5 oct. 2011

Rodney Arismendi y su preocupación por la Universidad y la enseñanza pública


El jueves 29 de setiembre, en el paraninfo de la Udelar, se festejaron los 20 años de la Fundación Rodney Arismendi. Hablaron; María Luisa Battegazzore, vicepresidente de la Fundación, Álvaro Rico, Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Oscar Andrade dirigente del SUNCA, PIT-CNT y Oscar de los Santos, Intendente Municipal de Maldonado. A continuación presentamos la transcripción de la disertación del Dr. Álvaro Rico, que fuera registrado por La ONDA digital.

Estoy muy contento, reconocido y emocionado por la invitación y por el reencuentro con tantos compañeros queridos que están hoy aquí y, también, con aquellos que no están hoy físicamente con nosotros. Quiero agregar a este recuento de construcción de los 20 años de la historia de la Fundación, que la misma se construye en un momento político muy particular, en el año 91, en el que, por un lado, teníamos la caída del Muro de Berlín y el posterior proceso de implosión del socialismo real, marcando una etapa fría de la historia, con el congelamiento de las utopías alternativas al sistema capitalista de explotación. Pero también teníamos en el Uruguay, luego de la reconquista de la democracia en 1989, la derrota del Voto Verde y la ratificación de la Ley de Caducidad que tan fuertemente marcaron el fin de ese optimismo democrático y tanto nos acompañan hasta el presente en la imposibilidad de resolver ese tema.

Se había producido también el fallecimiento de Rodney Arismendi, en un momento en el cual la izquierda uruguaya - independientemente de lo que estaba sucediendo en el contexto mundial - avanzaba, por primera vez en su historia, en la conquista de la Intendencia Municipal de Montevideo y el triunfo del Dr. Tabaré Vázquez con Democracia Avanzada como primera fuerza política dentro del Frente Amplio y con Rodney Arismendi elegido senador. Todo este proceso de victorias y derrotas abría también un largo tránsito en la izquierda uruguaya, de discusiones, de disputas, de intentos por conservar o renovar, que terminaron - si - en reafirmaciones de posiciones, pero también en divisiones y en separaciones.

En el marco de este contexto tan contradictorio, parece vivaz que un conjunto de valiosos compañeros decidan crear la Fundación “Rodney Arismendi”, quizás para mantener el nombre de Arismendi fuera de la lucha, por darle un sentido a su obra, por capitalizar su nombre en una u otra dirección. Quizás también con el objetivo de rescatar lo que fue para Arismendi la preocupación permanente en su vida, como político e intelectual, la teoría, la reflexión y el debate. Crear un ámbito fundamentalmente asociado al cumplimiento de estas funciones. También para trabajar sobre el legado que dejaba Arismendi. No solamente sobre sus trabajos inéditos, sino también en lo publicado, en lo dicho, para conservarlo y difundirlo. Trabajando sin ingenuidades, también. Quizás un lugar más cariñoso para hacer política, pero un sentido de política que tenía que ver con la necesidad de publicar ese legado, difundir ese legado en los temas que la izquierda uruguaya necesitaba recordar y empezaba a no discutir. Por lo tanto la Fundación, durante todo este tiempo, entre las muchas cosas que hizo, se dedicó también a esta línea de publicaciones, a través de artículos y libros de Arismendi, sobre el tema de la unidad, sobre el tema de América Latina; los Anuarios de la Fundación; las publicaciones de los eventos internacionales, como por ejemplo, una importante Vigencia y Actualización del Marxismo según el pensamiento de Rodney Arismendi, con una cantidad de invitados de la región e internacionales.

También, como se señaló, dedicándolos a la memoria, la plaza y el monumento en el Cerro. Dedicándose también a la memoria y repatriación, de los restos del escultor Armando González, desde Bulgaria. Con un esfuerzo titánico se digitalizo la revista “Estudios”. Es un esfuerzo enorme con una proyección en todos los ámbitos, no sólo político, sino también académicos en el acceso, lectura y transcripción, del conocimiento de esa monumental obra.

Tuvo y tiene la Fundación, en Alcira Legaspi, una fuente incansable de iniciativas realizaciones y, aunque Alcira no esté físicamente entre nosotros, la recordamos sintiendo fuertemente que está en esta actividad, la última que le tocó organizar.

Entre las muchas preocupaciones de Arismendi, estuvo la Universidad de la República, el estudiantado y el tema de la enseñanza pública, tan debatida también en estos días. Permítanme entonces, rescatarlo brevemente en este homenaje a su nombre y al de la Fundación. Quizás también, a pretexto de esta función que casual y temporariamente cumplo como decano y la vinculación que tiene con este tema. En Arismendi, la preocupación por la universidad y el estudiantado, no se hizo en términos de política menor, intentando capitalizar para un partido o grupo la cuestión juvenil. Estuvo pensado en una perspectiva estratégica y visión a largo plazo, tanto de Arismendi como del Ing. José Luis Massera. Hay antecedentes muy importantes que se remontan a 1965, en aquellas conferencias y - particularmente - en encuentros y desencuentros de la universidad con la revolución.

