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16 sept. 2009

Cumbre de UNASUR en Quito

El pacto militar entre Colombia y Estados Unidos, cuyos detalles se desconocen, frenó el avance en la creación de medidas de confianza que aspiraba a concretar la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) en la reunión de cancilleres y ministros de Defensa, celebrada hoy en Quito. Pese a que se lograron acuerdos que marcan un inicio en el proceso de elaboración de una estrategia comunitaria en materia de Defensa y Seguridad, las preocupaciones por la presencia de tropas estadounidenses en siete bases colombianas, difuminó el ímpetu inicial de la cita en la capital ecuatoriana. Los ministros de Exteriores y de Defensa de los 12 países sudamericanos evaluaron un documento, elaborado por Ecuador (que ocupa la presidencia pro témpore de Unasur), en el que se establecían líneas generales para la creación de unas medidas de confianza y seguridad comunes para la región. El canciller ecuatoriano y anfitrión de la cita, Fander Falconí, reconoció que los asuntos discutidos eran difíciles en las actuales circunstancias, aunque destacó avances de un 70% en el análisis del documento propuesto sobre medidas de confianza. "En la concreción de estas medidas de confianza, existen dificultades", admitió Falconí quien, sin embargo, destacó los aportes para llevar adelante una estrategia de seguridad común. Colombia se niega a detallar su pacto Destacó los avances en intercambio de información sobre los acuerdos regionales y extra regionales en materia militar y el consenso en conceptos sobre las garantías que deben ofrecer a la región dichos pactos. Asimismo, puso en relieve el consenso sobre la "no extraterritorialidad" de los acuerdos bilaterales de Defensa, es decir, que éstos no afecten a vecinos, aunque reconoció que en este aspecto hubo dificultades en cuanto a las garantías "reales y formales" que ofrecen los convenios. También recordó que Colombia se ha negado a mostrar el pacto militar en la Unasur por considerar que aún debe pasar por instancias internas de ese país y de su socio (EEUU), que tampoco ha dado muestras de abrir el convenio para el conocimiento de los sudamericanos. Invitación a EEUU Al respecto, Falconí dijo que la Unasur, de momento, no se ha propuesto invitar al Gobierno de Washington a una reunión con Suramérica, aunque no descartó "en algún momento" hacerlo para "profundizar" en los detalles del pacto con Colombia. Para el canciller ecuatoriano, Suramérica debe crear sus instrumentos de integración, que en materia de defensa y seguridad, se sostiene sobre las bases de unos mecanismos de confianza comunitarios. Por eso, la presidencia pro-témpore de Unasur convocará a una nueva reunión de su Consejo de Defensa para avanzar en la discusión que, al parecer, tomará algún tiempo. Falconí anunció que la próxima reunión, seguramente, se convocará después de que concluya la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se efectuará en Nueva York la semana próxima. Compras de armas a terceros Para el canciller colombiano, Jaime Bermúdez, la próxima cita será un buen espacio para continuar la discusión y a la que todos los miembros deberían acudir con una actitud "propositiva" para definir todos los temas que atañen a la seguridad regional. Y es que para Bermúdez, las medidas de confianza no sólo pueden solventar las preocupaciones de algunos países de la región sobre el pacto de su país con EEUU, sino también la preocupación de Bogotá respecto a compras de armas y acuerdos con terceras naciones de otros miembros de la Unión, como Venezuela. "Colombia tiene muy claro que nuestros enemigos son el narcotráfico y el terrorismo" y que se necesitan "mecanismos de cooperación y eficacia en esta lucha", y por ello que se requiera "unas medidas de confianza de forma simétrica", para todos los miembros de Unasur, sin excepción, afirmó el canciller colombiano. Esa apreciación fue replicada por el canciller venezolano, Nicolás Maduro, quien aseguró, por su parte, que todos los países de la región, excepto Colombia, se han puesto de acuerdo en conceptos iniciales de la seguridad regional.

30 ago. 2009

Las Líneas de Chavez: ¡¡Bariloche: Buen Boche!!

