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7 feb 2011

El Movimiento en Egipto



Egipto es la piedra angular del plan norteamericano para controlar al planeta. Washington no va a tolerar ningún intento de Egipto de poner fin a su total sumisión a los intereses imperiales, algo que también necesita Israel para proseguir colonizando lo que resta de Palestina. Este es el objetivo excluyente de Washington en su “involucramiento” para impulsar una “transición suave” en Egipto. En vista de esta situación, EE.UU. podría considerar que Mubarak debería renunciar. El recién designado vicepresidente, Omar Suleimán, jefe de la inteligencia militar, quedaría a cargo. Pero el ejército fue muy cuidadoso en no quedar pegado a la represión, preservando su imagen ante la sociedad.

Allí aparece entonces El Baradei. El es todavía más conocido fuera que dentro de Egipto, pero podría corregir ese defecto rápidamente. El Baradei es un “liberal”, sin ideas sobre el manejo de la economía, y por eso no puede comprender que es precisamente eso lo que ha producido la actual devastación social en Egipto. Es un demócrata en el sentido de que quiere “elecciones genuinas” y el respeto a la ley (por ejemplo, parar los arrestos y las torturas), pero nada más.

No es imposible que El Baradei pueda ser un aliado en la transición. Pero ni el ejército ni las agencias de Inteligencia están dispuestos a abandonar la posición dominante de que han disfrutado en el manejo de la sociedad. ¿Aceptará esto El Baradei?

En caso de “éxito” y “elecciones”, la Hermandad Musulmana será la principal fuerza parlamentaria. Al parecer, los EE.UU. verían con satisfacción este resultado porque han caracterizado a la HM como “moderada”, dócil, dispuesta a aceptar la sumisión del país a la estrategia norteamericana, dejando además que Israel continúe con la ocupación de Palestina. La Hermandad Musulmana está también a favor de la economía de mercado existente, que hace de Egipto un país totalmente dependiente del exterior. Ellos son, de hecho, los socios y aliados principales de la burguesía “compradora”, enfeudada de mil modos al imperialismo. No es un dato menor que la HM se haya manifestado en contra de las huelgas obreras y de las luchas de los campesinos por la propiedad de la tierra.

El Plan de Estados Unidos para Egipto es similar al modelo paquistaní: una combinación de “Islam político” más Inteligencia Militar. La HM podría compensar su apoyo a estas políticas siendo precisamente “no moderada” en su conducta hacia otras confesiones. Pero, ¿podría un sistema de ese tipo merecer un certificado de “democracia”?

El movimiento actual tiene como sus componentes fundamentales a la juventud urbana, con estudios y diplomas pero sin trabajo, apoyada por segmentos de las clases medias educadas, demócratas. El nuevo régimen podría tal vez hacer algunas concesiones –por ejemplo, garantizar su reclutamiento para servir en los aparatos estatales– pero difícilmente algo más que eso.

Por supuesto, las cosas podrían cambiar si la clase obrera y los movimientos campesinos entran en la escena. Pero por ahora tal cosa no parece estar en la agenda. Por supuesto, en la medida en que el sistema económico sea manejado de acuerdo con las reglas de la “globalización neoliberal”, ninguno de los problemas que dieron origen al actual movimiento de protesta contra Mubarak podrán ser realmente solucionados.

Samir Amin
Economista egipcio. Profesor en la Universidad de París y en el Centro de Investigaciones Africanas y Arabes de El Cairo. Traducción: Atilio A. Boron.

Tomado: Página12.com.ar

20 dic 2010

El peor parásito

De todos los enemigos de las libertades públicas, la guerra es quizás el más temible, porque contiene y desarrolla el germen de todos los demás.    James Madison

El mayor proveedor de violencia en el mundo actual es mi propio gobierno. Martin Luther King Jr.

Muchos estadounidenses todavía creen que las políticas exteriores de EE.UU. se hacen para mantener la paz, salvaguardar los derechos humanos y difundir la democracia en todo el mundo. A pesar de sus objetivos oficialmente declarados, sin embargo, esas políticas conducen frecuentemente a resultados contrarios: guerra, militarismo y dictadura. La evidencia de que los responsables políticos de EE.UU. ya no defienden los ideales que declaran en público es abrumadora.

Los que siguen albergando ilusiones sobre la orientación de las políticas de EE.UU. en el mundo deben hacer caso omiso del hecho que EE.UU. ha sido acaparado por una conspiración militar-industrial-de seguridad-y finanzas cuyos representantes están firmemente establecidos en la Casa Blanca y en el Congreso de EE.UU. El objetivo de la conspiración es, en última instancia, según sus propias directrices militares, la “dominación de espectro completo” del mundo; y está dispuesta a librar tantas guerras, a destruir tantos países y a matar a tanta gente como sea necesario para lograr ese objetivo.

Los halcones belicistas liberales y los cortos eruditos intelectuales que tienden a defender las políticas exteriores de EE.UU. sobre la base de “derechos humanos” o de “obligaciones morales” harían bien en prestar atención (entre otras evidencias) a los documentos de política exterior de EE.UU. revelados actualmente por Wikileaks. Los documentos “muestran con absoluta claridad que”, como dice Paul Craig Roberts, “el gobierno de EE.UU. es una entidad engañosa cuya razón de ser es controlar a todos los demás países”. Esencialmente, los documentos muestran que mientras el gobierno de EE.UU., como padrino de una mafia global, recompensa a las dóciles elites gobernantes de los Estados clientes con armas, ayuda financiera y protección militar, castiga a las naciones cuyos dirigentes se niegan a rendirse ante los deseos del matón y a renunciar a su soberanía nacional. Revelan que las políticas exteriores de EE.UU., como sus políticas interiores, no se ajustan a los intereses públicos o nacionales más amplios de la gente, sino a poderosos intereses especiales comprometidos primordialmente con el capital militar y el capital financiero.

Los arquitectos de la política exterior estadounidense son evidentemente incapaces de reconocer o admitir el hecho de que pueblos y naciones diferentes pueden tener necesidades e intereses diferentes. Tampoco son capaces de respetar las aspiraciones a la soberanía nacional de otros pueblos. En vez de eso tienden a ver a otros pueblos como ven al pueblo estadounidense, a través del prisma estrecho de sus propios intereses corruptos. Al dividir de manera egoísta al mundo en “amigos” y “enemigos”, o “Estados vasallos”, como los describió Zbigniew Brzezinski, poderosos beneficiarios de la guerra y el militarismo obligan a ambos grupos a lanzarse por el camino de la militarización, que conduce inevitablemente al militarismo y al régimen autoritario.

Aunque el militarismo tiene su origen en los militares, los dos son diferentes en carácter. Mientras los militares son un medio para lograr ciertos objetivos como mantener la seguridad nacional, el militarismo representa a un establishment militar burocratizado permanente como un fin en sí mismo. Es “un fenómeno”, como dijo el difunto Chalmers Johnson, “mediante el cual los servicios armados de una nación llegan a poner su preservación institucional por encima del logro de la seguridad nacional o incluso del compromiso con la integridad de la estructura gubernamental de la que forman parte”. (The Sorrows of Empire, Metropolitan Books, 2004, pp. 423-24).

Esto explica el crecimiento canceroso y la naturaleza parasítica –canceroso porque se expande continuamente por muchas partes del mundo y parasítico porque no sólo consume los recursos de otras naciones sino que también transfiere los recursos nacionales de EE.UU. de los fondos públicos a los cofres de los malvados intereses que están comprometidos con el complejo militar-industrial-de seguridad.

Al crear temor e inestabilidad y al lanzarse a aventuras militares unilaterales, el militarismo corporativo de EE.UU. también promueve el militarismo en otros sitios. La formación de alianzas militares internacionales en varias partes del mundo ha sido una importante estrategia de EE.UU. en la expansión de su influencia imperial y en la promoción del militarismo en todo el globo. Esas alianzas incluyen no sólo la tristemente célebre OTAN, que es esencialmente parte integrante de la estructura de comando mundial del Pentágono, y que fue recientemente expandida para controlar el mundo, sino también otros 10 comandos militares conjuntos llamados Comandos Combatientes Unificados. Incluyen el Comando África (AFRICOM), Comando Central (CENTCOM), Comando Europeo (EUCOM), Comando Norte (NORTHCOM), Comando Pacífico (PACOM) y Comando Sur (SOUTHCOM).

El área geográfica bajo la “protección” de cada uno de estos Comandos Combatientes Unificados se denomina Área de Responsabilidad (AOR). El área de responsabilidad de AFRICOM incluye “operaciones militares y relaciones militares con 53 naciones africanas –un área de responsabilidad que cubre toda África con la excepción de Egipto-.” El área de responsabilidad de CENTCOM incluye numerosos países de Oriente Medio, Oriente Próximo, Golfo Pérsico y Asia Central. Cubre Iraq, Afganistán, Pakistán, Kuwait, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Jordania, Arabia Saudí, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

El área de responsabilidad de EUCOM “cubre 51 países y territorios, incluidos Europa, Islandia, Groenlandia, e Israel”. El área de responsabilidad de NORTHCOM “incluye vías de entrada por aire, tierra y mar, y abarca los países contiguos EE.UU., Canadá, México y el agua circundante hasta aproximadamente 500 millas náuticas (930 km). También incluye el Golfo de México, los Estrechos de Florida, porciones de la región del Caribe incluyendo Las Bahamas, Puerto Rico y las Islas Vírgenes de EE.UU.”

El área de responsabilidad de PACOM “cubre más de un cincuenta por ciento de la superficie de la tierra –aproximadamente unos 272 millones de kilómetros cuadrados– casi un 60% de la población del mundo, 66 países, 20 territorios, y 10 territorios y posesiones de EE.UU.” El área de responsabilidad de SOUTHCOM “abarca 32 naciones (19 en Centro y Suramérica y 13 en el Caribe)… y 14 territorios estadounidenses y europeos… Es responsable del suministro de planificación de contingencia y operaciones en Centro y Suramérica, el Caribe (con la excepción de mancomunidades, territorios y posesiones estadounidenses), Cuba, sus aguas territoriales.”

Junto con más de 800 bases militares esparcidas por muchas partes del mundo, este coloso militar representa una siniestra presencia de las fuerzas armadas de EE.UU. en todo nuestro planeta.

En lugar de desmantelar la OTAN, por ser redundante en la era posterior a la Guerra Fría, se ha expandido (como representante del gigante militar EE.UU.) para incluir a numerosos países adicionales en Europa Oriental hasta llegar a las fronteras de Rusia. No sólo se ha introducido en una serie de nuevas relaciones internacionales y ha reclutado numerosos nuevos miembros y socios, también se ha arrogado numerosas tareas y responsabilidades nuevas en terrenos sociales, políticos, económicos, medioambientales, de transporte y comunicaciones del mundo.

