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7 feb 2012

Algunas reflexiones sobre las políticas de austeridad


Ilustración: Revista Sin Permiso
La eclosión de la crisis económica, su carácter estructural, parecía que abría una oportunidad a la crítica en profundidad de las estrategias de crecimiento adoptadas, crítica que podría alcanzar a los fundamentos mismos del sistema capitalista. Ha pasado el tiempo, en algunos aspectos, la crisis se ha agravado y los escenarios que se perfilan para el futuro inmediato no pueden ser más pesimistas. Sin embargo, paradójicamente, las teorías y las políticas más ortodoxas y convencionales han recuperado el pulso (si es que alguna vez lo habían perdido). Una prueba de ello es que , como antes de la crisis, como si nada hubiera acontecido, con más vigor si cabe, el centro de buena parte del debate académico y político se sitúa en las cuentas públicas (además del mercado de trabajo), o, para ser más precisos, en los desequilibrios financieros públicos, como si su existencia estuviera en el origen, fuera la causa principal de la actual crisis económica y la restricción más importante para salir de ella.

Y es en ese contexto donde se proponen y se imponen las políticas de austeridad sobre las finanzas públicas. Aplicar recortes se ha convertido en la quintaesencia de las políticas económicas, las cuales se plantean como un imperativo, no sólo de los mercados sino también de la razón. Buena parte de la trama argumental se sostiene en diferentes axiomas, evidentes para quienes los formulan, aunque no siempre se hacen explícitos, que se quieren hacer pasar por irrefutables, y que, sin embargo, deben ser discutidos. Nos centraremos en dos de los más relevantes.

Enunciado número 1: “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades; por ello ahora toca hacer un esfuerzo colectivo, mancomunado, de austeridad”. Este mensaje, tan simple, tan cómodo, tan reiterado, tan lleno de lógica intuitiva… tan tramposo y equívoco se ha convertido en el abc, en el pan nuestro de cada día de los responsables políticos y económicos. Para nosotros, sin embargo, está cargado de imprecisión al eliminar de un plumazo las diferencias sociales, como si el conjunto de la ciudadanía hubiera tenido la misma capacidad de acudir al endeudamiento o de capturar las rentas generadas por las diferentes burbujas. Reconociendo que han sido muchas las familias trabajadoras que han sustentado en parte sus niveles de consumo en el acceso al crédito en condiciones aparentemente ventajosas, no cabe omitir que el aumento del endeudamiento y el surgimiento de las burbujas han constituido un formidable negocio, sobre todo para bancos, grandes empresas y fortunas y operadores financieros. La generalización de la deuda ha sido asimismo una piedra angular de las políticas de contención salarial practicadas a lo largo de las últimas décadas, al tiempo que ha permitido expandir el consumo y aumentar los beneficios empresariales.

En la afirmación “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” se desliza, además, de manera interesada que “todos” somos corresponsables de la crisis, quedando así sepultada una explicación más profunda, menos complaciente, de sus causas; precisamente aquellas que, situadas en las antípodas del “todos”, enfatizan las diferencias, las jerarquías y las desigualdades como elementos centrales de una interpretación estructural y sistémica de la crisis.

El segundo de los supuestos consiste en asociar austeridad y rigor fiscal, afirmación que supone un paso más en la ceremonia de la confusión reinante. Resulta evidente que la problemática de la austeridad desborda ampliamente el territorio de las finanzas públicas (sin entrar ahora en la cuestión de la pertinencia de las estrategias de ahorro presupuestario) y cobra todo su sentido cuando se refiere -como la propia crisis y las políticas llevadas a cabo en estos últimos años han puesto de manifiesto-, al despilfarro presente en el sector privado, muy especialmente en la esfera financiera con un perfil más especulativo.

¿El vertiginoso crecimiento del endeudamiento y de la especulación financiera no aconsejaba la aplicación de políticas prudentes, austeras? ¿por qué razón no se llevaron a cabo? Para responder a este interrogante, cuestión clave para orientar adecuadamente el análisis, hay que poner rostro a los mercados, a los grupos que, por su capacidad para influir en su configuración y hacer valer sus intereses, se han enriquecido en mayor medida con los procesos de financiarización. Pero parece obvio que en aquellos años la austeridad no estaba en la agenda; las ganancias que se podían obtener del despilfarro eran demasiado importantes y los grupos ganadores, lejos de sentirse inclinados a practicar la austeridad, demandaban e imponían políticas permisivas, con un marcado signo despilfarrador.

La preocupación por la austeridad también ha brillado por su ausencia en lo relativo a los cuantiosos recursos proporcionados por las administraciones públicas para salvar a los bancos o para suministrarles de liquidez en condiciones ventajosas. Tampoco se aprecia esa preocupación a la hora de controlar o supervisar las remuneraciones de los altos directivos de las empresas y los pagos a los grandes accionistas, o las fortunas millonarias que alimentan los mercados especulativos, fuente principal de despilfarro y de destrucción de riqueza, donde se obtienen enormes beneficios.

Por no hablar de otras vertientes de la austeridad, como la ecológica, decisiva para la sostenibilidad de los procesos económicos. Esta perspectiva ha estado simplemente fuera de la agenda, más allá de las protocolarias y descorazonadoras “cumbres climáticas”; en este ámbito impera y se promueve el mayor de los despilfarros, de nuevo asociado a la malla de intereses que se benefician de esta deriva.

Frente a estos “otros despilfarros”, en los prolegómenos de la crisis las cuentas públicas se encontraban relativamente saneadas, no en vano desde comienzos de los años ochenta del pasado siglo, cuando se firmó el Tratado de Maastricht, y después, con la introducción del euro, los gobiernos europeos han centrado sus esfuerzos en la corrección de los desequilibrios macroeconómicos. En España incluso se había alcanzado –se había forzado, en realidad- el superávit.

Conviene aclarar, en fin que el aumento de las posiciones deficitarias ha sido sobre todo el resultado de la propia crisis, más que su desencadenante. La caída del crecimiento ha mermado la capacidad recaudatoria de las administraciones públicas; en paralelo, éstas han canalizado cantidades enormes de recursos a las instituciones financieras con el propósito de evitar un crack generalizado, con el argumento de los grandes bancos son demasiado importantes para dejarles quebrar, y restablecer los circuitos de crédito, severamente dañados por la crisis. Pues bien, apenas se han aplicado controles o se han exigido contrapartidas para impedir que estos recursos se utilicen en beneficio de directivos, consejeros y accionistas, o, más lacerante aún, se utilicen para especular contra las deudas soberanas.

