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28 mar 2012

La ciudad de Kabul en la actualidad es un filme de horror


La reconstrucción salvaje ha transformado a la ciudad destruida por las guerras en una capital desfigurada en la que las mansiones que simbolizan las riquezas amasadas con el tráfico de drogas y la corrupción se mezclan con chozas de barro y montañas de escombros. Solo permanecen iguales las barracas trepadas en las colinas que circundan a la ciudad.

Pensé que no podría encontrar un lugar más terrible que la “Green Zone” de Bagdad, me equivocaba.

En Kabul la zona de las embajadas se ha convertido en un lugar infernal. Recorriendo los diferentes corredores armados con lajas de cemento que la globalización ha vuelto familiares en todos los sitios en conflicto uno parece encontrarse en el escenario de un filme de horror en el que los únicos signos reconocibles son las patentes de las embajadas. Algunas apenas están construidas, como la de India, laminada (así parece desde lejos) en gris plateado con cúpulas de vidrio, que muchos piensan que no durarán mucho (en el sentido de que pueden ser objeto fácil de un atentado).

Por otra parte esta “bunkerización” no garantiza la seguridad, a menudo se producen enfrentamientos en las zonas limítrofes. Una zona militar con muros recubiertos de rollos de alambre laminado se extiende a ambos lados de una de las calles que atraviesan la zona. Los automóviles no pueden entrar y los que lo hacen deben atravesar permanentemente retenes militares. En gran parte sin embargo la seguridad se ha confiado a empresas privadas que también emplean a afganos (como los que protegen la embajada italiana) además de contratistas extranjeros. Este es un lugar ideal para los negocios de los contratistas. Especialmente porque pocos se fían del ejército y de la policía afganos alimentados por las milicias de los señores de la guerra, traficantes de droga, más allá de los mismos exponentes del gobierno de Karzai.

Luego de cuatro años de ausencia Kabul está irreconocible. Y no por las nubes de polvo que se levantan en las calles de tierra. La reconstrucción salvaje ha transformado a una ciudad destruida por la guerra en una capital desfigurada en la que mansiones de una arquitectura discutible que hace gala de ventanas de colores y de columnas “romanas” -símbolo de la riqueza acumulada con el tráfico de droga y la corrupción- se mezclan con las chozas de barro y montones de basura. Solo permanecen las mismas las barracas implantadas en las colinas que rodean a la ciudad.

Riqueza (de pocos) y pobreza (de la mayor parte de la población) se han profundizado. Es para preguntarse adónde han ido a parar los dineros de los donantes. Es apenas un misterio aparente si se tiene en cuenta que Afganistán es uno de los países más corruptos del mundo, después de Somalia.

Y todavía es peor la suerte de las mujeres: la peor decisión ha sido la del Ulema a través de un documento que permite al marido castigar a la mujer si no respeta la Sharia y prohibe a las mujeres acercarse a desconocidos y hablar con ellos. El documento ha sido avalado por Karzai para apoyar las negociaciones con los talibanes, que interrumpierron las conversaciones con los estadounidenses tras la masacre de Kandahar. Para evitar polémicas, el documento en su versión inglesa se ha retirado de la web del gobierno.

La contraofensiva del presidente Karzai ha sido una convocatoria a los funcionarios religiosos y a los jefes de las tribus para que alienten la educación de las chicas, considerada “vital” para Afganistán. Según datos difundidos por el Ministro de Educación, Ghulan Faruk Wardak, en 2010, había 8,4 millones de chicos que concurrían a la escuela, de los cuales un 30% eran mujeres. Pero hay aún 9,5 millones de chicos sin escolaridad. Si bien en la época de los talibanes las chicas no podían ir a la escuela, la discriminación es aún alta. Por otra parte se han vuelto a poner de moda los castigos como la lapidación y la flagelación, una mujer de 22 años ha sido ahorcada recientemente en la provincia de Ghur. Evidentemente el compromiso de Italia de reconstruir el sistema judicial no ha producido los efectos esperados.

