Esta semana comienza un juicio poco común en Israel, que la gente de todo el mundo estará observando con atención. Este juicio involucra la trágica muerte de una estudiante estadounidense de 23 años llamada Rachel Corrie. El 16 de marzo de 2003 murió aplastada por una topadora militar israelí.
Rachel era voluntaria del grupo Movimiento de Solidaridad Internacional (MSI) que se formó luego de que Israel y Estados Unidos rechazaran una propuesta de la entonces Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Mary Robinson, de enviar observadores internacionales de derechos humanos a los territorios ocupados. El MSI se define como “un movimiento liderado por palestinos comprometido con la resistencia a la ocupación israelí de tierra palestina mediante métodos y principios no violentos y de acción directa”. Israel estaba construyendo un gran muro de acero para separar Rafah de Egipto, y estaba demoliendo casas y jardines con topadoras para crear una “zona de contención”. Rachel Corrie y otros siete activistas del MSI fueron convocados aquel día de marzo para proteger la casa de la familia Nasrallah, amenazada de demolición por dos topadoras blindadas israelíes, fabricadas por la empresa estadounidense Caterpillar.
Cindy Corrie, la madre de Rachel, relató lo sucedido: “La topadora avanzó hacia Rachel. Ella asumió una posición que dio a entender que no se movería. Tenía puesto su chaleco naranja. Cuando la topadora continuó avanzando, ella se paró sobre el terraplén y un testigo declaró que su cabeza se asomaba por encima de la hoja de la topadora, o sea que se la podía ver claramente, pero la topadora siguió avanzando sobre ella, hasta aplastar su cuerpo. Se detuvo y luego dio marcha atrás, según la declaración del testigo, sin levantar la hoja, de manera que retrocedió nuevamente por encima de ella. Sus amigos gritaban todo el tiempo a los conductores de la topadora que se detuvieran. Corrieron hacia ella rápidamente y ella les dijo: ‘Creo que me quebré la espalda’. Esas fueron sus últimas palabras”.
Poco después de la muerte de Rachel, la familia Corrie se reunió con el Departamento de Estado del gobierno de Bush. Fue en ese momento que surgió por primera vez la idea de presentar una demanda civil, mencionada por el propio jefe de personal del entonces Secretario de Estado Colin Powell, Lawrence B. Wilkerson. Craig Corrie, el padre de Rachel, recuerda: “El me dijo: ’Si fuera mi hija, los demandaría. No me importa el dinero. No me importaría nada. Demandaría al estado de Israel.” Finalmente, la familia Corrie terminó haciendo justamente eso.
Justo antes de dirigirse al Aeropuerto JFK en Nueva York para asistir al juicio en Haifa, Israel, Craig Corrie me habló de la demanda:
“Realmente, para nuestra familia esta es la culminación de siete años de pedir algún tipo de justicia por el asesinato de Rachel. Y hemos intentado por los medios diplomáticos, y hemos pedido una investigación encabezada por Estados Unidos de la muerte de Rachel. También entendemos que los israelíes, a través del Primer Ministro Sharon, prometieron al presidente Bush realizar una investigación exhaustiva, creíble y transparente acerca de la muerte de Rachel. Pero, según los parámetros de nuestro propio gobierno, eso no ha sucedido. Entonces sólo nos queda presentar una demanda civil. Así que estamos acusando al Estado de Israel de haber matado a Rachel en forma intencional o bien de ser culpable de flagrante negligencia en su muerte”.
Según un informe de Human Rights Watch de 2005, las “investigaciones de Israel acerca del asesinato de Corrie…no llegan a cumplir con la transparencia, la imparcialidad, y la exhaustividad exigidas por el derecho internacional”.
El juicio civil, dice Craig Corrie, no tiene que ver con los daños y perjuicios monetarios, sino con descubrir información, en el mismo sentido en que “[el Arzobispo sudafricano] Desmond Tutu habla de subsanar las lágrimas en la sociedad. Y creo que es más bien como una herida en el brazo, es imposible esperar que la mitad de una herida se cure y la otra mitad quede sin curar”. La familia Corrie nunca habla solamente de su hija, sino también sobre la difícil situación del pueblo palestino y el sitio israelí en Gaza. Según las últimas cifras del Comité Israelí Contra la Demolición de Viviendas, 24.145 viviendas han sido demolidas en los territorios ocupados desde 1967, entre ellas 4.247 que las Naciones Unidas estima fueron destruidas durante la Operación Plomo Fundido, como llamó Israel a su ataque militar contra Gaza en diciembre de 2008 y enero de 2009.
Por supuesto que no sólo se destruyeron viviendas. Más de 1.400 palestinos y 13 israelíes murieron. La familia Corrie también expresa preocupación por el daño psicológico infligido a los soldados israelíes. Craig Corrie dijo, “Perdimos a Rachel, y eso duele todos los días, pero el conductor de una topadora perdió gran parte de su humanidad cuando aplastó a Rachel. B’Tselem nos dijo, por ejemplo, que en 2004, creo, la mayor causa de muertes, proporcionalmente, de soldados israelíes, fue el suicidio. Esto tiene un costo enorme para los soldados”.
El comienzo del juicio coincide con la primera visita de Joe Biden a Israel como Vicepresidente. Como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Biden procuró obtener respuestas por la muerte de Rachel Corrie durante las audiencias de confirmación del Embajador de Estados Unidos en Israel James Cunningham.
