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14 ene 2012

Los “desaparecidos” del imperio


Caricatura: J.Kalvellido
Un artículo reciente firmado por John Tirman, director del Centro de Estudios Internacionales del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y publicado en The Washington Post, alude a un aspecto poco estudiado de las políticas de agresión del imperialismo: la indiferencia de la Casa Blanca y de la opinión pública en relación con las víctimas de las guerras libradas por Estados Unidos. Como académico “biempensante” se abstiene de utilizar la categoría “imperialismo” como clave interpretativa de la política exterior de su país, pero su análisis revela a los gritos la necesidad de apelar a ese concepto y a la teoría que le otorga sentido. Tirman expresa la preocupación que le suscita la incoherencia en que incurrió Barack Obama –no olvidemos, un Premio Nobel de la Paz– cuando en su discurso pronunciado en Fort Bragg (14 de diciembre de 2011) para rendir homenaje a los soldados caídos en Irak (unos 4500, aproximadamente) no dijo ni una sola palabra de las víctimas civiles y militares iraquíes que murieron a causa de la agresión norteamericana. El objetivo excluyente de esa guerra, como la que amenaza iniciar en contra de Irán, fue apoderarse del petróleo iraquí y establecer un control territorial directo sobre esa estratégica zona para el momento en que el aprovisionamiento del crudo deba hacerse confiando en la eficacia disuasiva de las armas en lugar de aquello que en el siglo XVIII se dio en llamar “el dulce comercio”.

Tirman recuerda que las principales guerras que Estados Unidos libró desde el fin de la Segunda Guerra Mundial –Corea, Vietnam, Camboya, Laos, Irak y Afganistán– produjeron, según sus propias palabras, una “colosal carnicería”. Una estimación que este autor califica como muy conservadora arroja un saldo luctuoso de por lo menos seis millones de muertes ocasionadas por la cruzada lanzada por Washington para llevar la libertad y la democracia a esos infortunados países. Si se contaran operaciones militares de menor escala –como las invasiones a Grenada y Panamá, o la intervención apenas disimulada de la Casa Blanca en las guerras civiles de Nicaragua, El Salvador y Guatemala– la cifra se elevaría considerablemente. No obstante, y pese a las dimensiones de esta tragedia (a las cuales habría que agregar los millones de desplazados por los combates y la devastación sufrida por los países agredidos) ni el gobierno ni la sociedad norteamericana han evidenciado la menor curiosidad, preocupación, ¡ni digamos compasión!, para enterarse de lo ocurrido y hacer algo al respecto. Esos millones de víctimas fueron simplemente borrados del registro oficial del gobierno y, peor aún, de la memoria del pueblo norteamericano mantenido impúdicamente en la ignorancia o sometido a la interesada tergiversación de la noticia. Como lúgubremente reiteraba el criminal dictador argentino Jorge R. Videla, también para Barack Obama esas víctimas de las guerras estadounidenses “no existen”, “desaparecieron”, “no están”.

Si el holocausto perpetrado por Adolf Hitler al exterminar a seis millones de judíos hizo que su régimen fuese caracterizado como una aberrante monstruosidad o como una estremecedora encarnación del mal, entonces ¿qué categoría teórica habría que usar para caracterizar los sucesivos gobiernos de Estados Unidos que sembraron muertes en una escala por lo menos igual, si no mayor? Lamentablemente nuestro autor no se formula esa pregunta porque cualquier respuesta habría puesto en cuestión el crucial artículo de fe del credo norteamericano que asegura que Estados Unidos es una democracia. Más aún: que es la encarnación más perfecta de “la democracia” en este mundo. Observa con consternación, en cambio, el desinterés público por el costo humano de las guerras estadounidenses; indiferencia reforzada por el premeditado ocultamiento que se hace de aquellos muertos en la voluminosa producción de películas, novelas y documentales que tienen por tema central la guerra; por el silencio de la “prensa independiente” acerca de estas masacres –recordar que, luego de Vietnam, la censura en los frentes de batalla es total y que no se pueden mostrar víctimas civiles y tampoco soldados norteamericanos heridos o muertos; y porque las innumerables encuestas que a diario se realizan en Estados Unidos jamás preguntan sobre el tema.