Castigos y violencia: las mujeres desesperadas se suicidan inmolándose, víctimas de violaciones grupales (una pequeña de ocho años fue violada cuando regresaba de la escuela), muchachas desfiguradas con ácido. La violencia contra las mujeres sigue aumentando, según la Comisión Independiente por los Derechos Humanos. Son hechos terribles, pero las familias tienen miedo de denunciarlos. A menudo se castiga a las propias víctimas de la violencia. Como sucedió a Gulnaz, una muchacha de 21 años que había sido violada por el primo del marido, un hombre poderoso que además la había embarazado, fue condenada a 20 años de prisión por adulterio, condena reducida luego a 12 años y posteriormente a tres por la Corte de Justicia. Una condena que habría evitado casándose con el violador. Sin embargo en diciembre salió de la cárcel amnistiada por Karzai. Quien obtuvo la amnistía fue la abogada estadounidense Kimberley Motley que decidió asumir la defensa de Gulnaz. Kimberley Motley vive desde hace cuatro años en Kabul, donde ejerce su profesión de abogada y ha logrado (única extranjera) la posibilidad de defender a los afganos ante los tribunales.

Esto es Afganistán, luego de diez años de ocupación y ante la próxima retirada de las tropas internacionales deseada por la mayoría de los afganos: el 74% según el Washington Post, muchos más según las personas con quienes hablamos en Kabul. Aunque son muchos también los que dudan sobre la anunciada retirada de Afganistán porque quedarán sin embargo las bases militares.

Giuliana Sgrena / Rebelión

Fuente: Il Manifesto

Tomado: CubaDebate.cu

21 mar 2012

La cultura de un ejército


Esa cultura, ¿consiste sólo en la moral de combate? Pareciera que sí para las fuerzas armadas de EE.UU. Y para sus gobiernos: W. Bush autorizó la tortura y se recuerda cómo se aplicó en Abu Ghraib a ciudadanos inermes. Obama autorizó las ejecuciones extrajudiciales, que comandos especiales practican en Iraq, Irán, Afganistán y no sólo. No debiera sorprender entonces que efectivos estadounidenses hayan ejecutado el domingo que pasó -y porque sí, no en el campo de batalla- a diesiséis civiles afganos en la sureña provincia de Kandahar.

Entre las víctimas había nueve niños, uno de ellos de dos años de edad. “¿Era este niño un talibán?”, preguntó Gul Bashra, su madre. “Todavía no he visto a un talibán de dos años de edad. No hay talibán aquí. Ellos (los estadounidenses) siempre nos están amenazando con perros y con incursiones nocturnas de helicópteros”, subrayó (AP, 11-3-12). Varios pobladores de las dos aldeas donde se produjo la matanza atestiguaron que los soldados entraron borrachos, pero eso no explica todo. Además, el alcohol estaría acompañado por una sensación de impunidad.

Esto también se explica. El 19 de noviembre del 2005, un grupo de marines masacró a 24 iraquíes desarmados en Haditha, una ciudad de la provincia de Al Anbar del occidente de Irak, niños, mujeres y ancianos entre ellos. Una corte marcial desestimó los casos de siete de los ocho efectivos juzgados y el sargento Frank Muterich, el único bajo proceso, se declaró culpable de negligencia en el cumplimiento del deber y se descartó el cargo inicial de homicidio involuntario. Como el resto de los involucrados, el sargento no pasará un solo día en la cárcel, aunque haya reconocido que ordenó a sus hombres “tiren primero y pregunten después” (www.nyti mes.com/27-1-12).

Hay matanzas que ni siquiera pasan a la justicia militar. El New York Times informó que en el 2008 dos marines al frente de un pelotón se dedicaron a balacear indiscriminadamente a coches y pasantes afganos a lo largo de 16 kilómetros matando a 19 civiles e hiriendo a otros 50. Adujeron que habían sido tiroteados y que tuvieron que defenderse. Ninguno fue procesado. Un cable diplomático dirigido al Departamento de Estado que filtró Wikileaks revela que en el 2006, en Irak, efectivos estadounidenses allanaron varias casas y ejecutaron a un hombre, cuatro mujeres, dos niños y tres infantes no precisamente talibanes (//wikileaks.org/cable/2006/04/06). Nadie fue acusado, nadie fue condenado.