Biden conoce el dolor de perder a una hija. Su propia hija murió junto a su primera esposa en un accidente automovilístico en 1972. La familia Corrie pide a la gente de todo el mundo que los acompañe el 16 de marzo, en el aniversario de la muerte de Rachel, en busca de verdad, responsabilidad y justicia.
Cindy Corrie dice, “B’Tselem y Human Rights Watch y otras organizaciones han hablado de la impunidad de la que gozan las fuerzas armadas israelíes debido a que no deben rendir cuentas en tribunales ni en otros ámbitos. Y espero que la gente se movilice para decir ‘Ya fue suficiente’ y para pedir que se haga justicia por Rachel, pero vinculando su caso con estos temas más amplios”.
Amy Goodman
Tomado de Democracy Now
Traducción Mercedes Camps
12 mar 2010
El juicio (póstumo) de Rachel Corrie
Esta semana comienza un juicio poco común en Israel, que la gente de todo el mundo estará observando con atención. Este juicio involucra la trágica muerte de una estudiante estadounidense de 23 años llamada Rachel Corrie. El 16 de marzo de 2003 murió aplastada por una topadora militar israelí.
Rachel era voluntaria del grupo Movimiento de Solidaridad Internacional (MSI) que se formó luego de que Israel y Estados Unidos rechazaran una propuesta de la entonces Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Mary Robinson, de enviar observadores internacionales de derechos humanos a los territorios ocupados. El MSI se define como “un movimiento liderado por palestinos comprometido con la resistencia a la ocupación israelí de tierra palestina mediante métodos y principios no violentos y de acción directa”. Israel estaba construyendo un gran muro de acero para separar Rafah de Egipto, y estaba demoliendo casas y jardines con topadoras para crear una “zona de contención”. Rachel Corrie y otros siete activistas del MSI fueron convocados aquel día de marzo para proteger la casa de la familia Nasrallah, amenazada de demolición por dos topadoras blindadas israelíes, fabricadas por la empresa estadounidense Caterpillar.
Cindy Corrie, la madre de Rachel, relató lo sucedido: “La topadora avanzó hacia Rachel. Ella asumió una posición que dio a entender que no se movería. Tenía puesto su chaleco naranja. Cuando la topadora continuó avanzando, ella se paró sobre el terraplén y un testigo declaró que su cabeza se asomaba por encima de la hoja de la topadora, o sea que se la podía ver claramente, pero la topadora siguió avanzando sobre ella, hasta aplastar su cuerpo. Se detuvo y luego dio marcha atrás, según la declaración del testigo, sin levantar la hoja, de manera que retrocedió nuevamente por encima de ella. Sus amigos gritaban todo el tiempo a los conductores de la topadora que se detuvieran. Corrieron hacia ella rápidamente y ella les dijo: ‘Creo que me quebré la espalda’. Esas fueron sus últimas palabras”.
Poco después de la muerte de Rachel, la familia Corrie se reunió con el Departamento de Estado del gobierno de Bush. Fue en ese momento que surgió por primera vez la idea de presentar una demanda civil, mencionada por el propio jefe de personal del entonces Secretario de Estado Colin Powell, Lawrence B. Wilkerson. Craig Corrie, el padre de Rachel, recuerda: “El me dijo: ’Si fuera mi hija, los demandaría. No me importa el dinero. No me importaría nada. Demandaría al estado de Israel.” Finalmente, la familia Corrie terminó haciendo justamente eso.
Justo antes de dirigirse al Aeropuerto JFK en Nueva York para asistir al juicio en Haifa, Israel, Craig Corrie me habló de la demanda:
“Realmente, para nuestra familia esta es la culminación de siete años de pedir algún tipo de justicia por el asesinato de Rachel. Y hemos intentado por los medios diplomáticos, y hemos pedido una investigación encabezada por Estados Unidos de la muerte de Rachel. También entendemos que los israelíes, a través del Primer Ministro Sharon, prometieron al presidente Bush realizar una investigación exhaustiva, creíble y transparente acerca de la muerte de Rachel. Pero, según los parámetros de nuestro propio gobierno, eso no ha sucedido. Entonces sólo nos queda presentar una demanda civil. Así que estamos acusando al Estado de Israel de haber matado a Rachel en forma intencional o bien de ser culpable de flagrante negligencia en su muerte”.
Según un informe de Human Rights Watch de 2005, las “investigaciones de Israel acerca del asesinato de Corrie…no llegan a cumplir con la transparencia, la imparcialidad, y la exhaustividad exigidas por el derecho internacional”.
El juicio civil, dice Craig Corrie, no tiene que ver con los daños y perjuicios monetarios, sino con descubrir información, en el mismo sentido en que “[el Arzobispo sudafricano] Desmond Tutu habla de subsanar las lágrimas en la sociedad. Y creo que es más bien como una herida en el brazo, es imposible esperar que la mitad de una herida se cure y la otra mitad quede sin curar”. La familia Corrie nunca habla solamente de su hija, sino también sobre la difícil situación del pueblo palestino y el sitio israelí en Gaza. Según las últimas cifras del Comité Israelí Contra la Demolición de Viviendas, 24.145 viviendas han sido demolidas en los territorios ocupados desde 1967, entre ellas 4.247 que las Naciones Unidas estima fueron destruidas durante la Operación Plomo Fundido, como llamó Israel a su ataque militar contra Gaza en diciembre de 2008 y enero de 2009.