Si algo ha caracterizado a la estrategia imperial es el debilitamiento y la disolución de cualquier tentativa que los pueblos han adelantado en la determinación de sus propios destinos. La historia antigua y reciente lo confirma: no hay dominación posible si previamente no se socavan los procesos de soberanía e independencia. Por eso mismo, el imperio tanto le teme al avance de los pueblos suramericanos hacia la unidad. En este sentido, Unasur, más que un proyecto de simples alianzas coyunturales es una urgencia suprema que se impone a los pueblos que compartimos una historia, una memoria y una esperanza. Con esa conciencia, Venezuela se hizo presente en la Cumbre Extraordinaria de Bariloche el pasado viernes 28 de agosto. Hay que destacar el hecho absolutamente relevante de que la discusión fuera pública: de cara a nuestros pueblos. Ya se acabó el tiempo de las agendas ocultas y de los acuerdos por debajo de la mesa. En el mismo sentido, quiero resaltar que por primera vez se discutía —en una cumbre o reunión de presidentes y jefes de Estado— sobre la presencia de bases militares extranjeras en nuestra región. La discusión fue franca y cruda —por momentos crispada— porque existen inocultables divergencias ideológicas que son de fondo. Pero con esas divergencias tenemos que lidiar en función del mantenimiento y la consolidación de la unidad suramericana. Y fue la unidad suramericana lo que se logró salvaguardar en Bariloche. Fracasa y fracasará cualquier intento exógeno por dividir a la Unasur. Preocupa la retórica del presidente Uribe y su apelación permanente al leguleyismo: al empleo, no menos permanente, de sofismas. Si se dice —como lo hizo en una de sus intervenciones en Bariloche— que quienes alertamos sobre la instalación de bases militares estadounidenses en territorio colombiano, estamos partiendo de un preconcepto, todo puede convertirse en un preconcepto. Pura retórica, vacía de todo contenido, para eludir la discusión sustantiva. El problema es que Colombia no va a poder ofrecer garantías de seguridad a nadie, una vez instaladas las siete bases. Al establecerse en territorio colombiano, allí van a quedarse quién sabe por cuánto tiempo. Y, por consiguiente, la paz en la región suramericana está y estará perpetuamente amenazada. Y lo que queremos —una convicción compartida mayoritariamente en Bariloche— es consolidar a la América del Sur como una zona de paz. Lo que queremos es hacer imposible la guerra. Venezuela no tiene ninguna responsabilidad en el conflicto interno colombiano. Nuestro afán se orienta hacia la consecución de la paz en la Patria hermana. Nuestra propuesta de una iniciativa de paz para Colombia, hecha en Bariloche, demuestra una vez más nuestra consecuencia en esa materia. Lo fundamental es que en el documento final quedó establecida una posición principista en su tercer punto: Reafirmar que la presencia de fuerzas militares extranjeras no puede, con sus medios y recursos vinculados a objetivos propios, amenazar la soberanía e integridad de cualquier nación sudamericana y en consecuencia la paz y seguridad de la región. Aquí, de hecho y de derecho, se está fijando una doctrina de defensa que nadie puede desconocer. Y estaremos vigilantes en relación con su riguroso y estricto cumplimiento. Necesario es que el Consejo Suramericano de Defensa comience a actuar efectivamente: con una visión de paridad, de equilibrio, de simetría. (De hecho, las siete bases militares puestas a la disposición de los Estados Unidos en territorio colombiano, generan una peligrosísima situación de asimetría). La revisión del acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos, ratificado el pasado 19 de agosto, es un primer y fundamental paso. II El mismo 28 de agosto se cumplieron dos meses del golpe de Estado de Honduras: cumplió dos meses, también, el bravo pueblo hondureño en resistencia contra el régimen de facto. Y preocupa que la situación hondureña comience a enfriarse internacionalmente; que disminuya la presión sobre el gorilato. Hoy sabemos que el zarpazo fue ejecutado en connivencia abierta con la base militar de Palmerola: ¿si no cómo se explica que el avión que sacaba al presidente Zelaya aterrizara primero en ese enclave gringo? Lo acontecido en Honduras fue un primer ensayo dentro de una escalada militar imperial cuya continuidad se incrementa y potencia con las nuevas bases militares yanquis en territorio colombiano. Debemos seguir haciendo lo imposible para que el pueblo hondureño recupere su sendero democrático. Honduras lleva ya dos meses hundiéndose en las tinieblas del gorilismo, a pesar de que no ha desmayado la voluntad de lucha popular en las calles y en los campos. Son dos meses de lecciones: una, el poder descaradamente intervencionista de importantes sectores gringos empeñados en torcer los destinos de un pueblo; y otra la impotencia de los organismos internacionales por hacer cumplir sus propias decisiones. Pésima señal esta para el resto del continente, que puede comenzar a ver el oprobio y la injusticia convertida en pan de cada día. En un texto reciente titulado Honduras y la ocupación militar del continente (2009) dice la destacada intelectual mexicana Ana Esther Ceceña: Si bien Honduras muestra claramente los límites de la democracia dentro del capitalismo, el trasfondo de Honduras, con el proyecto de instalación de nuevas bases en Colombia y la inmunidad de las tropas estadounidenses en suelo colombiano, convertiría a ese país en su totalidad en una locación del ejército de Estados Unidos que pone en riesgo la capacidad soberana de autodeterminación de los pueblos y los países de la región. Las acciones de este enclave militar en América del Sur se dirigirán a los estados enemigos o a los estados fallidos, que, de acuerdo con las nuevas normas impulsadas por Estados Unidos, pueden ser históricamente fallidos o devenir, casi instantáneamente, estados fallidos “por colapso”. Cualquier contingencia puede convertir a un país en un estado fallido y, por ello, susceptible de ser intervenido. No tienen desperdicio estas palabras: no hay la menor exageración en cuanto a la situación de riesgo, y de riesgo inminente, en el cual quedan todos los países de la región y, en especial, los vecinos de Colombia. Todos somos susceptibles de una intervención militar si no bailamos al son que nos toque el imperio. III A Bariloche llevamos el verbo iluminado de Bolívar. Allí recordamos lo que dice el Libertador en carta a Mariano Montilla fechada el 4 de agosto de 1829: Si la América no vuelve sobre sus pasos, si no se convence de su nulidad e impotencia, si no se llama al orden y la razón, bien poco hay que esperar respecto a la consolidación de sus gobiernos; y un nuevo coloniaje será el patrimonio que leguemos a la posteridad. No estamos dispuestos a legarle a la posteridad el vil patrimonio de un nuevo coloniaje sino el luminoso patrimonio de la Independencia definitiva. ¡¡Patria, Socialismo o Muerte!! ¡¡Venceremos!! Tomado de Visiones Alternativas