Estas matanzas se han repetido a lo largo de toda la ocupación de Afganistán y es notoria la benevolencia con la que el Pentágono acepta y aun confirma las falsas explicaciones de sus autores. Pero hay un caso diferente que de algún modo las sintetiza: el descubrimiento de un grupo de soldados que se juramentaron en secreto para matar civiles iraquíes y afganos por deporte. Se desconoce el número exacto de víctimas que tienen en su haber (www.nytimes.com, 3-10-10). Solían descuartizarlas, fotografiar sus restos y llevarse un dedo, algún diente, como trofeo (www.rollingstone.com, 27-3-11).

Los elementos del autobautizado “Kill Team” fueron procesados y recibieron penas relativamente menores en relación a sus crímenes; excepto el sargento Calvin Gibbs, jefe del grupo, que fue condenado a perpetua pero podrá salir en libertad bajo palabra en menos de diez años (www.guardian.co.uk, 11-11-11).

El presidente afgano Hamid Karzai calificó la masacre de Kandahar de “verdadero asesinato” y exigió una investigación a fondo. El general John Allen, jefe de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés) de los ocupantes, se apresuró a declarar su absoluta dedicación a “asegurar que todo aquel que sea hallado culpable sea considerado plenamente responsable” de los hechos (www.isaf.nato.int, 11312). El escándalo provocó otras manifestaciones de alto nivel.

El presidente Obama convirtió a la matanza en otra cosa: “El incidente -dijo- es trágico y horrible y no representa la índole excepcional de nuestros militares ni el respeto que tiene EE.UU. por el pueblo de Afganistán” y reiteró su voluntad de que se investiguen los hechos con rapidez (//uk.news.yahoo.com,
11-3-12). El secretario general de la ONU Ban Ki-moon expresó su tristeza y destacó: “Seguiremos urgiendo a todas las autoridades y al personal militar que están empeñados en estas operaciones que presten el máximo cuidado a la protección de la población civil” (Reuters, 14-3-12).

Se percibe “la índole excepcional” de la fuerzas armadas de EE.UU. y cómo cuidan a los civiles del país invadido. Porque las masacres cometidas son la lógica consecuencia del entrenamiento que reciben y del desprecio por el diferente, por el Otro, así como de algunas cosas más que pervierten la cultura social de la primera potencia del mundo.

Fuente: Página 12.com.ar

Tomado: CubaDebate.cu

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Soldado estadounidense causa nueva masacre en Afganistán

12 ene 2011

Sarah Palin "niega" que el Tea Party fomente la violencia



Una portavoz de la ex candidata republicana Sarah Palin, refiriéndose al atentado del sábado contra la congresista demócrata Gabrielle Giffords y en el que todo apunto que fue realizado por un perturbado de extrema derecha, "negó" que la campaña del Tea Party contra la reforma de Salud en EE.UU. fomente la violencia.

Su campaña publicitaria muestra una gráfica del país con lo que aparenta ser una mira de escopeta sobre cada estado en el que un o una congresista haya votado a favor de la ley, incluyendo el estado de Arizona de Giffords.

Rebecca Mansour, portavoz de Palin, enfatizó a la prensa local que "nunca, nunca jamás" tuvieron la intención de que fueran miras telescópicas.

Más de 2,5 milliones de personas son fans en Facebook de esta política fascista.

El Tea Party, aupado por los medios corporativos comunicación, jalea un populismo belicista, ultraconservador y paranoide que ha tildado a Obama de "agente del comunismo", presionandolo todavía más para que no aprobara una reforma sanitaria o cualquier otra política social.

En EEUU, hay 50 millones de pobres desatendidos.

Tomado: La República.es
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