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2 jul. 2009

La madre de todas las propagandas

La Guerra filmada reune las películas, documentales y noticiarios rodados por las diversas facciones que combatieron en la Guerra Civil La Plaza Mayor de Salamanca se viene abajo. Y no es para menos: Francisco Franco y el Embajador alemán Wilhelm von Faupel irrumpen escoltados por la Guardia Mora a caballo. Una multitud enloquecida recibe a los prohombres blandiendo alegremente toda clase de esvásticas. Es posible que los salmantinos también berreen desgañitados "a por ellos, oe" al paso del generalísimo, pero nunca lo sabremos: el único sonido que acompaña a las imágenes es un popurrí de los himnos alemán y español. Sin más comentarios. El filme Presentación de credenciales del Embajador de Alemania en Salamanca se rodó en 1937 y es una de las 37 películas, documentales y noticiarios incluidos en La Guerra filmada, edición de cuatro DVD del material rodado por las facciones que lucharon en la Guerra Civil que se conservaba en la Filmoteca Española. Las películas se muestran en bruto, sin interpretaciones o montajes posteriores, aunque están precedidas por unos concisos comentarios contextualizadores del historiador Julián Casanova. "Yo no hablaría de neutralidad porque mi mano está detrás de la selección y de la estructura, aunque la idea es mostrar símplemente cómo se filmó la Guerra en su momento, de ahí el título", explica Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. Los límites del cine militante La Guerra Filmada es, por tanto, una muestra de propaganda en estado puro. "Los documentales hechos en tiempos de guerra siempre son propagandísticos porque se realizan bajo unas circunstancias extraordinarias", cuenta Casanova. "Se trata de impactar al espectador, convencerle que tus enemigos son malvados y de que tus motivos son justos. Todos los filmes están muy ideologizadas", añade. Pero la propaganda tiene sus límites. Tanto que, en ocasiones, algunas películas se volvieron contra sus autores por un exceso de ardor guerrero. Pese a que la mayor parte del material incluido en La Guerra Filmada se emitió en TVE en 2006, la edición en DVD se ha retrasado por las reticencias de la CNT a ceder los derechos de algunas de las imágenes filmadas durante la Guerra por el sindicato anarquista. "Pensaban que se destacaba mucho la violencia durante la revolución social de Barcelona, en lugar de resaltar sus logros. Y es que, el nivel de agresividad verbal anticlerical y las iglesias humeantes que se ven en algunas imágenes todavía impresionan", dice Casanova sobre el filme Reportaje del movimiento revolucionario en Barcelona, rodado al inicio del conflicto por la Oficina de Información y Propaganda de la CNT-FAI. La controversia sobre sus secuencias, que incluyen las célebres imágenes de una multitud contemplando momias de monjas desenterradas en la entrada de un templo (el locutor del reportaje advierte que los cadáveres momificados presentan huellas de amortajamiento, prueba, dice, de que las monjas eran torturadas por sus propias compañeras) viene de lejos. El plano de las momias del convento de las Salesas es "una secuencia visual de descomunales resonancias e inagotable circulación. Puede contarse entre las más citadas y pervertidas de toda la historia de la Guerra Civil y acaso de toda la historia de la propaganda. No era necesaria la visión de un profeta para intuir que el enemigo podía organizar una contrapropaganda sumamente eficaz, pues el propio locutor del documental, presa de la euforia, casi se autocalificaba de profanador y sacrílego", explica Vicente Sánchez Biosca, autor del ensayo Cine y Guerra Civil Española (Alianza, 2006). Dicho y hecho: la cinta cayó en manos de las autoridades alemanas, que la hicieron circular "remontada y en un sentido ideológico condenatorio. La transparencia e inequivocidad de los planos relativos a las momias desenterradas fue causa o excusa para demostrar sobre bases documentadas la persecución religiosa que había tenido lugar en España", añade Biosca. Y las imágenes siguen trayendo cola siete décadas después. "TVE dudo mucho sobre la conveniencia de emitirlas, pero yo era partidario de que primara la libertad de expresión", dice Casanova. El verbo florido del Caudillo Con todo, dentro del fervor propagandístico, Casanova diferencia entre filmes que también destacan por su calidad técnica, como España 1936, escrito por Luis Buñuel, y películas tan desatadas en su delirio militante que "parecen de otra galaxia", como la protagonizada por Franco en Salamanca bajo un mar de esvásticas. La Guerra Filmada contiene todo tipo de ejemplos de propaganda burda, como ese breve filme (Las joyas que se llevaba Negrín) sobre una maleta que supuestamente (y es mucho suponer) fue encontrada por los franquistas en casa del presidente de la República Juan Negrín. El filme sólo muestra a una enigmática mujer de negro que saca bisutería de una maleta mientras una voz en off asegura que se trata de "alajas de valor incalculable robadas a particulares" o "coronas de vírgenes procedentes del saqueo de las iglesias" que Negrín utilizaba para agasajar a sus encantadas amigas. Pero el broche de oro del humorismo involuntario lo pone el propio generalísimo, en un discurso filmado en su despacho salmantino en 1937. Tras glosar en una barroca parrafada las características de su futuro gobierno (el arranque no tiene desperdicio: "Un Estado totalitario armonizará (sic) en España...), Franco decide de pronto resumir todo lo dicho anteriormente "en una palabra", y en un sobrio ejercicio de contención remata con un escueto: "La semilla de nuestro patriotismo regada con la sangre de tantos mártires hará fecunda la cosecha de la cual las mejores espigas las hemos de depositar en el altar augusto de la patria". Vamos, lo que se dice una palabra. CARLOS PRIETO Tomado de Público