Las nuevas áreas de “responsabilidad” de la OTAN, como las refleja su último Concepto Estratégico, incluyen “derechos humanos”; problemas ecológicos y de recursos claves, incluyendo riesgos sanitarios, cambio climático, escasez de agua y aumento de las necesidades energéticas…”; “importante medios de comunicación, como Internet, y la investigación científica y tecnológica…”; “la proliferación de misiles balísticos, de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva”; “la amenaza de extremismo, terrorismo y actividades ilegales transnacionales como el tráfico de armas, narcóticos y personas”; “rutas vitales de comunicación, transporte y tránsito de las cuales dependen el comercio internacional, la seguridad energética y la prosperidad”; la “capacidad de prevenir, detectar, defenderse contra ataques cibernéticos y recuperarse de ellos”; y la necesidad de “asegurar que la Alianza esté en la primera línea en la evaluación del impacto para la seguridad de tecnologías emergentes.”

Por lo tanto, los importantes temas globales de los que se afirma que forman parte de la misión expandida de la OTAN caen lógicamente dentro de la competencia de instituciones civiles internacionales como las Naciones Unidas. ¿Por qué entonces la plutocracia gobernante de EE.UU. utiliza a la OTAN para suplantar a las Naciones Unidas y otras agencias internacionales? El motivo es que debido al aumento de la influencia de una serie de nuevos protagonistas internacionales como Brasil, Sudáfrica, Turquía, Irán y Venezuela, la ONU ya no es tan servil como era ante las ambiciones globales de EE.UU. La planificación del empleo de la maquinaria militar imperial de la OTAN en lugar de instituciones civiles multilaterales como la ONU contradice, una vez más, las arrogantes pretensiones estadounidenses de su propósito de extender la democracia a todo el mundo.

Además, la expansión de las “responsabilidades globales” de la OTAN daría fácilmente nuevas excusas a la maquinaria militar imperial de EE.UU. para intervenciones militares unilaterales. De la misma manera, semejantes aventuras militares también ofrecerían al complejo militar-industrial-de seguridad de EE.UU. más razones para seguir aumentando el presupuesto del Pentágono.

La expansión de la OTAN para que incluya la mayor parte de Europa Oriental, ha llevado a Rusia, que había reducido sus gastos militares durante los años noventa con la esperanza de que, después del colapso del Muro de Berlín, EE.UU. hiciera lo mismo, a volver a aumentarlos. Como reacción al aumento de los gastos militares de EE.UU., que casi se han triplicado durante los últimos 10 años [de 295.000 millones de dólares cuando George W. Bush llegó a la Casa Blanca en enero de 2001 a la cifra actual de casi un billón (millón de millones) de dólares], Rusia también ha elevado drásticamente sus gastos militares durante el mismo período (de unos 22.000 millones de dólares en 2000 a 61.000 millones en la actualidad).

De la misma manera, el cerco militar a China por parte de EE.UU. (mediante una serie de alianzas y cooperaciones militares que van de Pakistán, Afganistán e India al Mar del Sur de China/el Sudeste Asiático, Taiwán, Corea del Sur, Japón, Camboya, Malasia, Nueva Zelanda y más recientemente Vietnam) también ha llevado a ese país a fortalecer aún más sus capacidades militares.

Tal como las ambiciones militares y geopolíticas de EE.UU. llevan a Rusia y China a reforzar sus capacidades militares, también obligan a otros países como Irán, Venezuela y Corea del Norte a fortalecer sus fuerzas armadas y reforzar su estado de preparación militar.

El agresivo militarismo estadounidense no sólo obliga a sus “adversarios” a destinar una parte desproporcionadamente alta de sus preciosos recursos a los gastos militares, también fuerza a sus “aliados” a aventurarse por un camino de militarización. Por lo tanto, países como Japón y Alemania, cuyas capacidades militares se redujeron a posiciones puramente defensivas después de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, han vuelto a militarizarse en los últimos años bajo el ímpetu de lo que los estrategas militares de EE.UU. llaman “la necesidad de compartir el peso de la seguridad global”. Por lo tanto, aunque Alemania y Japón siguen operando con una “constitución de paz”, sus gastos militares a escala global ahora se ubican en el sexto y séptimo puestos respectivamente (después de EE.UU., China, Francia, el Reino Unido y Rusia).

La militarización del mundo por EE.UU. (directamente mediante la extensión de su propio aparato militar por todo el globo e indirectamente al obligar a “amigos” y “enemigos” a militarizarse) tiene una serie de consecuencias aciagas para la abrumadora mayoría de la población del mundo.

Para empezar, es la fuente de una asignación en gran parte redundante y desproporcionadamente grande de los preciosos recursos del mundo para la guerra, el militarismo y la producción derrochadora de medios de muerte y destrucción. Obviamente, mientras este desembolso ineficaz de medios, influenciado por la clase, agota las finanzas públicas y acumula deuda nacional, también entrega tremendas riquezas y tesoros a los que ganan con las guerras, es decir, a los beneficiarios del capital militar y del capital financiero.

En segundo lugar, para justificar esta asignación asimétrica de la mayor parte de los recursos nacionales a los gastos militares, los dividendos de la guerra tienden a crear miedo, sospecha y hostilidad entre los pueblos y las naciones del mundo, sembrando así las semillas de la guerra, de conflictos internacionales y de la inestabilidad global.

En tercer lugar, tal como esos poderosos beneficiarios de la guerra y del capital militar y de seguridad tienden a promover la sospecha, a crear miedo e inventar enemigos, en el interior y en el extranjero, también debilitan los valores democráticos y alimentan el régimen autoritario. A medida que los depredadores intereses militares-industriales-financieros y de la seguridad establecen que las normas democráticas de apertura y transparencia perjudican sus nefastos intereses de autoenriquecimiento ilimitado, crean hábilmente pretextos para el secreto, la “seguridad”, el régimen militar y el Estado policial. El ocultamiento del robo del tesoro público en nombre de la seguridad nacional necesita la restricción de la información, la obstrucción de la transparencia y la reducción de la democracia.

Se desprende que, bajo la influencia cleptocrática de los poderosos intereses que están comprometidos con la industria militar-de seguridad y financiera, el gobierno de EE.UU. se ha convertido en una siniestra fuerza global de desestabilización, obstrucción, regresión y autoritarismo.

Ismael Hossein-zadeh, autor de The Political Economy of U.S. Militarism (Palgrave-Macmillan 2007), enseña economía en Drake University, Des Moines, Iowa, EE.UU.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens y revisado por Caty R.

Fuente:http://www.counterpunch.org/zadeh12172010.html

Tomado: Rebelión

29 oct 2010

El imperio y el derecho a la vida de los seres humanos



Reflexiones de Fidel


 
Qué bárbaros!, exclamé cuando leí hasta la última línea de las revelaciones del famoso periodista Seymour Hersh, publicadas en Democracy Now y recogidas como una de las 25 noticias más censuradas en Estados Unidos.

El material se titula "Los crímenes de guerra del general de Estados Unidos Stanley McChrystal" y fue incluido en el Proyecto Censurado, elaborado por una universidad de California, que incluye los párrafos esenciales de aquellas revelaciones.

"El teniente general Stanley McChrystal, nombrado comandante responsable de la guerra en Afganistán por Obama en mayo de 2009, fue antes jefe del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por su sigla en inglés), dependiente de Dick Cheney [el vicepresidente de George W. Bush]. La mayor parte de la carrera militar de 33 años del general McChrystal se mantiene clasificada [o sea, secreta], incluyendo sus servicios entre 2003 y 2008 como comandante del JSOC, unidad de élite tan clandestina, que por años el Pentágono rehusó reconocer su existencia. El JSOC es una unidad especial de ‘operaciones negras’ [asesinatos] de la Navy Seals (Fuerzas Especiales de la Marina de Guerra) y Delta Force [Fuerza Delta, soldados secretos del ejército para operaciones especiales, que formalmente se llama ‘Destacamento-Delta Operacional de Fuerzas Especiales (SFOD-D), mientras el Pentágono la nombra como Grupo de Aplicaciones de Combate, CAG].

"El ganador del premio Pulitzer de periodismo Seymour Hersh reveló que la administración Bush operó un anillo ejecutivo de asesinatos que dependía directamente del vicepresidente Dick Cheney y que el Congreso nunca sintió ninguna inquietud por indagar. Equipos del JSOC viajaban a diferentes países, sin siquiera hablar con el Embajador ni el Jefe de la Estación CIA, con una lista de gente que buscaban, encontraban, mataban y se iban. Había una lista vigente de gente marcada como blanco, elaborada por la oficina del vicepresidente Cheney. [...] Hubo asesinatos en docenas de países del Oriente Medio y en América Latina, afirmó Hersh. ‘Existe un decreto ejecutivo, firmado por el presidente Ford en los años 70, prohibiendo tales acciones. Esto no sólo contraría: es ilegal, es inmoral, es contraproducente’, añadió.

"El JSOC también estuvo implicado en crímenes de guerra, incluyendo tortura de presos en sitios secretos ‘fantasmas’ (ghost) de detención. El Campo Nama en Iraq, operado por el JSOC bajo McChrystal, fue una de tales instalaciones ‘fantasmas’, ocultada al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y acusada de algunos de los peores actos de tortura."

Oficialmente instalaron al Mayor General en Fort Braga, Carolina del Norte, pero era "un visitante frecuente del Campo Nama y de otras bases de las fuerzas especiales en Iraq y Afganistán, donde tuvieron asiento las fuerzas bajo su comando".

A continuación se aborda un punto de especial interés, cuando tales hechos entran en conflicto con funcionarios que, en el cumplimiento de sus funciones, eran obligados a cometer hechos que los enfrentaban abiertamente con las leyes e implicaban graves delitos.

"Un interrogador del Campo Nama describió que encerraban a los presos en contenedores de barcos por 24 horas en tiempo de calor extremo, luego los exponían al frío extremo mojándolos periódicamente con agua helada, los bombardeaban con luces brillantes y música ruidosa, los privaban del sueño y les daban severas golpizas."

De inmediato, se abordan las flagrantes violaciones de principios internacionales y convenios suscritos por Estados Unidos. Los lectores cubanos recordarán la historia narrada en los dos textos en que relato nuestras relaciones con la Cruz Roja Internacional, a la que devolvimos el alto número de prisioneros del ejército enemigo que cayeron en nuestras manos, durante la defensa de la Sierra Maestra y la contraofensiva estratégica posterior contra el ejército de Cuba, entrenado y abastecido por Estados Unidos. Jamás un prisionero fue maltratado, y ninguno de los heridos dejó de ser atendido de inmediato. Esa misma institución, radicada en Suiza, podría dar fe de aquellos hechos.

"El Comité Internacional de la Cruz Roja es el cuerpo encargado, por el Derecho Internacional, de supervisar el cumplimiento de los Convenios de Ginebra y, por lo tanto, tiene derecho a examinar todas las instalaciones donde se mantengan los prisioneros de cualquier país en guerra o bajo ocupación militar."