Por supuesto que no sólo se destruyeron viviendas. Más de 1.400 palestinos y 13 israelíes murieron. La familia Corrie también expresa preocupación por el daño psicológico infligido a los soldados israelíes. Craig Corrie dijo, “Perdimos a Rachel, y eso duele todos los días, pero el conductor de una topadora perdió gran parte de su humanidad cuando aplastó a Rachel. B’Tselem nos dijo, por ejemplo, que en 2004, creo, la mayor causa de muertes, proporcionalmente, de soldados israelíes, fue el suicidio. Esto tiene un costo enorme para los soldados”.
El comienzo del juicio coincide con la primera visita de Joe Biden a Israel como Vicepresidente. Como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Biden procuró obtener respuestas por la muerte de Rachel Corrie durante las audiencias de confirmación del Embajador de Estados Unidos en Israel James Cunningham.
Biden conoce el dolor de perder a una hija. Su propia hija murió junto a su primera esposa en un accidente automovilístico en 1972. La familia Corrie pide a la gente de todo el mundo que los acompañe el 16 de marzo, en el aniversario de la muerte de Rachel, en busca de verdad, responsabilidad y justicia.
Cindy Corrie dice, “B’Tselem y Human Rights Watch y otras organizaciones han hablado de la impunidad de la que gozan las fuerzas armadas israelíes debido a que no deben rendir cuentas en tribunales ni en otros ámbitos. Y espero que la gente se movilice para decir ‘Ya fue suficiente’ y para pedir que se haga justicia por Rachel, pero vinculando su caso con estos temas más amplios”.
Amy Goodman
Tomado de Democracy Now
Traducción Mercedes Camps
3 mar 2010
El camino al Apocalipsis
La demencial ofensiva por la hegemonía de EE.UU. amenaza la vida en la tierra
El Washington Times es un periódico que mira con benevolencia las guerras de agresión en Oriente Próximo de Bush/Cheney/Obama y los neoconservadores y está a favor de que sean los terroristas los que paguen por el 11-S. Por ello, me sorprendió el 24 de febrero que la historia más popular en el sitio en el Internet del periódico durante los últimos tres días haya sido el informe “Explosive News” de “Inside the Beltway” [Dentro de Washington DC], sobre las 31 conferencias de prensa en ciudades en EE.UU. y en el extranjero realizadas el 19 de febrero por Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S, una organización de profesionales que ahora tiene más de 1.000 miembros.
Más aún me sorprendió que la información tratara seriamente las conferencias de prensa.
¿Cómo se desintegraron repentinamente en polvo fino tres rascacielos del World Trade Center (WTC)? ¿Cómo fallaron repentinamente macizas vigas de acero como resultado de incendios breves, aislados y de baja temperatura? Mil arquitectos e ingenieros quieren saberlo y llaman al Congreso a que ordene una nueva investigación sobre la destrucción de las Torres Gemelas y del Edificio 8,” informa el Washington Times.
El periódico informa de que los arquitectos e ingenieros han concluido que la Agencia Federal para Manejo de Emergencias (FEMA) y el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST por sus siglas en inglés), suministraron “informes insuficientes, contradictorios y fraudulentos sobre las circunstancias de la destrucción de las torres” y “llaman a una investigación de gran jurado de los funcionarios del NIST.”
El periódico informa de que Richard Gage, el portavoz de los arquitectos e ingenieros dijo que: “Los funcionarios gubernamentales serán notificados de que el “Encubrimiento de la traición”, Código 18 de EE.UU. (Sección 2382) es un serio delito federal, que requiere que los que tienen evidencia de traición actúen como corresponda. Las implicaciones son enormes y podrían tener profundo impacto en el próximo juicio de Khalid Sheik Mohamed.”
Existe ahora una organización, Bomberos por la Verdad sobre el 11-S. En la principal conferencia de prensa en San Francisco Eric Lawyer, jefe de la organización, anunció el apoyo de los bomberos a las exigencias de los arquitectos e ingenieros. Informó de que no se realizó una investigación forense de los incendios que supuestamente destruyeron los tres edificios y que el que no haya tenido lugar constituye un crimen. No se siguieron los procedimientos especificados, y en lugar de preservar e investigar, la escena del crimen fue destruida. También informó de que existen más de cien miembros de los organismos de emergencia que oyeron y vieron explosiones y que existe evidencia de explosiones en transmisiones de radio, audio y vídeo.
El físico Steven Jones también presentó en la conferencia de prensa la evidencia de nano-termita en los residuos de los edificios del WTC, hallada por un panel internacional de científicos dirigidos por el nano-químico de la Universidad de Copenhague, profesor Niels Harrit. Nano-termita es un explosivo/pirotécnico de alta tecnología capaz de fundir instantáneamente vigas de acero.
Antes de que gritemos “teoría conspirativa” deberíamos saber que los arquitectos, ingenieros, bomberos y científicos no presentan ninguna teoría. Suministran evidencia que disputa la teoría oficial. Esa evidencia no va a desaparecer.
