18 abr. 2009

Entrevista a Juliette Gréco

Tras de 60 años de carrera, Juliette Gréco continúa inspirando a los mejores autores. Brigitte Fontaine, Olivia Ruiz u Orly Chap han puesto palabras a su voz en “Je me souviens de tout”, un magnífico álbum donde reencontramos el timbre y la voz excepcional de una de las más grandes interpretes de la canción francesa.
Sartre decía que Juliette Gréco acariciaba las palabras, iluminándolas, que le escribía canciones para ver sus frases convertidas en piedras preciosas. Después de 60 años de una carrera excepcional, esta gran dama que continúa siendo “La musa de Saint Germain”, todavía inspira a los artistas jóvenes más creativos. Tras Miossec o Abd Malik, por primera vez son mujeres las que han preparado cuidadosamente este nuevo álbum “Je me souviens de tout”. Brigitte Fontaine, Olivia Ruiz u Orly Chap le han regalado lo que a ella le gusta : juventud, audacia y poesía. Su voz grave y melodiosa está aquí, acompañada de un piano y de un acordeón que dan vida como nunca a los textos.
Entrevistar a Juliette Gréco es conocer de primera mano su excepcional recorrido, compartir algo del torbellino de su vida. En primer lugar, su infancia, robada por la guerra. En 1943 fue detenida por la Gestapo y encarcelada con su hermana y su madre, militante activa de la Resistencia. Las dos fueron deportadas mientras que Juliette se quedó sola en Paris, hasta que su profesora de francés y actriz Hélène Duc la recogió.
En los distritos de la ribera izquierda, Juliette descubre una gran vida intelectual y artística, milita en la Juventud Comunista. Y “se acuerda de todo”. Desde el primer día de su carrera, en 1949, interpreta con una valentía inusitada poemas de Sartre, Queneau y Laforgue antes de que Prevert le pida cantar “Je suis comme je suis”, de que Ferré y Brassens le regalen sus más bellas canciones, o que ella haga descubrir a unos jóvenes llamados Brel o Gainsbourg. En esta Francia de antes del 68, Gréco escandaliza. Mujer libre, comunista que asume sus deseos y elige su propia vida, provoca el horror de la burguesía bien pensante. La censura prohíbe la emisión en la radio de algunas de sus canciones. Juliette no se rinde. Incluso responde, interpretando otras, más ambiciosas, más políticas, más poéticas. Entrevistar a Juliette Gréco es gozar de un humor corrosivo, una mirada penetrante y la sonrisa pícara de una mujer especial. Es acercarse a un universo que amamos y que ella comparte con otro gran señor, Gérard Jouannest. Como ella nos confiesa, es estar en familia.
H.D. ¿Cómo se apropia de las letras que escriben para usted ?
J.G. Me las como, las digiero. Las hago mías, las fagocito con mucho gusto. A veces las retoco porque hay alguna palabra que no puedo decir, Después del impacto de la primera lectura, retomo el hilo y vuelvo a comenzar hasta que siento que he captado el sentido. Tengo mi propia manera de trabajar, en silencio. ¡Cuando se busca, se encuentra !
H.D. Después de 60 años de carrera, continúa inspirando a los artistas jóvenes…
J.G. Son toda mi vida. La gente olvida que Brel o Gainsbourg fueron jóvenes. Por eso yo quería hacer un disco de chicas. Ellas me han propuesto lo que creen que me va. Es muy emocionante. Debería ser una mujer que abriese el baúl de los recuerdos, pero todavía no lo soy.
H.D. Usted ha sido una intérprete privilegiada de grandes luchas políticas. ¿Cómo ve la situación actual ?
J.G. Siento una gran inquietud, creo que justificada. Tengo miedo y no me gusta. Aunque tengo gran confianza en el género humano es la primera vez que este sentimiento me invade de esta forma. Durante la Ocupación, tenía rabia, estaba preocupada por aquellos que amaba y que estaban en peligro. Sentía miedo por los compañeros de la Resistencia. Pero ahora estoy aterrorizada por el futuro de los que Georges Marchais llamaba “las masas trabajadoras”.
H.D. Usted canta, en un texto de Miossec, “la historia no es mas que una pura idiotez, no vacila, no, desvaría”.
