Dado que la democracia se encuentra exhausta en sus ciudadelas de Norte América y de Europa occidental, ¿qué debemos esperar de Afganistán? Estamos solo ante una imitación, ante una elaboración ideológica que deberemos definir justamente como “democratismo”, el rostro aceptable de un poder autoritario. Lo hemos visto ya en acción en el Irak ocupado y ahora en la farsa incluso peor en curso en Afganistán. La idea de que los resultados darán legitimidad al candidato vencedor no es otra cosa que una fantasía de alguno en Kabul y una cínica manipulación por parte del sistema político occidental establecido y de su prensa domesticada. Sea cual sea el resultado, no cambiará nada.
Hamid Karzai gobierna un escuálido narco estado. Wali Karzai es el hombre más rico del país y saca beneficio de los tráficos de armas y droga y de la presencia de la OTAN que mantiene en el poder a su hermano. Los dos candidatos rivales de Karzai en su momento formaron parte del gobierno. Ambos son dos payasos anhelantes de que Washington abandone a Karzai y los ponga a prueba a ellos. El propio Karzai está coaligado con religiosos fundamentalistas ultra reaccionarios del Irán occidental, chiitas a los que ha prometido cinco carteras en el gobierno y la aprobación de una ley encaminada a legalizar la violación sexual en el seno del matrimonio. Hillary Clinton calla. Larga vida a la democracia.
Afganistán está ocupado por los ejércitos de la OTAN bajo el mando de EEUU y de la nueva Administración. Esta es ahora la guerra de Obama que ha hecho campaña para enviar nuevas tropas a Afganistán y extender la guerra, si es necesario, a Pakistán. El mismo día en que Obama ha manifestado públicamente su disgusto por la muerte de una joven mujer iraní víctima de la represión en Teherán, un avión guiado por control remoto ha matado 60 personas en Pakistán, entre ellas mujeres y niños, a los que la propia BBC tendría dificultad en describir como “militantes”. Su nombre no significa nada para el mundo, sus imágenes no serán mostradas por la red de televisión. Sus muertes han ocurrido por “una buena causa”.
El mes de mayo pasado Graham Fuller, antiguo jefe de la CIA en Kabul, publicó un análisis sobre la crisis de la región en el Huffington Post. Ignorado por la casa Blanca cuando, en su día, puso en discusión gran parte de las evaluaciones sobre las que se sustentaba la escalada bélica, Fuller ha hablado en nombre de muchos de los miembros de los aparatos de inteligencia de su país y de Europa. No es frecuente que yo llegue a estar de acuerdo con un hombre de la CIA, pero Fuller no solo ha afirmado que Obama “se ha adentrado por el mismo sendero recorrido por George Bush y que llevó al fracaso en Pakistán” y que el uso de la fuerza no traerá la victoria, sino que también ha explicado a los lectores que los talibanes son todos étnicamente pashtunes y que los pashtunes están “entre los más fervientes nacionalistas , tribales y xenófobos pueblos del mundo, unidos tan solo contra el invasor extranjero” y que “en último análisis, son más pashtun que islamistas”. “Es una fantasía –ha escrito- pensar que se pueda sellar la frontera entre Pakistán y Afganistán”. No creo que sea el único hombre de la CIA jubilado que acuda al pasado, a los días en los que Camboya fue invadida “para salvar Vietnam”.
En resumen, Afganistán yace en el caos. Pakistán yace en el caos. La solución de Obama es parte del problema. Hay una necesidad desesperada de encontrar una exit strategy. ¿Está Obama en condiciones de encontrar una, antes de su “salida” de la Casa Blanca? Las señales son descorazonadoras.
Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO . Su último libro publicado es The Duel: Pakistan on the Flight Path of American Power [hay traducción castellana en Alianza Editorial, Madrid,2008: Pakistán en el punto de mira de Estados Unidos: el duelo].