De todo lo anterior se deduce que en el corazón de las políticas de austeridad se oculta (o no se formula de manera explícita) un planteamiento sesgado y apriorístico que no debe pasarse por alto, que no está tan determinado por las urgencias derivadas de una situación de emergencia como por un conjunto de postulados y axiomas que se presentan como incuestionables y que, lejos de ello, deben colocarse en el centro del debate

Fernando Luengo: Es profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, Investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales y miembro de econoNuestra.

Tomado: Revista Sin Permiso.info

12 ene 2012

Islandia triplicará su crecimiento en 2012 tras encarcelar a políticos y banqueros


A diferencia de España, Grecia o Italia, que tiene en sus gobiernos a personas responsables de la criris, procedentes de Lehman Brothers o Goldman Sachs, Islandia consiguió acabar con un gobierno corrupto y parásito.
Es la ciudadanía islandesa, cuya revuelta en 2008 fue silenciada en Europa por temor a que muchos tomaran nota. Pero lo lograron, gracias a la fuerza de toda una nación, lo que empezó siendo crisis se convirtió en oportunidad. Una oportunidad que los movimientos altermundistas han observado con atención y lo han puesto como modelo realista a seguir.

La historia de Islandia es una de las más buenas noticias de los tiempos que corren. Sobre todo después de saber que según las previsiones de la Comisión Europea, este país del norte atlántico, cerrará el 2011 con un crecimiento del 2,1% y que en 2012, este crecimiento será del 1,5%, una cifra que supera el triple que la de los países de la zona euro.

La tendencia al crecimiento aumentará incluso en 2013, cuando está previsto que alcance el 2,7%. Los analistas aseveran que la economía islandesa sigue mostrando síntomas de desequilibrio. Y que la incertidumbre sigue presente en los mercados. Sin embargo, ha vuelto a generar empleo y la deuda pública ha ido disminuyendo de forma palpable.

Este pequeño país del periférico ártico rechazó rescatar a los bancos. Los dejó caer y aplicó la justicia sobre quienes habían provocado ciertos descalabros y desmanes financieros. Los matices de la historia islandesa de los últimos años son múltiples. A pesar de trascender parte de los resultados que todo el movimiento social ha conseguido, poco se ha hablado del esfuerzo que este pueblo ha realizado. Del límite que alcanzaron con la crisis y de las múltiples batallas que todavía están por resolver. Sin embargo, lo que es digno de mención es la historia que habla de un pueblo capaz de comenzar a escribir su propio futuro, sin quedar a merced de lo que se decida en despachos alejados de la realidad ciudadana. Y aunque sigan existiendo agujeros por llenar y oscuros por iluminar.

La revuelta islandesa no ha causado otras víctimas que los políticos y los hombres de finanzas. No ha vertido ninguna gota de sangre. No ha sido tan llamativa como las de la Primavera Árabe. Ni siquiera ha tenido rastro de mediática, pues los medios han pasado por encima de puntillas. Sin embargo, ha conseguido sus objetivos de forma limpia y ejemplar.

Hoy por hoy, su caso bien puede ser el camino ilustrativo de los indignados españoles, de los movimientos de Occupy Wall Street y de quienes exigen justicia social y justicia económica en todo el mundo.

Teo Navarro

Tomado: KaosenlaRed.net

Fuente: La Vanguardía.com

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25 nov 2010

Final para el Estado de Bienestar


Después de Grecia, Irlanda recurrió a Europa y al FMI prometiendo un drástico ajuste
Las crisis financieras se repiten en la eurozona y las respuestas para enfrentarlas son las mismas: medidas de austeridad para cumplir con los organismos internacionales.
La virtud presupuestaria se instaló en el Viejo Continente. Presionados por los mercados, asfixiados por los déficit, endeudados por el elevado costo de la crisis de 2007-2008 y el tributo que los Estados pagaron para salvar a los bancos de la bancarrota, varios países de la eurozona –donde circula el euro– están al borde del precipicio. Después de Grecia, Irlanda se convirtió ayer en el segundo país de la zona euro en recurrir a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional para salvarse del colapso. El FMI y el Fondo de Estabilización Europeo (FESF) aportarán 113 mil millones de dólares a cambio de un severo plan de economía que esboza lo que ocurrirá en otros países de la Unión: control drástico del déficit a costa de los beneficios sociales. El salvataje de Irlanda apenas aleja las sombras que desvelan a los mercados, temerosos de que Portugal y España sigan el mismo camino. Ayer, Portugal vivió la huelga general más grande de su historia en contra del plan de austeridad que el gobierno socialista de José Sócrates hará votar este viernes.

Estos tres países, llamados “periféricos”, no son los únicos sometidos a los ajustes y recortes de los subsidios, supresiones masivas de empleos en el sector público y aumentos de impuestos. Ayer, el primer ministro francés, François Fillon, presentó en la Asamblea Nacional las prioridades de su nuevo gobierno para los próximos 18 meses con un objetivo innegociable: la reducción de los mastodónticos déficit públicos de Francia. Las sociedades de los países de la Unión Europea pagarán de sus bolsillos la ruleta rusa del sistema financiero internacional. El asalto universal de los operadores financieros está enterrando las conquistas sociales obtenidas a lo largo de décadas y décadas de lucha. En este contexto de opresión social, la Confederación Europea de Sindicatos llamó a una manifestación continental el próximo 15 de diciembre en contra del paquetazo de rigor aprobado por los sucesivos gobiernos. El secretario adjunto de la Confederación, Joel Decaillon, denunció el pago “de la factura” al que están sometidos los pueblos.

Las crisis financieras se repiten y las respuestas para enfrentarlas son las mismas: “medidas de austeridad que afectan los sueldos, las pensiones, la jubilación y la protección social”, dijo el eurosindicalista. Allí donde se mire, un señor con corbata y sonrisa de anestesista espera a los trabajadores europeos.

El plan de austeridad irlandés interviene luego de un profundo recorte de las prestaciones familiares, los subsidios al desempleo y supresiones masivas de puestos de trabajo en el sector público. La meta es dividir por diez el abismal déficit público de aquí a 2014 haciéndolo pasar del 32 por ciento del PIB actual al 3 por ciento, que es el techo máximo autorizado en el seno de la Unión Europea según los criterios del Pacto de Estabilidad. A Portugal le espera un destino semejante. El Parlamento portugués adoptará mañana un presupuesto de austeridad que apunta a recortar el déficit para llevarlo del 7,3 del PIB al 4,6 en 2011 (ver aparte).