Este pesado manto de silencio se explica, según Tirman, por la persistencia de lo que el historiador Richard Slotkin denominara el “mito de la frontera”, una de las constelaciones de sentido más arraigada de la cultura norteamericana según la cual una violencia noble y desinteresada –o interesada sólo en producir el bien– puede ser ejercida sin culpa o cargos de conciencia sobre quienes se interpongan al “destino manifiesto” que Dios ha reservado para los norteamericanos y que, con piadosa gratitud, los billetes de dólar recuerdan en cada una de sus denominaciones. Sólo “razas inferiores” o “pueblos bárbaros” repudian los avances de la “civilización”. El violento despojo sufrido por los pueblos originarios de las Américas, tanto en el Norte como en el Sur, fue justificado por ese racista mito de la frontera y edulcorado con infames mentiras. En la Argentina, la mentira fue denominar como “conquista del desierto” la ocupación territorial a sangre y fuego del hábitat, que no era precisamente un desierto, de los pueblos originarios. En Chile, bautizar como “la pacificación de la Araucanía” al nada pacífico y sangriento sometimiento del pueblo mapuche. En el norte, el objeto del pillaje y la conquista no fueron las poblaciones indígenas sino una fantasmagórica categoría, apenas un punto cardinal: el Oeste. En todos los casos, como lo anotara el historiador Osvaldo Bayer, la “barbarie” de los derrotados radicaba en su ... ¡desconocimiento de la propiedad privada!

En suma: esta constelación de creencias –racista y clasista hasta la médula– presidió el fenomenal despojo de que fueron objeto los pueblos originarios y liberó a los píos cristianos que perpetraron la masacre de cualquier sentimiento de culpa. Esa ideología reaparece en nuestros días, claro que de forma transfigurada, para justificar el aniquilamiento de los salvajes contemporáneos. Sigue “oprimiendo el cerebro de los vivos” y fomentando la indiferencia popular ante los crímenes del imperialismo. Con la invalorable contribución de la “industria cultural” hoy la condición humana le es negada a palestinos, iraquíes, afganos, árabes, afrodescendientes y a los pueblos que constituyen el ochenta por ciento de la población mundial.

Tirman concluye su análisis diciendo que esta indiferencia ante los “daños colaterales” y los millones de víctimas de las aventuras militares del imperio socava la credibilidad de Washington cuando pretende erigirse en el campeón de los derechos humanos. Pero no es sólo la credibilidad de Washington lo que está en juego. Más grave aún es el hecho de que la apatía y el sopor moral que invisibilizan la cuestión de las víctimas garantiza la impunidad de quienes perpetran crímenes de lesa humanidad en contra de poblaciones civiles indefensas.

No por casualidad Estados Unidos ha guerreado incesantemente en los últimos sesenta años. Los preparativos para nuevas guerras están a la vista: comienzan con la satanización de líderes desafectos, presentados ante la opinión pública como figuras despóticas, casi monstruosas; sigue con intensas campañas publicitarias de estigmatización de gobiernos y pueblos díscolos; luego vienen las condenas por presuntas violaciones a los derechos humanos o por la complicidad de aquellos líderes y gobiernos con el terrorismo internacional o el narcotráfico, hasta que finalmente la CIA o algún escuadrón especial de las fuerzas armadas se encarga de fabricar un incidente que permita justificar ante la opinión pública mundial la intervención de los Estados Unidos y sus compinches para poner fin a tanto mal. En tiempos recientes eso se hizo en Irak y luego en Libia. En la actualidad hay dos países que atraen la maliciosa atención del imperio: Irán y Venezuela, por pura casualidad dueños de inmensas reservas de petróleo.

Esto no significa que la funesta historia de Irak y Libia vaya necesariamente a repetirse, entre otras cosas porque, como lo observara Noam Chomsky, Estados Unidos sólo ataca a países débiles, casi indefensos, y aislados internacionalmente. Afortunadamente, ni Irán ni Venezuela se encuentran en esa situación. De todos modos habrá que estar alertas.

Atilio. A Boron / Politólogo.

