7 may. 2009

La némesis de Michael Moore

Frederick Wiseman habla sobre su visión del documental
Era una de las preguntas que el periodista tenía en la recámara. Lo que no estaba previsto es que el documentalista Frederick Wiseman (Massachusetts, 1935), mito viviente del cine político (aunque a él no le guste esa definición), sacara el tema por su cuenta al inicio de la conversación.
"Directores como Michael Moore asumen que su audiencia está formada por zoquetes. Y que ellos son lo suficientemente sabios como para proporcionarles las explicaciones necesarias para comprender la realidad. Pero la realidad es algo mucho más resbaladizo", dice para arrancar.
"Ese tipo de documentales de corte ideológico, como los que rueda el señor Moore, se dirigen a un espectador de convicciones similares a las de su director". Bien, antes de que surjan las voces coléricas que acusen a Wiseman, uno de los padres del documental moderno, de cargar contra uno de sus hijos bien por envidia bien por conservadurismo, hay que aclarar un par de cosas sobre su filmografía para evitar malinterpretaciones.
Wiseman, que está en Madrid asistiendo al ciclo que le dedica el Documenta, no hace más que plasmar con sus palabras su visión cinematográfica. La de un cineasta que repite a todo aquel que quiera escucharle que para rodar un filme crítico hay que dejar primero la ideología metida en el armario. Y tomar decisiones en la sala de montaje que tiendan a reforzar la complejidad de la historia en lugar de las tendencias ideológicas personales.
Lo que se esconde debajo
Además, sólo un desconocedor de su obra podría acusarle de complacencia política: por porner un ejemplo, Titicut follies (1967), su mítico documental sobre un hospital de delincuentes conflictivos, estuvo prohibido en algunos lugares de EEUU durante más de dos décadas. Y no sólo debido a la acción de las fuerzas conservadoras: algunos sectores progresistas declinaron defender el filme debido a la crudeza de sus imágenes y a una supuesta invasión en la privacidad de los reclusos.
Y es que, tras rodar más de treinta filmes centrados en analizar el funcionamiento de las instituciones públicas estadounidenses colegios, cárceles, psiquiátricos, etc mediante un estilo de apariencia objetiva, se podría decir que el verdadero tema de su filmografía es sacar a la luz lo que se esconde tras la fachada ideológica.
"La diferencia entre lo que decimos y lo que hacemos es uno de los temas de mi cine", explica. "Eso nos sucede a todos, aunque yo suelo retratar la brecha entre ideología y práctica en las instituciones", cuenta un cineasta cuya sutileza, en ocasiones, ha provocado problemas de interpretación en sus espectadores.
"Sí, eso es siempre un riesgo. Me ocurrió con mi primer filme sobre los institutos en EEUU, pero ¿qué puedo hacer? No soy responsable de que las personas interpreten las escenas únicamente como vía para reforzar su posición ideológica", zanja encogiendose de hombros.
Tomado: Público

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