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16 dic. 2010

La UE tumba el 'permiso único' para inmigrantes legales


El Parlamento Europeo rechaza la directiva que pretendía simplificar la obtención de permisos de trabajo y residencia para no comunitarios

El Parlamento Europeo (PE) ha rechazado por sorpresa y con un resultado ajustado, la legislación conocida como "permiso único", que pretendía simplificar la obtención de permisos de trabajo y residencia por parte de los inmigrantes legales no comunitarios que vienen trabajar a la UE.

El voto dividido de los liberales que, en principio, habían acordado con los conservadores dar el visto bueno a la propuesta de directiva (ley-marco), ha provocado un vuelco en el resultado: 350 votos en contra, 306 a favor y 25 abstenciones.

La llamada directiva sobre el "permiso único", pensada para simplificar los trámites de residencia y trabajo de los inmigrantes que entran en la UE por razones económicas, contaba con el rechazo claro de los socialistas europeos, porque en su opinión no garantiza en todos los casos que los trabajadores no comunitarios y del interior de la UE tengan los mismos derechos en cuanto al acceso a la seguridad social o a la educación.

La directiva contaba con el rechazo socialista

Esa falta de igualdad de trato plena y el hecho que algunos inmigrantes queden fuera del ámbito de la aplicación de la directiva había motivado críticas de varios grupos.

Aunque el texto dice expresamente que los inmigrantes procedentes de países que no forman parte de la UE deben ser considerados como comunitarios en materia de beneficios sociales, no incluye para el caso a los temporeros ni a los solicitantes de protección internacional.

La propuesta elaborada por la Comisión Europea no ha recogido a esos colectivos, porque Bruselas ya ha presentado sendas iniciativas concretas para ellos, según ha dejado claro la comisaria de Interior, la sueca Cecilia Malmström.

Alertaban que "se dinamitaba el principio de igualdad"
"Se trata de dar valor y reconocimiento a la aportación de los inmigrantes a nuestros Estados miembros", ha argumentado Malmström en el debate previo al voto.

La ponente del informe sobre la directiva debatida, la francesa Véronique Mathieu (PPE), ha lamentado el voto negativo y ha señalado que "una de las mejores formas de luchar contra la inmigración ilegal es desarrollar canales de inmigración legal equilibrados que satisfagan los mercados de trabajo de la UE".

La Comisión decidirá si modifica o renueva el texto
En el bando contrario, el más crítico con la directiva propuesta por la CE había sido el eurodiputado socialista español Alejandro Cercas, ponente en la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales del Parlamento. Cercas había vaticinado en el debate previo a la votación que con el texto "habrá trabajadores 'low cost'" y "se dinamitará el principio de igualdad" entre trabajadores de dentro y fuera de la UE.

La primera vez que la Comisión Europea presentó una directiva sobre el "permiso único" fue en 2001, pero tras no prosperar en el Consejo de Ministros fue retirada en 2006.

El texto actual fue presentado por el Ejecutivo comunitario en 2007, y para ser aprobado esta vez necesita no sólo el visto bueno de los gobiernos, sino también del Parlamento Europeo, en virtud del procedimiento de "codecisión" previsto por el Tratado de Lisboa en materia social.

Tras el rechazo de este martes, le tocará a la Comisión Europea decidir si modifica o renueva totalmente el texto para proponer una nueva directiva que regule y simplifique la inmigración legal dentro de la UE.

EFE Estrasburgo (Francia)

Tomado: Público.es
Artículo relacionado: La UE recorta los derechos de los trabajadores precarios inmigrantes

9 oct. 2009

Intromisión de instituciones y de empresas europeas en el Referendúm Irlandés

El Eurodiputado de IU, denuncia la intromisión de instituciones y de empresas europeas en el Referendúm Irlandés La Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo ha debatido hoy sobre los resultados del referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa. El eurodiputado de Izquierda Unida Willy Meyer realizó una valoración sobre el referéndum celebrado el pasado sábado en Irlanda sobre el Tratado de Lisboa. Aunque esta vez los electores irlandeses se pronunciaron a favor de la ratificación del texto, recordó que en la anterior ocasión el resultado fue negativo y se preguntó si, en caso de que hubiera sido rechazado de nuevo, se habría vuelto a celebrar otra consulta. En este sentido, se cuestionó las "extrañas reglas del juego" de la construcción europea y señaló, como miembro del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, que su grupo no es "euroescéptico", sino que es "euroexigente", destacando el papel central que debe ocupar en el futuro de la Unión Europea el "respeto por las reglas democráticas y por la ciudadanía". A propósito de la campaña electoral en Irlanda, Willy Meyer recordó que ha estado financiada por importantes empresas, una clara muestra de qué grupos tienen interés en la ratificación del Tratado. Según sus palabras, en esta "arquitectura europea" se anteponen los intereses de estos grupos a lo que debería ser una "Europa más cohesionada, más igualitaria y más social". El eurodiputado de Izquierda Unida señaló el rotundo fracaso de la Estrategia de Lisboa, que no sólo no ha alcanzado los objetivos que se había marcado (un crecimiento anual superior al 3% y la creación de 20 millones de puestos de trabajo, entre otros), sino que ha sumido a los países europeos en la peor situación económica desde 1930. En su opinión, el Tratado de Lisboa lejos de reconocer este estrepitoso fracaso, "blinda un modelo económico", a través de los artículos 43 y 49 que consagra el "dumping social" en la Unión Europea y que hace prevalecer la "libertad de servicios y el mercado desregulado sobre la Europa social". Willy Meyer tuvo la ocasión de interrogar a Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, sobre si se sentía responsable de este fracaso, cuestión a la que respondió negativamente, señalando la política económica de Estados Unidos como la culpable de la crisis. Asimismo, se preguntó cuándo iba a tener la Unión Europea una política exterior propia que no esté marcada por la agenda estadounidense y que no dependa de la administración que ocupe la Casa Blanca, como ha sucedido en el caso de la construcción del escudo antimisiles en la República Checa y en Polonia; una política europea de desarme, alejada de la militarización que propugna el Tratado de Lisboa. Además, recordó que los "euroexigentes" no renuncian al sueño que ya enunciaba Víctor Hugo a mediados del siglo XIX de unos "Estados Europeos Federados" y destacó que el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa aún no ha terminado. Tomado de Mundo Obrero

