiguen encontrar pistas que les saque de su confusión, y les indique por donde empezar, hasta que la explosión repentina de la casa deja como pruebas el dedo de un hombre negro, y un aparato de radio de fabricación rusa. “Tengo miedo. Como si el dedo negro me estuviese señalando a mí. Creo que no reúno los requisitos necesarios para comprender el alcance de este asunto”.

De ahí, la subjetividad de la novela pasa al otro lado, la del criminal. Anatoli Konovalenko, ex agente de la KGB, es un asesino a sueldo (de una organización sudafricana de bóers cuyo jefe es Jan Kleyn) que prepara, en Suecia, a otro asesino, un sudafricano negro llamado Victor Mabasha. La misión de éste último consiste en matar a un importante personaje de la política sudraficana, Nelson Mandela. Todo parece desarrollarse según sus planes, hasta que Louise Akerblom tuvo la mala suerte de equivocarse de dirección en la carretera y fue eliminada. Ya es imposible que la conspiración internacional de un grupo de la extrema derecha de Sudáfrica no se mezcle con la curiosidad y suspicacia de Wallander que huye de tener que verselas con asesinos sin escrúpulos y sin respeto por la vida, como Konovalenko, Jan Kleyn y sus socios, o el sustituo de Mabasha, Sikosi Tsiki.

Estamos frente a una larga sucesión de acontecimientos, entre ellos mucha acción y el cambio de paisaje para el lector, que alternará capítulos de la primaveral Suecia a los terracotas y verdes sudafrícanos. De la polícia de Ytad o Estocolmo a la Interpol y el fiscal especial Georg Scheepers en Ciudad del Cabo. Con la lengua fuera nos tiene Mankell, con miedo nos mantine alerta ante esa leona blanca, esa Sudáfrica bella y fuerte, imprevisible en sus movimientos dando la sensación de peligro inminente, convertido en violencia incontrolada en cualquier momento, una caracteristica de la vida diaria del país. “Ese depredador que llevaban en su interior. Los negros con su impaciencia ante la morosidad de los cambios. Los blancos con su miedo a perder sus privilegios, su miedo al futuro”.

Pero Mankell no se limita a una investigación policíal, tambíen introduce cierto lirismo a través de la espiritualidad africana, “Los espíritus son parte de la familia –explicó Mabasha-. Son nuestros antepasados, que velan por nosotros. Viven como miembros invisibles de la familia…A los espíritus no les gusta que los expulsen de una tierra que les ha pertenecido durante siglos” y los estados de ánimo de sus personajes. La transición, no sin la impresión de estar encendiendo un barril de polvora, por la que el presidente De Klerk fue eliminando el Apartheid y dejando el camino libre al heróe luchador, la figura legendaria de Nelson Mandela. “Sin embargo, esto le hizo reflexionar también sobre el grado de dificultad de la tarea que el presidente De Klerk y Nelson Mandela se habían impuesto a sí mismos, pues no era ésta otra que la de crear un sentimiento de comunidad entre personas que se tenían por traidores los unos a los otros”.

La tercera y larga aventura de Wallander le deja exhausto y en un estado depresivo. La relación con su hija y con su padre ha mejorado, también debido a que éste contrae matrimonio y está de mejor humor. Hay alusiones, en algunos momentos de la investigación, a sus anteriores aventuras, ya sea por las cartas o llamadas intempestivas a Baiba Liepa, Los perros de Riga, ya porque el lugar donde fue hallada Louise Aklerblom está en la misma zona donde una pareja de agricultores ya ancianos fueron hallados muertos en Asesinos sin rostro, o bien por el recuerdo de su colega Rydberg, muerto de cáncer, y siempre añorando a los ladrones y estafadores de toda la vida, incapaz de asimilar la violencia irracional de los nuevos tiempos.