Tomado: Página 12.com.ar

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29 jul 2010

El 373

Los 75.000 documentos clasificados sobre la guerra en Afganistán que dio a conocer el sitio Wikileaks (//wikileaks.org) provocaron la airada reacción de la Casa Blanca, del Pentágono y de los neoconservadores de todo pelaje que pululan en Washington. No es para menos: se trata de informes internos de las fuerzas armadas de EE.UU. y la OTAN que combaten en territorio afgano y dan cuenta de hechos ominosos que no se declaran oficialmente y aun se niegan. El fundador y alimentador del sitio, Julian Assangem, les dio amplia difusión enviándolos a The New York Times, Der Spiegel y The Guardian y anunció que está analizando con su equipo otros 17.000 documentos que pronto dará a conocer. El gobierno de Obama condenó en duros términos semejante filtración, histórica por el volumen de registros secretos develados (ver Página/12, 27-7-10). El vocero del Departamento de Defensa, Geoff Morrell, anunció que se ha lanzado una caza del hombre para encontrar al responsable de un acto que revela, por un lado, el poder de la informática y, por el otro, las fragilidades del Pentágono. La documentación cubre el período junio 2004-diciembre 2009 de la guerra y va de lo torvo, como el ocultamiento estadounidense de la muerte de civiles, a lo francamente ridículo, como el informe sobre un presunto complot del servicio de inteligencia de Pakistán (ISI, por sus siglas en inglés) para asesinar al presidente afgano Hamid Karzai envenenando su cerveza. Esta hemorragia informativa pinta el verdadero rostro de la guerra en Afganistán, los llamados “daños colaterales” –el eufemismo inventado en la guerra de Vietnam para disimular el asesinato de civiles– que los mandos invasores encubren, las matanzas indiscriminadas en las aldeas, el accionar de escuadrones de la muerte, los bombardeos de aviones sin tripulación manejados a control remoto desde una base estadounidense, la complicidad del ISI con los talibán, los estragos que el “fuego amigo” provoca en la policía y el ejército afganos y otros detallitos que los Pactos de Ginebra califican de crímenes de guerra. Pero quién se acuerda de eso en Afganistán. Asciende a 144 el número de incidentes que segaron la vida de simples ciudadanos en el período de referencia. Un par de días antes de la difusión de los documentos, un misil impactó en un caserío de la provincia de Helmand causando la muerte de 52 civiles (www.latimes.com, 26-7-2010). El servicio de inteligencia del ejército estadounidense registró “seis insurgentes muertos, incluido un comandante talibán”, pero el aldeano Abdul Ghaffar manifestó a la AP que había llevado siete niños heridos a un hospital de Kandahar. Marjan Agha, otro vecino, dijo que un grupo de pobladores fue al encuentro de las tropas alzando una bandera blanca y fueron recibidos a balazos con un saldo de dos víctimas. Uno de estos “errores”: 300 campesinos afganos pasaron a mejor vida en el valle de Baghni por un ataque aéreo que, según un comunicado de la base de Bagram, se produjo “después de tener por seguro que no había afganos inocentes en los alrededores”. A Seguro se lo llevaron preso, recuerda el dicho popular. Las Naciones Unidas asentaron la muerte de 2412 civiles en 2009, un aumento del 14 por ciento respecto del año anterior. Esa clase de contabilidad suele minimizar los guarismos por un lógico prurito de considerar solamente lo probado. Otro capítulo sombrío es el de las ejecuciones sin proceso que lleva a cabo el Grupo de Tareas 373 del ejército de EE.UU., la “unidad negra” de las fuerzas especiales. Sus efectivos se ocupan de capturar y sobre todo asesinar a dirigentes y activistas talibán considerados importantes, aunque hay en su haber más víctimas civiles, incluidos niños y mujeres –y hasta policías afganos– que insurgentes. Un ejemplo es el ataque que el 373 lanzó el 17 de junio de 2007 para liquidar al combatiente libio Abu Laith al Libi quien, según los datos de inteligencia, se escondía en Nangar Khel, poblado de la provincia de Patitka. Los del GT 373 utilizaron un arma nueva cargada con seis misiles y transportable en la parte trasera de una camioneta. No encontraron a Libi, pero al acercarse a la aldea, cumplido el ataque, encontraron en la madrasa o escuela religiosa del lugar a seis niños muertos y uno herido que falleció 20 minutos después. Un comunicado de prensa del comando ocupante alegó que las tropas “habían vigilado el sitio todo el día y no hallaron indicación alguna de que hubiera niños en el edificio”. Pero había. Preguntado si estimaba que el secreto de Estado es legítimo, Julian Assangem declaró a Der Spiegel que lo era tanto como el derecho a la apertura. “Desgraciadamente –aclaró–, los que cometen desmanes contra la humanidad o contra la ley abusan de la legitimidad del secreto para taparlos” (www.spiegel.com, 26-7-10). El inconveniente es que tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas están muertas, anotó Benjamin Franklin. Juan Gelman Tomado: Página 12

29 abr 2010

Periodistas de EEUU pide que se investigue la muerte de Couso

También denuncian el caso del cámara de Reuters abatido al confundir su cámara con un arma El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés, Committee to Protect Journalists) ha pedido al secretario de Estado de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, que investigue las muertes del cámara español José Couso y de otros 18 periodistas fallecidos desde 2003 en la guerra de Iraq. “Renovamos nuestro llamamiento para que se realicen investigaciones exhaustivas, imparciales y públicas sobre todos esos casos”, escribe el director Ejecutivo del Comité, Joel Simon, quien asegura que “esas investigaciones beneficiarán tanto al Ejército como a los medios en la medida de que las lecciones aprendidas sean integradas al entrenamiento futuro”. Simon muestra asimismo su “perturbación” por el vídeo divulgado recientemente por WikiLeaks, un grupo que se dedica a promover filtraciones para combatir la corrupción institucional. El descarnado audiovisual muestra cómo el fotógrafo de Reuters Namir Noor-Eldeen y su asistente y chofer Saeed Chmagh son atacados por un helicóptero estadounidense que confundió una cámara con un arma. Ambos fallecieron el 12 de julio de 2007. “Nos preocupa particularmente que los soldados en el helicóptero confundieron una cámara con un arma. Ésta no es la primera vez que el Ejército estadounidense sostiene algo así”, remarcó el director ejecutivo del comité. Cuando se difundió el durísimo vídeo, el mando central del Ejército ya dijo que no prevé reabrir una investigación sobre los hechos. 19 muertes... Además de Noor-Eldeen y Couso, cámara de Telecinco fallecido el 8 de abril de 2003 después de que un tanque disparara contra el hotel de Bagdad donde se alojaba la prensa, el Palestina, el CPJ ha pedido que se aclaren las muertes de otros profesionales de medios como ABC –la cadena estadounidense-, BBC, Al-Jazeera, Al-Arabiya, Al-Iraqiya TV, Al-Sharqiyah, Nahrain, Bagdad TV. También hay un reportero freelance entre las víctimas. En total, la lista incluye a 16 periodistas y 3 ayudantes, resume La Información. ...poco investigadas “Aunque no hemos encontrado evidencia de que las tropas estadounidenses intencionadamente tuvieran como blanco a periodistas en ninguno de los casos, nuestra investigación muestra que la mayoría de las muertes o no fueron suficientemente investigadas o el Ejército falló en revelar públicamente sus hallazgos” asegura la carta firmada por Joel Simon y recogida por Radio Cable. Video EFE Tomado de El Plural

