Joaquín Sabina publica el martes 'Vinagre y rosas', su primer disco en cuatro años
Cosas del azar. Camino de la entrevista, el taxista, sorprendentemente, sintoniza Radio 3 (y no la Cope). Es un chaval joven. "Si quieres escuchar buena música, sólo queda Radio 3. Lo demás es la música pastiche de siempre. O viejas glorias como el Sabina, que lleva 30 años haciendo la misma canción y con producciones horrendas. Estos últimos días lo ponen en todas partes", suelta airado el conductor.
Porque sí: hay gente a la que no le gusta Sabina, empezando por el grueso de la generación indie, que lo ha ignorado, cuando no demonizado. Aceptando que el sonido de los discos de Sabina es convencional (en su favor hay que decir que en los últimos años tampoco se ha implicado mucho en esas lides) y que evolución, lo que se dice evolución, no ha habido mucha a lo largo de su discografía, es indudable que es un gran composiciones de canciones.
Puede pecar de clásico, de monotemático y no pocas veces se le va la mano con los giros poéticos, pero ha escrito temas que están al alcance de pocos músicos."Ya, pero vive en otro tiempo. Se le nota que ya no escucha la música de ahora", continúa el taxista. Pues nada, comprobemos si tiene razón o no y se lo preguntamos al mismo Joaquín Sabina.
Y artistas jóvenes, ¿le gusta alguno?
"Estoy muy fuera de onda. Para mí los más jóvenes son los Pereza, que ya tienen más de 30. También Quique González, Concha Buika... Pero de ahí para abajo ya me pierdo, no sé lo que hay. No sé, tendré que hacer cola un día de estos para ver a los Jonas Brothers (risas). Pero no puedo opinar, porque por debajo de los 30 años no sé lo que está pasando".
Pues premio para el taxista y, seamos justos, premio para la sinceridad de Joaquín Sabina, que recibe a Público en una especie de torreta acristalada con vistas deslumbrantes que corona un edificio del centro de Madrid. ¿El artista en su torre de marfil? Algo así, pero luego Sabina desconcierta en las distancias cortas. Uno se espera alguien seco, serio y distante, una personalidad rocosa y defensiva con tintes de divo.
Sin embargo, de buenas a primeras inspira confianza (quién lo iba a decir después de escuchar temas como Mentiras piadosas o Y sin embargo). Es alguien cercano, acogedor, muy cachondo, permeable... Hasta ágil se le ve.
Cuando uno se llama Joaquín Sabina, ¿cuesta encontrar a alguien que le lleve la contraria? Bueno, Benjamín Prado [con él ha escrito la mayor parte de canciones de su nuevo disco, Vinagre y rosas ] .
"Yo no soy la caricatura del tipo del bombín. Ese es el que sale al escenario. Soy infinitamente más pie a tierra que eso, como sabe toda la gente que me conoce y que me llevan la contraria todo el tiempo. No tienen razón, pero me llevan la contraria (risas)".
¿Cómo ha sido ese matrimonio con Benjamín?
"Como todos los matrimonios, sin sexo (risas). No, escribir a cuatro manos ha sido fantástico. Es algo que no había hecho nunca. Nos basamos en sus experiencias, porque atravesaba un bache sentimental gordo. Y tanto su bache como mi seca, porque era una época en la que no me venían canciones, las curamos juntos en Praga tomándonos unas copas y discutiendo cada coma".
¿Por qué no hay inspiración en su "felicidad doméstica"?
"Yo casi todas las películas que veo son de un tipo que sale de la cárcel después de matar a no sé cuántos, y los versos que me encantan de César Vallejo suelen ser más vinagre que rosas, y las canciones de amor más hermosas son las más tristes. En la melancolía, en la amargura, en la desesperación florecen mejor el tipo de musas que a mí me gusta cortejar. La felicidad doméstica es cojonudo para vivirla, pero desde luego para contarla es un desastre."
¿Para qué sirve una canción?
Bueno, las primeras que haces quieres que sirvan para follar. Y a veces, para qué te voy a engañar, sirven. Lo peor es cuando le sirven a otro. Cuando te dicen: ayer estuve echando un polvo escuchando una canción tuya. Pues no, las hice para follar yo (risas).