Si el hecho de que exprese dudas o reservas sobre la historia oficial en el Informe de la Comisión del 11-S convierte a una persona en un chiflado por las teorías conspirativas, tenemos que incluir a ambos copresidentes de la Comisión del 11-S y al asesor legal de la Comisión, todos los cuales han escrito libros en los que declaran claramente que funcionarios del gobierno les mintieron cuando realizaron su investigación, o, más bien, cuando presidieron la investigación realizada por el director ejecutivo Philip Zelikow, miembro del equipo de transición del presidente George W. Bush y del Consejo Consultor de Inteligencia Exterior y coautor de la secretaria de Estado de Bush Condi Rice.
Siempre habrá estadounidenses que crean cualquier cosa que les diga el gobierno, sin importar que sepan que el gobierno les ha mentido en numerosas ocasiones. A pesar de costosas guerras que amenazan la Seguridad Social y Medicare, guerras basadas en armas iraquíes de destrucción masiva inexistentes, en conexiones no existentes de Sadam Hussein con al-Qaida, en una participación afgana inexistente en los ataques del 11-S, y en las bombas atómicas iraníes inexistentes que son exageradas como motivo para la próxima guerra de agresión de EE.UU. en Oriente Próximo, más de la mitad de la población estadounidense sigue creyendo la historia fantástica que el gobierno les ha contado sobre el 11-S: una conspiración musulmana que fue más lista que todo el mundo occidental.
Además, a esos estadounidenses no les importa la frecuencia con la que el gobierno cambia su versión. Por ejemplo, los estadounidenses oyeron hablar por primera vez de Osama bin Laden porque el régimen de Bush lo culpó de los ataques del 11-S. Con el pasar de los años se presentó al crédulo público estadounidenses vídeo tras vídeo con declaraciones de bin Laden. Los expertos descartaron los vídeos como falsificaciones, pero los estadounidenses siguieron siendo tan crédulos como siempre. Luego, repentinamente el año pasado, un nuevo “cerebro” del 11-S apareció para tomar el sitio de bin Laden, el cautivo Khalid Sheik Mohamed, el detenido sometido 183 veces a la tortura de asfixia simulada con agua hasta que confesó haber planeado y organizado el ataque del 11-S.
En la Edad Media las confesiones obtenidas mediante la tortura constituían evidencia, pero la autoincriminación ha sido rechazada en el sistema legal de EE.UU. desde su fundación. Con el régimen de Bush y los jueces federales republicanos, quienes habían prometido que defenderían la Constitución de EE.UU., la autoincriminación de Sheik Mohamed representa actualmente la única evidencia que posee el gobierno de ese país de que los terroristas musulmanes llevaron a cabo el 11-S.
Al considerar las proezas atribuidas a Khalid Sheik Mohamed se ve que son simplemente increíbles. Sheik Mohamed es un superhéroe brillante y más capaz que ‘V’ en la película fantástica, “V de venganza.” Sheik Mohamed fue más listo que todas las 16 agencias de inteligencia de EE.UU. junto con aquéllas de todos los aliados o títeres de ese país, incluido el Mosad de Israel. Ningún servicio de inteligencia del mundo, o todos ellos combinados, pudo compararse con Sheik Mohamed.
Sheik Mohamed fue más listo que el Consejo Nacional de Seguridad de EE.UU., Dick Cheney, el Pentágono, el Departamento de Estado, NORAD, la Fuerza Aérea de EE.UU., y el Control de Tráfico Aéreo.
Llevó la Seguridad de Aeropuertos a fracasar cuatro veces en una sola mañana. Llevó al fracaso de las defensas aéreas con tecnología de vanguardia del Pentágono, permitiendo que un avión comercial secuestrado, que estuvo desviado de su rumbo toda la mañana, se estrellara contra el Pentágono, mientras la Fuerza Aérea de EE.UU., por primera vez en la historia, fue incapaz de enviar aviones de intercepción.
Sheik Mohamed fue capaz de realizar esas proezas con pilotos no calificados.
Sheik Mohamed, incluso como detenido torturado, logró impedir que el FBI diera a conocer los numerosos vídeos confiscados que mostraban, según la versión oficial, al avión secuestrado estrellándose contra el Pentágono.
¿Cuán ingenuo hay que ser para creer que algún ser humano, o si se quiere un personaje de fantasía de Hollywood, sea tan poderoso y capaz?
Si Sheik Mohamed tiene esas capacidades sobrehumanas, ¿cómo lo capturaron los incompetentes estadounidenses? Este sujeto es un chivo expiatorio torturado para que confiese a fin de conseguir que los ingenuos estadounidenses crean la teoría conspirativa del gobierno.
Lo que pasa es que el gobierno de EE.UU. tiene que terminar con el misterio del 11-S. El gobierno tiene que juzgar y condenar a un culpable para poder cerrar el caso antes que estalle. Cualquiera, torturado 183 veces, confesaría cualquier cosa.
El gobierno de EE.UU. ha reaccionado ante la evidencia que se acumula contra su descabellada teoría conspirativa del 11-S mediante la redefinición de la guerra contra el terror de enemigos externos a internos. La secretaria de seguridad interior, Janet Napolitano, dijo el 21 de febrero, que extremistas estadounidenses constituyen ahora una preocupación tan grande como los terroristas internacionales. Extremistas, claro está, son los que interfieren en los planes del gobierno, como los 1.000 Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11-S. El grupo lo formaban 100, ahora son 1.000. ¿Y si llegan a ser 10.000?