Blanca Vázquez

Tomado: LaRepúblicaCultural.es

24 abr 2010

Homenaje a Miguel Hernández

Miguel Hernández Gilabert nació en Orihuela el 30 de octubre de 1910. La familia de Miguel estaba compuesta por el matrimonio, un niño, Vicente , y una niña, Elvira. El padre, Miguel Hernández Sánchez, se dedicaba a la crianza y pastoreo de ganado. Su madre, Concepción Gilabert Giner, se ocupaba de la casa. El matrimonio tuvo, en total, siete hijos, de los que sólo sobrevivieron cuatro: Vicente, Elvira, Miguel y Encarnación. A los cuatros años del nacimiento de Miguel, su padre decide trasladar el hogar familiar a una casa más amplia, situada en la calle Arriba (actualmente Casa Museo). La infancia del poeta transcurre entre los juegos y el trabajo. Desde los siete años ayuda a su hermano Vicente en las tareas del pastoreo, aprendiendo de él este oficio. Su padre consigue que le admitan en las Escuelas del Ave María, anexas al Colegio Santo Domingo. A la edad de nueve años se inicia el aprendizaje escolar de Miguel. En el curso de 1924 se incorpora Miguel a las clases, donde también estudiaba Ramón Sijé, el que más tarde sería su gran amigo. Pronto destaca el interés de Miguel por la lectura y los estudios, consiguiendo excelentes calificaciones. En marzo de 1925 tiene que abandonar sus estudios en el Colegio Santo Domingo ante la crisis económica que atraviesa su familia. Su padre le necesita para atender el ganado pero, pese a todo, él aprovecha sus horas de pastoreo en la sierra para seguir estudiando. Miguel se convierte en un asiduo visitante de la biblioteca de Luis Almarcha, sacerdote y canónigo de la catedral oriolana. Allí descubre a los principales escritores clásicos de lengua española, así como traducciones de escritores griegos y latinos. En esta etapa también se siente atraido por el teatro. Lee con avidez la colección teatral "La Farsa" y junto con otros amigos forman un grupo teatral. Miguel representa diversos papeles en actuaciones realizadas en la Casa del Pueblo y en el Círculo Católico. Miguel Hernández empieza a escribir poesías, aproximadamente hacia 1925. Su principal fuente de inspiración es el entorno en el que vive: la huerta, su patio, la montaña, las cabras, el pastoreo, el río, etc. Miguel aprovecha cualquier ocasión para escribir. Incluso tiene que esconderse de su padre, a quien le molesta esa afición poética de su hijo. Algunos diarios de la provincia comenzaron a publicar sus primeros poemas. El primero que aparece publicado es el titulado "Pastoril", en el periódico local El Pueblo de Orihuela. Tras esta aparición pública del joven poeta se irán prodigando sus colaboraciones en la prensa local y, posteriormente, en la provincial. Así, sus poemas van apareciendo en Voluntad, Actualidad, El Día, Destellos, La Verdad, etc. Se trata, en estos primeros ensayos creativos, de una poesía mimética en la que el joven Miguel va buscando su propia identidad a través de todas las lecturas que está realizando en esos momentos. La mayor parte de estos poemas adolescentes están compuestos en arte menor combinando romancillos, octosílabos, heptasílabos, etc., con bastante destreza. Se forma el llamado "Grupo de Orihuela", como fruto de la amistad entre Carlos Fenoll, Miguel Hernández y Ramón Sijé. Sus inquietudes literarias