22 jun. 2009

¿Quién no entiende Europa?

Mural Diego Rivera La población europea se está moviendo a la izquierda Existe una tendencia por parte de los medios de información de asumir, erróneamente, que las instituciones representativas en los sistemas democráticos reflejan el sentir de la población, identificando país con gobierno, lo cual crea confusiones considerables. Así, cuando el gobierno Aznar decidió enviar tropas a Irak, la prensa internacional indicó que España apoyaba la política del Presidente Bush de invadir aquel país. En realidad, la gran mayoría de la población española no apoyó aquella invasión, y millones de personas salieron a la calle como protesta. No fue España, sino el gobierno de Aznar el que apoyó la invasión de Irak. Una situación idéntica está ocurriendo ahora cuando, como resultado de que los partidos de derechas ganaron las elecciones al Parlamento Europeo, ha aparecido un gran número de titulares en los medios de información subrayando que “Europa se hace de derechas”. No es Europa, sin embargo, sino el Parlamento Europeo el que se está moviendo a la derecha. En realidad, la mayoría de la población europea se ha estado moviendo a la izquierda (es decir, ha ido sosteniendo valores y posturas claramente identificadas con las izquierdas) desde hace ya años y alcanza ahora niveles sin precedentes. Según las últimas encuestas de valores de las poblaciones de los países miembros de la UE, por grandes mayorías, el promedio de la población de los veinticinco miembros de la Unión Europea cree que: 1) las desigualdades sociales son demasiado altas en su país (72%); 2) las personas con mayores rentas no están contribuyendo al erario público en la medida que debieran hacerlo (64%); 3) los estados debieran tomar medidas redistributivas para corregir las desigualdades sociales (68%); y 4) los estados debieran expandir los derechos laborales y sociales (76%). En el año 2008, último año en que se hizo tal encuesta, los porcentajes habían alcanzado unos niveles nunca antes vistos en los años de existencia de la UE. Basado en estos datos, no es correcto indicar pues –como constantemente se está haciendo- que la población europea se está moviendo a la derecha. El Parlamento se está moviendo a la derecha El Parlamento Europeo, sin embargo, sí que se está moviendo a la derecha. Y una pregunta que debe hacerse es ¿por qué ocurre esto cuando la población se está moviendo en sentido opuesto? Este es el punto clave que no se está analizando, pues la mayoría de analistas han perdido (se han olvidado de) las herramientas para analizar nuestras realidades. Los medios han analizado la elevadísima abstención, haciendo estos análisis por países, y pronto aparecerán estudios que lo analizarán por regiones, por edades, por género y otras categorías que, aún siendo valiosas, son insuficientes. La gran variable para entender lo que está ocurriendo en nuestros países es la variable más olvidada, es decir, la clase social de la población. En contra de lo que se ha dicho y escrito en la mayoría de medios de información, las clases sociales continúan existiendo en Europa (y en España). La imagen tan promovida en los medios de que la mayoría de la población de los países europeos pertenecen a esta categoría tan amorfa que llaman “clases medias” (que incluye prácticamente toda la población que está entre los ricos por arriba y los pobres por abajo) es profundamente errónea. La gran mayoría de la población en los países europeos pertenece a las clases populares, dentro de las cuales la clase trabajadora constituye la mayoría. Y esto no sólo objetivamente sino, incluso, subjetivamente. Hay más gente en la mayoría de países de la UE (incluyendo España) que se autodefine como clase trabajadora que como clase media. Pues bien, si ustedes analizan el comportamiento electoral por clase social, pueden ver que la participación electoral ha seguido una pauta clasista muy clara. A mayor nivel de renta, mayor participación. Esto ocurre, por cierto, en la gran mayoría de procesos electorales en toda la UE. Pero ha alcanzado unas dimensiones nunca antes vistas en estas elecciones al Parlamento Europeo. La diferencia de participación electoral, en los últimos comicios, entre los barrios pudientes y los barrios populares (en los análisis que se han hecho en varios centros urbanos europeos), nunca había sido tan alta. De ahí que, aún cuando la participación ha sido menor en todas las clases sociales, ha sido masiva y enorme entre las clases populares, y muy en especial, en los barrios obreros. ¿Por qué las clases populares se abstienen? ¿Por qué esta abstención tan masiva? La respuesta más común es que las clases populares no entienden la Unión Europea. La complejidad de tales instituciones es tal –se dice- que es de difícil comprensión para las clases populares. De