Francia se fijó el mismo objetivo: disminuir el déficit y los niveles de la deuda francesa. El esfuerzo lo hará la sociedad. El jefe del Ejecutivo francés aclaró en la Asamblea que no se usarán los fondos públicos para reactivar el crecimiento al tiempo que precisó que tampoco se aumentarán los impuestos. Fillon detalló una suerte de fórmula mágica cuando dijo que, con el presidente de la República, ninguno de los dos ponía en oposición “la eficacia económica, el rigor presupuestario y la cohesión social”. El gobierno de Nicolas Sarkozy busca reducir el déficit del Estado a partir del año que viene con un ahorro consecuente: el agujero de 152.000 millones de euros de 2010 se achicará a 92.000 millones en 2011.

Lo cierto es que cada sacudida de las bolsas parece ahogar más los ahorros de los trabajadores y liquidar la calidad de vida. El impacto de la bancarrota y de los planes millonarios elaborados para evitarla no dejaron a ningún país indemne. Desempleo, precios alucinantes, salarios bajos, recortes, mercado inmobiliario por las nubes y productos de consumo cotidiano con etiquetas de joyería –2,80 dólares un pepino, 2 dólares una planta de lechuga en París–. Irlanda, el llamado “Tigre Celta” por su crecimiento en los años ‘90, se encamina ahora a una “merma” de su calidad de vida, tal como lo reconoció el ejecutivo de Brian Cowen. Ni siquiera Gran Bretaña, que no está en la eurozona, se salvó del sablazo del ajuste. Entre otras cosas, el gobierno de David Cameron formalizó la supresión de 490 mil puestos de trabajo en la función pública y la multiplicación por tres de las tasas universitarias.

En este clima de retrocesos sociales, la interna europea derivada de los costos de la crisis se volvió a destapar ayer con la intervención de la canciller alemana. Con las alas de la debacle irlandesa, Angela Merkel salió a defender su proyecto de reforma para que se cree un mecanismo que englobe a los inversores privados a la hora de pagar las crisis. Alemania aboga por la creación de un mecanismo que haga recaer parte del costo de los rescates bancarios que asumen los Estados sobre los acreedores privados, concretamente sobre las espaldas de quienes detentan obligaciones soberanas. Ello tiende a evitar que todo sea costeado por los contribuyentes, como ocurre ahora. “Quienes ganan dinero con las tasas elevadas, con las obligaciones soberanas, también deben soportar los riesgos”, dijo Merkel. Cabe recordar que Alemania es la primera economía de Europa y el país que más aporta al fondo de ayuda financiera de urgencia creado en mayo pasado. Seguramente, el proyecto alemán quedará en la nada, o pasarán años hasta que se delinee alguna tímida medida. Entretanto, el trabajo y los beneficios sociales seguirán rescatando al ajedrez mortal de las finanzas. Los peones salvarán al rey.

Desde París: Eduardo Febbro

Tomado: Página 12

23 nov 2010

Cuando la cura es peor que la enfermedad: el pacto suicida de Irlanda con la Unión Europea


Los dirigentes irlandeses prefieren aceptar una década de medidas de austeridad impuestas por la UE y la consiguiente pérdida de soberanía, antes que abandonar el euro y empezar de cero.

Irlanda podría ser el próximo Lehman Brothers. Eso es lo que ha inquietado a los mercados. Si los dirigentes irlandeses se niegan a aceptar el rescate del nuevo instituto de estabilidad financiera (EFSF, por sus siglas en inglés) de la Unión Europea, entonces los tenedores de bonos no se verán obligados a aceptar recortes en los rendimientos de sus inversiones, lo que llevará a los bancos alemanes y franceses a quedarse cortos de capital. Los réditos de los bonos crecerán rápidamente, lo que ralentizará la actividad en los mercados crediticios. Una quiebra irlandesa movería centenares de miles de millones de dólares en los mercados de derivados financieros de impagos crediticios (CDS, por sus siglas en inglés), lo que llevaría a sus contrapartes a la quiebra y a un efecto dominó a través del sistema financiero. El contagio se difundiría por Portugal, Grecia, España e Italia, ampliando el diferencial de réditos de los bonos y obligando a los gobiernos a incrementar el volumen de sus empréstitos solicitados al Banco Central Europeo (BCE). La actividad empresarial estornudaría, el desempleo crecería y encogería el crecimiento. Estaríamos en puertas de un segundo desplome financiero.

Pero nadie cree que eso vaya a ocurrir. La mayoría cree que Irlanda se "tragará el medicamento", ahorrando toda pérdida a los tenedores de bonos. Los dirigentes irlandeses prefieren aceptar una década de medidas austeridad impuestas por la UE y la consiguiente pérdida de soberanía, antes que abandonar el euro y empezar de cero y sin imposiciones. Resulta decepcionante. El euro no está concebido para subvenir a las necesidades de los países más pequeños y menos industrializados, como Irlanda. Esos países necesitan su propia moneda, más flexible y capaz de mitigar los efectos de los ciclos bajos. Pero los dirigentes irlandeses son prisioneros de la idea de una Europa unida. Así que trocarán la independencia por la que lucharon durante siglos por un castillo en el aire y la elusiva promesa de prosperidad.

El Estado irlandés ha hecho suyas las deudas tóxicas de sus principales bancos privados. Desgraciadamente, esas deudas sobrepasan holgadamente los ingresos del Estado. De acuerdo con Robert Preston, de la BBC, los pasivos son "equivalentes a un opresivo 700% del PIB, si sumamos la deuda del sector privado y la del sector público". Hasta ahora, el BCE ha contribuido a mantener operativos los bancos irlandeses suministrando 130 mil millones de euros de liquidez de emergencia. Pero los mercados mayoristas ya no aceptan la deuda irlandesa como colateral, y los réditos de los bonos se disparan. Los políticos irlandeses dicen tener todavía fondos suficientes hasta mediados del próximo año, pero eso no incluye la financiación de los bancos. Lo cierto es que, si el BCE dejara hoy mismo de prestar a los bancos, el sistema se vendría debajo de la noche a la mañana.

De modo que la situación se hace más tensa a cada día que pasa. Aun así, todo el mundo espera que el ministro de finanzas, Brian Lenihan, ceda y acepte un rescate. Eso significa trasladar todas las pérdidas al contribuyente irlandés.

Pero ¿qué ocurriría si Lenihan se plantara y decidiera reestructurar la deuda, en vez de tomar dinero prestado del EFSF?