les animan a reunirse periódicamente en la tahona propiedad del padre de Carlos Fenoll. Cada uno compagina su trabajo o sus estudios con estas aficiones literarias, por lo que tienen que celebrar las reuniones al acabar la jornada. En 1931 realiza su primer viaje a Madrid y, al no encontrar el apoyo que esperaba, regresa a Orihuela. Participa en Orihuela en un homenaje a Gabriel Miró. En 1933 se edita su primer libro, Perito en lunas. En 1934 realiza su segundo viaje a Madrid. Este viaje supone un cierto triunfo para él. Se publica en la revista Cruz y Raya su auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras. Comienza a relacionarse con grandes poetas como Alberti, Rosales, Aleixandre y Neruda. Regresa a Orihuela en verano. En septiembre formaliza su noviazgo con Josefina Manresa. En noviembre de 1934, después de comenzar el drama titulado El torero más valiente, vuelve a Madrid. En esta ocasión conocerá mejor el ambiente literario. En 1935 colabora en las "Misiones Pedagógicas". Comienza su trabajo en la enciclopedia Los Toros, con José María de Cossío. Miguel participa, en Cartagena, en un acto-homenaje a Lope de Vega. Escribe el drama Los hijos de la piedra. Su amigo Ramón Sijé fallece en diciembre de 1935. En 1936 publica su "Elegía" dedicada a Ramón Sijé. Se edita su libro de poemas El rayo que no cesa. Termina su obra teatral El labrador de más aire. Se incorpora al Ejército Popular de la República. Es nombrado Comisario de Cultura. En febrero de 1937 es destinado en Andalucía al "Altavoz del Frente". En marzo se casa con Josefina Manresa. Participa en el II Congreso Internacional de Intelectuales en Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia. Realiza un viaje a la URSS, formando parte de una delegación española enviada por el Ministerio de Instrucción Pública, para asistir al V Festival de Teatro Soviético. Se publican Viento del Pueblo, Teatro en la guerra y El labrador de más aire. En diciembre nace su primer hijo, Manuel Ramón. En otoño de 1938 muere su hijo y ello provoca una serie de poemas que anuncia en su libro Cancionero y romancero de ausencias. Escribe el drama Pastor de la muerte. Actúa como soldado, y como poeta, en diversos frentes. En 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel. En abril el general Franco declara concluida la guerra. Miguel intenta escaparse a Portugal, pero se lo impide la policía portuguesa y es entregado a la Guardia Civil fronteriza. Tras su paso por Huelva y Sevilla, en la prisión de Torrijos en Madrid, donde compone las famosas "Nanas de la cebolla". Puesto, inesperadamente, en libertad, es detenido de nuevo en Orihuela. En 1940 se le traslada a la prisión de la plaza de Conde de Toreno en Madrid. Es condenado a la pena de muerte. Más tarde la condena es conmutada por la de 30 años de prisión. En septiembre, es trasladado a la prisión de Palencia y en noviembre, al penal de Ocaña. En 1941 es trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante. Se manifiesta una grave afección pulmonar que se complica con tuberculosis. En 1942 muere en la enfermería de la prisión alicantina y es enterrado en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante. Contaba, a su muerte, con 31 años de edad. Tomado de: http://www.miguelhernandezvirtual.com/