7 may. 2009

La némesis de Michael Moore

Frederick Wiseman habla sobre su visión del documental
Era una de las preguntas que el periodista tenía en la recámara. Lo que no estaba previsto es que el documentalista Frederick Wiseman (Massachusetts, 1935), mito viviente del cine político (aunque a él no le guste esa definición), sacara el tema por su cuenta al inicio de la conversación.
"Directores como Michael Moore asumen que su audiencia está formada por zoquetes. Y que ellos son lo suficientemente sabios como para proporcionarles las explicaciones necesarias para comprender la realidad. Pero la realidad es algo mucho más resbaladizo", dice para arrancar.
"Ese tipo de documentales de corte ideológico, como los que rueda el señor Moore, se dirigen a un espectador de convicciones similares a las de su director". Bien, antes de que surjan las voces coléricas que acusen a Wiseman, uno de los padres del documental moderno, de cargar contra uno de sus hijos bien por envidia bien por conservadurismo, hay que aclarar un par de cosas sobre su filmografía para evitar malinterpretaciones.
Wiseman, que está en Madrid asistiendo al ciclo que le dedica el Documenta, no hace más que plasmar con sus palabras su visión cinematográfica. La de un cineasta que repite a todo aquel que quiera escucharle que para rodar un filme crítico hay que dejar primero la ideología metida en el armario. Y tomar decisiones en la sala de montaje que tiendan a reforzar la complejidad de la historia en lugar de las tendencias ideológicas personales.
Lo que se esconde debajo
Además, sólo un desconocedor de su obra podría acusarle de complacencia política: por porner un ejemplo, Titicut follies (1967), su mítico documental sobre un hospital de delincuentes conflictivos, estuvo prohibido en algunos lugares de EEUU durante más de dos décadas. Y no sólo debido a la acción de las fuerzas conservadoras: algunos sectores progresistas declinaron defender el filme debido a la crudeza de sus imágenes y a una supuesta invasión en la privacidad de los reclusos.
Y es que, tras rodar más de treinta filmes centrados en analizar el funcionamiento de las instituciones públicas estadounidenses colegios, cárceles, psiquiátricos, etc mediante un estilo de apariencia objetiva, se podría decir que el verdadero tema de su filmografía es sacar a la luz lo que se esconde tras la fachada ideológica.
"La diferencia entre lo que decimos y lo que hacemos es uno de los temas de mi cine", explica. "Eso nos sucede a todos, aunque yo suelo retratar la brecha entre ideología y práctica en las instituciones", cuenta un cineasta cuya sutileza, en ocasiones, ha provocado problemas de interpretación en sus espectadores.
"Sí, eso es siempre un riesgo. Me ocurrió con mi primer filme sobre los institutos en EEUU, pero ¿qué puedo hacer? No soy responsable de que las personas interpreten las escenas únicamente como vía para reforzar su posición ideológica", zanja encogiendose de hombros.
Tomado: Público
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