"En la explicación de por qué ningún otro medio de prensa había cubierto esta historia, Hersh expresó: ‘Mis colegas en la prensa acreditada a menudo no la siguen, no porque no quieran, sino porque no saben a quién llamar. Si estoy escribiendo algo sobre el Comando Conjunto de Operaciones Especiales, que aparentemente es una unidad clasificada, ¿cómo la van a descubrir? El gobierno les dirá que todo lo que escribo es incorrecto o que eso no pueden comentarlo. Es fácil quedar desempleado por esas historias. Pienso que la relación con el JSOC está cambiando bajo Obama. Ahora hay más control’."

"... la decisión de la administración Obama de designar al general McChrystal como nuevo comandante responsable de la guerra en Afganistán y la prolongación de la jurisdicción militar para los detenidos de EE.UU. en su guerra al terrorismo, encerrados en la prisión de Bahía de Guantánamo, desafortunadamente son ejemplos de cómo la administración Obama continúa siguiendo los pasos de Bush."

"Rock Creek Free Press divulgó en junio 2010 que Seymour Hersh, interviniendo en la Conferencia de Periodismo de Investigación Global en Ginebra, criticó en abril de 2010 al presidente Barack Obama y denunció que las fuerzas de EE.UU. están realizando ‘ejecuciones en el campo de batalla’."

"‘Aquellos que capturamos en Afganistán se están ejecutando en el campo de batalla’, afirmó Hersh."

Al llegar a este punto, la narración entra en contacto con una realidad sumamente actual: la continuidad de una política por el Presidente que sucedió al delirante W. Bush, inventor de la guerra desatada para apoderarse de los recursos gasíferos y petroleros más importantes del mundo en una región habitada por más de 2 500 millones de habitantes, en virtud de actos cometidos contra el pueblo de Estados Unidos por una organización de hombres que fueron reclutados y armados por la CIA para luchar en Afganistán contra los soldados soviéticos, y que continúa disfrutando del apoyo de los más estrechos aliados de Estados Unidos.

La compleja e impredecible zona cuyos recursos se disputan, va desde Iraq y el Oriente Medio hasta los remotos límites de la región China de Xinjiang, pasando por Iraq, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Irán, y las antiguas repúblicas soviéticas de Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán, capaces de abastecer de gas y petróleo a la creciente economía de la República Popular China y la industrializada Europa. La población de Afganistán, así como una parte de Pakistán, país de 170 millones de habitantes y poseedor de armas nucleares, es víctima de los ataques de aviones sin piloto yankis que masacran a la población civil.



Entre las 25 noticias más censuradas por los grandes medios, seleccionadas por la Universidad Sonoma State de California —tal como lo viene haciendo hace 34 años—, una de ellas, correspondiente al período 2009-2010, fue "Crímenes de guerra del general Stanley McChrystal"; y otras dos se relacionan con nuestra isla: "Medios ignoraron ayuda médica de Cuba en terremoto de Haití" y "Todavía brutalizan a los presos en Guantánamo". Una cuarta afirma: "Obama reduce el gasto social y aumenta el militar".

Nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, fue responsable político de la Misión Médica Cubana enviada a Pakistán cuando un destructor terremoto golpeó fuertemente la ruda naturaleza del nordeste de ese país, donde extensas áreas habitadas por la misma etnia, con igual cultura y tradiciones, fueron arbitrariamente divididas por el colonialismo inglés en países que después cayeron bajo la égida yanki.

En su discurso de ayer 26 de octubre, en el seno de la ONU, demostró cuán excelentemente bien informado está de la situación internacional en nuestro complejo mundo.

Su brillante alegato de ayer y la Resolución aprobada por esa institución, por su trascendencia, requiere una Reflexión que me propongo elaborar.

Fidel Castro Ruz

Tomado: Agencia Cubana de Noticias

6 sept 2010

¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos?

Caricatura: Pedro

Como es sabido, si ante una escalera que desciende uno hace los movimientos necesarios y, en cambio, para subir los peldaños pierde pie, se desbarranca y se rompe el cuello. Igualmente, en política, es esencial ver en qué fase estamos para determinar con realismo, qué deberemos enfrentar y qué podremos hacer.

La crisis actual del capitalismo es la más profunda y vasta jamás conocida, pero es también la primera en la que está ausente una fuerza que luche por una alternativa al sistema. Ésta es, en efecto, la primera gran crisis sin socialistas que enfrenta sólo luchas locales defensivas, desesperadas, en los países europeos. El valor y la persistencia de los trabajadores griegos no ha despertado solidaridades ni ha podido modificar las medidas draconianas que el capital financiero mundial impuso a la socialdemocracia griega, obediente y servil. No ha bastado tampoco que la desocupación juvenil en Italia y en Francia llegue al 40 por ciento para imponer movilizaciones y una huelga general, que las direcciones sindicales españolas "comunistas" y "socialistas" han postergado por meses para demostrar su voluntad de ceder todo lo que les sea posible. Por otra parte, en Estados Unidos el único movimiento de masas democrático y defensivo es el de los inmigrantes indocumentados. Y ni en Rusia ni en Europa oriental, a pesar de la caída de los ingresos y de los efectos sociales de la crisis (que ha potenciado, por ejemplo, la trata de blancas), ha habido movimientos sociales importantes.

Caricatura: Martirena

El capitalismo quiere salir de la crisis con su tasa de ganancia intacta aumentando la edad para jubilarse (aunque así cierre cada vez más el acceso al trabajo a los jóvenes y precarios), robando sus contribuciones a jubilados y pensionados, reduciendo los salarios reales (aunque eso disminuya también el consumo masivo y la construcción de viviendas), desplazando las empresas donde los salarios son menores y no hay resistencia sindical (como en China y en Europa ex "socialista"), implantando cada vez más leyes liberticidas y anulando conquistas históricas, como la jornada de ocho horas o la protección del trabajo femenino o infantil.

Como el capitalismo no cae por sí solo, está recomponiendo su equilibrio volviendo a finales del siglo XIX, porque no enfrenta gran resistencia y no tiene miedo a una explosión social, que nadie prevé ni prepara, ni está en la conciencia y en el orden del día de sus víctimas. Sus dos armas principales son la división étnica, cultural y nacional de los trabajadores, resultante de enormes migraciones, factor que traba una respuesta unificada al enemigo común, y las muy desprestigiadas pero aún existentes direcciones burocráticas sindicales, preocupadas por mantener sus privilegios y convencidas de que aún hay espacio para negociar con los capitalistas, que van a por todo.

Sin la presencia activa de los trabajadores de Europa y Estados Unidos la lucha contra el capital financiero adopta en algunos países sudamericanos (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Honduras) la forma de movimientos nacionales y nacionalistas policlasistas masivos, dirigidos por algunos sectores radicalizados de las clases medias. En esos movimientos que unen un proceso de descolonización, la búsqueda de la igualdad entre las etnias, el odio a la alianza entre la oligarquía local y el imperialismo, y un fuerte deseo de integración social y de modernización del país, la vaga e indefinida reivindicación del socialismo del siglo XXI expresa que nadie quiere repetir la experiencia burocrática totalitaria del estalinismo y por eso busca otro socialismo democrático y pluralista, pero también que nadie tiene claro qué entiende por socialismo, a no ser que eso signifique una política de independencia nacional, la extensión de los derechos democráticos y una redistribución de los ingresos estatales. Las grandes huelgas en Bangladesh, por su parte, son un inmenso ¡basta! a los sufrimientos de las textiles, pero no plantean ninguna reivindicación antisistémica.


Estamos, pues, en uno de los momentos más negros de la historia humana, sufriendo la iniciativa y la ofensiva del imperialismo debilitado, pero que quiere salir de su crisis y evitar una catástrofe social interna mediante una guerra contra los trabajadores y con la aplicación de medidas bélicas de envergadura que amenazan la existencia de la civilización y de sus bases naturales.

Como sostén para la esperanza contamos, sobre todo, con la posibilidad de que se extiendan y generalicen las huelgas en China, que han obtenido grandes aumentos de salarios y derechos para los obreros. La conquista de una posición de fuerza por los trabajadores de ese país, la creación de sindicatos independientes o de comités de fábrica podrían acabar con la superexplotación de la población y del ambiente. China podría dejar de ser productora de chatarra barata sobre la base de salarios de hambre y condiciones de trabajo infames. Eso repercutiría en todo el mundo. Pero, aunque hay que hacer todos los esfuerzos para que los trabajadores chinos comiencen a tener conciencia proletaria, este proceso sólo está en sus comienzos.

Mientras tanto, lo posible es unir y coordinar las luchas defensivas, desarrollar la solidaridad con ellas para crear conciencia colectiva y, sobre todo, hacer un balance de por qué el "socialismo real" no sólo no era socialismo sino que era antisocialista, y es indispensable recuperar todo lo que en el marxismo sigue siendo válido. Hay que elevar la lucha de ideas. No puede haber socialismo sin grandes movilizaciones y luchas, pero este sistema no es un mero producto de ellas sino de la comprobación, en la acción, por parte de grandes masas de trabajadores, de que el análisis del capitalismo y las propuestas programáticas socialistas son factibles.

Guillermo Almeyra

Tomado: Que Hacer

Guerra o paz/guerra y paz


Poder imperial y pueblos del Tercer Mundo

La cuestión sobre la guerra y la paz evoca muchas respuestas contradictorias. Para los ideólogos y militaristas civiles en Washington, la ‘paz’ se puede asegurar mediante la consolidación de un imperio mundial que a su vez conlleva… la perpetuación de la guerra por todo el planeta. Para los ideólogos y portavoces políticos de las corporaciones multinacionales (CMNs), el funcionamiento del libre mercado, combinado con el uso selectivo de la fuerza imperial en determinadas circunstancias "estratégicas", puede asegurar la paz y la prosperidad.

Para los pueblos y naciones oprimidos del Tercer Mundo, la paz sólo puede ser consecuencia de la autodeterminación y de la ‘justicia social’ –-la eliminación de la explotación y de la intervención imperial y el establecimiento de democracias participativas basadas en la igualdad social. Para muchas de las fuerzas progresistas en Europa y EEUU, un sistema de instituciones y leyes internacionales, obligatorio para todas las naciones, podría fortalecer la resolución pacífica de conflictos, controlar la conducta de las CMNs y defender la autodeterminación de los pueblos.

Cada una de esas perspectivas tiene serias deficiencias. Se ha demostrado que la doctrina militarista de la paz alcanzada mediante el imperio ha sido la receta ideal para la guerra durante los tres últimos milenios y especialmente durante el período contemporáneo, de lo que dan prueba las sublevaciones anticoloniales y guerras populistas del pasado y del presente por toda Asia, Africa y Latinoamérica.