Hace unos días apoyó un manifiesto en el que se pedía una salida progresista a la crisis. ¿Lo está haciendo mal Zapatero?
Esa es una pregunta que no sé si puedo contestar. En su día hice lo de la ceja por miedo a la derecha y por un cierto apoyo a una política de buenismo progresista, pero ahora el momento es mucho más complicado y no sé si lo volvería a hacer. Pero desde luego, no me gustaría que este país lo gobernara la derecha, y menos esta derecha que tenemos. En todo caso, si me dijeran hoy que hiciera lo de la ceja diría que he quedado con una chica (risas).
No es mala excusa.
¡La mejor! (más risas).
¿Qué crisis es peor, la económica o la creativa?
La educacional. Estoy bastante horrorizado de ver el lenguaje que hablan los jóvenes, los grandes hermanos, los triunfitos y todas esa cosas. Esos programas donde parece que si no hablas con faltas de ortografía y eres analfabeto no te llaman.
¿Por qué ‘Vinagre y rosas'?
Pues vinagre es el desamor y las rosas el amor. Me gustan los contrarios porque soy contradictorio. Dudo todo el tiempo.
Guti hace coros en el disco. Siendo usted del Atleti, ¿es para que el Madrid siga perdiendo?
Yo soy del Alcorcón, que quede claro (risas). Guti vino con los Pereza, que es amigo suyo. Y coincidió con Serrat. Era muy divertido verles hacer coros juntos.
¿Qué tal canta Guti?
Mejor que Serrat (carcajadas).
¿El sarcasmo y la ironía no le van a abandonar nunca?
Son instrumentos cosméticos para disfrazar que uno es un baboso ternurista.
Y ahora se embarca en una gira mastodóntica, y esta vez sin Serrat a su lado.
Sí, eso tiene un lado malo y un lado bueno. El bueno es que no tengo que darle la mitad del dinero a un catalán (risas). Y el lado malo es que estoy solo debajo del foco, cuando con Serrat nos apoyábamos uno al otro muchísimo.
Jesús Miguel Marcos
Tomado de Público
Mostrando entradas con la etiqueta Cantante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cantante. Mostrar todas las entradas
13 nov. 2009
"En la desesperación florecen las musas que me gusta cortejar"
Joaquín Sabina publica el martes 'Vinagre y rosas', su primer disco en cuatro años
Cosas del azar. Camino de la entrevista, el taxista, sorprendentemente, sintoniza Radio 3 (y no la Cope). Es un chaval joven. "Si quieres escuchar buena música, sólo queda Radio 3. Lo demás es la música pastiche de siempre. O viejas glorias como el Sabina, que lleva 30 años haciendo la misma canción y con producciones horrendas. Estos últimos días lo ponen en todas partes", suelta airado el conductor.
Porque sí: hay gente a la que no le gusta Sabina, empezando por el grueso de la generación indie, que lo ha ignorado, cuando no demonizado. Aceptando que el sonido de los discos de Sabina es convencional (en su favor hay que decir que en los últimos años tampoco se ha implicado mucho en esas lides) y que evolución, lo que se dice evolución, no ha habido mucha a lo largo de su discografía, es indudable que es un gran composiciones de canciones.
Puede pecar de clásico, de monotemático y no pocas veces se le va la mano con los giros poéticos, pero ha escrito temas que están al alcance de pocos músicos."Ya, pero vive en otro tiempo. Se le nota que ya no escucha la música de ahora", continúa el taxista. Pues nada, comprobemos si tiene razón o no y se lo preguntamos al mismo Joaquín Sabina.
Y artistas jóvenes, ¿le gusta alguno?
"Estoy muy fuera de onda. Para mí los más jóvenes son los Pereza, que ya tienen más de 30. También Quique González, Concha Buika... Pero de ahí para abajo ya me pierdo, no sé lo que hay. No sé, tendré que hacer cola un día de estos para ver a los Jonas Brothers (risas). Pero no puedo opinar, porque por debajo de los 30 años no sé lo que está pasando".
