16 oct. 2009

Asturias: Octubre 1934, 2009…

Suman y siguen las actividades conmemorativas sobre nuestro Octubre de 1934. Hubo un acto en Barcelona, y el próximo martes 20 habrá otro en Oviedo y el jueves 23 en Barcelona… Octubre de 1934 fue uno y diverso. Se podrían señalar hasta cuatro grados diferentes de participación. Uno ascendente que no llegó a manifestarse como lo haría más tarde, y entre los ejemplos podríamos anotar que bajo las siglas de UHH, Uniós Hermanos Proletarios, las huelgas campesinas en Extremadura, o el acto de la Alianza Obrera que congregó a 40.000 personas en la plaza de toro de la capital levantina. Un tercer grado fue el de Madrid, con una huelga general semiinsurreccional que agrupó a la mayoría obrera con una dirección caballerista en las nubes. Un segundo, ya más próxima a lo que se planteaba desde la alianza obrera fueron las jornadas del 6 de octubre en Barcelona, que ya ha sido motivo de un artículo, y entorno al cual la FAN catalana organizó en el Ateneu “La Torna” de Gracia un debate con el título: “Clase, Nació i Revolució 1934-2009: Els joves historiadors i els fets d’octubre 1934 a Catalunya”. Intervendrán Andreu Coll, Dani Cortijo, Joel Sans y Sergi Thennard, y al que faltó el compañero de la izquierda independentista. El debate fue intenso y animado… Anotemos está a punto de aparecer el número 105 de la revista Viento Sur, un “dossier” titulado Nuestra Comuna, y que incluye trabajos de Pelai Pagès (sobre el Octubre catalán), Andy Durgan (la Alianza Obrera), Antonio Liz (que informa sobre los debates en la CNT), en tanto que Miguel Romero nos apunta algunas reflexiones teóricas del mayor interés. Contiene además una introducción más bibliografía y cronología a mi cargo más un par de anexos como son una entrevista con “Quique” Rodríguez sobre el Octubre madrileño y el epílogo que Julián Gorkin escribió al libro de Manuel Grossi, y que es my representativo de lo que significó la Alianza Obrera y Asturias en la conformación del POUM. Y tal como decíamos en un artículo anterior, el próximo martes, día 20 de Octubre, IA prepara un acto en Oviedo sobre La revolución de Asturias, pasado y presente, con la participación de Pelai Pagès y el que escribe. Para los días 23, 24 y 25 de Octubre la Fundación Andreu Nin (FAN) organiza sus IIIº Encuentros, en este caso en la ciudad de Gijón con un extenso debate sobre todas estas cuestiones… Y sigue, el día 22 en el Ateneu de Revolta Global, Andreu Coll y yo mismo presentamos el libro de Antonio Liz sobre los acontecimientos, y el propio Liz está citado para el 29 en Zaragoza en un acto de la FAN aragonesa que, además, está detrás de la edición en breve de una antológica de textos de la época de Joaquín Maurín a cargo de Andy durgan y titulada Socialismo o fascismo…También hay actos previstos en Madrid. El primer grado: el de una insurrección proletaria que instaura unitariamente una República socialista fue en Asturias. Fue un momento histórico especialmente luminoso en el panorama reaccionario de una época marcada por el ascenso simultáneo del nazismo y del estalinismo previo desastre del movimiento obrero alemán que padecía una “guerra fría” entre socialistas institucionalistas y un comunismo emborrachado por las tesis estalinianas del “socialfascismo”. Una “guerra” que también se daba en España entre socialistas y anarcosindicalistas que habían tomado la República desde unas perspectivas casi opuestas. Asturias fue la excepción. Allí se habló de imponer “la acción mancomunada de todos los sectores obreros, con el exclusivo objeto de promover y llevar a cabo la revolución social”, ante lo cual, se establece un pacto para trabajar “de común acuerdo hasta conseguir el triunfo de la revolución social en España, estableciendo un régimen de igualdad económica, política y social, fundado sobre los principios socialistas federalistas”. A tal efecto se “constituirá en Oviedo un CE, en representación de todas las organizaciones adheridas a este pacto, el cual actuará de acuerdo con otro nacional y del mismo carácter para los efectos de la acción general en toda España”. Tras haber acordado un acuerdo nacional “cesarán todas las campañas de propaganda que pudieran entorpecer o agriar las relaciones entre las partes aliadas, sin que esto signifique dejación de la labor serena y razonada de las diversas doctrinas preconizadas por los sectores que integran la Alianza Revolucionaria, conservando, a tal fin, su independencia colectiva”. Sobre esta base, se “elaborará un plan de acción que, mediante el esfuerzo revolucionario del