Cass Sunstein, funcionario del régimen de Obama, tiene una solución para los escépticos respecto al 11-S: Infiltrarlos y provocarlos para que hagan declaraciones y acciones que puedan ser utilizadas para desacreditarlos o arrestarlos. Pero librarse de ellos a toda costa.
¿Por qué emplear medidas tan extremas contra presuntos chiflados si sólo producen entretenimiento y risas? ¿Está preocupado el gobierno por que hayan encontrado algo?
En lugar de proponer semejantes medidas, ¿por qué no enfrenta simplemente el gobierno de EE.UU. la evidencia presentada y responde a ella?
Si los arquitectos, ingenieros, bomberos, y científicos son sólo chiflados, será algo simple reconocer su evidencia y refutarla. ¿Por qué es necesario infiltrarlos con agentes de la policía y tenderles trampas?
Muchos estadounidenses responderían que “su” gobierno no soñaría con matar estadounidenses secuestrando aviones y destruyendo edificios para promover sus planes. Pero el 3 de febrero, el director nacional de inteligencia Dennis Blair dijo al Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus propios ciudadanos cuando están en el extranjero. No precisa de arresto, juicio o condena por un crimen castigado con la pena capital. Es simplemente un asesinato.
Obviamente, si el gobierno de EE.UU. puede asesinar a sus ciudadanos en el extranjero también puede asesinarlos en el país, y lo ha hecho. Por ejemplo, 100 davidianos fueron asesinados en Waco, Texas, por el gobierno de Clinton sin una razón legítima. El gobierno simplemente decidió utilizar su poder a sabiendas de que podía salirse con la suya, y así lo hizo.
Los estadounidenses que piensan que “su” gobierno es una especie de operación moralmente pura harían bien en familiarizarse con la Operación Northwoods. La Operación Northwoods fue un complot urdido por el Estado Mayor Conjunto de EE.UU. para que la CIA cometiera actos de terrorismo en ciudades estadounidenses y preparara evidencia culpando a Castro para que EE.UU. pudiera conseguir apoyo interno e internacional para un cambio de régimen en Cuba. El plan secreto fue rechazado por el presidente John F. Kennedy y fue desclasificado por el John F. Kennedy Assassination Records Review Board. Se encuentra en línea en el Archivo de Seguridad Nacional. Existen numerosos informes en línea, incluyendo Wikipedia. El libro de James Bamford “Body of Secrets,” también resume el complot:
“La Operación Northwoods, que tenía la aprobación escrita del jefe (general Lemnitzer) y de cada uno de los miembros del Estado Mayor Conjunto, requería que se matara a tiros a gente inocente en las calles de EE.UU.; que se hundiera en alta mar botes con refugiados que huían de Cuba; que se lanzara una ola de terrorismo violento en Washington, D.C., Miami, y otros sitios; que se acusara a gente de atentados que no habían cometido; que se secuestrara aviones. Utilizando evidencia falsa, se acusaría de todo a Castro, dando así a Lemnitzer y su conciliábulo la excusa, así como el respaldo público e internacional, que necesitaban para lanzar su guerra.”
Antes del 11-S los neoconservadores estadounidenses fueron explícitos en que las guerras de agresión que querían lanzar en Oriente Próximo necesitaban “un nuevo Pearl Harbor.”
Por su propio bien y el del mundo en general, los estadounidenses tienen que prestar atención al creciente grupo de expertos que les dicen que la versión del 11-S del gobierno no pasa su investigación. El 11-S lanzó el plan neoconservador para la hegemonía mundial de EE.UU. Mientras escribo estas líneas el gobierno de EE.UU. está comprando el acuerdo de gobiernos extranjeros fronterizos con Rusia para que acepten bases de intercepción de misiles estadounidenses. EE.UU. quiere cercar a Rusia con sus bases de misiles desde Polonia pasando por Europa central y Kosovo hasta Georgia, Azerbaiyán y Asia Central. [Vea www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=17709] El enviado de EE.UU., Richard Holbrooke declaró el 20 de febrero que al-Qaida está penetrando antiguas partes constituyentes centroasiáticas de la Unión Soviética, como Tayikistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán. Holbrooke está solicitando bases en esas antiguas repúblicas soviéticas bajo capa de la “guerra contra el terror” en permanente expansión.
EE.UU. ya ha rodeado Irán con bases militares. El gobierno de EE.UU. se propone neutralizar a China apoderándose de Oriente Próximo y cortándole el acceso al petróleo.
Este plan presupone que Rusia y China, Estados con armas nucleares, serán intimidados por las defensas anti-misiles de EE.UU. y aceptarán su hegemonía y que a China le faltará petróleo para sus industrias y sus fuerzas armadas.
El gobierno de EE.UU. delira. Los dirigentes militares y políticas de Rusia han respondido a la obvia amenaza declarando que la OTAN constituye una amenaza directa para la seguridad de Rusia y anunciando un cambio en la doctrina de guerra rusa hacia el lanzamiento preventivo de armas nucleares. Los chinos son demasiado seguros de sí mismos como para ser intimidados por una “superpotencia” estadounidense acabada.