Pues premio para el taxista y, seamos justos, premio para la sinceridad de Joaquín Sabina, que recibe a Público en una especie de torreta acristalada con vistas deslumbrantes que corona un edificio del centro de Madrid. ¿El artista en su torre de marfil? Algo así, pero luego Sabina desconcierta en las distancias cortas. Uno se espera alguien seco, serio y distante, una personalidad rocosa y defensiva con tintes de divo.
Sin embargo, de buenas a primeras inspira confianza (quién lo iba a decir después de escuchar temas como Mentiras piadosas o Y sin embargo). Es alguien cercano, acogedor, muy cachondo, permeable... Hasta ágil se le ve.
Cuando uno se llama Joaquín Sabina, ¿cuesta encontrar a alguien que le lleve la contraria? Bueno, Benjamín Prado [con él ha escrito la mayor parte de canciones de su nuevo disco, Vinagre y rosas ] .
"Yo no soy la caricatura del tipo del bombín. Ese es el que sale al escenario. Soy infinitamente más pie a tierra que eso, como sabe toda la gente que me conoce y que me llevan la contraria todo el tiempo. No tienen razón, pero me llevan la contraria (risas)".
¿Cómo ha sido ese matrimonio con Benjamín?
"Como todos los matrimonios, sin sexo (risas). No, escribir a cuatro manos ha sido fantástico. Es algo que no había hecho nunca. Nos basamos en sus experiencias, porque atravesaba un bache sentimental gordo. Y tanto su bache como mi seca, porque era una época en la que no me venían canciones, las curamos juntos en Praga tomándonos unas copas y discutiendo cada coma".
¿Por qué no hay inspiración en su "felicidad doméstica"?
"Yo casi todas las películas que veo son de un tipo que sale de la cárcel después de matar a no sé cuántos, y los versos que me encantan de César Vallejo suelen ser más vinagre que rosas, y las canciones de amor más hermosas son las más tristes. En la melancolía, en la amargura, en la desesperación florecen mejor el tipo de musas que a mí me gusta cortejar. La felicidad doméstica es cojonudo para vivirla, pero desde luego para contarla es un desastre."
¿Para qué sirve una canción?
Bueno, las primeras que haces quieres que sirvan para follar. Y a veces, para qué te voy a engañar, sirven. Lo peor es cuando le sirven a otro. Cuando te dicen: ayer estuve echando un polvo escuchando una canción tuya. Pues no, las hice para follar yo (risas).
Hace unos días apoyó un manifiesto en el que se pedía una salida progresista a la crisis. ¿Lo está haciendo mal Zapatero?
Esa es una pregunta que no sé si puedo contestar. En su día hice lo de la ceja por miedo a la derecha y por un cierto apoyo a una política de buenismo progresista, pero ahora el momento es mucho más complicado y no sé si lo volvería a hacer. Pero desde luego, no me gustaría que este país lo gobernara la derecha, y menos esta derecha que tenemos. En todo caso, si me dijeran hoy que hiciera lo de la ceja diría que he quedado con una chica (risas).
No es mala excusa.
¡La mejor! (más risas).
¿Qué crisis es peor, la económica o la creativa?
La educacional. Estoy bastante horrorizado de ver el lenguaje que hablan los jóvenes, los grandes hermanos, los triunfitos y todas esa cosas. Esos programas donde parece que si no hablas con faltas de ortografía y eres analfabeto no te llaman.
¿Por qué ‘Vinagre y rosas'?
Pues vinagre es el desamor y las rosas el amor. Me gustan los contrarios porque soy contradictorio. Dudo todo el tiempo.
Guti hace coros en el disco. Siendo usted del Atleti, ¿es para que el Madrid siga perdiendo?
Yo soy del Alcorcón, que quede claro (risas). Guti vino con los Pereza, que es amigo suyo. Y coincidió con Serrat. Era muy divertido verles hacer coros juntos.
¿Qué tal canta Guti?
Mejor que Serrat (carcajadas).
¿El sarcasmo y la ironía no le van a abandonar nunca?
Son instrumentos cosméticos para disfrazar que uno es un baboso ternurista.