La idea de combinar el poder del mercado y la fuerza selectiva para asegurar la paz ha engañado a pocos, y menos aún a los pueblos del Tercer Mundo: En Latinoamérica, durante las últimas dos décadas, las sublevaciones populares encaminadas a derrocar a los clientes del ‘libre mercado electoralista’ del imperio euroestadounidense nos dan testimonio de su constante vulnerabilidad.

En los lugares donde han conseguido triunfar, los movimientos anti-imperialistas han reemplazado una forma de imperialismo (gobierno directo) para caer víctimas de otra basada en las ‘fuerzas de mercado’. Por otra parte, en las naciones post-coloniales, las guerras étnicas y de clase aparecieron bajo el auspicio de revolucionarios ‘nacionalistas’ y socialistas que después se convirtieron en las nuevas elites privilegiadas.

Finalmente, el camino institucional-legalista para la paz ha sufrido un gran desgaste al reproducir las desigualdades globales en cuanto a poder político-social en las instituciones ‘internacionales’ y en su personal judicial. Así, en cuanto a la forma, proporcionan un marco ‘internacional’, en cuanto a la sustancia, sus normas de procedimiento, omisiones y selecciones, tanto de actos como de actores criminales, no hacen sino reflejar el interés político de los poderes imperiales.

Lo que estoy sugiriendo es que necesitamos avanzar más allá del antiimperialismo para que las luchas por la auto-determinación recojan también la emancipación de clase. Tenemos que argumentar y luchar para que haya una nueva correlación de fuerzas socio-políticas que proporcione a las instituciones internacionales y al personal que las sirve una perspectiva de clase que favorezca a las naciones oprimidas y a las clases explotadas. Esto significa apoyar las tendencias democráticas, laicas y socialistas dentro de los movimientos antiimperialistas: apoyando estructuras institucionales internacionales pero enfatizando, de forma profunda y permanente, su contenido nacional y de clase.

Finalmente, aunque es necesario por objetivos tácticos reconocer los conflictos y divisiones potenciales entre militares y imperialistas de mercado (y alianzas momentáneas), es importante no perder de vista sus objetivos estratégicos comunes (construcción del imperio) aunque puedan diferir acerca de los medios.

Controversias contemporáneas: paz y guerra
Académicos, activistas contra la guerra, políticos y periodistas han señalado un conjunto reducido de circunstancias y procesos a la hora de analizar las perspectivas para la guerra y para la paz. En este documento nos centraremos en cuatro importantes tesis y en sus implicaciones.

El ‘poder en decadencia’ de EEUU y las nuevas guerras
Derrotas imperiales y nuevas guerras
Interdependencia económica y amenazas militares
Nuevas configuraciones del poder y conflictos y convergencias anti-imperialistas Las teorías que se decantan a favor de la tesis de que el imperialismo estadounidense es un ‘poder en decadencia’ son parciales, engañosas y pueden llevar a cometer errores políticos graves. Aunque es verdad que la economía doméstica de EEUU (lo que yo llamo la "República") enfrenta serios problemas estructurales (déficits presupuestario y comercial crecientes, endeudamiento excesivo, caída de la industria manufacturera y crecimiento de una economía especulativa), el ‘Imperio’ –las operaciones exteriores de las CMNs, bancos y bases militares- se extiende.

No están en ‘decadencia’. Muy al contrario, uno podría argumentar que es la expansión exterior económica la que engendra el aumento de las intervenciones militares. EEUU todavía lidera el porcentaje de CMNs, entre las 500 más importantes (casi el 50%), comparado con Europa, Asia y el resto del mundo; y, en varios sectores importantes como la tecnología de la información, las finanzas y la industria manufacturera (aeronáutica), EEUU es el poder dominante. EEUU dirige el mundo en inversión, investigación y desarrollo (I y D) y registra un alto crecimiento en productividad. El volumen de las ganancias en I y D se destina sin embargo a las operaciones de las CMNs en sus filiales en el exterior, mientras que las ganancias y beneficios de la productividad se transfieren a la economía financiera doméstica y a la manufactura exterior. El problema no es una decadencia absoluta de EEUU sino el desigual desarrollo entre el ‘Imperio’ y la ‘República’. Más específicamente, mientras el Imperio crece, la República disminuye.

La economía doméstica y la sociedad asumen los costes de financiación, subvencionando y proporcionando soldados para el imperio. Esta es la causa de que las costosas y prolongadas guerras imperiales hayan provocado enfrentamientos y oposición masivos recientemente. A diferencia de tiempos pasados, en los que el imperio creó una ‘aristocracia obrera’, hoy en día el imperialismo va acompañado del empobrecimiento de la fuerza de trabajo, la reducción del gasto social y la creación de una fuerza laboral precaria.

Frente a la expansión interna y la descomposición doméstica, emergen al menos dos importantes políticas imperiales: una aboga por crear nuevas ‘crisis’, con una escalada del militarismo que ‘distraiga’ la oposición interna con llamamientos chauvinistas y tratando de imbuir miedo a las amenazas externas a fin de crear ‘cohesión’ tras el imperio. La segunda teoría argumenta que nuevas guerras exacerbarán la oposición doméstica, que la propagando ‘chauvinista’ y del ‘miedo’ en aras de la guerra ha perdido su eficacia en vista de las pérdidas materiales experimentadas por las masas, y que es hora de dedicarse a la diplomacia (para captar competidores imperiales), disminuir el ejército colonial e incrementar el papel de los cipayos locales. Según esta teoría, esto supondría reducir los déficits presupuestarios y concentrar los recursos estatales en promover el libre mercado, el comercio y los acuerdos de inversión internacionales.

Caricatura: Bonil


Derrotas imperiales y nuevas guerras
Los poderes imperiales que en su camino hacia el imperio sufren derrotas militares, diplomáticas y políticas pueden responder de forma contradictoria dependiendo de la profundidad y alcance de la derrota y de las consecuencias políticas resultantes. Fundamentalmente, los poderes imperialistas responden ante las derrotas militares de dos formas:

Buscando nuevos caminos que resulten más fáciles (al menos a los ojos de los consejeros políticos) para ganar guerras que logren distraer a la gente de su derrota, que refuerce la moral entre los militares y que tranquilice a aliados y clientes sobre de su continuada capacidad para proyectar poder;
Retirándose del campo de batalla, reduciendo su perfil militar para neutralizar la oposición interna a la construcción del imperio, disminuir el aislamiento político internacional y reasignar recursos políticos, económicos y militares a defender el sistema como un todo.

La administración Bush ha adoptado la estrategia de nuevas guerras –amenazas de invasión, ataques militares, sanciones económicas y golpes de estado ("cambio de régimen")- contra Siria, Irán y Venezuela, a pesar de estar teniendo que enfrentarse a la derrota en su guerra en Iraq y al aumento de la insurgencia en Afganistán. Incluso aunque los militaristas civiles de la guerra en Iraq encuentren la oposición de una mayoría de sus ciudadanos y se vean abandonados por un número cada vez mayor de sus ‘socios en la coalición’, siguen lanzando nuevas campañas de propaganda en los medios de comunicación, satanizando a los países que les da la gana y creando ‘tensión internacional’ con la esperanza de recuperar la cohesión interna y lograr nuevos ‘socios de coalición’ más allá del mundo anglosajón.

Cuando se enfrentan a importantes derrotas militares, los consejeros políticos del imperio estadounidense recurren con frecuencia a invasiones "exitosas" de países pequeños y débiles para vencer el anti-militarismo civil. Por ejemplo, tras la derrota en Vietnam, EEUU invadió la pequeña isla caribeña de Granada y después Panamá. Partiendo de estas conquistas imperiales, Washington volvió con éxito a las guerras aéreas contra Yugoslavia e Iraq (la primera Guerra del Golfo), creando la mística doméstica de un ejército "invencible y honesto" preparado y dispuesto para invadir Iraq.

En el curso de los tres años de firme e interminable resistencia y de 15.000 soldados muertos y heridos y con un coste de 300.000 millones de dólares, la mística se ha evaporado y ha sido sustituida por desencanto y oposición.

La segunda respuesta imperial ante la derrota militar es cortar las pérdidas, reducir las confrontaciones domésticas y canalizar de forma temporal la construcción del imperio por otras vías: a saber, alquiler de guerras, operaciones secretas llevadas a cabo por unidades de operaciones especiales e intensificación de la competencia económica en los mercados de acciones. Se ha comprobado que ese giro, de guerra a gran escala a guerra de baja intensidad y construcción del imperio dirigida por el mercado, constituye sólo una pausa temporal entre las guerras imperiales.

Tras la guerra de Vietnam, EEUU cambió al sistema de operaciones secretas cuando se propuso derrocar el gobierno socialista democrático de Chile, financió fuerzas mercenarias en Angola, Mozambique, Nicaragua, Afganistán e impuso con éxito regímenes neoliberales para abrir nuevos mercados y oportunidades de inversión por todo el Tercer Mundo y la extinta Unión Soviética.

En resumen, las derrotas imperiales provocadas por movimientos de liberación nacional consiguen cambiar las políticas del imperio en algunos casos, pero no afectan a las instituciones subyacentes y fuerzas socio-económicas que dirigen las guerras imperiales. Está aún sin verificar la doctrina de las guerras múltiples ante las derrotas pero entra dentro de lo posible que, en las actuales condiciones económicas y militares, el gobierno de EEUU logre exacerbar la oposición interna y hacer que se extienda y profundice la resistencia armada, particularmente en el mundo musulmán, Oriente Medio y Latinoamérica, si se decide a atacar al gobierno electo de Venezuela.

Por desgracia, en las circunstancias presentes, las instituciones políticas y legales internacionales han fracasado a la hora de hacer cumplir las convenciones y los códigos legales. Bajo el secretariado de Kofi Annan, las Naciones Unidas han ayudado e instigado agresiones estadounidenses contra Afganistán; han proporcionado cobertura legal a la ocupación colonial estadounidense de Iraq al reconocer a su gobierno títere, y han rechazado condenar el uso sistemático de la tortura por parte de Washington y la detención ilegal e indefinida de sospechosos. La investigación que una comisión de Naciones Unidas llevó a cabo sobre el asesinato del político multimillonario libanés, Hariri, acabó haciendo acusaciones contra el gobierno sirio basándose en testigos dudosos y en evidencias circunstanciales que ningún tribunal independiente de justicia aceptaría.

El Tribunal Internacional para Yugoslavia, subvencionado por NNUU, ha rechazado considerar los crímenes de guerra de EEUU, del Reino Unido y de Kosovo – incluidos el bombardeo feroz de ciudades, la limpieza étnica de los serbios y la ocupación y fragmentación del territorio serbio. En una palabra, el derecho internacional debe intentar buscar un orden institucional internacional que, para que pueda ser realmente efectivo, se mantenga independiente del control y manipulación europeo-estadounidense.