29 ago. 2009

¿Qué se dirime en Bariloche?

¿Qué se dirime en Bariloche? EU avanza por el camino de la guerra en América Latina Los presidentes de las 12 naciones suramericanas se reunirán en pocas horas más en Bariloche. Una porción ínfima de la ciudadanía conoce la trascendencia del tema a debatir en esta reunión de emergencia.Hay motivos para la ignorancia. La historia registrará la conducta en esta coyuntura de políticos, analistas y medios de comunicación, como un caso sobresaliente de irresponsabilidad y enajenación. Arrastrados por intereses inmediatos, el grueso de ellos o bien ha guardado silencio, o bien se ha prestado a burdas maniobras diversionistas que ocultan la magnitud del problema: Estados Unidos avanza por el camino de la guerra en América Latina y el Caribe. Ya no es un mandatario brutal quien habita la Casa Blanca. Ya no gobierna en Estados Unidos el partido identificado públicamente con el complejo militar-industrial. Pero Washington amenaza sistemática, inexorablemente, con la guerra en nuestros países. Eso es la reactivación de la IV Flota de la US Navy en las aguas del Caribe. Eso es el golpe de Estado en Honduras. Eso es la instalación de siete bases militares en Colombia. De modo que queda claro: la dinámica belicista en la que Estados Unidos ha embarcado al mundo en los últimos años, con aceleración irracional desde fines de 2001, no tiene como motor a tal o cual presidente, sino a la crisis estructural del sistema, que les estalló en las manos un año atrás. Queda claro que el capitalismo imperialista nos lleva a la guerra. De esto se discutirá en Bariloche. El resultado dependerá de la posición que adopten gobernantes hasta ahora indefinidos, ambiguos. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador ya se han expedido sin rodeos exigiendo que Unasur se pronuncie contra la intalación de las bases en Colombia. Los de Perú y, naturalmente, Colombia, siguen el dictado de Washington. Los restantes navegan en el estrecho espacio de la complicidad, la perplejidad y el temor. Excepto en los tres primeros países mencionados, la ciudadanía no ha sido informada por sus gobernantes; tanto menos convocada a analizar y debatir tamaña encrucijada histórica. Ése ya es un dato por demás elocuente acerca de convicciones y metodologías de quienes ocupan los más altos cargos. Dicho sea de paso, la elección de una pequeña ciudad del extremo austral argentino, repite la táctica de otras cumbres que huyen de lugares poblados y de fácil acceso para impedir la participación ciudadana. Cabe temer que las sesiones de debate no sean televisadas siquiera para los periodistas acreditados. Si así ocurriera, el escamoteo sería total. Y el crimen perfecto. Por eso cobra especial relevancia una propuesta lanzada como piedra de David por el presidente boliviano Evo Morales: “¿por qué no ir a un referendo en Suramérica?”, propuso ante una concentración de pobladores de Coipasa, en el sur andino boliviano. El argumento es llano: “que los pueblos digan sí o no; que el pueblo decida y no que el imperio imponga sobre las bases militares”. Se trata de una reivindicación estrictamente democrática, que nadie comprometido con el republicanismo y los propósitos de Unasur podría negar: ¿cómo en una Unión de Naciones se podría admitir que un gobierno ceda el territorio de su país para la instalación de bases militares extranjeras, tanto menos estadounidenses? ¿cómo oponerse a una resolución democrática de la ciudadanía involucrada? Una de las incógnitas que quedará aclarada en Bariloche, por tanto, es si los participantes de esa gran conquista histórica que es Unasur conciben efectivamente una unión suramericana. La otra, dirá acerca del compromiso de cada quién con la democracia allí donde ésta cuenta. Quedará dirimido igualmente, positiva o negativamente, un tercer aspecto clave de la coyuntura histórica: el alineamiento geopolítico y estratégico de cada gobierno. Los tiempos de la demagogia y la prestidigitación se han agotado. Nadie podrá hablar de paz, crecimiento, democracia, soberanía y justicia, si no suma su voz a la de quienes condenan las bases en Colombia, el golpe de Estado en Honduras y la descontrolada agresividad mediática del imperialismo con todo su dispositivo hemisférico, pero además de condenar verbalmente, toma medidas efectivas para impedir esta carrera hacia el abismo. Los y las presidentes de Unasur deben asumir una responsabilidad que no admite dilación ni subterfugios. Pero allí no acaban las exigencias de la hora: partidos, sindicatos, organizaciones sociales de todo género y dimensión, periodistas, intelectuales, estudiantes, trabajadores, tenemos la obligación de observar con lupa lo que ocurra en Bariloche, transmitirlo a cientos de millones de compatriotas, acompañar a los gobiernos que salgan en defensa de sus pueblos y, desde las raíces mismas de la sociedad, con la participación de todos, llevar a cabo la gran tarea de unión suramericana, con prescindencia de los gobiernos que defeccionen en esta hora crucial. Luis Bilbao es Director de América XXI. Tomado de Visiones Alternativas