El periodista de la BBC antes mencionado, Rober Preston, fantasea con esa posibilidad en un artículo recientemente publicado por la cadena británica. He aquí un extracto:

"La banca angloirlandesa y los bancos irlandeses a ella asociados tendrían probablemente que declararse insolventes. Y (…) muchos miles de millones de euros que los contribuyentes irlandeses han inyectado ya en esos bancos quedarían de todo punto depreciados…

"Eso movería entonces enormes cantidades dinero cobradero por los suscriptores de los derivados financieros de impagos crediticios (CDS), los contratos de seguro contra deudas hechos por prestamistas y especuladores. Esos dineros generarían ingentes pérdidas en las instituciones financieras, incluidos los bancos, que suministran la cobertura de los CDS…

"Incluso sin el multiplicador de pérdidas que son los mercados CDS, el impacto de los recortes en la deuda resultarían dolorosos para la banca británica e internacional. De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales, el préstamo total de los bancos no irlandeses a los bancos irlandeses ronda los 170 mil millones de dólares, de los cuales los bancos británicos proporcionaron 42 mil, los bancos alemanes, 46 mil, los bancos estadounidenses, 25 mil y los bancos franceses, 21 mil." ["Ireland: How much punishment for British and international banks?", Robert Peston, BBC.]

Si Irlanda abandona el euro, se abrirán las puertas del infierno. El Estado irlandés tendrá que emitir una nueva moneda, a sabiendas de que sus deudas seguirán denominadas en euros de valor mucho más alto. Eso aumentará su carga deudora. Y se verá bloqueado en la captación de capital por los mercados de bonos hasta que se haya puesto al corriente con las viejas deudas. En el mejor de los casos, le tomaría una década o más salir del pozo y restaurar su credibilidad ante los mercados. Por otra parte, se habría librado de la camisa de fuerza del euro y habría logrado reestablecer su soberanía. Eso no es moco de pavo, ¿pero vale realmente la pena?

El periodista Peter Osborne echa un vistazo al asunto de la soberanía en un artículo recientemente publicado en el Telegraph. Va un extracto:

"No puede negarse que Irlanda ha perdido su estatuto de nación soberana. Gracias a su desastroso enmarañamiento en el euro, ha perdido toda independencia en política interior, exterior y, sobre todo, económica. La nación irlandesa es la criatura de Bruselas y del Banco Central Europeo. El primer ministro irlandés se ha convertido en un procónsul destinado por Bruselas en Dublín. Brian Lenihan, el ministro de finanzas, es como el gestor ultramarino de una filial de Bruselas. Para quienes amamos Irlanda, esto es miserable y deprimente, pero hay que recordar que análogo destino aguarda a muchos otros países europeos. Grecia ya está haciendo lo que le dictan el FMI y el BCE; pronto ocurrirá lo mismo en Portugal y, a su debido tiempo, en España." ["Ireland has lost its sovereignty and is now the creature of Brussels – thanks to the euro", Peter Oborne, Telegraph.]

No está solo Osborne en la idea de que Irlanda comete un error permaneciendo en la Unión Europea. El columnista del Telegraph Ed West ve las cosas de la misma manera, pero describe la alianza UE/Irlanda en términos todavía más sombríos, como un "pacto suicida":

"Irlanda siente una atracción histórica hacia Europa continental como liberadora del yugo británico, pero el vínculo es tal vez aún más profundo, remontándose a los monjes que preservaron la civilización occidental durante las épocas obscuras. Irlanda, más que la mayoría de países, se siente profundamente europea, y su catolicismo fue siempre una parte de eso. No es pura coincidencia que cuando el catolicismo comenzó a declinar, Irlanda adoptara una ideología substitutiva, el sueño de Bruselas. O el pacto suicida más enorme del mundo, como creo yo…

"¿A qué empeñarse durante 800 años en sacudirse el yugo británico para terminar bajo la espada de la UE? Dicho esto, nadie en Irlanda va tan lejos en la oposición a la UE como el UKIP [Partido por la Independencia del Reino Unido] o muchos conservadores tories…

"El proyecto europeo era una idea utópica fundada, no en la lógica práctica, sino en una visión idealista, y tenía un solo propósito en mente: la unión política total. En el camino hacia ella, sus arquitectos han mentido repetidamente a la opinión publica, particularmente en el proceso de creación de una sola moneda, cosa para la que la lógica más elemental sugiere la necesidad de una unificación política previa." ["Ireland's smug, Euro-loving elite has led their country to ruins – 'Little Englanders' saved ours", Ed West, Telegraph.]

La crisis financiera se ha llevado por delante buena parte del simulacro que rodeaba a la UE de los 16 países. Ninguno de ellos sigue ya chachareando sobre el final de las guerras y sobre un presente y un futuro de prosperidad compartida. El foco se ha desplazado hacia la necesidad de que los trabajadores se aprieten el cinturón y hacia la habilitación de paracaídas de oro para banqueros y tenedores de bonos. En otras palabras, las elites están librando la implacable guerra de clases de siempre, sólo que, esta vez, parapetados tras la fachada de la unidad europea. ¿De verdad quiere Irlanda ser parte en esa farsa?

Es hora de que Irlanda abandone la UE y dé plantón al Superestado mal nacido. Debería haberlo hecho hace muchos años.

Mike Whitney. Analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista norteamericana CounterPunch.

Tomado: KAOSENLARED.NET

11 nov 2010

Consejo Europeo 28-29 Octubre: las elites diseñan la Europa neoliberal del futuro


Caricatura: Quino
Desde la crisis del euro y de la deuda pública Europea de Mayo del 2010 las clases dirigentes europeas han acelerado notablemente su proyecto de rediseñar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) Europeo y el sistema entero de gobierno económico europeo.

La motivación es obvia, evitar que el sistema vuelva a encontrarse al borde del precipicio si emergen nuevos episodios de inestabilidad como los suscitados por la crisis griega de Mayo.

Este era el empeño principal de la reunión de los líderes de la UE del 28-29 de Octubre en Bruselas, que aprobó las propuestas del ´task force on economic governance´.

Los contenidos de las propuestas se pueden dividir en dos grandes áreas: 1) endurecer notablemente la disciplina fiscal impuesta por el PEC sobre los gobiernos de la zona euro; 2) crear un mecanismo permanente de resolución de crisis que sustituya al Fondo de Estabilidad Financiera Europea (EFSF por sus siglas en inglés) y al Mecanismo de Estabilidad Financiera Europea (EFSM por sus siglas en inglés) que fueron creados en Mayo de 2010 pero que caducan a mediados de 2013. Además de esto se empieza a discutir sobre la propuesta alemana de crear un mecanismo que permita la reestructuración y el impago de la deuda pública.

Como es habitual en la Europa de las élites, los líderes de Alemania y Francia (Merkel y Sarkozy) se pusieron antes de acuerdo sobre los principios básicos de estas propuestas en su reunión de Deauville del 18 de Octubre de 2010, como se puede consultar en la declaración conjunta franco-alemana que emitieron ese mismo día.