Interdependencia económica y envolvimiento militar Para poder evitar las guerras es necesario prevenir aquellas situaciones que son fuente de conflictos y de potenciales confrontaciones militares. Las crecientes amenazas de EEUU a poderes económicos en ascenso como es por ejemplo el caso de la República Popular de China, están encendiendo las señales de aviso sobre un posible conflicto militar. Durante los últimos años, pero aún más intensamente a lo largo de 2005, Washington se ha metido de lleno en una rabiosa campaña de propaganda para satanizar a China – en gran parte orquestada a base de enormes falsedades y distorsiones.

La relativa decadencia de EEUU frente al rápido crecimiento chino ha provocado dos respuestas por parte de EEUU. Por una parte, las CMNs estadounidenses han trasladado muchas de sus instalaciones de su industria manufacturera a China, han aumentado sus inversiones y comercio, y han tratado de controlar una serie de firmas potencialmente lucrativas. Por otra parte, un paquete de sectores atrasados de la economía estadounidense, apoyados por numerosos congresistas y militaristas civiles neo-conservadores, ha conseguido desarrollar una política agresiva proteccionista en el interior del país y el envolvimiento de China en el exterior.

A pesar de la creciente "interdependencia" entre EEUU y China –China financia el déficit exterior estadounidense comprando miles de millones de dólares en bonos del Tesoro de EEUU y China acumula un importante superávit comercial con EEUU-, la facción militarista ha firmado un pacto militar con Japón y con la India dirigido contra China; construye bases militares en el suroeste asiático; cultiva la puesta en práctica de ejercicios militares con su cliente, Mongolia; y vende miles de millones de dólares en armamento militar a Taiwan, armamento que apunta hacia las ciudades chinas.

EEUU critica los gastos militares chinos de 30.000 millones de dólares, afirmando que se han triplicado, aunque olvidando convenientemente que los gastos militares estadounidenses superaron los 430.000 millones de dólares, entre cinco y quince veces más que los de China (dependiendo de la estimación que uno acepte). En respuesta al envolvimiento estadounidense, China ha entrado en un pacto defensivo con Rusia y varios de los anteriores estados que integraban la URSS.

Hay un conflicto claro entre los sectores ‘militaristas’ y los sectores económicos de las elites estadounidenses sobre la forma mejor para extender el imperio. Ambos sectores se muestran activos a la hora de perseguir los objetivos imperiales, uno a través del envolvimiento militar, el otro vía penetración de mercados, con aquél impidiendo las ventas de tecnología, de compañías petrolíferas y de otros productos denominados ‘estratégicos’.

Antes que aceptar una reducción del poder hegemónico en Asia, donde EEUU compite económicamente con China, los sectores dominantes militaristas intentan compensar la relativa decadencia económica mediante un incremento de la agresión militar. En otras palabras, la "interdependencia económica" no es una condición suficiente para contener la propensión de EEUU a desencadenar agresiones militares contra los poderes económicos emergentes.

Los intentos de EEUU de bloquear la aparición de China como poder regional sigue un plan estratégico diseñado por Paul Wolfowitz en 1992, que exigía la implementación de una serie de políticas económicas, diplomáticas y militares para establecer un mundo unipolar. A menos que se revaloricen las capacidades y limitaciones económicas de EEUU, es probable que el previsible crecimiento de China provoque nuevas confrontaciones militares ofensiva, bien animando el separatismo a nivel provincial (Taiwan, Tibet y las provincias musulmanas del oeste), o bien motivando un conflicto territorial en alta mar o en el espacio aéreo, o alegando ‘intervencionismo en nombre de los derechos humanos’ o promoviendo una nueva guerra comercial sobre la energía y las materias primas.

Militaristas civiles versus clase gobernante tradicional
Con la elección del Presidente Bush, un nuevo bloque de poder se ha apoderado de los principales centros de toma de decisiones en el estado imperial; los militaristas civiles han despreciado a las tradicionales agencias militar y de inteligencia en favor de sus propios ‘órganos de inteligencia’ y ‘formaciones militares especiales’. El Departamento de Estado se ha visto eclipsado por los neo-conservadores sionistas (Zioncons) en el Consejo de Seguridad Nacional, el Pentágono, los influyentes y derechistas "think tank" (núcleos de expertos) y la oficina vicepresidencial – entre otros centros de poder.

Los Zioncons y las principales organizaciones sionistas en la sociedad civil fueron los arquitectos y propagandistas principales de la guerra de Iraq y continúan siendo actualmente los impulsores fundamentales de la guerra contra Siria e Irán. Paul Wolfowitz y Douglas Feith, anteriormente números dos y tres del Pentágono, Irving Libby, principal asesor del Vicepresidente Cheney, Richard Perle, principal asesor del Secretario de Defensa Rumsfeld, y Elliot Abrams, miembro del Consejo de Seguridad Nacional para asuntos de Oriente Medio, tienen lazos orgánicos con el régimen que gobierna en Israel y han sido sionistas fanáticos durante décadas. El plan de guerra contra Iraq que propusieron y llevaron a cabo con el apoyo de los militaristas civiles (Rumsfeld, Cheney, Bush y otros) trataba de destruir a cualquier adversario de Israel en Oriente Medio y promover una esfera de "prosperidad común" Israel- EEUU en aquella región. Todas las organizaciones sionistas principales son políticamente influyentes dentro y fuera del gobierno y, con alguna rara excepción, son sencillamente correas de transmisión de la política israelí.

Israel exige un cambio de régimen en Siria e, inmediatamente, las principales organizaciones sionistas se dedican a apalancar a toda su sucursal de clientes en el Congreso y en el Ejecutivo para que repitan la voz de su amo. Israel exige guerra contra Iraq porque apoyó a los palestinos y se opone activamente a la ocupación israelí de Cisjordania, y los intelectuales sionistas y los funcionarios del gobierno, en colaboración con sus correligionarios en los medios de comunicación, se ponen a ondear cientos de artículos de opinión invocando una misión militar estadounidense para "democratizar" Oriente Medio. Quienes elaboran la política imperialista no son homogéneos y no comparten siempre los mismos puntos de vista y prioridades ideológicas. La elite gobernante tradicional no rechazó el uso de la fuerza ni la satanización de las víctimas ni el intervencionismo para provocar "cambios de régimen".

Lo que les diferencia en la configuración contemporánea del poder es: 1) la postura altamente militarista, postulando permanentemente guerras "preventivas" ofensivas en cualquier lugar del mundo; 2) la asunción de los intereses estatales israelíes sobre los intereses económicos de EEUU a la hora de dar forma a la estrategia imperial estadounidense; 3) la hostilidad hacia los sectores tradicionales del Estado y los intentos de crear centros de poder paralelos; 4) las medidas para reemplazar el orden constitucional con un ‘nuevo orden’ centrado en el ejecutivo con poderes plenipotenciarios para arrestar, encarcelar y prohibir cualquier oposición política a sus planes de guerra, al Estado israelí, a la vez que eliminan la división de poderes. Como resultado, los Zioncons y los militaristas civiles se enfrentan a un doble conflicto: 1) entre sociedad civil y ‘su estado’ y 2) a una lucha intra-institucional entre militares profesionales y la CIA y el FBI, por un lado, y los Zioncons y los militaristas civiles que encabezan la rama del ejecutivo y sus nombramientos en estas institucionales, por otro.

Las presiones y conflictos, tanto fuera como dentro del aparato estatal y en la sociedad civil, pueden tener determinadas consecuencias dependiendo de quien consiga la carta más alta y de cómo reaccione el bloque de poder Zioncon frente a las amenazas que pongan en riesgo su total dominio del gobierno. La derrota de los militaristas civiles mediante la oposición de masas, junto al procesamiento federal de miembros clave del ejecutivo que no termine en fracaso, pueden socavar la política militarista y dar como resultado un calendario de retirada. Por otra parte, esa derrota puede llevar a los militaristas civiles a tomar medidas desesperadas, una especie de trama del ‘11-S’ para imponer la ley marcial y ‘unificar el país’ tras una política de guerra militarista/antiterrorismo.

Conclusión
A pesar de la decadencia relativa del poder de EEUU tanto en términos militares como económicos, en gran parte como resultado de la resistencia popular en Iraq y Venezuela y el poder creciente de China, la amenaza de nuevas guerras no ha disminuido. En gran parte porque en Washington tenemos un régimen extremista dominado por militaristas civiles ‘voluntaristas’, que creen en la voluntad política frente a las realidades y los límites objetivos.

Esto crea una enorme cantidad de incertidumbres y peligros. Por desgracia, esta amenaza de ‘nuevas guerras’ está siendo acompasada por varios líderes europeos, como Blair, Chirac y Merkel, que se han unido al coro Zioncon para desestabilizar a Siria y amenazar a Irán. Por ello, necesitamos profundizar en nuestras críticas sobre la invención de ‘evidencias’ de amenazas nucleares y la satanización de estados. Hay necesidad de ir más allá mediante foros sociales de masas donde se puedan discutir e intercambiar ideas para integrar una participación internacional que se oponga a las guerras imperialistas, a los estados coloniales y a las estructuras económicas que los sustentan.

Sin cambios estructurales profundos, los derechos humanos universales recogidos en el derecho internacional y en la Carta de Naciones Unidas se convertirán en papel mojado. Debemos desechar las herejías que postulan que no hay alternativas a las guerras imperiales, que vivimos en un ‘mundo unipolar’, que el ‘realismo’ dicta acomodarse al cabildeo militarista con Washington.

En lugar de eso, debemos afirmar estas verdades: 1) que fuera de las cenizas de las ocupaciones coloniales, los pueblos de Oriente Medio están forjando su propio destino; 2) que vivimos en un mundo multipolar, situado en los centros de la resistencia popular de masas; 3) que la supervivencia de nuestro planeta depende de un nuevo realismo basado en la libertad, la autodeterminación y, como el Presidente Chavez afirma de forma elocuente, en el socialismo del siglo veintiuno.

James Petras

Tomado: Red Voltaire

James Petras es profesor emérito de sociología en la universidad de Binghamton (New York). Intelectual emblemático de la izquierda estadounidense, es autor de numerosas obras.