proletariado, asegure el triunfo de la revolución en sus diversos aspectos y consolidándola según las normas del convenio establecido” de “obligada vigencia tanto en el período preparatorio de la revolución como después de triunfar”. Precisa que se trata de “un acuerdo de organizaciones de la clase trabajadora para coordinar su acción contra el régimen burgués y abolirlo, aquellas organizaciones que tuvieran relación orgánica con partidos burgueses las romperán automáticamente para consagrarse exclusivamente a la consecución de los fines que determina el presente pacto” Hay que insistir: antes que cualquier otra cosa, la insurrección de Asturias fue una experiencia de unidad. Esta se hizo cuerpo en todo los lugares (ciudades, minas, empresas) aunque en principio fuesen de mayoría cenetista (Gijón y La Felguera), o socialista (Sama y Oviedo). Se fue más allá de lo habían planeado los líderes socialistas, y en contra de la lógica sectaria que en la CNT había impuesto la FAI que en la fase anterior había tratado de acelerar la revolución por su cuenta. Lo que funcionaban eran los comités mixtos y cuando éstos dieron la orden de huelga, la noche del 5 de octubre, toda la cuenca se inflamó, arrastrando a la mayoría trabajadora. Durante quince días, la lucha, creadora de la fraternidad y del entusiasmo, mantuvo un poderoso espíritu unitario que incluía temperamentos y formaciones tan dispares como los de los viejos jefes ugetistas Belarmino Tomás o González Peña, o como sus émulos anarquistas Eleuterio quintanilla y José Mª Martínez. Los fines de la clase trabajadora estaban por encima de las banderías. Se trató de un auténtico episodio de “orden revolucionario” que fue aceptado plenamente por los anarquistas que confundían insurrección con disolución social. Como ya había sucedido en la Rusia de 1917, diversos testimonios aseguran que en el seno de los comités mixtos, los anarquista fueron los partidarios de la disciplina más “dura”. Todo se debatía en lo común, y desde el acuerdo se impusieron medidas “políticas” clásicas (poder, represión), e imposiciones sociales (reparto, supresión de la moneda). La “comuna asturiana” tuvo un alcance reducido, pues no tuvo tiempo de ser legisladora; y su comunismo fue “de guerra”, pero dejó claro que estas cosas se podían y se sabían hacer. Igualmente fue una lucha militar desarrollada como una ofensiva revolucionaria que trató de clausurar los cuarteles, apoderarse de las fábricas de armas, tener las comunicaciones aseguradas. En este decidido trayecto, Gijón fue pronto ganada, Oviedo tuvo que ser duramente conquistada. Fueron las fuerzas represivas las que se vieron sitiada por la una fuerza que se apoyaba en los mineros que siguieron con sus propósitos incluso cuando quedó claro que Asturias se había quedado sola ante la inoperancia de líderes socialistas y cenetistas. Estamos pues evocando una historia de afirmación revolucionaria. Se estaba peleando por un pacto que fue firmado sin objeciones or todas las tendencias, y en que quedaba muy claro que la insurrección era “para lograr el triunfo de la revolución social en España, implantando un régimen de igualdad económica, política y social, basado en los principios del socialismo federalista”, una voluntad que se mantiene hasta el final, así, el manifiesto que anunciaba la rendición, justificaba esta como un “alto en el camino”, y hacía un llamado a la continuación de la lucha. Así, el último llamamiento del Comité Provincial a todos los trabajadores, firmado en Sama, concluye así: “Nosotros, camaradas, os recordamos está frase histórica: `Al proletariado se le puede derrotar, pero jamás vencer´”. Trágicamente, el aislamiento y la rendición acabaron ofreciendo una experiencia de represión que ya se había probado en Casas Viejas. La “Comunne” de Asturias fue atacada a la vez por tierra y mar. Se evitaron las tropas “normales”, y se enviaron las tropas coloniales (una de las asignaturas pendientes de la República), con las hordas legionarias y los mercenarios “moros”. Se trató de un auténtico ensayo para la guerra civil. Algunos generales como Yagüe (el insigne caballero que todavía tiene edificios públicos a su nombre) y policías (Doval), que compitieron en brutalidad. Aplicaron el estado de guerra amén de una férrea censura. El pueblo trabajador fue literalmente martirizado durante tres meses por el “terror blanco”. Franco emergió como el “salvador”… Nos vemos el martes en Oviedo, y seguiremos hablando de Octubre y sus lecciones. Tomado de Kaos en la Red

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