9 abr 2010

Homicidio colateral en Irak

Esta semana se publicó un video de las fuerzas armadas estadounidenses que muestra una matanza indiscriminada de civiles en Bagdad. La organización de noticias sin fines de lucro WikiLeaks obtuvo el video y lo publicó en Internet. Las imágenes fueron capturadas el 12 de julio de 2007 por un helicóptero de combate estadounidense Apache, e incluye un audio de las transmisiones de radio de las fuerzas armadas. Dos empleados de Reuters –un fotógrafo y su chofer- murieron en el ataque junto con al menos otras ocho personas, mientras que dos niños resultaron heridos. Las transmisiones de radio muestran no solo la total insensibilidad de los soldados, que se ríen y profieren insultos mientras matan, sino también el estricto procedimiento que siguen, mediante el que se aseguran que todos los ataques están claramente autorizados por su cadena de mando. El video filtrado es una imagen cruda de lo común que se ha vuelto matar civiles, y es un duro recordatorio de lo necesario que es el periodismo, y lo peligroso que se ha vuelto practicarlo. Luego de que el fotógrafo Namir Noor-Eldeen, de 22 años, y su chofer, Saeed Chmagh, de 40, fueron asesinados, Reuters exigió una investigación completa. Si bien era muy joven, Noor-Eldeen había sido descrito por sus colegas como uno de los más destacados reporteros gráficos de guerra en Irak. Chmagh tenía cuatro hijos. El video muestra a un grupo de hombres en una calle destruida de Bagdad guiando a los dos empleados de Reuters a un edificio cercano. Se ve que Noor-Eldeen y Chmagh llevan cada uno una cámara con teleobjetivo colgada al hombro. A continuación se escucha el audio de la transmisión del soldado estadounidense que está en el helicóptero, describiendo lo que ve desde arriba: “Hay cuatro que siguen caminando y uno tiene un arma”. Se escuchan muchas más conversaciones entre los dos helicópteros y los soldados en tierra que están en vehículos blindados en las cercanías: “Hotel dos-seis, Caballo loco uno-ocho. Tenemos de cinco a seis individuos con AK-47s. Solicitud de permiso para disparar”. “Entendido. No tenemos personal al este de nuestra posición. Entonces, pueden disparar. Cambio y fuera”. El helicóptero da varias vueltas alrededor de la zona, con la mira apuntando directo hacia el centro del grupo de aproximadamente ocho hombres. WikiLeaks y su socio en la divulgación de esta noticia, el Servicio Nacional de Radiodifusión Islandés, subtituló el video y agregó flechas señalando a los empleados de Reuters. Las armas automáticas empiezan a disparar de forma ininterrumpida, y la mayoría de los hombres muere al instante. Noor-Eldeen corre tratando de huir de las balas y la mira lo sigue, disparando incesantemente hasta que cae muerto. La transmisión de radio continúa: “Bien, tenemos alrededor de ocho individuos”, y luego, “Sí, hicimos que un tipo se arrastrara ahí abajo”. Chmagh, herido de gravedad, se arrastra alejándose de los otros cuerpos. Otra voz desde el helicóptero, buscando un motivo para disparar, dice: “Vamos, muchacho. Solo tienes que levantar un arma. …Si vemos un arma, vamos a disparar”. Poco después se detiene una camioneta, y varios hombres, claramente desarmados salen y levantan a Chmagh, aparentemente para llevarlo a un hospital. Los soldados del helicóptero Apache solicitan y obtienen permiso para “disparar” a la camioneta. Abren fuego, destrozan el frente de la camioneta y matan a los hombres. El arma utilizada en este caso fue una ametralladora de 30 milímetros, que se suele usar para perforar vehículos blindados. Luego de que todas las personas a la vista están aparentemente muertas, comienzan a acercarse al lugar los vehículos blindados estadounidenses. Cuando uno de los tanques pasa por encima del cadáver de Noor-Eldeen, un soldado dice, riendo, desde el helicóptero: “Creo que acaban de pasar por encima de un cuerpo”. Los soldados de tierra descubren dentro de la camioneta a dos niños, que han sobrevivido milagrosamente. Una voz solicita a través de la radio militar permiso para evacuarlos a un hospital de las fuerzas armadas estadounidenses. Otra voz les ordena que entreguen a los niños heridos a la policía iraquí para que los lleven a una clínica local, lo que significa una demora en la asistencia y un tratamiento menos adecuado. La investigación de las muertes por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos dejó a los soldados libres de cualquier delito, y los pedidos de Reuters de obtener el video en virtud de la Ley de Libertad de Información fueron negados. A pesar del encubrimiento del Pentágono, el ataque fue brutal y puede haber implicado un crimen de guerra, ya que quienes se disponen a socorrer a los heridos luego de un ataque están protegidos por la Convención de Ginebra. WikiLeaks dijo que obtuvo el video “a través de una serie de informantes militares”. Wikileaks.org, fundado a fines de 2006 como un sitio para que informantes puedan publicar documentos de manera segura, ha sufrido ataques de Estados Unidos y otros gobiernos. Desde que fue fundado, WikiLeaks reveló muchas noticias y recibió varios premios. La organización y miembros del Parlamento islandés están trabajando juntos para hacer de Islandia un centro mundial del periodismo de investigación, para que se aprueben leyes fuertes de libertad de expresión y protección de la privacidad. Las palabras del legendario periodista I.F. Stone aún tienen vigencia: “Los gobiernos mienten”. Por eso, necesitamos periodistas y trabajadores de los medios valientes, como Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh, y necesitamos informantes y medios que protejan cuidadosamente la identidad de los informantes que están haciendo públicas sus denuncias a través de ellos para que sean sometidas a escrutinio público. Amy Goodman Tomado de Democracy Now