Y ahora se embarca en una gira mastodóntica, y esta vez sin Serrat a su lado.
Sí, eso tiene un lado malo y un lado bueno. El bueno es que no tengo que darle la mitad del dinero a un catalán (risas). Y el lado malo es que estoy solo debajo del foco, cuando con Serrat nos apoyábamos uno al otro muchísimo.
Jesús Miguel Marcos
Tomado de Público
Etiquetas:
'Vinagre y rosas',
Cantante,
España,
Joaquín Sabina,
músico
4 oct. 2009
Murió Mercedes Sosa
LA DESPIDEN CIENTOS DE ARTISTAS Y SEGUIDORES
La cantora murió a las 5 y cuarto de la mañana. Los restos de la artista que en más de cuatro décadas de trayectoria profesional interpretó un repertorio que logró visibilidad y reconocimiento en todo el mundo, son velados desde el mediodía en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación.
Internada desde el 18 de septiembre en el porteño Sanatorio de la Trinidad, la salud de la intérprete fue empeorando desde el miércoles pasado cuando debió ser alojada en una sala de terapia intensiva en que se la conectó a un respirador artificial y quedó en estado de coma famacológico.
El siguiente es el comunicado oficial difundido por su familia:
En el día de la fecha, en la ciudad de Bs As, Argentina, tenemos que informarles que la señora Mercedes Sosa, la más grande Artista de la Música Popular Latinoamericana, nos ha dejado.
Haydé Mercedes Sosa, nació el día 9 de Julio de 1935 en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Con 74 años de edad y una trayectoria de 60 años, transitó diversos países del mundo, compartió escenarios con innumerables y prestigiosos artistas, y dejó además, un enorme legado de grabaciones discográficas.
Su voz llevó siempre un profundo mensaje de compromiso social a través de la música de raíz folklórica, sin prejuicios de sumar otras vertientes y expresiones de calidad musical.
Su talento indiscutible, su honestidad y sus profundas convicciones dejan una enorme herencia para las generaciones futuras. Admirada y respetada en todo el mundo, Mercedes se constituye como un símbolo de nuestro acervo cultural que nos representará por siempre y para siempre.
Quizás, las palabras de su entrañable amiga, Teresa Parodi, resuman el sentimiento de muchos:
“…Mercedes, salmo en los labios
amorosa madre amada
mujer de América herida
tu canción nos pone alas y hace que la patria toda
menudita y desolada no se muera todavía,
no se muera porque siempre cantarás en nuestras almas…”
Su Familia, allegados y amigos, agradecen profundamente el acompañamiento y el apoyo expresado en estos días.
Tomado de Página 12
Etiquetas:
Argentina,
Cantante,
La Negra,
Mercedes Sosa
29 mar. 2009
El artista apaleado "por rojo y por marica"
Una retrospectiva reivindica la figura del provocador creador Miguel de Molina
Su estilo y su clase originales: quién no recuerda esas camisas de mangas bombachas "cuajás de lunares", que bordaba él mismo. Su voz: quién no ha tarareado alguna vez esas coplas como Ojos verdes o Bien pagá. Su baile: esos botines de colores chillones que buscaban siempre su rima perfecta. Su mirada ingenua y desafiante: unas pestañas que, como sin querer, hacían sombra al mundo... Miguel de Molina quizá sea uno de los artistas más arrebatadores y polifacéticos que España ha parido, y también uno de los más maltratados. "Por rojo y por marica", cuenta él mismo en sus memorias, refiriéndose a la noche en que tres hombres le sacaron a palos del teatro Pavón, le arrancaron el pelo a jirones y le obligaron a beber aceite de ricino.
Tuvo que huir del país, dejando a su madre y a su tierra malagueña en 1942. Pasó la mitad de su vida en el exilio y aunque, poco antes de morir en 1993, regresó desde Buenos Aires para recibir la condecoración de la Orden de Isabel la Católica de manos del entonces presidente del Gobierno, Felipe González, nunca volvió para quedarse. Ni muerto.