Los imbéciles en Washington van lejos con la idea de la guerra nuclear. El impulso demencial por la hegemonía estadounidense amenaza la vida en la tierra. El pueblo estadounidense, al aceptar las mentiras y engaños de “su” gobierno, facilita ese resultado.
Paul Craig Roberts
Global Research
Tomado de Rebelión
7 feb 2010
La raíz secreta de los negocios públicos en Estados Unidos
Ex altos cargos del Gobierno Bush y de la CIA dominan las compañías que fabricarán los escáneres corporales
Los negocios de los servicios secretos, que antes se guardaban celosamente, ya no son tan secretos. Si el Tamiflu la vacuna recomendada por todos los gobiernos para prevenir la gripe aviar, fabricada por los laboratorios Roche, que compraron la patente a Gilead Sciences Inc, cuyo presidente y principal accionista es Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa de los Estados Unidos fue el mejor negocio del miedo, no le va a la zaga el plan de colocar en los aeropuertos de todo el mundo armarios para escanear el cuerpo de los pasajeros.
La encargada de manejar las pantallas de rayos X en Estados Unidos es la Agencia Federal de Seguridad en el Transporte (TSA), que ha anunciado la implantación de nuevos y eficaces sistemas de vigilancia para "devolver la seguridad a los pasajeros" inquietos por el fallido atentado en Detroit.
La industria del terror se había puesto en marcha ya antes. La TSA recibió más de 30.000 ofertas de equipos, pero naturalmente son las grandes las que se llevarán el pastel para escanear sólo en Estados Unidos a 280 millones de ciudadanos.
Duro competidor
La empresa Digital Security Systems, de Miami, apadrina el escáner de seguridad ConPass, que puede visualizar explosivos implantados por cirugía debajo de la piel "sin riesgo para la salud". El Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico ha desarrollado un escáner holográfico que permite explorar el cuerpo humano con ondas de radio de ultra alta potencia.
Hay otras empresas de alta tecnología que ofrecen sus maravillosos artilugios, pero tienen un competidor demasiado duro de pelar: Michael Chertoff, ex director general de Seguridad Interior, y su asesoría de seguridad, Chertoff Group.
El consejo de administración de esta asesoría se parece más a una rama durmiente de las Agencias de Seguridad que a una empresa de tecnología. Entre sus ocho miembros, hay tres veteranos ejecutivos de la Agencia de Seguridad Interior (el propio Chertoff,cofundador y principal director del grupo; Charles E. Allen, compañero de Chertoff, con 40 años de servicio en la CIA; Chad Sweet, ex jefe de Gabinete); dos procedentes de la CIA, como Michael Hayden, antiguo director de la Central con George W. Bush; tres estuvieron en la Agencia de Seguridad Nacional (Larry Castro, Michael Hayden y Paul Schneider); uno de ellos procede de la FEMA, Nathaniel T.G. Fogg. Todos en estrecha colaboración con los Bush.
Michael Chertoff declaró al diario The Washington Post que ya han encontrado "el medio para detectar objetos escondidos en cualquier parte del cuerpo". Se refería a la empresa líder en fabricación de máquinas que escanean todo el cuerpo, Rapiscans Systems, de California, representada por su grupo, algunos de cuyos armarios ya vendió Chertoff al Gobierno en 2005.
Es de notar que el socio de Chertoff, Chad Sweet, ha sido un alto ejecutivo de Morgan Stanley y de Goldman-Sachs. De esta última institución financiera procede la mayoría de los asesores económicos de Obama, incluido el secretario del Tesoro, Timothy Geithner. Goldman-Sachs fue el mayor contribuyente a la campaña presidencial de Obama.
El vuelo 253 de la Northwest Airlines con salida del aeropuerto de Schiphol en Amsterdam y con destino el aeropuerto de Detroit, el 25 de diciembre de 2009, tuvo varios regalos de Navidad, excepto para el joven nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, que logró colarse en el avión con un paquete de explosivos debajo de la ropa. No consiguió hacerlo estallar y sólo resultó herido con quemaduras leves, lo mismo que dos pasajeros de los 289 que se hallaban a bordo.
Al día siguiente se supo que el nigeriano se había entrenado en los campos de Al Qaeda en Yemen y el 28 de diciembre esta reivindicó el atentado. El 6 de enero, un gran jurado federal acusó al joven de haber intentado usar un "arma de destrucción masiva" [sic] y de intento de asesinato, cargos que lo hacen merecedor de una pena de 90 años de cárcel.
Terrorista patoso
La directora general de Seguridad Interior, Janet Napolitano, dijo que "el sistema había funcionado" porque habían seguido todos los pasos del terrorista novato; pero, ante las merecidas sospechas de que se le permitió subir tranquilamente a bordo, rectificó y dijo que "había fallado miserablemente". Obama añadió que el fallo fue "totalmente inaceptable".
Inmediatamente se supo que el terrorista patoso reunía algunas características curiosas. Es el más joven de los 16 hijos de uno de los hombres más ricos de África, ex presidente del First Bank de Nigeria y ex comisario federal nigeriano para el Desarrollo Económico. El muchacho estudió ingeniería y negocios financieros en el elitista University College de Londres en 2006 y obtuvo su graduación en Ingeniería Mecánica dos años después. Dejó amplios rastros de su paso notorio por la sociedad islámica de la que fue presidente y tanta actividad, sacada a relucir después, no levantó sospechas al MI5, ni le impidió tener un visado de entrada múltiple en Estados Unidos, que obtuvo en junio de 2008 en el consulado USA de Londres.