15 nov 2009

Daños colaterales en Irak y Afganistán

Las otras bajas colaterales del guerrerismo norteamericano en Iraq y Afganistán Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, honró anteayer a los veteranos y a los soldados norteamericanos caídos en combate, en una ceremonia en el Cementerio Nacional de Arlington, lanzó una frase que escamoteaba dos grandes verdades: la primera de ellas, es que todos ellos habían muerto como resultado de su enrolamiento en guerras injustas como las desarrolladas en Corea, Vietnam, Granada, Panamá, el Líbano, Afganistán e Iraq, para satisfacer las apetencias hegemónicas del imperialismo. La otra verdad es que, al expresar que: “Estados Unidos no los decepcionará”, Obama ocultaba la cruda realidad que viven los veteranos en esa nación, quien los ha usado como carne de cañón y luego los ha abandonado a su suerte. Los veteranos, por tanto, se han convertido en víctimas adicionales, es decir, en otras bajas colaterales de las guerras genocidas desarrolladas por Estados Unidos, que ya suman más de un millón de ciudadanos iraquíes asesinados y de varios miles de afganos entre la población civil. Para agudizar el tan candente problema que pesa sobre la sociedad norteamericana, se dio a echar de ver el 5 de noviembre pasado, que el Pentágono planea pedir al Congreso un fondo adicional de emergencia para la guerra de Iraq y Afganistán, mientras que el jefe del Comando Supremo, almirante Michael Mullen, había solicitado aún más dinero adicional a los ya autorizados 130 mil millones de dólares para esos fines. De la misma manera, el 13 de octubre de este año, se dio a conocer que Obama le dio un espaldarazo al envío de 13 mil efectivos añadidos a Afganistán, integrado por personal de apoyo a los efectivos en combate. De esta forma, las presiones del comandante militar de las tropas de EE UU, general Stanley McChrystal, pretenden elevar a 128 000 sus efectivos en Afganistán. Ni a Obama ni al Pentágono les preocupan las bajas de jóvenes norteamericanos en Iraq y Afganistán, que ya ascienden a más de 900 soldados estadounidenses en territorio afgano y a cerca de 5 000 en Iraq. Estas bajas se unen a los cerca de 70 000 soldados heridos, que se han suicidado o han sido retirados del escenario de la guerra por diversas razones. Para la Casa Blanca y el Pentágono el mantenimiento de la guerra es primordial y está por encima de cualquier cosa, incluso por encima del drama social que viven sus ex soldados, para los que solo queda la satisfacción de ser admirados el 11 de noviembre y ser tratados como objetos discontinuados el resto del tiempo. La celebración del Día de los Veteranos, estrenada el 11 de noviembre de 1918, y finalmente oficializada en septiembre de 1975, pasaría a ser simplemente el único día en que los ocupantes de turno en la Casa Blanca volteaban sus ojos hacia aquellos que usaron a su arbitrio, olvidándose de ellos los otros 364 días de cada año. Triste realidad que hoy pesa sobre la sociedad norteamericana y despierta lentamente un sentimiento antibelicista entre sus ciudadanos. La Secretaría de Asuntos de Veteranos, creada en 1989, pasaría a ser el instrumento orgánico mediante el cual el gobierno estadounidense se encargaría de la atención a los militares que habían servido en sus guerras genocidas, pero en realidad poco o casi nada ha hecho por atender a los miles de desmovilizados que padecen de serios daños sicológicos, inadaptación social, desórdenes conductuales, falta de oportunidades y otros problemas como el desamparo social, carencia de atención médica y siquiátrica, beneficios y pensiones, así como una penosa exclusión social. PARTICIPACION DE LOS VETERANOS EN EL MOVIMIENTO ANTIBELICISTA. Hoy por hoy, el movimiento antibelicista en Estados Unidos va en aumento, nutrido por veteranos de las guerras genocidas norteamericanas a lo largo del mundo, por familiares de los soldados caídos en combate y por una parte de la sociedad que ha tomado conciencia de que las políticas belicistas de las administraciones han traído más pobreza que bienestar a la nación. El movimiento de veteranos contra las guerras agrupa a los veteranos de la primera guerra del golfo, los desmovilizados de Iraq y Afganistán, así como a los veteranos de Vietnam. No hace mucho, mientras Obama y McCain realizaban su último debate presidencial en la Universidad Hofstra, en Nueva York, fueron arrestados varios veteranos