Para convencer a los ingleses de que apoyasen las propuestas en el Consejo Europeo y permitiesen una reforma del Tratado de Lisboa bastó que Merkel le prometiese a Cameron una drástica reducción en el aumento anual previsto del presupuesto de la UE, que ahora crecerá en un 2,9% en vez de un 6%. A pesar de que Inglaterra estaría exenta de la aplicación de las sanciones por incumplimiento del PEC que propone Alemania (gracias al Protocolo 15 del Tratado de Lisboa), podría bloquear la aprobación de dichas propuestas en el Consejo Europeo. Por lo que Cameron aprovechó la ocasión para emplear a fondo su posición de fuerza y obtener contrapartidas a cambio de apoyar medidas que en cualquier caso no iban a afectar a Inglaterra. Así se trapichea en las esferas más altas de la UE con las políticas que afectan a millones de ciudadanos.

¿Pero de qué tratan estas propuestas exactamente?

En lo que concierne a la disciplina fiscal, estamos ante el rediseño más importante del PEC desde el tratado de Maastricht.

El task force, por ejemplo, propone crear un mecanismo de coordinación ex-ante de las políticas macro y fiscales de los países de la zona euro. Este mecanismo obligará a los gobiernos de cada país a consultar con la Comisión Europea y el Consejo de ministros europeos los presupuestos nacionales antes de que se hayan siquiera discutido en el parlamento del país. Propone además obligar a los gobiernos a incluir las recomendaciones de la Comisión/Consejo en la propuesta presupuestaria que los gobiernos presenten a sus parlamentos nacionales. Un ataque en toda regla contra la soberanía y la democracia nacionales.

Endurecer y facilitar (a través de un proceso sancionador más rápido y automático) la aplicación de sanciones a los países que incumplan el pacto de estabilidad. Ahora ya no bastará con reducir el déficit por debajo del 3%, sino que además tienes que convencer a la Comisión de que vas a ser capaz de reducir la deuda por debajo del 60% del PIB de manera sostenible y rápida. Además, las sanciones se podrán aplicar si la mayoría del Consejo no se opone a ello (reverse majority rule), no si la mayoría del Consejo está de acuerdo con ello.

Al Presidente de la UE, van Rompuy, se le encarga que siga estudiando la posibilidad de suspender el derecho de voto a los países que incumplan el pacto de estabilidad. La idea es que, como acabar aplicándole multas financieras significativas a los países que incumplan el PEC (países que en tales situaciones seguramente ya se encontrarían en dificultades económicas importantes) puede convertirse en algo complicado de hacer en la práctica, quizás acabe siendo más eficaz aplicarles sanciones políticas substitutorias. Esta es una de las famosas propuestas controvertidas de Alemania (Merkel) ante la que el presidente de Comisión Europea (Barroso) se rasgaba las vestiduras durante la reunión del Consejo Europeo.

Desde el punto de vista de la gestión eficaz de la Europa neoliberal, uno puede imaginarse lo que le haría a la ya maltrecha legitimidad popular de la UE en los países afectados por tales sanciones políticas la aplicación de una medida así. El descontento popular que suscitaría sería sin duda algo arriesgado de gestionar políticamente para cualquier gobierno. Quizás más importante para el buen gobierno de la Europa neoliberal sería el riesgo de que una medida así suscitaría una importante desconfianza y resentimiento por parte de las elites políticas de la UE del país afectado y que posiblemente debilitaría la solidaridad entre las clases dirigentes europeas en el futuro.

El task force propone también crear un nuevo marco de ´surveillance´ macroeconómico para vigilar a los países (como España por ejemplo) que acumulen desequilibrios por cuenta corriente y desequilibrios competitivos importantes. La propuesta permitiría, además, que se sancione a los países que no implementen las recomendaciones de la Comisión y el Consejo para corregir esos desequilibrios. Asegurar la estabilidad fiscal en cada país de la zona euro es demasiado complejo como para confiarlo en unas simples reglas fiscales mecánicas como las contenidas en el PEC. La crisis demostró que países como España, que aparentemente cumplen con todos los criterios del PEC, pueden desmadrar sus cuentas públicas de un día para otro en situaciones de crisis económica como la que acabamos de vivir y crear problemas para la estabilidad financiera de la zona euro. Por ello hay que ampliar el campo de análisis preventivo para tener en cuanta también aquellos desequilibrios macroeconómicos y competitivos que amenacen con destrozar las cuentas públicas en una situación de crisis. Un ejemplo, las cuentas públicas españolas aparentemente eran sólidas al iniciarse la crisis pero esta solidez se basaba en el aumento de la recaudación fiscal que había producido un modelo de crecimiento insostenible construido sobre una burbuja del sector inmobiliario y de la construcción. Vigilar los desequilibrios que van más allá de lo puramente fiscal es un poco la idea detrás de esta propuesta.

Se propone crear un mecanismo permanente para la resolución de futuras crisis ‘a la griega’ y reformar el tratado de Lisboa para darle cabida. Ésta es otra de las propuestas estelares de Alemania. Las clases dirigentes alemanas tienen un problema, según ellas cualquier plan de rescate de gobiernos de la zona euro acabará siempre inevitablemente teniendo que ser financiado en su mayor parte por sus propios contribuyentes. Esto ya les acarreó serios problemas a la hora de convencer al público alemán de que era necesario crear mecanismos como el EFSF y el EFSM en mayo para salvar a países en situaciones como las de Grecia, aunque solo fuese por el bien mayor de la estabilidad del capitalismo europeo. Lo consiguieron solo a cambio de numerosas condiciones, entre las cuales se encontraba la premisa de que estos mecanismos serían solo temporales y que se les impondrían duras condiciones de ajuste a los países receptores de estas ayudas para que se ´espabilasen´ y no hubiese una próxima vez. El Tribunal Constitucional alemán estuvo a punto de bloquear, por inconstitucional, la participación alemana en el EFSF y solo lo permitió al final bajo la premisa de que se trataría solo de medidas ´temporales´. El problema es que nadie se espera que las crisis del capitalismo europeo se acaben para siempre en 2013, ni que mecanismos como el PEC, por muy duros que sean, puedan realmente desterrar cualquier posibilidad de que se produzcan nuevas crisis fiscales europeas en el futuro.

La única forma que tiene Merkel de ´blindarse´ legalmente ante la amenaza del Tribunal Constitucional alemán es que la existencia de un mecanismo de resolución de crisis permanente esté amparado legalmente por el tratado de Lisboa. El problema para el resto de las élites europeas es que la última vez que se intentó reformar los tratados de la UE se abrió una caja de Pandora muy arriesgada de controlar políticamente (como por otra parte sucede cada vez que se le da la oportunidad a la ciudadanía europea de decir lo que realmente piensa de la UE) y se tardó más de ocho años en llegar al actual tratado de Lisboa.