Luego se fue a estudiar un máster en una universidad de Dubai, que debía durar de enero a junio de 2009, pero en mayo solicitó volver a Londres y las autoridades le negaron el visado. El Home Office lo colocó en la lista de seguridad. Su padre le preparó un viaje a Yemen, adonde se trasladó el hijo, y luego se perdió su pista (excepto para los que manejaban los hilos). Fue así como apareció en la escena del crimen. Y cómo puso de moda en el mundo los armarios que todo lo ven.
La polémica no se hizo esperar. Tampoco las zancadillas entre los competidores. Según el británico The Independent, agentes del Departamento de Transporte y del Home Office no estaban muy convencidos de que el escáner corporal sea eficaz para afrontar las amenazas de terrorismo aéreo.
ELISEO BAYO
Tomado de Público
9 may 2009
"La causa española ayudará a que EEUU juzgue torturas"
Abogado de la American Civil Liberties Union. Ha viajado a España para conocer los detalles de la causa española sobre Guantánamo y las torturas
Jameel Jaffer, abogado de 37 años, es uno de los responsables de que la Administración estadounidense divulgara al fin tras seis años de litigio los memorandos secretos de la CIA en los que se autorizaban métodos de interrogatorio equivalentes a la tortura. Jaffer es el coordinador para asuntos de Seguridad Nacional de la American Civil Liberties Union (ACLU) y dirige el pulso contra el Pentágono que está removiendo los cimientos de EEUU.
Para el 28 de mayo, Jaffer espera otro hito la divulgación de las fotografías de los interrogatorios, pero mientras tanto viajó a Madrid para interesarse por la causa española de la Audiencia Nacional contra los miembros de la Administración Bush que redefinieron el concepto de tortura, que instruyen los jueces Eloy Velasco y Baltasar Garzón.
¿De verdad creía que algún día se desclasificarían los memorandos de la CIA?
Sí, sí. Ha sido una lucha muy dura y larga que se inició con la Administración Bush y que no ha culminado hasta la llegada de Obama a la Casa Blanca. La decisión ha cambiado por completo el debate político en EEUU. Ahora mucha gente dice que no puede quedar aquí y que los responsables deben rendir cuentas.
¿Cómo?
Esto es una cuestión abierta. Una posibilidad sería crear un comité específico en el Congreso que aclare qué sucedió y aborde los cambios necesarios para que no ocurra nunca más. La otra sería una investigación judicial, muy deseable, y que únicamente puede partir del fiscal general.
¿Qué le parece que Dick Cheney pida que también se desclasifiquen documentos que demostrarían la utilidad de los interrogatorios?
Estamos de acuerdo con el principio de desclasificar todos los documentos. No sólo los que selectivamente sugiere Cheney, sino todos.
¿Contra quién debería dirigirse la investigación judicial que sugiere?
Todavía no puede saberse con exactitud. De lo que se trata ahora es precisamente de intentar saber quién es el responsable del programa de torturas. Hay que examinar toda la cadena desde los dirigentes políticos hasta los abogados que les asesoraron, pasando por los interrogadores y luego, en función de ello, decidir contra quién hay que actuar.
¿Qué papel otorga a Obama en la desclasificación?
Muy importante. Escuchó a todo el mundo, pero tomó él la decisión.
¿Está por tanto satisfecho con el nuevo presidente?
Ha tomado decisiones importantes y merece respeto. Pero queda mucho por hacer. En campaña prometió transparencia y rendición de cuentas. La desclasificación de los memorandos forma parte de la transparencia. Ahora toca ser consecuentes y pasar a la rendición de cuentas.
¿No le parece que si se abre un proceso en España para juzgar lo mismo será una interferencia?
No es ninguna interferencia. El problema no puede ser en ningún caso que España investigue. Si hay problema, es más bien que no hay investigación en EEUU. Hay que tener esto muy claro.
¿Qué efecto puede tener en EEUU la causa española?
De entrada, uno ya muy positivo: aumenta la presión. Es un recordatorio para la Administración Obama de que si no se investiga, otros países lo harán. Creo que ayudará a que EEUU juzgue las torturas.
¿Debe ser por tanto EEUU quien finalmente juzgue?
Si lo hace, hará innecesario otros procesos en otros países. Pero mientras tanto, causas como la española no sólo son apropiadas para nosotros, sino que responden a una obligación. Estamos hablando de crímenes de guerra, de cuestiones muy graves que no pueden quedar impunes.
¿Con quién se ha entrevistado en España?
Ha sido un viaje corto, nada más de tres días, con lo que sólo ha sido una toma de contacto con el caso que investiga la Audiencia Nacional. He tratado de escuchar a todos los que podían contarme algo sobre ello.
¿Qué impresión se ha llevado?
Todavía estoy aprendiendo. Pero está claro que apreciamos el trabajo que se está haciendo, muy profesional.