miembros de Veteranos de Iraq Contra la Guerra (IVAW), por el delito de pretender entregar a los contendientes sus legítimas demandas, entre las que se encontraban el retiro inmediato de Iraq, las reparaciones de los daños sufridos en ese escenario de la guerra y la solicitud de beneficios completos. LOS VETERANOS ENTRAN A OTRO EJÉRCITO: EL DE LOS HOMELESS. Mientras la institución denominada Ayuda de Urgencia al Ejército (AER), creada en 1942 para proporcionar apoyo financiero a las familias de los soldados participantes en contiendas bélicas, ha sido cuestionada por el manejo de sus fondos y por convertir la supuesta ayuda en préstamos onerosos, un reporte del Departamento de Asuntos de Veteranos señala que más de 336.600 veteranos de guerra han dormido alguna vez a la intemperie y 200 mil son parte del 20 % de los homeless en EE UU. Según un estudio de la Alianza Nacional para Acabar con la Indigencia, dado a conocer hace dos años, una cuarta parte de los vagabundos en Estados Unidos es un veterano de las guerras, es decir, 195.800 veteranos militares sin techo, de un total de 744.313 vagabundos. EL EJERCITO Y SUS MAQUINAS DE MATAR INCONTROLABLES. Con sorprendente frecuencia, los soldados estadounidenses en activo y los veteranos desmovilizados se han visto involucrados en hechos de violencia que han sacudido a la sociedad de su país. Asesinatos múltiples y seriales, ataques sexuales, riñas, golpizas, violaciones, delitos de conducir en estado de embriaguez, tráfico de drogas, violencia doméstica, tiroteos, apuñalamientos, secuestros y suicidios, son algunos de los frecuentes delitos tipificados en sus casos. El reciente suceso acaecido en la base Fort Hood del Army, la más grande base militar de EE UU, en el que fueron asesinadas al menos 12 personas y heridas otras 30, ha convertido en tema de actualidad el aumento de la violencia entre los militares norteamericanos, su peligrosidad hacia la población civil y cómo la frustración ha transformado también a varios veteranos en asesinos y homicidas. Paradójicamente, en este caso el homicida fue el comandante Nidal Malik Hasan, un psiquiatra experto en trastornos de estrés postraumático. El 27 de septiembre del 2009, se dio a conocer que en la Cuarta Brigada de Combate de la Cuarta División de Infantería, ubicada en Fort Carson, Colorado, sucedieron atroces hechos que involucraron a una decena de sus efectivos, los que han sido arrestados por delitos que van desde asesinato, intento de asesinato y homicidios culposos. Todos ellos sufrían severos daños sicológicos y una descontrolada propensión a la violencia desde su retorno de Iraq. Uno de los soldados, Kenneth Eastridge, quien se halla cumpliendo una condena de diez años por ser cómplice de un asesinato, manifestó a un diario norteamericano: “El Ejército lo hace retumbar en tu cabeza hasta convertirlo en un instinto: matar a todos, matar a todos. Y lo haces. Luego creen que simplemente puedes regresar a casa y parar”. Estos hechos de violencia son reiterativos. Hace poco más de un año, tras un altercado, un soldado mató a balazos a su teniente superior y luego se privó de la vida. En otro hecho, Denard Manns asesinó en 1999, luego de violarla, a la asistente médico, Michelle Robson, en un apartamento cercano a una base militar. La División 1 de Caballería tampoco ha escapado de hechos de sangre. En julio de este año el soldado Armando Baca fue acusado de asesinar a Ryan Richard Schlak. Ambos habían regresado a Fort Hood luego de participar en acciones bélicas en Iraq. Con unos días de diferencia el Jared Lee Bottorff fue acusado de matar a otro soldado de esta base al iniciarse una pelea entre ellos. Otro hecho de asesinato fue cometido en la base Liberty, cerca de Bagdad, cuando un efectivo del Army asesinó a cinco de sus compañeros de armas. LA FRUSTRACION COMO DETONANTE DE LA VIOLENCIA DE LOS VETERANOS. Los miembros de las minorías han sido la base principal de la población que ingresa a las fuerzas armadas en Estados Unidos, unas veces intentando escapar de la pobreza y otras buscando reconocimiento social sobre la base de un controvertido gesto de patriotismo. Sin embargo, en vez de disminuir los niveles de exclusión social y discriminación, éstos aumentan al regresar de la guerra. La carne de cañón enviada a Vietnam, Afganistán e Iraq ha sido, en su gran mayoría, integrada por negros y latinos, así como una minoría de miembros pobres de