Por lo visto, en medio de este dilema entra en escena el Presidente de la UE van Rompuy para calmar a las clases dirigentes diciéndoles que no se preocupen, que se puede reformar el tratado de Lisboa a través de un fast track approach y legislación secundaria basados en los artículos 48.6 y 48.7 del tratado de Lisboa, que evitaría tener que recurrir a cosas desagradables como referenda populares en países como Irlanda y Dinamarca y quizás también pueda evitar tener que pedir aprobación parlamentaria en cada uno de los países miembros de la UE.

La propuesta alemana de crear un marco que permita el impago y la reestructuración ordenada de la deuda pública en la zona euro divide a las clases dirigentes Europeas. Las recomendaciones del ´task force´ aluden a esta propuesta controvertida solo de un modo tangencial y abstracto refiriéndose solo ´...al papel del sector privado´. La declaración de Deauville del 18 de Octubre de Sarkozy y Merkel habla de ´...una participación adecuada de los acreedores privados...’.

Sin embargo, la idea general alemana está bastante clara. Se trata de incluir al lado de la cláusula que establezca un mecanismo permanente de resolución de crisis otro mecanismo que permita impagos y una reestructuración ordenada de la deuda de los países que cometan impago. De acuerdo con los informes de la prensa, los alemanes están pensando en permitir la prolongación del vencimiento de la deuda o la congelación de los pagos de intereses sobre la deuda en aquellos casos en los que los gobiernos se vean en dificultades de poder seguir pagando. Es decir, una suspensión temporal de los derechos de los acreedores y posiblemente también una renegociación de la deuda en la que los acreedores reciban al final del día menos del 100% de lo que se les debe. El gobierno Finlandés ha lanzado también una propuesta que incluya las llamadas ‘cláusulas de acción colectivas´ que impidan que una minoría de acreedores bloquee un plan de reestructuración de deuda.

Desde el punto de vista del gobierno alemán, como es imposible fiarse de sus socios ‘despilfarradores’ europeos (particularmente, los de la llamada ´periferia´) y no han conseguido imponer su plan inicial –que las sanciones por incumplimiento del PEC se impusiesen de modo totalmente automático, sin siquiera tener que recurrir a una votación del Consejo (evitando así posibles negociaciones de última hora entre ´políticos´ para eludir la aplicación de sanciones)—, hay que fomentar que sean los propios mercados los que sancionen y dobleguen a los gobiernos que incumplan el PEC. Y esto ¿cómo se consigue? Fácil, se le hace creer al mercado que el impago es una posibilidad real y que los alemanes no van a estar siempre allí para rescatar a futuras grecias. Con lo cual los mercados de deuda empezarán a ponerle precio a este riesgo y a hacer pagar tipos de interés más elevados a los países mas ‘irresponsables’ con sus cuentas públicas.

Caricatura: Martirena

Esta propuesta no podría ser más controvertida entre las clases dirigentes. El presidente del BCE, Trichet, por ejemplo, ya ha puesto el grito en el cielo y se opone con uñas y dientes, aunque poco puede hacer para impedirlo si los ‘malditos políticos’ en cuyas manos están al final las decisiones más importantes de como gestionar el capitalismo europeo llegan a un acuerdo entre ellos. Para colmo, el gobernador del banco central alemán y candidato favorito a sustituir a Trichet, Axel Weber, va por ahí dando discursos y argumentando en favor de la propuesta alemana de crear un mecanismo de reestructuración e impago ordenado de la deuda. El propio boletín de octubre del banco central alemán contiene una discusión en favor de las ventajas que puede acarrear permitir, bajo determinadas circunstancias, el impago y la reestructuración ordenada de la deuda pública.

Desde el punto de vista de Trichet, se está jugando con fuego de manera irresponsable. Hablar de permitir el impago no solo puede llevar a que cunda el pánico en los mercados financieros al menos de manera temporal en una situación de fragilidad como la actual. De hecho, la semana pasada los mercados iniciaron una nueva ronda de ventas de deuda griega que rompía con la tendencia de estrechamiento de la prima de riesgo de la deuda griega que se había conseguido en semanas anteriores con las distintas medidas Europeas de apoyo al país. Esta oleada de ventas también salpicó a Irlanda y Portugal (aunque en esos dos países había también causas interiores que influyeron en las ventas), ya que los inversores justamente se empezaban a plantear que si se habla de la posibilidad de permitir un impago en Grecia mejor ir preparándose también para otros impagos en Portugal e Irlanda.

Permitir el impago llevaría a enquistar la percepción de los mercados de que efectivamente creer en la posibilidad de crear un marco capaz de imponer la disciplina fiscal en la zona euro es solo una utopía y que al final habrá que ponerle un precio totalmente distinto a la deuda de cada uno de los países de la zona euro de modo permanente. Es decir que esto de la coordinación y homogenización de las políticas fiscales para permitir que funcione de manera efectiva un área económica común con una moneda única es un cuento chino en el que no creen ni los propios líderes europeos. Esta perspectiva es la que más temen los detractores de la propuesta alemana. Su contrapropuesta es sencilla: más disciplina fiscal a través del endurecimiento del PEC, y ni hablar de impago, que contradice la credibilidad de la primera propuesta.

Ante este debate y las distintas propuestas, uno se pregunta qué esta proponiendo como alternativa la izquierda que no estén ya discutiendo o hayan ya puesto en práctica las clases dirigentes para salvar su sistema. Como se puede ver, las propuestas de impago y reestructuración de deuda que proponen varios economistas de izquierda son perfectamente asumibles desde una de las visiones existentes de gestión del neoliberalismo capitalista, el cual, encima, las tiene bastante mejor concretadas. Otras propuestas que se realizaron desde la izquierda como la de pedir que el BCE comprase deuda pública ya ha sido puesta popr obra por el BCE, a fin de garantizar la estabilidad del sistema. Se demuestra una vez más que la clase dirigente capitalista en momentos de crisis es mucho más flexible en la aplicación de sus dogmas que la izquierda, sobre todo cuando de lo que se trata es de salvar su sistema.

Ante este panorama, se plantea con urgencia que desde la izquierda social y política se empiece ya a proponer alternativas de envergadura para crear una Europa alternativa a la del neoliberalismo.

Álvaro Rein es el heterónimo de un analista económico que colabora regularmente con SinPermiso en temas de política financiera europea.

Álvaro Rein

Tomado: Revista Sin Permiso

22 oct 2010

Cuando los bancos son los que roban



Caricatura: Banegas


Los grandes bancos que ocasionaron la crisis del mercado financiero mundial y que recibieron decenas de miles de millones de dólares en subsidios financiados por los contribuyentes se encuentran posiblemente involucrados en un sin número de fraudes contra propietarios y tribunales. Esta semana, sin embargo, ha sucedido algo prometedor. Los fiscales generales de los cincuenta estados del país anunciaron una investigación bipartita conjunta sobre los fraudes llevados adelante en los juicios por ejecuciones hipotecarias.