18 abr 2010

José Saramago. Ateo pesimista y genio lúdico

"La Biblia es un manual de malas costumbres que tiene una influencia muy grande sobre nuestra cultura" Desde su infancia en el seno de una familia de campesinos sin tierra hasta el Premio Nobel de literatura, la trayectoria del escritor portugués José Saramago es excepcional. A los 87 años, continúa combatiendo la apatía intelectual. La literatura no le ha sido servida en bandeja de plata. “Yo no he sido educado en medio de libros, he tenido que ir a buscarlos”, señala José Saramago, que recuerda, a menudo, sus raíces bereberes y su infancia modesta. El escritor nació en 1922 en una pequeña localidad del centro de Portugal, en el seno de una familia de campesinos “sin tierra” analfabetos. Hacer estudios no era factible. Adolescente, abandona el instituto para seguir la formación de cerrajero, aunque soñando con llegar a ser escritor. Ávido de lecturas, frecuenta la biblioteca de Lisboa. Auténtico autodidacta, escribe muy pronto y publica, sin éxito, una primera novela a los 25 años. Diseñador industrial, corrector, encargado de producción en una editorial, más tarde periodista, solo será a los 58 años cuando se dedique definitivamente a la literatura, después de haber participado activamente en 1974, en la Revolución de los Claveles. “Me dije : es el momento, ahora o nunca de saber si puedes ser lo que crees que eres, un escritor”. Aunque llega tarde a la escena literaria portuguesa, Saramago se impone en ella durante los años 80, publicando “Alzado del suelo”, una novela épica sobre la revuelta de los campesinos pobres, que despierta la memoria colectiva de un pueblo machacado por más de treinta años de dictadura. Siguen, en menos de cinco años, tres novelas mayores : “Memorial de Convento”, “El año de la muerte de Ricardo Reis” y “La balsa de piedra”. Obras que revisan con una ironía volteriana los mitos de la historia portuguesa. Genio lúdico que no duda en recurrir a lo fantástico, el estilo, el “estilo Saramago”, es torrencial, de una rara riqueza sonora, liberado por una puntuación reducida al mínimo indispensable. Sin embargo su obra está lejos de lograr consenso, no tanto por sus cualidades literarias como por razones políticas. “El evangelio según Jesucristo”, publicado en 1991, suscita un escándalo nacional. El escritor realiza aquí el retrato de un dios cansado del pueblo hebreo, que decide, gracias a la intervención de Jesús, extender su influencia al mundo entero. Pero resulta que Jesús se rebela, se une con una prostituta llamada María Magdalena… y rechaza morir para fundar una nueva religión. Una insolencia herética muy pasoliniana que ocasiona una protesta airada de sus compatriotas católicos. El gobierno le acusa de “atentar contra el patrimonio religioso de los portugueses” y censura el libro sin ningún proceso. Aunque retirado a la isla de Lanzarote, Saramago no renuncia a nada. Publica entre otras “Ensayo sobre la ceguera”, violenta alegoría sobre la deshumanización de mundo. En 1998, la academia sueca recompensa el genio del escritor. A los 76 años, recibe el Premio Nobel de literatura, lo cual no gusta nada al Vaticano que lamenta su “visión políticamente orientada y antirreligiosa”. Él declara “el Nobel es como miss Portugal, el año próximo se la habrá olvidado”. Desde luego, el escritor no tenía necesidad de esta consagración suprema, él, que mantiene un vínculo permanente con sus lectores. Sin embargo, el Nobel le habría podido asegurar una acogida más calurosa entre sus compatriotas católicos. Pero la Iglesia no parece haber tragado la píldora. El pasado octubre, la publicación en Portugal de su nuevo libro “Caín”, un retrato muy personal del personaje bíblico, desencadenó una nueva polémica, el episcopado le acusaba de entregarse a una “operación publicitaria”. “La Biblia es un manual de malas costumbres que ha tenido una influencia muy grande sobre nuestra cultura y hasta sobre nuestra manera de ser, replica Saramago. Sin la Biblia, seríamos otros, probablemente mejores.” Y añade que su libro “no causará problemas en la Iglesia porque los católicos no leen la Biblia”. La suerte está echada. Porque, más allá, de su inagotable talento de novelista, Saramago es un ensayista hábil y divertido, como lo testimonian las crónicas que publica en su página en la Red desde 2008. Del conflicto israelí-palestino a la elección de Barack Obama, pasando por su interpretación de la Europa neoliberal, Saramago, este “ateo pesimista”, como se define a sí mismo, proporciona análisis sobre política internacional. Pesimista pero no desesperado, de una ironía glacial, este “cuaderno” es un concentrado de inteligencia, un testimonio esencial de una de las grandes conciencias contemporáneas. Maud Vergnol Traducción J.A. Pina Tomado de L´Humanité

23 oct 2009

"Me preparé para la noticia de que habían asesinado a Larsson"