PERE RUSIÑOL
Tomado: Público
19 dic 2008
Un zapato para Bush que aprieta a Reporteros Sin Fronteras
3 nov 2008
Bush deja una herencia de extremismo y arrogancia
ISABEL PIQUER CORRESPONSAL EN NUEVA YORK
Es difícil saber dónde está George W. Bush últimamente. Más que un perfil bajo, el presidente estadounidense está casi desaparecido. Su propio partido le ha mantenido al margen de la campaña electoral, para que sus récords de impopularidad no contagien al candidato republicano John McCain. Sus últimas comparecencias durante la reciente crisis financiera acabaron de confirmar el escaso poder que apenas mantiene en la Casa Blanca.
Bush ni siquiera acudirá el martes a su rancho de Crawford en Texas, donde está censado, para votar, no sea que la foto recuerde al país quién sigue al mando. El matrimonio presidencial mandó muy discretamente su voto por correo hace dos semanas.
Hace unos días, Bush se pasó por el cuartel general republicano para animar a las tropas. Recordó ante sus colegas de partido lo poco que habían apostado por él los propios conservadores.
Son unos últimos meses escasamente gloriosos para un hombre que la Historia ya ha empezado a juzgar duramente. Bush empezó su presidencia con el peor ataque terrorista perpetrado en Estados Unidos. Ocho años más tarde, la terminará con la mayor crisis económica desde la Gran Depresión.
El pasado abril, una encuesta informal del History News Network reveló que el 98,2% de sus historiadores consideraban la presidencia de Bush como un fracaso equiparable al de James Buchanan, cuya apatía frente a las divisiones del país causó el estallido de la guerra civil en 1861.
Oportunidad desperdiciada
"Hace cuatro años ponía a Bush antes que a Buchanan. Ahora está claramente detrás", escribía entonces Robert McElvaine, uno de los encuestados. "Tras los atentados del 11-S, Estados Unidos gozaba de un apoyo enorme en el resto del mundo. El presidente desperdició esa buena voluntad con una guerra innecesaria. Hundió la reputación internacional de Estados Unidos al justificar la tortura".
Oportunidades perdidas, extremismo ideológico... los analistas hablan en términos cada vez más duros del legado del 43º presidente estadounidense.
"Ha dejado nuestras instituciones mucho peor de como las encontró", decía Thomas Mann, de la Brookings Institution a la televisión ABC."No creó las profundas disensiones ideológicas pero las exacerbó", añadió.
Torturas en Abu Grahib.-Foto Reuters
La guerra de Irak, donde han muerto más de 4.000 estadounidenses, ha costado 700.000 millones de dólares y podría llegar, según estimaciones del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, a los 3.000 millones de dólares. Los demócratas recuerdan que el presidente Bill Clinton dejó la Casa Blanca con un superávit presupuestario que se ha convertido en un déficit abismal.
"Después del 11-S, todo el país estaba dispuesto a seguirle", comentaba recientemente el demócrata Rahm Emanuel, cuyo nombre se ha barajado como posible jefe de Gabinete de Barack Obama. "Podíamos haber hecho muchas cosas en ese momento, pero él dividió el país", agregaba Emanuel.
El punto de inflexión llegó sin duda con los vientos huracanados del Katrina, en agosto de 2005, que acabaron de hundir la reputación de la Casa Blanca.
En el diario The National Journal, el periodista Jonathan Rauch resumía hace poco en una lista "Los desastres atribuibles a Bush": armas de destrucción masiva, Guantánamo, Abu Graib, tortura, escuchas telefónicas, Osama el olvidado, antiamericanismo, déficits, gastos, Katrina, Rumsfeld, Cheney, Gonzales. "La imagen de George W. Bush parece tan destructiva como la de Richard Nixon, un presidente cuyos errores y maldades no se corrigieron hasta décadas más tarde", decía Rauch.
Nadie ha analizado esta presidencia como Bob Woodward. En el epílogo de The War Within, su último libro sobre Bush, el periodista estrella del Washington Post asegura que "durante años, una y otra vez, el presidente mostró impaciencia, arrogancia y una desconcertante certidumbre en sus decisiones. El resultado acabó siendo una falta de reflexión e impulsividad y, quizás más inquietante, una reacción tardía a la realidad y a los consejos de sus asesores".
Obsesión por Irak
Cuenta Woodward que Bush no sólo obedeció a su instinto. Siempre presentes estaban los consejos de Karl Rove, que dejó la Casa Blanca en agosto de 2007. Su principal estratega y artífice de sus dos victorias en las urnas le convenció de que la Historia sólo recordaba a los vencedores, independientemente de los errores que se cometieran en el camino. De ahí la obsesión por reivindicar una victoria en Irak.
Los partidarios del maltrecho presidente, y él mismo, se consuelan con la idea de una futura absolución. Piensan que a Bush le pasará lo que a Harry Truman, un hombre muy impopular en su tiempo y que los estudiosos tardaron décadas en reconocer. Parece improbable.
En su libro The Terror Presidency, Jack Goldsmith, profesor de Derecho de Harvard, que trabajó brevemente en el Departamento de Justicia entre 2003 y 2004, describía el estilo de mando de Bush, comparándolo con el de otro presidente en crisis, Franklin Delano Roosevelt: "El concepto de poder del Gobierno se ha basado en mínimas deliberaciones, acción unilateral y tecnicismos legales, prescindiendo de la necesidad de explicar, justificar, y convencer a la gente a través del compromiso".
Tomado de Público
31 oct 2008
Pierre Schori: “Bush hizo al mundo más inseguro”