Tariq Alí
Traducción Joaquín Miras
Tomado de Rebelión
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14 sept. 2009
Caos afgano
Dado que la democracia se encuentra exhausta en sus ciudadelas de Norte América y de Europa occidental, ¿qué debemos esperar de Afganistán? Estamos solo ante una imitación, ante una elaboración ideológica que deberemos definir justamente como “democratismo”, el rostro aceptable de un poder autoritario. Lo hemos visto ya en acción en el Irak ocupado y ahora en la farsa incluso peor en curso en Afganistán. La idea de que los resultados darán legitimidad al candidato vencedor no es otra cosa que una fantasía de alguno en Kabul y una cínica manipulación por parte del sistema político occidental establecido y de su prensa domesticada. Sea cual sea el resultado, no cambiará nada.
Hamid Karzai gobierna un escuálido narco estado. Wali Karzai es el hombre más rico del país y saca beneficio de los tráficos de armas y droga y de la presencia de la OTAN que mantiene en el poder a su hermano. Los dos candidatos rivales de Karzai en su momento formaron parte del gobierno. Ambos son dos payasos anhelantes de que Washington abandone a Karzai y los ponga a prueba a ellos. El propio Karzai está coaligado con religiosos fundamentalistas ultra reaccionarios del Irán occidental, chiitas a los que ha prometido cinco carteras en el gobierno y la aprobación de una ley encaminada a legalizar la violación sexual en el seno del matrimonio. Hillary Clinton calla. Larga vida a la democracia.
Afganistán está ocupado por los ejércitos de la OTAN bajo el mando de EEUU y de la nueva Administración. Esta es ahora la guerra de Obama que ha hecho campaña para enviar nuevas tropas a Afganistán y extender la guerra, si es necesario, a Pakistán. El mismo día en que Obama ha manifestado públicamente su disgusto por la muerte de una joven mujer iraní víctima de la represión en Teherán, un avión guiado por control remoto ha matado 60 personas en Pakistán, entre ellas mujeres y niños, a los que la propia BBC tendría dificultad en describir como “militantes”. Su nombre no significa nada para el mundo, sus imágenes no serán mostradas por la red de televisión. Sus muertes han ocurrido por “una buena causa”.
El mes de mayo pasado Graham Fuller, antiguo jefe de la CIA en Kabul, publicó un análisis sobre la crisis de la región en el Huffington Post. Ignorado por la casa Blanca cuando, en su día, puso en discusión gran parte de las evaluaciones sobre las que se sustentaba la escalada bélica, Fuller ha hablado en nombre de muchos de los miembros de los aparatos de inteligencia de su país y de Europa. No es frecuente que yo llegue a estar de acuerdo con un hombre de la CIA, pero Fuller no solo ha afirmado que Obama “se ha adentrado por el mismo sendero recorrido por George Bush y que llevó al fracaso en Pakistán” y que el uso de la fuerza no traerá la victoria, sino que también ha explicado a los lectores que los talibanes son todos étnicamente pashtunes y que los pashtunes están “entre los más fervientes nacionalistas , tribales y xenófobos pueblos del mundo, unidos tan solo contra el invasor extranjero” y que “en último análisis, son más pashtun que islamistas”. “Es una fantasía –ha escrito- pensar que se pueda sellar la frontera entre Pakistán y Afganistán”. No creo que sea el único hombre de la CIA jubilado que acuda al pasado, a los días en los que Camboya fue invadida “para salvar Vietnam”.
En resumen, Afganistán yace en el caos. Pakistán yace en el caos. La solución de Obama es parte del problema. Hay una necesidad desesperada de encontrar una exit strategy. ¿Está Obama en condiciones de encontrar una, antes de su “salida” de la Casa Blanca? Las señales son descorazonadoras.
Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO . Su último libro publicado es The Duel: Pakistan on the Flight Path of American Power [hay traducción castellana en Alianza Editorial, Madrid,2008: Pakistán en el punto de mira de Estados Unidos: el duelo].