La que fue compañera del escritor Eva Gabrielsson confiesa que estaba preparada para vivir sin él La que fue compañera del escritor Stieg Larsson durante 32 años, Eva Gabrielsson, ha confesado que estaba preparada para vivir sin él, porque por su profesión de periodista de investigación siempre pensó que acabarían matándole, pero no para todo lo que ha venido después de su muerte. Así lo ha reconocido Gabrielsson en una charla con la periodista Elena Pita, en el escenario del Getafe Negro, en la que ha descubierto los aspectos más desconocidos de Larsson y los detalles de su relación basada en "la admiración mutua y en compartir". "Durante años me preparé para recibir la noticia de que lo habían asesinado de diversas maneras, pero nunca pensé que me dejaría por un ataque al corazón y mucho menos que me tocaría vivir todo lo que ha venido detrás", ha expresado. Privada de todos sus derechos Al no estar casados, con la muerte de Larsson, Eva se ha visto privada de todos sus derechos como compañera sentimental, por lo que siente que le han despojado de 32 años de su vida y todo el trabajo conjunto -ya que ella también está detrás de Millenium- se haya tirado por la borda. "En vida nunca permitió que nadie nos faltara al respeto, ni a mí ni a nuestra relación", ha subrayado Eva, por lo se ha mostrado convencida de que Larsson estaría furioso si viese la situación en la que se encuentra. La sombra de Eva detrás de Millenium se extiende hasta el punto de que fue ella quien le animó a comenzar su escritura un verano que ella estaba realizando un trabajo sobre la arquitectura del siglo XX y él pasaba los días de vacaciones sólo y aburrido en una casa en el archipiélago de Estocolmo donde veraneaban. Diálogo cara a cara Así que le propuso que diera continuidad a un relato que Stieg escribió en 1989 en el que un hombre recibía un ramo de flores, que es precisamente como arranca el primer volumen de Millenium, Los hombres que no amaban a las mujeres. Eva considera que Larsson desarrolló una manera única de escritura, en la que parece que dialoga cara a cara con los lectores, y es ahí donde, para ella, radica el éxito de estas novelas. Preguntada por el compromiso de su pareja en combatir contra toda forma de discriminación, Eva ha relatado que Larsson sufrió acosó escolar a los 9 años, cuando se mudó a Estocolmo a vivir con sus padres, después de haberse criado con sus abuelos a 200 kilómetros de la capital, a la que llegó hablando un dialecto que sus compañeros no comprendían. Cariño a lo femenino Sobre su relación con las mujeres, Gabrielsson ha destacado que Larsson siempre se encontró más cómodo entre ellas y siempre prefirió trabajar con ellas en sus investigaciones periodísticas porque "sentía que había menos competitividad" y de ese cariño hacia lo femenino deriva su apoyo a la lucha contra la violencia de género. Gabrielsson, que ha apostado por la vigencia de la novela negra como reducto de los problemas sociales que no llegan a los medios de comunicación, ha destacado el triunfo de su pareja en hacer ver al mundo entero que la sociedad sueca no es tan idílica como se cree, sino más bien acomodaticia. Sobre la posibilidad de continuar la cuarta entrega de Millenium, de la que Larsson dejó escritas 200 páginas, Eva ha asegurado que, si la ley se lo permitiera, sí se sentiría capaz de darle un final ya que ella mejor que nadie conocía las inquietudes y preocupaciones que Larsson quería imprimir en esta saga que, si un infarto no se hubiese interpuesto, habría alcanzado los diez volúmenes. Tomado de Público

20 jul 2009

Muere Frank McCourt

Muere Frank McCourt, el autor de 'Las Cenizas de Ángela' Frank McCourt, el autor de "Las cenizas de Ángela", que estaba gravemente enfermo de meningitis, murió en Nueva York a los 78 años, informó hoy la prensa estadounidense. Según Los Ángeles Times, su hermano Malachy confirmó que McCourt falleció en la clínica para enfermos terminales donde se encontraba aquejado de una meningitis que contrajo hace dos semanas. El autor de origen irlandés, de 78 años, estaba siendo tratado además de un melanoma, el cáncer de piel más severo. "Sus facultades se están apagando. No se espera que sobreviva", dijo el pasado viernes Malachy. Un éxito en todo el mundo El escritor, un antiguo profesor de lengua y literatura que dio clases en el sistema público de enseñanza de Nueva York, saltó a la fama con "Las cenizas de Ángela" (1996) su primer libro, en el que narra sus memorias sobre la pobreza en la que vivió en Estados Unidos e Irlanda durante su niñez, con el que se ganó el premio Pulitzer. Al jubilarse, McCourt se lanzó a la escritura junto a su hermano Malachy y juntos concibieron la especie de comedia autobiográfica "Un par de sinvergüenzas", que se estrenó en Nueva York en 1984, además de "Los irlandeses, y cómo llegaron a ser como son". Fue, sin embargo, "Las cenizas de Angela" el libro que lo encumbró como autor y por el que, además del Pulitzer a la mejor biografía, recibió también el premio de la Crítica y el Libro del Año en Estados Unidos. Esa obra fue traducida a una treintena de idiomas e incluso se adaptó al cine, en una película dirigida por Alan Parker, y que protagonizaron Emily Watson, y Robert Carlyle. McCourt publicó en 1999 "Lo es", la segunda parte de sus memorias, que arranca con su regreso a Nueva York, a los 19 años, novela a la que siguió "El profesor", en 2005, y dos años después "Ángela y el Niño Jesús", un relato navideño para niños. El escritor vivía con su esposa Ellen, con quien se casó en segundas nupcias, y tenía además una hija, Maggie, y tres nietos. Agencia EFE Tomado de Público