ahí que no participen en las elecciones. Esta explicación proviene en su mayoría de los intelectuales afines (que son muchos) a los establishments políticos y mediáticos. Es una explicación condescendiente que cree que las grandes decisiones e instituciones sobrepasan la capacidad de entendimiento de las clases populares. Otra explicación, dada más frecuentemente por portavoces de partidos de izquierda que de partidos de derecha, es que los partidos no se han explicado bien, reduciendo el problema a una falta de comunicación. El problema con estas explicaciones es que ambas ignoran el conocimiento que tales clases populares adquieren en su vida cotidiana, y que les informa muy bien sobre lo que está pasando en sus vidas. Y estas clases populares han ido viendo como su standard de vida se ha ido deteriorando, como su seguridad en el trabajo ha ido disminuyendo, y como el estrés en su puesto de trabajo ha ido creciendo (ver Navarro, V., ¿Cómo está evolucionando la situación social de la Unión Europea? En Borrell, J., Europa en la Encrucijada, Ed. Cajamar. Diciembre 2007). Y estas clases están muy preocupadas y muy inseguras. La evidencia de que existen estas percepciones y que éstas han ido aumentado, es fuerte y robusta. Y aunque anteceden a la crisis económica y financiera actual, han alcanzado su máxima expresión durante estos años de crisis. Y, preguntémonos, ¿qué leen las clases populares en los diarios, qué oyen en la radio o qué ven en la televisión sobre la Unión Europea durante todo el año? Pues, predominantemente, lo que dicen miembros del Consejo Europeo y de la Comisión Europea de la Unión Europea (véanse las recientes declaraciones del Sr. Almunia, Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios). Tales dirigentes (como el Sr. Almunia) les dicen que los mercados laborales deben flexibilizarse (el mensaje que la clase trabajadora interpreta, correctamente, como que hay que desregular tales mercados, aumentando la inseguridad en su trabajo); que sus pensiones deben reformarse (el mensaje que interpretan correctamente como el intento de retrasar la edad obligatoria de la jubilación y disminuir sus pensiones); y que la tasa de inmigración (que en contra de lo que declara el discurso “políticamente correcto”, afecta negativamente a su nivel salarial, compitiendo además en recursos públicos, particularmente escasos en sus barrios) debe aumentar, ampliándose la UE para integrar Turquía (con sus 71 millones de habitantes que generará el mayor flujo migratorio que ha existido en la UE). Y cuando se quejen de que sus escuelas tienen demasiados inmigrantes, el establishment mediático europeo (que envía sus hijos a las escuelas privadas que no admiten inmigrantes y que su máxima exposición a la población inmigrante es como su personal doméstico) les insultan llamándoles racistas e intolerantes (véase mi artículo “Por qué votan a la ultraderecha”. Público. 18.06.09). De ahí que no sea del todo cierta otra explicación que se ha dado de la elevada abstención popular en las últimas elecciones atribuyéndola a que los “temas europeos” no centraron la campaña. El desempleo, la inseguridad laboral, la falta de protección social, y la desigual distribución de los costes de absorción de la inmigración, eran los temas que las poblaciones europeas indicaron, a través de las encuestas, preocupaban más a las clases populares en la gran mayoría de países de la UE (incluyendo España). En la mayoría de países de la UE ha habido un crecimiento del desempleo, un aumento de la inseguridad laboral, una dilución de la protección social, y una desigual distribución de los costes de la integración de la inmigración, todos ellos hechos que han ido ocurriendo antes de la crisis, aún cuando alcanzaron su máxima expresión durante la misma. En la mayoría de estos países las izquierdas apoyaron la integración de Turquía a la UE, siendo las derechas las que se opusieron. Es más, muchos partidos gobernantes de izquierda aprobaron medidas liberales promovidas por la Unión Europea, que afectaron negativamente el bienestar de las clases populares. No es difícil comprender, pues, qué está pasando en la UE, cuando uno recupera el prisma correcto para entender esta realidad. En contra de lo que les dice el establishment, las clases populares sí que entienden lo que está pasando en la UE (son los analistas los que no lo entienden), y lo que ven no les gusta. De ahí que el pasado domingo se quedaran en casa o que un número creciente votara a la ultraderecha que, demagógicamente, les ofrece una vía de canalización de sus enormes frustraciones. El enorme fallo de grandes sectores de las izquierdas europeas se debe a que no han entendido lo que está pasando en la Unión Europea. Vicenç Navarro El Plural Tomado de Rebelión
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