Tariq Alí
Traducción Joaquín Miras
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20 ago. 2009
Elecciones en Afganistán
Caricatura: Juan Kalvellido
Afganistán pone en jaque la idea del intervencionismo humanitario a la francesa
Los objetivos que la OTAN se puso como objetivo en 2006 no se han alcanzado. La solución: negociar con los talibanes
Dos noticias cogidas al azar en sendos diarios provinciales franceses. Primera: "El Gobierno afgano legaliza la discriminación de las mujeres", a propósito de la ley que autoriza privar de comida a una afgana. Segunda: "La madre de uno de los soldados muertos en Afganistán sigue exigiendo justicia", a propósito de la emboscada talibán de hace un año que costó la vida a diez inexpertos militares galos. Son dos titulares de la prensa que influye en la Francia profunda, y vienen a revelar, a los ojos del país más creyente en el universalismo humanista, el fracaso de la estrategia occidental.
Tras la primera intervención de 2001, destinada a aplastar a los talibanes y a intentar atrapar a Mulá Omar y a Osama Bin Laden, una estrategia múltiple se puso en marcha para justificar la presencia a largo plazo de las tropas norteamericanas y sus auxiliares: Fue el llamado Afghanistan Compact de 2006.
Ese paquete de objetivos, fijado en la conferencia en Londres, decía que los casi 70.000 militares de la OTAN y de las fuerzas especiales de Enduring Freedom, unos 76 países y el conjunto de las instituciones internacionales tenían cuatro frentes en Afganistán. Debían mejorar la seguridad, reducir el narcotráfico, impulsar el buen gobierno -incluido para y por las mujeres- y promover el desarrollo económico y social.
Un catálogo que se parece a lo mejorcito que hayan producido a escala planetaria las mentes bienpensantes del intervencionismo humanitario, de la promoción de los derechos humanos y del combate contra el terrorismo. Una punta de lanza (las fuerzas especiales norteamericanas), una segunda línea de combate (los soldados de la OTAN), ayudados a distancia por más de setenta países y respaldados por todas las siglas de lo que se suele llamar "la comunidad internacional", desde la ONU al Banco Mundial.
Con el Global Compact, entraban en simbiosis profunda tres tradiciones. Toni Blair veía una ocasión de relanzar su imagen de justiciero moralizador internacional, heredero de las sociedades filantrópicas de Londres, una reputación que había logrado -no sin engaños- gracias a Sierra Leona entre 1998 y 2002. George W. Bush encontraba por fin legalidad y legitimidad para su "cruzada contra el terrorismo", que le había permitido instalar el poderío norteamericano en el corazón de Asia, entre China, Pakistán y la India. Bernard Kouchner lograba por fin impulso a su idea de que las ONGs humanitarias pueden y deben ir por detrás de ejércitos, obligados a intervenir contra los bárbaros.
Sin resultados
Cómo y por qué una coalición tan poderosa y sofisticada se encuentra hoy en aprietos frente a una banda de incultos oscurantistas, es algo que merecería su explicación. Pero lo cierto es que, desde hace un año y medio, es imposible encontrar alguna capital capaz de retomar el Global Compact punto por punto y analizar friamente en qué ha mejorado la seguridad, dónde se ha reducido el cultivo del opio en el país que produce más del 90% de esa materia prima y dónde está el buen gobierno, especialmente por y para las mujeres.
En cuanto al desarrollo económico y social, a juzgar por las cifras barajadas por los opositores afganos y por expertos como Gérard Challiand, el maná internacional ha desarrollado sobre todo la corrupción del clan Karzai, por un lado, y los sueldos de ciertos consultores occidentales, por otro.
¿Alguna capital canta victoria hoy? ¿Alguna capital puede explicar en qué ha mejorado la seguridad? ¿Quién se atrevería a defender hoy que la bomba lanzada por un dron que mata a una familia reunida para una boda trae la democracia ya que una ONG ha abierto un dispensario?
Nada de eso. Thierry Mariani, nuevo representante francés para la zona AfPak e incondicional de Nicolas Sarkozy y de Bernard Kouchner, lo reconoce textualmente. Ahora sólo se trata de "impedir la reinstalación de un régimen radical". Por radical no se entiende nada relacionado con las mujeres ni con el desarrollo. Sólo se entiende "radical" si tiene que ver con el yihadismo internacional. La negociación con los talibanes está abierta.
Negociar con los talibanes
"Habrá negociación política con los talibanes y la única duda es el momento", ha explicado el geopolitista Gérard Challiand, que forma sobre el terreno a cuadros del ejército afgano. Entre tanto, esperando ese momento, "los Occidentales no pueden ganar ni irse", añade.