J.G. Es extraño que estemos en un clima social similar al de finales de los años 30. Esto huele mal. No comprendo adónde vamos. Yo que, habitualmente, pienso en el mañana, ya no lo envidio. La ira está ahora, nacida del desaliento. ¿Cómo puede servir la crisis para despedir ? Es inhumano. Estoy en una situación que nunca habría podido imaginar. En la vida política, ¿Dónde está la diversidad del debate de ideas ? ¿La libertad de pensamiento que ha nutrido la política francesa ? ¿Dónde están los niños felices ?
H.D. ¿La canción “C´est maintenant ” es una llamada a la revolución ?
J.G. Siempre he creído en la revolución y todavía creo en ella. Quiero una revolución progresista, sin violencia. La deseo con todas mis fuerzas que me quedan. Es necesario poner término al este deterioro social tan peligroso. No sabemos dónde penetra esta ira sorda. No podemos renuncia ante este clima tan nocivo.
H.D. Ante las tensiones religiosas actuales, nos viene a la memoria su canción “Anti-Eclesiastés”, y su estribillo “Nada es vanidad”…
J.G. Fui muy creyente hasta los 13 años. En la capilla se estaba a gusto, era un refugio para los chavales. Luego me enfade con Dios. Al contrario me gusta Jesús, que es un comunista ejemplar. En cuanto a María, ¡me gusta esta mujer ! Esta historia es el colmo del machismo. Bromas aparte, asistimos a un endurecimiento social mortífero, que alimenta una cadena de odios de los que nos costará mucho tiempo salir.
H.D. Usted encarna, más que nadie, las luchas por los derechos de las mujeres. ¿Cómo analiza este retroceso ?
J.G. Soy feminista desde los 3 años y medio. Nunca he parado de luchar, de hablar alto y fuerte. Es un combate. Es la guerra. Lo que ocurre en Afganistán es terrible. ¿Legalizar la violación ? El retorno a la Edad Media. ¿Cómo podemos tolerar esto ? Me siento siempre estúpida frente a la injusticia, frente a la violencia ciega. No puedo comprender que se inmiscuyan en el cuerpo de los demás. Las mujeres también son responsables de esta regresión, han renunciado a luchar. Cuando compruebo la gran libertad que he tenido (que nadie me ha dado), con 18 años al salir de la cárcel, me siento desolada por este retroceso. Además el ambiente de preocupación y la crisis no ayudan nada. Voy a la plaza los domingos y quiero saber, veo a la gente coger las cosas, mirar las etiquetas y devolverlas. De repente, hay que rechazar lo que los niños piden. Nunca he visto eso.
H.D. ¿Usted ha vivido injusticias en carne propia ?
J.G. Nada de lo que hemos pasado, se olvida. Sobre todo el dolor y las humillaciones. Yo he vivido la misoginia al principio. Algunas mujeres me consideraban un peligro para sus mariditos. Ahora, con el tiempo, todo eso se ha mitigado. Creo que la política nos ha acercado. Han comprendido que yo las quería, que yo trabajaba duro y me arriesgaba. Aún hoy, me irrita que algunos, incluso con las mejores intenciones, me sugieran que a mis 82 años, estaría mejor en mi casa, tranquilita. Pues bien, lo siento, todavía tengo cosas que decir.
H.D. Y las dice de la mejor manera, en el escenario, para un público que viene a escucharle…
J.G. ¡Ah ! Esto debe ser la felicidad…Las diferentes generaciones que vienen a escucharme, son mi fuerza. No tengo necesidad de drogarme. Este doping es el más bonito. Si supiera la gente lo que me da… por todo ello no puedo pasar mucho tiempo sin pisar los escenarios.
H.D. ¿Cuáles son sus mejores recuerdos de los escenarios ?
J.G. Haría mal respondiendo otra cosa que no fuese la Fiesta de l´Humanité. Recuerdo la marea humana, llena de amor. Es la herencia de los que han sido comunistas hasta la muerte, de la Ocupación, del sacrificio humano de nuestros padres y de nuestros abuelos. Cuando paseo por las calles de la Fiesta, estoy en familia. Es preciosa.
Maud Vergnol
Traducción: J.A. Pina
Tomado de L´Humanité

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