Bank of America, JPMorgan Chase, GMAC y otros grandes bancos que otorgan préstamos hipotecarios suspendieron los juicios de ejecución tras haberse hecho público que los procesos de ejecución se llevaban a cabo como si se tratara de una “fábrica de ejecuciones hipotecarias” en la que decenas de miles de documentos eran firmados por personal subalterno con escaso o ningún conocimiento de lo que firmaba.

Aún ante esta evidencia, el gobierno de Obama señaló que no apoyaba una moratoria nacional de las ejecuciones hipotecarias y poco después de esa declaración, el Bank of America anunció que proseguiría con los juicios de ejecución. GMAC hizo lo mismo y seguramente habrá otros que se les sumarán. Se acabó la moratoria voluntaria.

GMAC Mortgage comenzó a procesar documentos en masa, mediante una práctica conocida como “firma robotizada”. En muchos casos, GMAC Mortgage presentó ante los tribunales documentos firmados por Jeffrey Stephan. Stephan tiene a cargo un equipo de doce empleados en las afueras de Philadelphia. El Fiscal General del Estado de Ohio, Richard Cordray, presentó una demanda legal contra GMAC Mortgage, Stephan y contra el banco al que pertenece la firma GMAC, Ally Financial (una subsidiaria, a su vez, de General Motors).

Según un informe, Stephan debió procesar diez mil documentos relacionados a juicios hipotecarios en un mes. Tomando en cuenta una jornada laboral de ocho horas, habría tenido que leer, verificar y firmar en presencia de un escribano aproximadamente un documento por minuto. Stephan admitió haber firmado documentos sin leerlos ni comprobar si efectivamente los propietarios habían caído en mora. Y Stephan fue sólo uno de los tantos “firmantes robotizados”.

Es importante tener presente que General Motors recibió 51 mil millones de dólares del rescate financiero pagado con dinero de los contribuyentes, que su subsidiaria GMAC recibió 16,3 mil millones y que la subsidiaria de Ally Financial, GMAC Mortgage, recibió 1.5 mil millones de dólares como “incentivo para la modificación de los préstamos hipotecarios.”

Por lo que, usted, como contribuyente, subsidió a un banco que ahora termina ejecutándole su propiedad de manera fraudulenta. Y, ¿qué recurso tenemos para enfrentar esto?

En febrero de 2009, la parlamentaria Marcy Kaptur aconsejó a los propietarios que forzaran a los prestamistas a presentar pruebas. Kaptur afirmó: “¿Por qué razón debería un ciudadano estadounidense verse desalojado en medio del frío clima de Ohio? Habrá 10 o 20 grados bajo cero. No se vayan de sus casas porque... ¿saben qué? ...aunque esas compañías aseguren ser beneficiarias de las hipotecas, si los abogados no pueden ver y tocar los documentos hipotecarios, es como si la hipoteca no existiera. Ya verán que esas compañías no pueden encontrar los documentos allá en Wall Street. Por todo esto le digo al pueblo estadounidense: ‘Ocupen sus propias casas. ¡No se vayan!’”

Aunque si se quedan en su casa, quien otorgó el crédito hipotecario podría entrar por la fuerza. Nancy Jacobini, del condado de Orange en Florida, estaba en su casa cuando oyó a un intruso. Aterrorizada, creyó que iban a robarle y llamó al 911. La policía determinó que, de hecho, el intruso era alguien enviado por JPMorgan Chase para cambiar las cerraduras. ¡Y Nancy Jacobini ni siquiera enfrentaba un juicio hipotecario!

La mayoría de los bancos que suspendieron las ejecuciones hipotecarias lo hicieron en veintitrés estados solamente, porque fue en esos veintitrés estados donde los tribunales emitieron sus fallos en relación a los juicios hipotecarios. Uno de los jueces que se ocupa de las ejecuciones hipotecarias es Arthur Schack, Ministro de la Corte Suprema del Estado de Nueva York. El juez Schack fue noticia en los medios de todo el país por haber rechazado docenas de demandas de ejecución hipotecaria. Schack declaró al noticiero de “Democracy Now!”: “Mi trabajo es hacer justicia… Hay demandas por ejecuciones hipotecarias que apruebo, para ello, quien otorgó el préstamo debe hacer tres cosas: debe demostrarme que hay una hipoteca, que es beneficiario de esa hipoteca a la fecha de inicio del juicio y que hay un deudor que ha caído en mora. El mayor problema para estas compañías parece ser el poder comprobar que son beneficiarias de la hipoteca a la fecha de inicio del juicio. Y es entonces que nos encontramos con muchos problemas a la hora de verificar la asignación de hipotecas, nos encontramos con declaraciones juradas de mérito dudosas y, en general, con papeleo administrativo desordenado.”


Bruce Marks dirige NACA, una asociación sin fines de lucro que funciona a nivel nacional y ayuda a las personas a evitar la ejecución hipotecaria. Marks me dijo: “Cuando el Presidente Obama hacía su campaña como candidato a presidente dijo que una de las primeras cosas que haría sería imponer una moratoria de las ejecuciones hipotecarias. Nunca lo hizo. Nunca apoyó la reforma de la ley de quiebras para que la gente tuviera derecho a presentarse ante un juez de quiebras. Y ¿de qué lado está el Presidente Obama cuando dice: ‘Bueno… lo que pasa es que… no queremos decepcionar al mercado.’? ¿Lo que tiene de bueno el mercado es que cuando se ejecuta la hipoteca de alguien y al lado viven personas que pagan su hipoteca, queda un edificio disponible, o queda un edificio en propiedad de una compañía inversora que no tendrá consideración ni tomará en cuenta a los propietarios que habitan el edificio? Debe haber una moratoria a nivel nacional de las ejecuciones hipotecarias para darnos un margen de posibilidad de reestructurar las hipotecas, de hacer que sus pagos sean accesibles y de hacer que esta industria empiece a mirar a los propietarios como personas, como familias, como parte de la comunidad, y no como a bienes que les dan ganancias.”

Según Realty Trac, los bancos recuperaron la propiedad de 102.134 viviendas en el mes de septiembre, a grandes rasgos, una casa cada treinta segundos. Cada treinta segundos, los bancos –muchos de los cuales recibieron fondos del programa de rescate financiero del gobierno de Bush conocido como TARP y que podrían estar realizando maniobras fraudulentas– ejecutan el sueño de la casa propia de una familia estadounidense. Entretanto, GMAC informó que durante la primera mitad del año 2010 sus ganancias se han incrementado.