Jaranero como ninguno. Él, que se crió entre seis mujeres (madre, hermana y cuatro tías), que trabajó de limpiador de un burdel en Algeciras, que vivió durante tantos años de montar fiestas en Granada, Sevilla y después en Madrid para los más flamencos, recibe otro merecido homenaje. Ahora en Madrid, de manos de la Comunidad y de la fundación que lleva su nombre. "Creo que era necesario reivindicar la figura de Miguel de Molina, porque sufrió como nadie, en sus propias carnes, la represión de este país, ya no sólo ideológica, sino por ser homosexual", decía ayer durante la inauguración de la muestra el consejero de Cultura, Santiago Fisas. "Aquí sólo hay una tercera parte de todo su legado", agregaba el comisario de la exposición, Manuel de Gotor.
El complejo El Águila acoge desde hoy y hasta el 17 de mayo Arte y provocación, la primera retrospectiva de Miguel de Molina donde, a través de fotografías, documentos, películas, vestuario y autógrafos se muestra el legado de "una de las más grandes figuras de la canción y la danza españolas", anunciaban ayer la viceconsejera de Cultura, Concha Guerra, y la directora general de Archivos, Museos y Bibliotecas, Isabel Rosell. La muestra hace un recorrido por los momentos más importantes de la vida artística, social y creativa del artista, de cuyo nacimiento se cumplió el centenario el 10 de abril de 2008.
La exposición comienza con una cronología, en la que se pueden ver fotografías dedicadas a él por los personajes con los que mantuvo una estrecha relación, como Pastora Imperio, Manolete, Jacinto Benavente, Manuel de Falla, Lola Flores, Agustín Lara, María Félix o Eva Perón. Otra parte importante es la colección de carteles de teatro y cine, con algunos emblemáticos, como el del Amor brujo. También se podrá realizar un paseo por su filmografía y descubrir imágenes de sus primeros cortos, como Luna de sangre y Manolo Reyes, o su largometraje Ésta es mi vida.
En la muestra hay algunas de las características prendas de su vestuario. Hay 16 de sus emblemáticas blusas y 41 pares de botas con originales diseños. Acompaña a esta exposición la publicación de Miguel de Molina, un libro, que verá la luz el 10 de abril, que reúne el legado del artista y en el que colaboradores, expertos y allegados glosan su figura. Todos ellos ayudarán a construir el collage de una vida de leyenda, la de Miguel Frías Molina, que nació el 10 de abril de 1908 en el barrio de Capuchinos, de Málaga. En su autobiografía, Botín de guerra, cuenta que llegó al mundo "en una España en la que reinaba Alfonso XIII y en una Andalucía en la que quienes gobernaban eran la pobreza, el hambre, los terratenientes y la ignorancia".
"En Madrid fui aprendiendo de los maestros del cante y el baile en el mítico Villa Rosa de la plaza de Santa Ana. Fue en 1931 cuando se me despertó la idea de subir a un escenario como artista del baile y la canción andaluza. Manuel de Falla, Laura de Santelmo, Lamote de Grignon, Tony Triana, mi primer Amor brujo. Yo era un don nadie y compartí escenario con esos monstruos", cuenta el artista.
"El 10 de noviembre de 1939 estaba de nuevo en Madrid, trabajando en el teatro Pavón, cuando, de pronto, tres tipos aparecieron en mi camerino y me obligaron a que les siguiera. Fui raptado hasta los altos de la Castellana, donde me dieron una feroz paliza", narra en la que se recuerda como una de las más salvajes represiones vividas por un artista durante el franquismo. Aquello supuso un antes y un después en su vida, que terminó en su casa de Buenos Aires el 4 de marzo de 1993. Argentina fue el país que lo acogió en su exilio, después de que en España se le persiguiera por republicano y homosexual. Sus restos se encuentran en el Panteón de Actores del cementerio de La Chacarita, en la ciudad porteña. Ahora, parte de su legado viajará, con esta exposición que se abre hoy, a Almagro, Buenos Aires, Sevilla o Córdoba.
Tomado de El País de España
Etiquetas:
Bailarin,
Cantante,
Copla,
Homosexual,
Miguel de Molina,
Transguesor
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