27 ago. 2009

Referéndum continental por bases de EE.UU en Colombia

Evo Morales sugerirá a Unasur un referéndum continental sobre el acuerdo por las bases de EE.UU. El presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció este miércoles que sugerirá en la cumbre de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) que se realice un referendo en América Latina para que sean los pueblos los que decidan si están o no de acuerdo con la instalación de siete bases estadounidenses en Colombia. "Si el presidente colombiano (Álvaro Uribe) no quiere retirar las bases militares de Colombia, por qué no ir a un referendo de Suramérica (…) Que los pueblos decidan y no sea el imperio que imponga esas bases militares en Suramérica", dijo Morales. El anuncio lo hizo durante un acto público en la localidad de Coipasa, Departamento de Oruro, al oeste de Bolivia. Morales argumentó que el referendo "será una democracia continental. Ahí los pueblos dirán qué presidente está equivocado y qué presidente tiene la razón". Subrayó, que "esta clase de políticas de intervención militar a Suramérica" crean conflictos y desconfianza entre presidentes. El dignatario rechazó el acuerdo colombo estadounidense desde que el presidente Álvaro Uribe visitó su país como parte de una rápida gira latinoamericana que realizó para justificar las negociaciones militares. Después, reiteró su condena al pacto en la cumbre de presidentes de la Unasur realizada el pasado 10 de agosto en Quito, en donde advirtió que afectarán a todo el continente. "Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pareciese que son el mejor instrumento del imperio y con ese pretexto vienen militares de Estados Unidos a Colombia", denunció el gobernante de Bolivia. El pasado 14 de agosto, el Gobierno de Colombia informó la culminación de las negociaciones para la instalación de siete bases militares estadounidenses en su país, enmarcadas en un Acuerdo de cooperación destinado supuestamente a luchar "contra el narcotráfico y el terrorismo" y que ha generado gran preocupación en los países de la región. El canciller colombiano Jaime Bermúdez asegura que la guerrilla colombiana ha establecido una "alianza con el narcotráfico" y se han convertido en el "principal cartel del país", pero mantiene que el grupo insurgente "se ha visto seriamente disminuido". Por una parte, Colombia niega su conflicto interno y por otra justifica el acuerdo militar colombo estadounidense para supuestamente "combatir el narcotráfico" y a las FARC. La cumbre del próximo viernes, que tendrá como escenario la sureña localidad de Barciloche, fue convocada por la presidenta argentina, Crisitina Fernández, para discutir el tratado por las bases estadounidenses. Sin embargo, el canciller Bermúdez, dijo el pasado domingo, que su país iría a la cumbre de Bariloche a hablar de "todos los temas" y no sólo del acuerdo militar cerrado con Washington. "Nosotros vamos a la reunión de Bariloche como está previsto (el Presidente Uribe y el canciller) para hablar de todos los temas, no sólo del acuerdo con Estados Unidos (EE.UU.)", dijo Bermúdez en esa oportunidad. TeleSur Tomado de La República
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