la raza blanca. Varios son los factores que contribuyen a la frustración de los soldados desmovilizados de las guerras. ● Se marcharon a la guerra engañados y siguiendo un falso patriotismo usado para reclutarlos, descubriendo después en el campo bélico las verdaderas razones por las que fueron enviados. ● Al regresar no fueron recibidos siempre como héroes, cargados de stress, alto nivel de culpabilidad por los crímenes cometidos y un bajo nivel de integración social. ● Las secuelas de la guerra y desórdenes conductuales provocaron que muchos nunca pudieran reintegrarse a la sociedad y conseguir trabajo. ● Muchos han tenido problemas de inserción dentro del marco familiar, con el creciente aumento de divorcios y problemas en el hogar como violencia doméstica, apatía y disminución de afectividad. ● La evasión de la realidad y los daños sicológicos han conducido a muchos al camino de la drogadicción y la violencia, a la alteración de la disciplina social y a la criminalidad sexual. ● La falta de trabajo y oportunidades, sobre todo para aquellos con daños físicos y sicológicos, los empujaron al abandono y al desarrollo de odios hacia los demás, a la pérdida de los lazos afectivos y a un bajo nivel auto estima. ● Junto a la propensión al suicidio, otros desarrollaron apego a formas incontroladas de violencia, convirtiéndose en asesinos y homicidas. Junto a los crímenes cometidos por varios veteranos como el soldado Frank Ronghi, sodomita y asesino de una niña de once años en Kosovo, se destaca el caso de Jeffrey Glen Hutchinson, quien asesinó a su esposa y a sus tres hijos. Sin embargo, los casos más sobresalientes fueron los de Timoty McVeigh, asesino de cientos de personas en un ataque terrorista en la ciudad de Oklahoma, y del ex sargento John Allen Muhammed, conocido como el francotirador de Washington DC., y quien fuera ejecutado hace dos días luego de que el Tribunal Supremo de EEUU denegara su petición. LOS DAÑOS SICOLOGICOS Y OTRAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA. Las secuelas de su participación en guerras genocidas, en las que se ha desplegado un alto nivel de salvajismo, ha provocado serios daños sicológicos en las tropas norteamericanas. De acuerdo con un estudio realizado en octubre de 2008 por el Centro Nacional para el Desorden de Stress Postraumático de Virginia, EE UU, cerca del 15 % de les efectivos militares norteamericanos participantes en Iraq y Afganistán padecen de stress post traumático, a la par que el 76 % de las mujeres militares han sufrido desde violaciones sexuales hasta distintos tipos de acoso. Por otra parte, un estudio realizado por el Departamento de Asuntos para Veteranos reconoció que casi 300 mil veteranos de Iraq y Afganistán recabaron de ayuda de esta institución para tratarse de desórdenes mentales o secuelas de la guerra. Al respecto, muchos de ellos sufrieron los efectos de las propias armas químicas y biológicas usadas contra la población de los países invadidos. La propia Asociación de Veteranos Americanos de Vietnam, reconoce que 600.000 soldados se enfermaron a causa del agente naranja y de ellos han perecido cerca 238.000. Por su parte 300 mil soldados involucrados en la Guerra del Golfo han desarrollado enfermedades que los han dañado permanentemente. El Dr. Asaf Durakovic, profesor de medicina nuclear en la Universidad de Georgetown, informó que decenas de miles de veteranos norteamericanos están enfermos y siguen muriendo a consecuencias de la contaminación radiactiva. Dijo que se hallaron remanentes de contaminación radioactiva en un 62 % de los veteranos, encontrados en test de orina, biopsias y otros estudios. Ellos mismos contaminaron a sus propias familias. EL SUICIDIO COMO ESCAPE ENTRE SOLDADOS Y VETERANOS DE LA GUERRA. El suicidio de soldados en activo, así como de veteranos de guerra se ha convertido en los últimos años en un fenómeno incontrolable. De acuerdo con Robert Ursano, Director del Departamento de Psiquiatría en la Universidad de Ciencias de la Salud, la causa principal es el stress postraumático, la baja adaptación, desórdenes conductuales, falta de beneficios y reconocimiento social, drogas y alcoholismo Tal fue el grado de incremento de suicidios entre militares en activo que en una sola base militar de Kentucky, EE UU, el Fuerte Campbell, donde está acantonada la 101 División Aerotransportada, se suicidaron 11 efectivos en activo. El 8 de Septiembre