12 jun 2009

Julien Coupat, un héroe a la fuerza

Fue acusado de terrorista y se ha convertido en un mito Julien Coupat, el intelectual post-situacionista acusado de "terrorista" en Francia, está ganándose el estrellato y una difusión mundial de sus obras porque, en su día, renunció a la carrera de yuppie y optó por la de comunero. Quién iba decir a mediados de los años noventa que el joven y brillante estudiante de una de las más elitistas escuelas de comercio francesas, la ESSEC, hijo de una más que normal familia de clase media-alta, iba a convertirse en todo un símbolo. Y, sin embargo, eso es exactamente lo que le ocurrió cuando, tras abandonar números y leyes a mediados de los noventa, se adentró en la filosofía y el pensamiento situacionista en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHSS). Ahora, con sólo 35 años recién cumplidos, Julien Coupat ya tiene audiencia mundial. La acusación de "terrorista" formulada por una fiscalía con gatillo fácil, las declaraciones precipitadas y bravuconas de la ministra de Interior, Michelle Alliot-Marie, y la detención injustificada del intelectual durante seis meses y medio, han provocado una oleada de solidaridad en círculos poco acostumbrados a brindar apoyo a un presunto terrorista. Toda la atención Tras ganarse una reputación de escritor y lector compulsivo, genial y algo sombrío, Julien Coupat cofundó la efímera revista de pensamiento, llamada Tiqqun. En los pocos números publicados y por su radicalidad con mala baba se ganó la hostilidad de la celebérrima revista Multitudes, de Toni Negri, pero también la atención y el respeto de pensadores confirmados como Luc Boltanski y Alain Badiou. Coupat, al igual que todos sus amigos fundadores de la comuna que restaura servicios públicos por vía autogestionaria en una zona rural del centro de Francia, rehúsan la noción de autor. Por eso es obligatorio citar sus obras colectivas como "atribuidas a". Es el caso del ya histórico La insurrección que viene y del menos conocido Contribuciones a la guerra en curso. En todas ellas rezuma el deseo de acabar con el orden occidental, considerado forma de dictadura totalitaria envuelta en libertad aparente. También rezuma la admiración profunda hacia la violencia juvenil que sacudió Francia en 2005 frente a los excesos de la policía de Nicolas Sarkozy. Ahora, al salir de la cárcel y cuando se encuentra bajo arresto domiciliario, el intelectual sombrío y tozudo persiste en su chulería. Interrogado por el diario Le Monde sobre su estancia en prisión, se limitó a afirmar que le había sentado bien y que no había sufrido nada que no se pudiera curar con "un poco de footing, ejercicio y lectura". Y, eso sí, dejó claro para la opinión el auténtico sentido de su detención y de la amenaza de cárcel que el poder sarkozyano sigue proyectando sobre su persona : "No os engañéis. Lo que me está ocurriendo a mí, os ocurre a vosotros también". Vasto programa. ANDRÉS PÉREZ Tomado de Público
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