En el contexto de época, en aquellos años 60 y 70, existía en Arismendi un esfuerzo muy grande por vincular la inserción juvenil que se desplegaba en el mundo, con América Latina y el papel de la Universidad y los universitarios. La insurgencia juvenil que irrumpió en 1968 con el mayo francés, pero también en EE.UU., en México y tantos otros países, como Uruguay.

Más que una coyuntura, todo aquello, estaba expresando un cambio de época y - también - modificando las funciones sociales y dotando a las universidades latinoamericanas de una nueva naturaleza. Antecedentes había y esto está presente, también, en los trabajos de Arismendi. Particularmente, los antecedentes y el paralelismo con los cambios experimentados a partir de la Reforma de Córdoba en 1918. Pero, ¿qué era lo nuevo para las coordenadas históricas de los años 60 para Arismendi con relación a 1918 y la Reforma de Córdoba? En todo caso, lo nuevo era la inserción de la universidad latinoamericana en el medio de dos procesos. Uno de esos procesos era la revolución socialista, democrática y de liberación nacional, anti-imperialista que, en América Latina, se abría paso. Que era éste un proceso y un elemento diferenciador fundamental en el paralelismo que podría establecerse entre las universidades latinoamericanas y los procesos de insurgencia juvenil que se vivían en otros contextos geográficas, caso Europa y EE.UU.

En segundo lugar - y esto era común a todos esos procesos de insurgencia juvenil - el otro proceso era la revolución científico-tecnológica y tres rasgos muy peculiares de la misma que - de alguna manera - se continúan en el presente. Esos rasgos, rescatados por Arismendi, eran la transformación de la ciencia en fuerza productiva directa, era la transformación de los científicos y docentes en trabajadores asalariados, y era el proceso de masificación de las universidades latinoamericanas. La conjunción de estos procesos y la inserción de la universidad en los mismos determinaba - en el pensamiento de Arismendi de aquel entonces - también una confluencia entre las leyes de la historia y de la política, representados por ese proceso de revolución socialista, democrática anti-imperialista, con el proceso de las leyes de la naturaleza, representada por la revolución científico-tecnológica.

Estas coordenadas de época removían el rol de la universidad y de los universitarios. ¿Cómo lo pensaba Arismendi? Con el atrevimiento de hacer una simplificación, diría - por un lado - reafirmando principios que para él eran propios del materialismo histórico y sosteniendo que la universidad, en ese sentido, se corresponde a una determinada superestructura que - en última instancia - cumple funciones culturales y técnicas de reproducción del sistema capitalista. Pero, al mismo tiempo que este era un principio fundamental en la ubicación del tema de la universidad - teóricamente para Arismendi - no se limitaba simplemente a enunciar este principio, porque él mismo sostenía que era un principio con el cual no se podía operar en la realidad. Y que una interpretación simplificada del mismo, el decir de que la universidad era un aparato de la superestructura del estado burgués, una interpretación simplificada, llevaba a posponer para después de la revolución, cualquier posibilidad de reforma o de cambio progresista o de transformación, en la universidad y en cualquier otro aparato de la superestructura del estado.

Por eso mismo, Arismendi proponía analizar el problema concretamente, rescatando que la universidad era una institución peculiar en la que se resumían dos movimientos contradictorios. Por un lado sí, que pertenece a una organización económicamente social determinada, históricamente concreta - en nuestro caso el capitalismo - y que las funciones que cumplen en ese marco eran las de conservar, reproducir, continuar las lógicas del sistema, formar cuadros, burocracia especializada, profesionales de los partidos políticos. Pero además, la universidad no era solo eso y esto entraba dentro de la propuesta de análisis concreto. La especificidad de la universidad era su desarrollo técnico y científico como expresión del desarrollo de las fuerzas productivas, pero también como expresión del movimiento histórico de luchas y enfrentamientos. Y esos conocimientos científicos y ese desarrollo histórico del movimiento y de las luchas, están - decía él - en permanente avance, cambios y contradicciones con la realidad y el statu quo.