9 abr 2010

La tríada de dominación imperial en América Latina

El sueño dorado del imperio estadounidense es convertir a Latinoamérica y el Caribe en una inmensa colonia para terminar de explotar los recursos naturales y humanos que aún quedan, y ampliar sus ansias de mercado cautivo a unos 800 millones de habitantes. Para alcanzar el objetivo puso en ejecución una tríada de dominación: militar, económica y política, pero a Estados Unidos no le interesa sólo el continente americano. Su objetivo final, en tanto imperio, es la dominación mundial. ¿Sueño dorado o sueño de perro? La dominación militar con la famosa comunidad de inteligencia -CIA, DEA y otras agencias de espionaje y contraespionaje- se inicia en el Pentágono, la política en el Departamento de Estado que la ejerce a través de las embajadas y consulados diseminados por todo el mundo y la económica con el uso del dólar para comprar adeptos, pagar cipayos, corromper gobiernos y naciones. Para ejecutar la dominación militar, Estados Unidos ha instalado alrededor del planeta cerca de mil bases militares con un presupuesto anual de guerra superior a los 660 mil millones de dólares, significativa cantidad que gasta en medio de la crisis global del capitalismo. Aún no se sabe cuanto más se incrementará en ese presupuesto belicista con el relanzamiento de la IV Flota aeronaval para ejercer mayor presión y control sobre América Latina y con la puesta en marcha del comando Africom para África del sub Sahara. El Boletín de Científicos Atómicos de Estados Unidos publicó un artículo del antropólogo Hugh Gusterson, de la Universidad George Mason que decía: "De acuerdo a una lista del Pentágono, hay cerca de 865 bases militares de Estados Unidos en el mundo, pero agregando las de Irak y Afganistán la lista sobrepasa más de 1.000 bases. Esto constituye el 95% de las bases militares extranjeras en todo el mundo. […] La antigua manera de colonialismo, practicado por los europeos, era invadir un país entero y administrarlo. Pero eso era torpe. Estados Unidos es pionero de una versión más liviana del imperio global. Como dice el historiador Chalmers Johnson: 'La versión estadounidense de la colonia es la base militar […] Estados Unidos tiene un imperio de bases militares.” Luego Gusterson agregaba: Las bases extranjeras de EEUU tienen un doble filo: ellas proyectan un poder estadounidense a través del planeta, pero también inflaman las relaciones exteriores de Estados Unidos, generando un resentimiento contra los efectos de prostitución, contaminación del medio ambiente, crímenes leves, y un etnocentrismo que surge como efecto corolario. Ese resentimiento ha forzado a cerrar bases de Estados Unidos en Ecuador, Puerto Rico y Kyrgyzstan, y, si el pasado es prólogo, más movimientos contra las bases de Estados Unidos se pueden esperar en el futuro. Sólo para mantener en operación, el gasto que demandan las bases es superior a los $102 mil millones de dólares al año. Solamente en Alemania, EEUU tiene 227 bases militares. Los planes de dominación imperial descansan sobre la tríada enunciada que se aplican sistemáticamente, sobre todo para ejercer el control político, miliar y económico de los movimientos sociales y revolucionarios de América Latina y el Caribe como el Movimiento Zapatista en México, de Los sin Tierra en Brasil o las guerrillas de las FARC-EP y ELN en Colombia y para presionar y desestabilizar a los gobiernos considerados “indeseables” o peligrosos como son los de Daniel Ortega en Nicaragua, y con mucha dedicación a los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela, de Rafael Correa en el Ecuador, de Evo Morales en Bolivia, sin olvidar un instante la guerra sucia y secreta que mantiene desde hace 50 años contra el gobierno y la Revolución de Cuba. Parara garantizar el control de pueblos y naciones de América Latina, la militarización es esencial dentro del sistema de opresión imperial, sin que haya descuidado la dominación económica para lo cual ideó los tratados de libre comercio, el ALCA y la imposición de la política económica para los países por intermedio del FMI y BM. Conjuntamente con los tratados de libre comercio firmados con México, Colombia y Perú, Estados Unidos impuso la Iniciativa Regional Andina, el Plan Puebla- Panamá, el Plan Colombia y el Plan Patriota. Estas son las herramientas con las que el imperialismo estadounidense se propone la colonización definitiva del continente. Estados Unidos ha utilizado todas las estrategias y tácticas militares, económicas y políticas para imponerse en América Latina y el Caribe. Es una tradición histórica yanqui el intervencionismo militar, la injerencia política en los asuntos internos de pueblos, naciones y Estados y la subyugación económica. Ha instalado e instala dictaduras militares neofascistas crueles y sanguinarias para satisfacer los intereses geopolíticos de las clases dominantes criollas y de sus amos. “El imperialismo estadounidense ha generado todo un andamiaje de intervención militar en América Latina, que a lo largo de la última década ha tomado diferentes formas”. Por un lado se destacan las más de 20 bases militares instaladas y por situar en la región, como así también los ejercicios conjuntos con fuerzas armadas de los distintos países del continente, muchos de los cuales tienen características estrictamente militares, pero otros aparecen disfrazados de misiones humanitarias, de ayuda social o de investigación médica y ecológica”. Es así como se llega a la complementación de las bases militares instaladas en Centro y Sud América, las que están estrechamente unidas al Plan Colombia, al Plan Dignidad e Iniciativa Andina, que tienen su correlato en los ejercicios llamados Cabañas, Águila, Unitas, Cielos Centrales, Nuevos Horizontes, Fluvial, etc. Todas estas piezas son parte de una misma parte de la pinza que busca apoderarse del continente latinoamericano”. Ya no es un secreto que Estados Unidos pretendió instalar una base militar en plena región amazónica para apoderarse de las reservas mundiales de agua, oxigeno y de la biodiversidad, La intención yanqui fue detenida por el gobierno de Lula y la base de Alcántara no fue a parar en las garras del imperio. Mientras haya en Bolivia un gobierno como el de Evo Morales, será una tarea casi imposible que “el brazo armado estadounidense llegue hasta Bolivia e instale una base militar en las orillas del río Itonamas”. Y si de intenciones se trata, la mirada yanqui llega mucho más lejos. Durante todo el 2001 se mencionó la posibilidad de afincar una base militar y nuclear en la Patagonia Argentina, la que podría establecerse en la provincia de Tierra del Fuego, a escasos kilómetros del estrecho de Magallanes que une el Atlántico con el Pacífico, o en la de Chubut. En este último caso podría tratarse de una ampliación de las famosas bases ubicadas en la región Torre Omega que fueron puestas en marcha (entre las ciudades de Trelew y Puerto Madryn) desde hace ya varios años y que durante la guerra de Las Malvinas se especuló que facilitaron el envío de información estratégica a las tropas británicas. En lo que respecta a la isla Grande del extremo más austral del continente, Estados Unidos habilitó la instalación de una base del Sistema Internacional de Vigilancia para la Prevención y Prohibición de Ensayos y Explosiones Nucleares. Desde el Mar Caribe, el control lo ejercen a partir de las bases militares establecidas en Vieques (Puerto Rico), Reina Beatriz en la isla de Aruba, y Hato en la isla de Curazao. A todas estas bases hay que incluirle la perla caribeña que los yanquis conquistaron en la propia isla de Cuba al quedarse con parte del territorio y montar la base de Guantánamo. En la parte continental de Centroamérica la presencia de bases estadounidenses es muy notoria y concentrada. En Honduras los militares de Estados Unidos se establecieron en Soto Cano; en Costa Rica en Liberia y en El Salvador lo hicieron en Comalapa”. Otra de las piezas claves para comprender el plan colonizador de los Estados Unidos está dirigida hacia los países centroamericanos. Se trata del Plan Puebla-Panamá (PPP), un proyecto generado desde la presidencia del mejicano Vicente Fox y obviamente impulsado y auspiciados por el gobierno estadounidense. Involucra a México, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá”, de conformidad con lo que sostiene Marcelo García, periodista del programa radial El cielo por asalto de Comodoro Rivadavia e Investigador del Centro Regional de Estudios Económicos de la Patagonia Central. OTRA VEZ PANAMÁ EN LAS FAUCES YANQUIS Con el pretexto de siempre, Estados Unidos instalará cuatro bases navales en Panamá para “presuntamente” combatir el narcotráfico en la región, mediante un convenio suscrito con el gobierno de Ricardo Martinelli, un empresario cipayo que, otra vez, entrega Panamá a Estados Unidos. El ministro panameño de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, informó que las bases se colocarán en Bahía Piña, limítrofe con Colombia, y en Punta Coca, al occidente del país centroamericano. Mulino fue el ministro de la misma calaña de Martinelli que integró la Comisión dispuesta por el presidente de Panamá en Estados Unidos, durante las jornadas de debate del 64º período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Antes que iniciara las jornadas de la ONU, se realizó una reunión entre la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, y Martinelli, para tratar temas de “cooperación conjunta”. De conformidad con Marco A. Gandásegui de ALAI, el gobierno panameño habría informado que “la Policía Nacional, el Servicio Nacional de Frontera y el Servicio Nacional Aeronaval firmaron un acuerdo interinstitucional para el establecimiento de bases aeronavales y de policía panameñas en el litoral Pacífico y Atlántico del país”. La declaración oficial es un encubrimiento del pacto que habrían firmado Panamá y Estados Unidos, para que este último país establezca bases militares en el Istmo panameño. Según el internacionalista, Julio Yao, el anunció “no sorprende porque serán bases aeronavales y de policía panameñas que podrán ponerse a disposición de Estados Unidos”. Yao señala que un acuerdo previo firmado en 2002, entre el ministro de Gobierno y Justicia Salas y el embajador Becker, “dispuso que los puertos y aeropuertos de Panamá podrán ser usados generosamente por las fuerzas armadas de Estados Unidos”, afirma Gandásegui. El presidente panameño Ricardo Martinelli, como si hubiese alcanzado el cielo, se enorgullecía en proclamar que había cedido dos bases navales a Estados Unidos. Para este cipayo era un orgullo la reunión que sostuvo con la secretaria de Estado de ese país, Hillary Clinton. Las dos bases se multiplicaron y ahora son cuatro bases “aeronavales” que Panamá le proporcionará a EEUU. Las cuatro bases aeronavales están en el Pacífico y en el Caribe. “La primera base “aeronaval” se ubicará en la Isla Chapera, en el Archipiélago de las Perlas, cerca de la Isla Contadora (ésta fue utilizada para concertar la paz en la región en la década de 1980). La segunda base se ubicará en Rambala, en la provincia de Bocas del Toro, área que se promovía para el turismo internacional. La tercera en Punta Coco, provincia de Veraguas y la cuarta -y última- en Bahía Piña, provincia de Darién, a pocos kilómetros de la frontera con Colombia. Según Yao, quien denunció el acuerdo en un discurso pronunciado en presencia del presidente Martinelli y su gabinete, “las bases puestas a la disposición de EEUU profundizan la militarización de un amplio espacio territorial… desde el cual será posible lanzar operaciones sobre toda la región en franca conspiración contra la pacífica convivencia entre los pueblos y la solución pacífica de las conflictos”. El operativo es una caricatura del realizado hace poco en Colombia, país que prácticamente cedió todas las bases militares a Estados Unidos. El gobierno panameño podría parafrasear al general Freddy Padilla, ministro de Defensa encargado de Colombia cuando defendió el acuerdo de Bogotá con Washington: “No son bases norteamericanas, son colombianas… pero brindamos la posibilidad de que accedan a nuestras instalaciones”. Según EEUU, las cuatro bases que pretende instalar en Panamá tendrían como objetivo frenar el tráfico de drogas y de “personas ilegales”. También hacen referencia al eufemismo del terrorismo que puede interpretarse como quieran los funcionarios norteamericanos. Según Yao, “las Naciones Unidas carecen de una definición sobre el terrorismo, motivo por el cual no existe un solo tratado que lo regule. En cambio, si existe una definición sobre la soberanía nacional, que comprende la independencia nacional y la integridad territorial”. Con este acuerdo que se ha realizado en forma secreta, el gobierno actual está violando en forma abierta la soberanía nacional que le ha costado tanto conquistar al pueblo panameño, dice Gandásegui. Según varios acuerdos, que no tienen fundamento constitucional, firmados a principios de la presente década, EEUU (sus fuerzas armadas, terrestres, aéreas o navales) puede surcar el territorio panameño sin mayores trámites o requisitos. De acuerdo a la denuncia de Yao, “todos los barcos de bandera panameña pueden ser interceptados en alta mar por naves de Estados Unidos bajo el programa de control de armas de destrucción masiva. Conforme a esos acuerdos, Estados Unidos puede invitar para que entren a territorio panameño, otros Estados con el propósito de que éstos cooperen con Panamá en la guerra contra el terrorismo, el narcotráfico y otros delitos internacionales. Conforme a esos acuerdos, Panamá se obliga a no ejercer jurisdicción sobre funcionarios civiles o militares de Estados Unidos, acusados de crímenes de guerra, ni de someterlos al Tribunal Penal Internacional”. Los citados arreglos intentan cubrir las maniobras militares Panamax que desde 2003 llevan a cabo algunos países latinoamericanos y miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Panamá, con el pretendido propósito de atender la protección y defensa del Canal y de Panamá. Las maniobras Panamax han sido dirigidas siempre por un almirante del Comando Sur. La Constitución Política de Panamá atribuye exclusivamente a panameños la defensa de su territorio y prohíbe a funcionarios civiles o militares recibir órdenes de militares extranjeros. A su vez, el Tratado de Neutralidad imposibilita la presencia militar extranjera en Panamá. En su discurso, el internacionalista Yao, aclaraba que “el Artículo V del Tratado de Neutralidad dispone que, después del 31 de diciembre de 1999, sólo la República de Panamá mantendrá fuerzas e instalaciones militares y sitios de defensa dentro de su territorio nacional. Los defensores de la militarización norteamericana de Panamá argumentarán que la Reserva Nunn al Artículo V del Tratado de Neutralidad permite acordar dicha presencia militar, les advertimos que una cosa es lo que se pretendió con dicha Reserva y otra es lo que la misma dice”, argumentó Yao. Lo que dice la Reserva Nunn es que, no obstante el Artículo V, Panamá y Estados Unidos podrán acordar la presencia militar extranjera para garantizar el régimen neutral del Canal. La