Cuando "no pueden ni ganar ni irse", para matar el rato, organizan algo que se parezca a unas elecciones con una urna, una papeleta, un votante con el vientre hueco y un feo talibán amenazando con una bomba. Barak Obama, Gordon Brown y Nicolas Sarkozy piden a las opiniones occidentales que a eso lo aplaudan llamándolo guerra contra el terrorismo, promoción de la democracia y universalismo humanista.
En su libro 'El Universalismo Europeo', Immanuel Wallerstein expresa la opinión contraria, y explica por qué no hay que aplaudir tales filigranas. Desde la Controversia de Valladolid en el siglo XVI, Bartolomé de las Casas dejó claro que los "dispositivos retóricos" sobre "los bárbaros" sólo sirven para "políticas de tipo imperialista". En el siglo XVI, el dispositivo retórico fue el Evangelio contra ese asesino sanguinario que era Quetzalcoatl, y la expansión imperial fue la española.
En el siglo XIX, fue la "misión civilizadora del progreso" llevado por las potencias coloniales, británica o francesa, la que justificaba aplastar a los "indígenas". En el XXI, parece que es el fetichismo de unas elecciones con fraude, vigiladas por drones y satélites, lo que justifica una presencia a largo plazo de potencias dispuestas, en el fondo, a negociar con los talibanes.
ANDRÉS PÉREZ - París
Tomado de Público
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7 may. 2009
Bombas estadounidenses provocan una nueva masacre de civiles afganos
Un centenar de afganos, la mayoría civiles, murieron entre el lunes y el martes durante los combates y bombardeos estadounidenses mientras se refugiaban en sus viviendas de los enfrentamientos registrados en Bala Buluk, en la provincia de Farah, entre las tropas regulares con apoyo de la aviación de la OTAN y la insurgencia talibán. Cruz Roja encontró decenas de cadáveres en tumbas recientes y entre los escombros de las casas destruidas por las bombas.
Aviones estadounidenses bombardearon el lunes dos poblaciones del distrito afgano de Bala Buluk, en la provincia de Farah, durante los combates mantenidos en los últimos días por las tropas ocupantes bajo el mando de la OTAN contra los insurgentes talibán. Al menos cien personas, la mayoría de ellas civiles y entre ellas muchas mujeres y niños, murieron como consecuencia del ataque, según un alto responsable de la Policía afgana.
Los habitantes del lugar se refugiaron en sus casas, que fueron destruidas por las bombas. «Más de 100 personas murieron en la operación en el distrito Bala Buluk», anunció Abdul Ghafar Watandar, el comandante de la Policía de la provincia de Farah, quien agregó que la investigación para saber el número exacto de víctimas civiles continúa.
El general estadounidense David McKiernan, al mando de las fuerzas ocupantes de Afganistán, afirmó anoche que en los combates y bombardeos habían muerto 25 talibán y un número indeterminado de civiles.
Jessica Barry, portavoz del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR), aseguró a France Presse que decenas de personas, muchas de ellas mujeres y niños, habían muerto en los bombardeos. Afirmó que «nuestros equipos desplazados al vieron el martes in situ los cuerpos de decenas de personas muertas en cada una de las poblaciones bombardeadas. La mayoría de las casas de la zona afectada quedaron reducidas a escombro», y añadió que «uno de nuestros colegas de la Media Luna Roja afgana falleció junto a 13 familiares en esos bombardeos».
Las primeras imágenes difundidas ayer, mostraban a los lugareños cavando tumbas para enterrar a sus muertos y retirando los escombros de las casas de adobe derruidas. Berry indicó que «había cadáveres, había tumbas nuevas -unas doce- y personas enterrando cadáveres cuando llegamos». «Confirmamos que había mujeres y y niños», sostuvo.
El gobernador de Farah, Rohul Amin, no confirmó el número de víctimas, porque, según dijo, «la zona bombardeada está controlada por los talibán y no somos capaces de saber más», aunque antes había informado de la muerte de una treintena de insurgentes y de civiles. Según su versión, los talibán se habían hecho fuertes en los últimos dos días en Bala Buluk, donde atacaron dos poblaciones y mataron a varios civiles acusados de espiar para el Gobierno de Kabul y las fuerzas ocupantes y a tres policías antes de la intervención del Ejército afgano con apoyo de la aviación de la OTAN.