En conclusión, la universidad - para Arismendi - no tenía sólo una función continuadora de la herencia cultural de la humanidad, sino también una función innovadora, promotora de un nuevo conocimiento en el terreno de las investigaciones, en la anticipación teórica, en el cambio tecnológico. Esto fue parte de una definición, pero también fue parte de un trabajo sobre esas contradicciones y sus efectos en la cultura, en la política y en la sociedad. Quizás con elementos de análisis más gramscianos que leninistas, Arismendi procesaba estas definiciones que se continuaban con una apreciación más de corte sociológico con respecto a lo universitario. Ya no sólo de la institución Universidad, sino de lo universitario. Decía que éstos eran parte de las capas medias que abarcaban al estudiantado, al profesional universitario, al artista y al escritor, dentro de la definición genérica de intelectuales. Y, como capas sociales, se integraban a un proceso de lucha como fuerzas motrices de la revolución. Y en el marco de la crisis del Uruguay en 1968, Liber Arce, el el marco de esa crisis, tendían a su radicalización y - dentro de ello, una expresión era que aquellas de manera numerosa, advenían a los ideales del socialismo y del comunismo.

O sea que el protagonismo estudiantil no era, para Arismendi, un problema generacional ni tampoco era - en el marco del cumplimiento de un papel mesiánico, sino un fenómeno de precipitación de sectores sociales a los procesos de cambio. Procesos de cambio que se definían por su masividad y por el carácter participativo y democrático. Y en este plano se planteaba para Arismendi y asunto táctico principalísimo: “establecer”, decía él, “una gran política universitaria y dignidad del estudiantado con la clase obrera, para crear esa fuerza social del cambio, de ese obreros y estudiantes, unidos y adelante”.

Esta gran política que incluía a la universidad, obligaba a dos cosas: a que también la universidad hiciera política, sin temerle a la palabra. Y ¿qué entendía por esto Arismendi? Y lo cito: “la política de la universidad es una política sin partido, de defender la soberanía, la Constitución, las libertades públicas, el derecho del pueblo, la investigación y la elaboración en una serie de terrenos, la política en el plano de la investigación, del desenvolvimiento científico. Y obligaba también, en segundo lugar, a hacerse esta pregunta: ¿es que la clase obrera no tiene respuestas para los problemas de la cultura, la educación y la universidad? Si la respuesta era un “no”, concluía que eso era un simplismo, que postergaba para después del cambio de estructuras - como ya lo dije - cualquier posibilidad de transformaciones también en la universidad. Y eso era un contrasentido. De allí la necesidad que formara parte dentro de esa gran política que Arismendi reclamaba para la izquierda y para la clase obrera, formara parte, también, la necesidad de tener y desarrollar iniciativas y propuestas concretas de transformaciones en la Universidad de la República.

Por último, los temas de la universidad y los estudiantes estuvieron planteados por Arismendi en el marco de los conflictos que la universidad tenía con los regímenes establecidos en América Latina, tanto de carácter oligárquico, como tiránicos, como democráticos, en contra de las políticas que estos regímenes implementaban contra la universidad, agrediendo su autonomía, recortando su presupuesto, interviniendo las universidades latinoamericanas. Por eso mismo, en el contexto de fines de los años 60 y 70, la ubicación de la universidad se debate en las coordenadas, no sólo de su inserción en los procesos de cambios revolucionarios, sino también - para Arismendi - en los procesos contrarrevolucionarios, de avance del autoritarismo y las dictaduras de nuevo tipo en la región del Cono Sur de América Latina.

Y los resultados fueron más visibles - por lo menos en nuestro caso - en todo el período que va desde fines de los años 60 y principios de los 70, de ascensión del autoritarismo y luego con casi 12 años de dictadura en el país, donde la reacción de estos regímenes contra la universidad, la dureza de esa reacción, fue directamente proporcional a los avances que estas concepciones progresistas - en particular la de Arismendi - habían logrado luego de muchos años de debates y de luchas, orientar en ese movimiento estudiantil y en esa inserción de la universidad dentro de los procesos de cambios. La respuesta fue la intervención, la expulsión, el exilio, la desaparición forzada, el asesinato político y la prisión de decenas y decenas de estudiantes, docentes y funcionarios de la Universidad de la República.

Queda y permanece en el presente el fuerte espíritu latinoamericano. Queda y permanece más que nunca - y esa es parte de la tarea de la Fundación - la promoción del debate, la reflexión de los problemas. Queda y permanece una tradición sedimentada, democrática, laica, nacional, reformadora, socialista. Queda una forma de hacer política universitaria, que era lo que decía Arismendi en defensa de la Constitución, de las leyes, de la democracia. Queda una cultura científica y un sedimento cultural e intelectual que promueve las permanentes búsquedas, innovaciones y superaciones. Queda la universidad como parte integrante de un movimiento social y popular, donde obreros y estudiantes unidos y adelante no es un consigna, ya, es una identidad. Queda la necesidad de seguir profundizando los cambios en la universidad a la altura de lo que el país y la sociedad necesitan y reclaman.- (L.O.d.)

Dr. Álvaro Rico

Tomado: La Onda Digital.com

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