neutralidad de la vía acuática consiste en la libre navegación y la desmilitarización del Canal. Mal puede la Reserva Nunn garantizar la neutralidad si ella misma introduce condiciones (las bases) que específicamente la niegan. La Convención de Viena es clara al estipular que pueden aceptarse enmiendas a los tratados, siempre y cuando no contradigan sus propósitos fundamentales. Si esto último ocurre, las enmiendas dejan de tener validez jurídica. Este sería el caso de la Reserva Nunn, concluyó Yao. El autor de este análisis es Marco A. Gandásegui que es docente de la Universidad de Panamá e Investigador Asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA). Se debe recordar que los Tratados “Torrijos-Carter”, realizados entre el jefe de gobierno de Panamá del momento, Omar Torrijos y el ex presidente de norteamericano, Jimmy Carter, el 7 de septiembre de 1977se obligó a los Estados Unidos a clausurar la Escuela de las Américas, un centro de enseñanza de torturas y “guerra sucia” en la que se graduaron los dictadores de Latinoamérica que sometieron a sus pueblos a las peores dictaduras fascistas. A pesar de la centenaria lucha del pueblo panameño por la liberación de su patria y por la expulsión de su suelo de toda clase de tropas yanquis, el nuevo tratado dirigido por Martinelli, dispone un retorno a la presencia militar estadounidense en suelos y mares panameños. “Hay una actitud de ponerse de rodillas del gobierno de Martinelli con los norteamericanos para entregar parte de nuestro territorio”, denunció el sindicalista Saúl Méndez y añadió: “Este es un problema grave porque es un gran retroceso a la lucha histórica que el pueblo panameño realizó por años hasta lograr la expulsión de la presencia norteamericana a través de sus bases en el país”. En el gobierno del ex presidente Ernesto Pérez Balladares (1994-1999), fue rechazado un proyecto para establecer en Panamá un Centro Multilteral Antidrogas (CMA), dirigido por Estados Unidos. Panamá forma parte de la Iniciativa Mérida, impulsada por el gobierno estadounidense para combatir el narcotráfico y es parte integrante de una alianza política con México y Colombia para enfrentar el terrorismo, según disposición e intereses del imperio. MAPA DE BASES MILITARES DE ESTADOS UNIDOS Autor: David Vine, Island of Shame: The Secret History of the U.S. Military Base on Diego Garcia (Princeton University Press, 2009) BASES CONTRA LATINOAMÉRICA Si no es para dominar neocolonialmente a nuestra América Latina y el Caribe, ¿Estados Unidos, para qué tendría a un elevadísimo costo, tantas bases militares instaladas en nuestras patrias? El periodista Manuel Alexis Rodríguez, de ABN sostiene que Estados Unidos ha rodeado militarmente a Venezuela, por el norte -el Mar Caribe- tiene bases en Cuba, Puerto Rico, Aruba y Curazao. Por el noroeste -Centroamérica- tiene bases en El Salvador, Honduras y Costa Rica, además de la Escuela de las Américas en Panamá. Por el oeste tiene siete o más bases aliadas en Colombia -Arauca, Larandia y 3 Esquinas- aunque pronto serán diez instalaciones militares, incluida Marandúa. Por el sur, Estados Unidos maneja dos instalaciones en Perú y otra en Paraguay. El único motivo por el cual Estados Unidos no ha construido bases militares al este de Venezuela, es porque por ese lado Venezuela limita prácticamente con el Océano Atlántico. Pero, no es sólo del gobierno del presidente Hugo Chávez el objetivo actual de Estados Unidos por intermedio del Pentágono, CIA, DEA, Departamento de Estado. En la mira del imperio están los gobiernos “indeseables” de Rafael Correa del Ecuador, Evo Morales de Bolivia y Daniel Ortega de Nicaragua que han luchado por la plena independencia y soberanía de sus patrias y que han criticado duramente la posición imperial de Washington. Y, el más indeseable de todos los gobiernos latinoamericanos, según testimonian más de 50 años de guerra sucia, de sabotajes, terrorismo e infames campañas mediáticas es el de Cuba y su Revolución triunfante, a pesar de todo el poderío imperial. Estados Unidos no cuenta que América Latina y el Caribe cambiaron para siempre. Ya no son pueblos dispuestos a soportar tranquilamente la penetración neocolonial y por sobre el poder de las bases militares, el imperio no podrá perpetuar la dominación neocolonial de esta parte del mundo. Las bases gringas en Centroamérica Manuel Alexis Rodríguez en sus estudio informa que en la República de El Salvador se encuentra la Base Militar Comalapa, un puesto de Operaciones Avanzadas (FOL, por sus siglas en inglés) utilizado para el monitoreo satelital de la región y de apoyo a otras bases. Su personal tiene acceso a puertos, espacio aéreo e instalaciones gubernamentales. En la República de Honduras está la Base Soto Cano, en Palmerola. Se utiliza para prácticas de radar y estación, además para proporcionar apoyo para entrenamiento y misiones en helicóptero que monitorean los cielos y aguas de la región; y son claves en las operaciones militares. Desde allí se generó el golpe de Estado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya. En Costa Rica posee la Base Militar Liberia, que, al ubicarse en la parte continental de América Central, funciona como centro de operaciones durante negociaciones preliminares y confidenciales. En Panamá, del imperio instalará cuatro bases aeronavales. Allí, muy a pesqar de tratados Torrijos-Carter, funciona la Escuela de las Américas, actualmente denominada ’Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica’, donde son entrenados los mercenarios estadounidenses. Las bases gringas en Suramérica En Colombia, los norteamericanos cuentan con siete bases militares cedidas por Uribe, pero pueden ser todas las instalaciones militares que sean de interés para los fines geoestratégicos y políticos del imperio. Entre ellas está la Base Militar de Arauca, diseñada para “combatir” el narcotráfico en Colombia, pero realmente utilizada como punto estratégico para el monitoreo de la zona petrolera, especialmente la de Venezuela. Otra instalación es la Base Militar en Larandia, que sirve como base de helicópteros de Estados Unidos. Posee una pista de aterrizaje para bombarderos B-52, una capacidad operativa que sobrepasa el territorio Colombiano y permite una cobertura para ataques en casi todo el sur del continente. La tercera base en Colombia es la Base Militar 3 Esquinas, que sirve para operaciones terrestres, helitácticas y fluviales, además de haberse convertido en un punto estratégico para ataques contra la guerrilla. Esta instalación es receptora permanente de armamento, logística y sirve para el entrenamiento de tropas de combate. Las demás bases en poder de los gringos y que Colombia les otorga inmunidad a tropas y mercenarios son consideradas de vital importancia para el control a Venezuela y Ecuador en especial, pero toda la América Latina está en peligro de sufrir un ataque militar, razón por la que los gobiernos y pueblos de América del Sur, de América Central y el Caribe protestan enérgicamente ante Washington y le exigen el abandono inmediato de estos territorios. Los foros regionales efectuados entre noviembre y diciembre en Buenos Aires y Lima reafirman la lucha -por todos los medios- para acabar o reducir significativamente la presencia militar yanqui en la subregión. Excepto Perú y Colombia, los demás países han sido absolutamente claros en condenar la penetración militar estadounidense y han rechazado, categóricamente, la actuación servil del presidente colombiano Álvaro Uribe. “La República del Perú tiene dentro de su territorio dos bases militares estadounidenses: Iquitos y Nanay. El Gobierno dice que estas bases pertenecen a las Fuerzas Armadas peruanas, pero fueron construidas y son utilizadas por soldados estadounidenses que operan en la zona fluvial Nanay, en la Amazonía peruana”. Allan García, el presidente peruano junto al colombiano Uribe conforman el dúo más servil del imperio. “En la República del Paraguay se encuentra la Base Mariscal Estigarribia, desde mayo del año 2005 cuando el gobierno de Estados Unidos firmó un tratado con la administración paraguaya, para instalar la base militar en la ciudad de Mariscal Estigarribia, provincia de Boquerón, en el llamado Chaco Paraguayo. Las bases gringas en el Caribe La principal, también la más antigua, es la Base Naval de Guantánamo, ubicada cerca de Santiago de Cuba, la segunda ciudad más importante del país después de La Habana. Fue construida en 1903 y abarca un área de 117,6 kilómetros cuadrados, entre tierra firme, mar, agua y pantano, aunque delimita una línea de costa de 17,5 kilómetros. En Puerto Rico, Estado Asociado a Estados Unidos, se ubica la Base de Vieques, una isla adyacente de 35 kilómetros de largo. La base ocupa el 70% del territorio de la isla. Anteriormente en esta instalación operaba el Comando Sur, ahora ubicado en Miami, pero era utilizada para operaciones especiales y como cuartel regional del ejército, la marina, y las fuerzas especiales. El pueblo boricua obligó a Estados Unidos a retirarse de Vieques por tantos daños causados al medio ambiente. En tanto, hay otras dos instalaciones, la Base Militar Reina Beatriz en Aruba y la Base Militar Hatos en Curazao. Son utilizadas para el monitoreo satelital y como apoyo para el control de vigilancia en el Mar Caribe, informa M. A. Rodríguez Para desgracia de la paz y de la estabilidad regional en América del Sur, Estados Unidos continúa en sus pretensiones de instalar, en un futuro cercano, cuatro bases adicionales: una en Alcántara en Brasil; otra en la zona de Chapare en Bolivia, una más en Tolhuin, en la provincia de Tierra de Fuego en Argentina; y la última en la zona conocida como la Triple Frontera, ubicada en la frontera conjunta de Brasil, Argentina y Paraguay. Los estadounidenses se ufanan de ocupar militarmente cualquier parte de América Latina y del Caribe y así resaltan y dicen que ocupan la base militar de Salta ubicada al norte de la República Argentina y de que son capaces de construir y ocupar bases que consideren necesarias en Paraguay o en cualquier país de nuestra América. El Pentágono y el South Command consideran un punto estratégico vital para sus intereses al Cono Sur de América, por lo que a esa zona le asignan un punto clave dentro de sus planes expansionistas y desde este enclave geográfico, el imperio, pretende asegurar el control total del Cabo de Hornos, del Estrecho de Magallanes en la unión de los océanos Pacífico y Atlántico y de la Antártida con el uso de la aviación y de las bases navales que Gran Bretaña mantiene en las Islas Malvinas. Es preciso reconocer o recordar que Estados Unidos mantiene un Convenio o Acuerdo, para el uso de las bases navales y aéreas que Inglaterra posee, arbitrariamente, en las Malvinas que son argentinas. Según una declaración del Comando Sur del Pentágono, esas bases están equipadas con armamento e instalaciones de tecnología de última generación y, por tanto, son capaces para la recepción y operatividad de todo tipo de aviones y buques de guerra. Por sus características, esas bases en las Malvinas pueden almacenar pertrechos de guerra y armas de destrucción masiva como las químico-bacteriológicas y nucleares. Esas instalaciones militares está en capacidad de albergar hasta 13.000 tropas a la vez. El Comando Sur opera asimismo 17 bases terrestres de radares: cuatro en Colombia, tres en Perú, y varias móviles o de ubicación secreta en los Andes y el Caribe. A principios del Tercer Milenio, Estados Unidos instaló las bases aéreas Reina Beatriz en Aruba y Hato Rey en Curazao, como respuesta a la negativa de Chávez a permitir la instalación de bases y los sobrevuelos en Venezuela. Estados Unidos alega que todas estas bases militares son centros de operaciones tácticas para apoyar lo que ellos denominan “seguridad hemisférica”, término relacionado con la vieja Doctrina de Seguridad Nacional de primero aislar y luego acabar con cualquier gobierno antepuesto a los intereses de Washington y el Pentágono como, por ejemplo, el Gobierno Bolivariano de Venezuela y los gobiernos que se proclaman socialistas del siglo XXI como son los de Rafael Correa del Ecuador y Evo Morales de Bolivia. También alegan que les corresponde solucionar los inmanejables problemas de control social y de insurgencias que los gobiernos nacionales son incapaces de resolverlos. Se debe recalcar que el imperio mantiene su poder hegemónico gracias a la complicidad de gobiernos cipayos como los Uribe Vélez o los Allan García que se desesperan por acatar los dictados de Washington y ponerse de rodillas para ceder la soberanía e independencia de sus patrias mediante la entrega de cuantas bases militares quieran los gringos. Son ese tipo de gobierno los que facilitan la intervención militar y la injerencia política y económica. Obama mantiene la política imperial y expansionista de Bush y sus antecesores. George W. Bush en el año 2002, al formular la nueva Estrategia de Seguridad Nacional: dijo "Estados Unidos necesitará bases y estaciones dentro y más allá de Europa Occidental y el noreste de Asia, como así también arreglos de acceso temporal para el despliegue de las fuerzas de Estados Unidos a gran distancia" En América Latina y el Caribe, Estados Unidos ocupa por anuencia de algún “poder divino” y por el poder de sus armas, de la política y del dólar las bases de Guantánamo en Cuba, Vieques en Puerto Rico, Soto Cano en Honduras, Comalapa en El Salvador, y en Perú las de Iquitos, que domina la Amazonía, así como las de Santa Lucía Huallaga, Santa Lucía y Palmapampa. En otras bases que Estados Unidos mantiene en Paraguay, Argentina y en cualquier parte, así mismo por voluntad divina y por el poder imperial, sus soldados y mercenarios que son capaces de cometer crímenes de guerra, genocidios y crímenes de lesa humanidad, disfrutan de inmunidad e impunidad así hayan violado las leyes nacionales y las normas dispuestas por el Derecho Internacional. Parta el imperio la única ley que es digna de ser observada y acatada, y que por tanto es válida, es la que proviene del poder que ejerce con las armas, la política y el dólar. Es la Ley que impone la tríada de dominación. ¿Alguien puede creer que este formidable despliegue de bases militares, de injerencias políticas y económicas en los asuntos internos de cada país por parte de la primera potencia militar del mundo son para la lucha contra el narcotráfico o contra el inexistente terrorismo internacional en América Latina? ¿O que ese inmenso despliegue militar incluida la revivida IV Flota servirá únicamente para derrotar diez mil insurgentes y guerrilleros o para detener a unos cuantos narcotraficantes? La verdadera intención de Estados Unidos es desestabilizar la subregión, derrocar a los gobiernos “indeseables” de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba para reemplazarlos con dictaduras y gobiernos títeres que obedezcan el dictado imperial a fin de cumplir el “destino manifiesto”: Gobernar a estos pueblos y naciones para depredar la totalidad de los recursos naturales, en especial, hidrocarburos, agua, oxígeno, biodiversidad. Tribunal dignidad, soberanía, paz contra la guerra CEPRID Tomado de Rebelión