«Refugiados entre civiles»
La versión oficial agrega que la fuerza conjunta invasora atacó a los insurgentes, que se habían «refugiado en las viviendas de civiles», algunas de las cuales quedaron completamente destruidas por las bombas, «causando víctimas civiles». El gobernador señaló que desde esos refugios, los talibán atacaron a las fuerzas regulares afganas.
Las tropas extranjeras en Afganistán matan regularmente civiles en los combates y bombardeos contra la insurgencia, lo que provoca la indignación de la población afgana y de las autoridades. Ayer, el presidente afgano, Hamid Karzai, que ordenó una investigación, volvió a calificar de «inaceptables» las víctimas civiles, pero poco más.
La difusión de la noticia coincidió con su visita y la del presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, con su homólogo de EEUU, Barack Obama, en Washington, a quien Karzai tenía previsto plantear esta cuestión. Antes, se reunieron con Hillary Clinton, secretaria de Estado estadouni- dense, quien expresó su «profundo pesar» por lo sucedido.
EEUU, cuyo Ejército participa en la investigación conjunta sobre lo ocurrido, dijo lamentar «profundamente» cualquier «daño o pérdida de vidas inocentes como consecuencia de operaciones en la que sus tropas están involucradas». El portavoz adjunto del Departamento de Estado, Robert Wood, afirmó que «EEUU toma precauciones para evitar pérdida de vidas entre los civiles, así como las fuerzas afganas e internacionales durante las operaciones contra los insurgentes y terroristas».
2.118 civiles murieron en 2008 en Afganistán a causa de conflicto, según cifras de la misión de la ONU en el país. Las tropas afganas e internacionales fueron responsables de la muerte de 828 de ellas, un 64% de las cuales fallecieron en ataques aéreos.
El bombardeo de la aviación estadounidense con mayor número de víctimas entre la población civil -a falta de confirmarse la cifra de fallecidos en Bala Buluk- es el que tuvo lugar en agosto de 2008 en Aziz Abad (Herat), donde murieron 90 personas, 60 de ellas menores de edad.
Karzai y Zardari se comprometen a cooperar presionados por Obama
EEUU intensificó ayer su presión sobre Afganistán y Pakistán para que unan sus fuerzas en la lucha contra la insurgencia talibán durante el encuentro a tres bandas en Washington, una «minicumbre» sin precedentes que reunió a Barack Obama, Hamid Karzai y Asif Ali Zardari. Durante la reunión, Obama obtuvo de sus homólogos el compromiso de superar sus viejas y mutuas sospechas para combatir juntos.
Obama ha hecho de la lucha contra los talibán en el noroeste de Pakistán una de sus prioridades para la estabilidad de Afganistán. Sus misiles atacan a menudo zonas tribales paquistaníes fronterizas y Pakistán están pagando caro su apoyo a EEUU. El presidente de EEUU expresó el «compromiso duradero» de su Gobierno para derrotar a la Al Qaeda y apoyar a los Gobiernos democráticos de Afganistán y Pakistán. Obama habló así en el atrio de la Casa Blanca tras sendas reuniones por separado con los líderes de ambos países, Hamid Karzai y Asif Zardari, respectivamente, y una cumbre trilateral.
Aseguró que las reuniones, cuyo objetivo era reforzar la cooperación contra los talibán en la frontera, pero también la colaboración en los ámbitos comercial y agrícola, han sido «muy productivas». Según afirmó, «el camino por delante será difícil, habrá más violencia y pasos atrás pero tenemos un compromiso duradero para derrotar a Al Qaeda y apoyar a los gobiernos democráticos de Pakistán y Afganistán». Ese esfuerzo, prometió, será «sostenido».
Tras una encuentro previo de Karzai y Zardari con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ésta declaró «hemos hecho de esto una causa común, porque se enfrentan a un enemigo común».
Tomado: Gara
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