Amy Goodman

Tomado: http://www.democracynow.org/es/blog/2010/10/21/cuando_los_bancos_son_los_que_roban

3 abr 2009

El gran circo de Londres

Meses atrás la formidable maquinaria propagandística del imperio alimentaba la ilusión de que la reunión del G-20 en Londres le daría la estocada final a la crisis. Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha comenzaron a oírse voces discordantes. Nicolas Sarkozy y Angela Merkel lanzaron baldes de agua fría sobre el inminente cónclave y el anfitrión, el “progresista” británico Gordon Brown, aconsejó bajar las expectativas al paso que un número creciente de economistas críticos e historiadores advertían sobre lo fútil de la tentativa. Pese a ello los ilusionistas y malabaristas del sistema no dejaron de ensalzar la reunión de Londres y tratar de que las tibias medidas que allí se adoptasen fuesen interpretadas por el público como propuestas sensatas y efectivas para resolver la crisis.
Como era de esperar, poco y nada concreto salió de la reunión. Y esto por varias razones. Primero, porque lo que con arrogancia e ignorancia inauditas algunos caracterizaron como Bretton Woods II ni siquiera se planteó la pregunta fundamental: ¿reformar para qué, con qué objeto? Al soslayarse el tema por omisión quedó establecido que el objetivo de las reformas no sería otro que el de volver a la situación anterior a la crisis. Esto supone que lo que la causó no fueron las contradicciones inherentes al sistema capitalista sino aquella “exuberante irracionalidad de los mercados” de la que se lamentaba Alan Greenspan, sin percatarse que el capitalismo es por naturaleza exuberantemente irracional y que esto no se debe a un defecto psicológico de los agentes económicos sino que tiene sus fundamentos en la esencia misma del modo de producción. Segundo: dado lo anterior no sorprende comprobar que el G-20 haya decidido fortalecer el papel del FMI para liderar los esfuerzos de la recuperación, siendo el principal autor intelectual de la crisis actual. El FMI ha sido, y continúa siendo, el principal vehículo ideológico y político para la imposición del neoliberalismo a escala planetaria. Es una tecnocracia perversa e inmoral que percibe honorarios exorbitantes (¡exentos del pago de impuestos!) y cuya pobreza intelectual la resumió muy bien Joseph Stiglitz cuando dijo que el FMI está poblado por “economistas de tercera formados en universidades de primera.” ¿Y de la mano de estos aprendices de brujos se piensa salir de la crisis más grave del sistema capitalista en toda su historia? No hay en esto un ápice de exageración: esta crisis es la manifestación externa de varias otras que irrumpen por primera vez: crisis energética, medioambiental, hídrica. Nada de esto había en la depresión de 1873-1896 o en la Gran Depresión de los años treinta. En su entrelazamiento estas crisis plantean un desafío de inéditas proporciones, frente al cual las recetas del FMI no harán sino profundizar los problemas hasta extremos insospechados. Tercero: dada esta situación el tema es demasiado grave para dejarlo en manos del G-20 y sus “expertos”. Por eso el presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D’Escoto, dijo que lo que se necesitaba no era un G-20 sino un G-192, una cumbre de todos los países, y la convocó para Junio de este año. El G-20 trata de cooptar a varios países del Sur con la esperanza de robustecer el consenso para una estrategia gatopardista de “salida capitalista a la crisis del capitalismo”: cambiar algo para que nada cambie. Pero no hay posibilidad alguna de capear este temporal apelando a las recetas del FMI, y los países invitados a Londres, entre ellos la Argentina, lo mejor que podrían hacer es denunciar con serenidad pero con firmeza la inanidad de las medidas allí adoptadas y que dentro del capitalismo no habrá solución para nuestros pueblos ni para las amenazas que se ciernen sobre todas las formas de vida del planeta Tierra.
Atilio Borón
Tomado de Rebelión

21 mar 2009

El G-20 y la política expansiva

Uno de los temas que van a estar presentes en la cumbre del G-20 va a ser la pretensión de Obama de que la Unión Europea colabore de forma más activa en los planes de reactivación de la economía, a lo que parece oponerse la mayoría de los mandatarios europeos. El problema es que Europa, si bien es una superpotencia económica, no cuenta con la suficiente unidad para proceder como tal y las actuaciones realizadas hasta ahora han estado presididas por la disgregación.
Conviene no caer en las mismas equivocaciones del pasado. Tras la depresión del 29, el presidente Hoover y su secretario de Estado del Tesoro cometieron el grave error de oponerse a los programas económicos de estímulo público, imbuidos por la teoría –que actuó también en contra del New Deal de Roosevelt– de que las depresiones son buenas porque sirven de catarsis a las burbujas financieras que las preceden. Schumpeter, Chamberlin o Hayek eran de la opinión de que la economía debe expulsar los venenos acumulados durante la época de expansión.
La mayoría de las crisis –la del 29, al igual que la actual– se originan a partir de los desequilibrios sembrados por los excesos económicos anteriores; la economía entra en una espiral depresiva en la que la demanda y, por lo tanto, la renta se van reduciendo más y más. Las empresas no invierten, generan paro que reduce aún más el consumo, que hace cerrar o poner en dificultad a otras empresas, y así indefinidamente. Renunciar a intervenir en la economía y pretender que esta se recupere por sí sola es tener una confianza excesiva en las fuerzas del mercado y, en el mejor de los casos, aun cuando se produjese la recuperación, sería tras mucho tiempo y la generación de un sufrimiento innecesario. La intervención resulta imprescindible.
El análisis del origen de la crisis nos conduciría a exigir una solución radical, un cambio en profundidad del modelo económico seguido en estos últimos 30 años, la destrucción de la totalidad de los postulados impuestos por el neoliberalismo económico. Pero esas reformas estructurales del sistema económico no se hacen en un día, ni parece, por otra parte, que se tenga la intención de acometerlas. Los planes expansivos de los gobiernos son, por lo consiguiente, necesarios. No atajarán la causa del problema, pero remediarán los efectos a corto plazo.
Ahora bien, no toda intervención estatal tiene un efecto beneficioso para la crisis. A río revuelto, ganancia de pescadores, y hoy son muchos los que se revisten de pescadores para echar las redes en el río fácil de los dineros públicos. Las actuaciones no pueden dirigirse, desde luego, al lado de la oferta. Por muchos incentivos que se concedan a las empresas, estas no invertirán ni producirán ni mantendrán el empleo si no tienen demanda. Fue mérito de Keynes descubrir que, en condiciones normales, no funciona la ley de Say, la oferta no crea su propia demanda. Es hacia la inversión pública y hacia las clases económicamente más desfavorecidas, y que tienen por tanto mayor propensión a consumir, hacia donde hay que orientar los planes expansivos de los estados.
Juan Francisco Martín Seco
Tomado de Rebelión
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