28 oct 2008

Del capitalismo sin imperialismo al fin del Imperio

Rafael Febles

Valdría la pena comenzar el presente trabajo tratando de discernir acerca de lo que es un imperio, son varias las cosas que se deben reunir o acumular para tildar de imperio a un país o grupos de países; dadas las circunstancias por la que atraviesa hoy día el sistema capitalista y la expresión más visible de este en nuestro concepto, hablar del imperio norteamericano sin observar a la Unión Europea, nos luce como que algo falta en la apreciación justa y dimensional del espectro de alcances del poder mundial. Abundar en que significa ser imperio creemos no es necesario a estas alturas del juego, lo damos por descontado.

En trabajo anterior “Del Capitalismo sin Imperialismo”, del cual por cierto los críticos le cambiaron el título sin tan siquiera pedir permiso o hacer referencia a este, y según lo cual aprovecho para preguntarles, es una crisis en Norteamérica o en el mundo capitalista desarrollado, de tal manera que las cosas hay que comenzar a verlas con sentido pragmático y no del deseo porque desaparezca el imperio como tal. Es importante y muy importante que comencemos por evaluar si Estados Unidos está en la capacidad de continuar siendo el imperio (calificativo que le ponen otros), a no ser por la vía dura a pesar de los fracasos, sencillamente no podemos perder de vista lo que han advertido muchos incluyendo al propio Fukujama sobre la minusvalía del gobierno norteamericano en seguir sosteniendo el poder omnímodo de amo del mundo, voces como la del presidente de Francia, Sarkozzy, el llamado de Asia y otros líderes europeos para reconsiderar y modificar el sistema financiero internacional, inclusive algunas opiniones interesantes de valor, acerca del dólar como divisa de referencia mundial.

De lo dicho anteriormente, no me queda la más mínima sombra de duda a que el capitalismo sobrevivirá de esta crisis, lo que me atrevo a señalar y no es solo deseo es la virtual perdida de EEUU como denominación de Imperio, lo cual se traduce en un capitalismo sin imperio, todos los caminos conducen de nuevo a Roma y si la evaluación pertinente del porque de esta aseveración, nos está indicando que la situación interna del país del norte de América es de características severas en cuanto a su economía, como referencia ante el mundo y particularmente lo que en estos momentos están sintiendo millones de sus paisanos que sienten en carne propia lo que siempre les indujeron, ocurría en el resto del mundo.

Podemos analizar que el mundo multipolar en su existencia se traduciría en el fin del imperio llámese como sea el apellido que se le coloque y que la economía mundial pasaría a ser algo más democrático por decirlo de alguna manera, donde no haya un dominio único o un consejero que compra y se da el vuelto, la cuestión estaría en soportar cualquier teoría que afirme que el capitalismo puede seguir existiendo sin la connotación de un imperio en sus entrañas, a nuestra manera de ver, esta sería la interrogante a dilucidar en años venideros y de la cual y en forma particular me atrevo a vaticinar con los riesgos a los cuales me atengo desde ahora.

Por otro lado, y es necesario afrontarlo, es la lucha contra al capitalismo en cualquiera de sus formas y vertientes y que solo el socialismo podrá con sus variantes modificar el cuadro actual del intercambio mundial y la búsqueda de la justicia y equidad entre países y pueblos; dependerá de la calidad de los líderes que en el mundo tengan la fortaleza, dignidad y valentía de promoverlo sin complejos y sin contemplaciones. En todo caso nos suena igual al oído hablar de capitalismo sin imperio, que del fin del imperio, que por cierto el dejar de ser imperio no involucra que deje de ser capitalista, no les parece; lo importante acá más que un título es el valor agregado que debemos buscar para profundizar la lucha y hacer ver al mundo que el capitalismo jamás podrá ser humanista, demostraciones por doquier nos confirman tal aseveración.

Las propuestas acerca de la paz están íntimamente ligadas a esa lucha por un mundo mejor que solo lo puede ofrecer la ética socialista, la economía socialista y el ser nuevo socialista, lo que nos coloca al filo de los nuevos tiempos, ante lo cual debemos provocar una movilización mundial que advenga en nuevos liderazgos que hagan del mundo una mejor casa con toda la buena familia dentro.

rafaelfebles@yahoo.com

Tomado de Aporrea

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