de 2008, 16 soldados estadounidenses de la Unidad 57, de la División de Transporte Aéreo, se suicidaron dentro de una base militar en Iraq, presuntamente como resultado de remordimientos por los crímenes cometidos por esta unidad contra niños y mujeres en el norte de Bagdad. La alarmante cifra de suicidios entre soldados en activo fue de 143 en el año 2008, la cifra más alta en tres décadas desde que el ejército inició estas estadísticas. En el 2007 los soldados suicidas fueron 115, mientras que en 2006, fueron 102 los efectivos que decidieron quitarse la vida. Para el 2009 estas cifras pueden alcanzar un nuevo record. Según el propio Departamento de Defensa cerca de 600 militares se han suicidado desde que comenzó la guerra en Iraq, lo que representa en números la pérdida de un batallón de efectivos, colocando al suicidio la cuarta causa de muerte entre las tropas norteamericanas. Los veteranos que se han suicidado superan a los soldados en activo. Según el VA un promedio de 6,500 veteranos se privan de la vida cada año, casi 18 cada día. El alarmante número de suicidas entre las tropas precisó al Pentágono a invertir una alta cifra millonaria, cerca de 50 millones de USD para investigar y prevenir el suicidio entre los militares en activo, apoyándose en investigadores, sicólogos y siquiatras de las Universidades de Harvard, Columbia y Michigan, así como el Instituto de Salud Mental. Por otra parte, también ha recurrido a centenares de expertos en el tema para evaluar a las tropas sobre el terreno. HECHOS DE VIOLENCIA PERPETRADOS POR MILITARES EN BASES NORTEAMERICANAS. Todo el mundo se ha conmocionado ante las atrocidades de los soldados norteamericanos cometidas contra la población aledaña a sus bases en diferentes países. Desde asesinatos, violaciones y otros abusos sexuales, desmanes y otros delitos, ponen hoy en tela de juicio la intención de EE UU de aumentar el número de bases militares en el mundo, especialmente en Colombia. Según Ann Wright, ex militar y diplomática norteamericana, quien renunció a su cargo por objetar la guerra contra Iraq en el 2003, los EE UU deben aplicar mayor severidad con sus efectivos para frenar las frecuentes violaciones contra mujeres civiles. En una entrevista concedida a Catherine Makino de la agencia Inter Press Service (IPS), el pasado 24 de agosto de 2009, declaró, entre otras cosas: “Las mujeres que viven cerca de las bases militares estadounidenses en Japón deberían tener mucho cuidado pues hay muchas violaciones, ataques sexuales y violencia doméstica.” “Los efectivos estadounidenses arguyen que las estadísticas sobre violaciones por soldados no son mayores que las que se producen entre civiles, pero ése no el punto. Los militares se jactan de orden y disciplina, y deben ser capaces de inculcarles a sus miembros temor a cometer este delito. El castigo debe ser una alta prioridad, y eso no existe en el ejército de Estados Unidos.” Una prueba de las alertas de Wright tuvo lugar en el año 2006 cuando un grupo de cinco militares norteamericanos violaron a la niña iraquí Abeer Qassim Hamza al-Janabi, de apenas 14 años de edad, a quien asesinaron posteriormente en unión de sus familiares, incluyendo a otra menor de 6 años. Todos los implicados en este monstruoso crimen ocurrido en Mahmudiya, cerca de Bagdad, lo hicieron bajo el efecto de una desenfrenada orgía de sangre y alcohol. Un año después, otro soldado norteamericano, el sargento Joseph Mayo, asesinó salvajemente a cuatro detenidos iraquíes, maniatados e indefensos. En dicho crimen participó también otro sargento, Michael Leahy, quien se involucró también en la matanza. El Pentágono y la Casa Blanca son los responsable directos de tantos crímenes y frustraciones relacionados con sus tropas. Quienes como el presidente colombiano Álvaro Uribe y otros mandatarios de América Latina coquetean hoy con Estados Unidos para fortalecer la presencia de efectivos militares bajo la falsa justificación de perseguir al terrorismo y al narcotráfico, estableciendo legislaciones que dan paso a su total impunidad ante la ley, serán cómplices de las atrocidades que están por cometerse contra la población civil. La historia juzgará algún día a quienes, por mantener a toda costa un sueño hegemónico, convierten a sus soldados en máquinas asesinas cargadas de odio y frustración. Percy Alvarado Tomado de Cuba Debate
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