2 nov. 2011

Impunidad, "viejitos" y la renuncia a la condición humana


Para quien me conozca o lea con cierta frecuencia, es ocioso decir el muy singular aprecio y respeto que me merece la compañera Lucía Topolansky.

Es en este marco que deben interpretarse las reflexiones que me suscitaron sus declaraciones sobre la conveniencia de liberar, de algún modo, a los militares de edad avanzada que están presos por los crímenes cometidos en la dictadura.

La semana pasada, tras un largo y tortuoso proceso, los votos frenteamplistas en el Parlamento hicieron posible que resonara entre columnas y bancas un estruendoso "Se va a acabar, se va a acabar, la impunidad en Uruguay". Un momento muy esperado, demasiado esperado quizás, pero muy oportuno y bienvenido. La inminencia de la preescripción de los peores crímenes de nuestra historia pesaba como espada de Damocles sobre el posible fururo civilizatorio del Uruguay.

Hay crímenes y crímenes. Y si todos deben dar lugar a la responsabilidades que corresponda ante la Justicia, la pena debe guardar proporción a su entidad. No es lo mismo birlar dos naranjas, robar cincuenta mil pesos, fundir un banco, arrastrar todo un país a la quiebra, o ser responsable de la "Operación 300 Carlos" ( torturas , asesinatos, violaciones, desapariciones, en nombre de una supuesta cruzada contra el "flagelo del comunismo"). Insisto, todos deberíamos responder ante la ley por lo que hicimos o dejamos de hacer que implique un daño a la sociedad, no hay aquí exoneración de nada ni nadie. Pero hay daños y daños. Y en la lista que expuse ut supra, el último caso se desprende claramente de los anteriores. Pues el último es un ejemplo (entre muchos posibles) de los delitos de lesa humanidad aceacidos en nuestra país durante la dictadura militar, en sus dos etapas, la comandada por Juan María Bordaberry y la directamente comandada por las FFA (más allá de los Aparicio Méndez que oficiaran de títeres).
Los delitos de lesa humanidad, tal cual sugiere su nombre, atentan contra la condición humana misma. Son el más completo desconocimiento a la naturaleza humana, tanto de la víctima a la que se somete a atrocidades de todo tipo, como del victimario, que en su bestialidad inmunda expresa su renuncia a pertenecer a la raza humana. Porque vamos a entendernos, querido lector ¿Todos los humanos podemos equivocarnos? Sí, claro que sí. Toda persona alguna vez puede, por ejemplo, sufrir un acceso de ira en un momento de pasión. No lo justifico , simplemente digo que todo humano está expuesto a reaccionar violentamente tras una discusión en el tránsito, por ejemplo. Hecho que si lo protagoniza una persona de bien que temporalmente pierde el control de sus actos, seguramente será motivo de arrepentimiento, dolor, intento de pagar su culpa y corregir el rumbo. Ahora bien, querido lector...¿Usted se considera a sí mismo o a cualquier ser que denomine humano, capaz de atar un hombre o mujer desnudo en una parilla mojada y aplicarle un picana eléctrica en sus genitales?¿O cree "un error del que nadie está libre" el arrancar a un bebé recién nacido de los brazos su madre para entregarlo a otras personas como si fuera un cachorrito canino ? Sinceramente, me parece que violar, picanear, hacer el submarino seco o húmedo, robar criaturas recién nacidas y tantas asquerosidades más, no son cosas "que cualquiera puede llegar a hacer". Hace falta ser demasiado bestia, demasiado salvaje, demasiado cruel, demasiado cobarde y no tener el menor vestigio de conciencia. Tirar en un enfrentamiento es un acto de guerra, picanear genitales a una persona atada e indefensa es un acto de cobardía y salvajismo que nada tiene que ver con ninguna guerra. Y menos que menos si de un lado de la picana están integrantes de las Fuerzas Armadas del Estado y del otro simples militantes de organizaciones políticas pacíficas, como el PCU, el PVP o los diversos sectores políticos que sin jamás haber disparado media bala pasaron por semejante infierno. O incluso pacíficos militantes sindicales o estudiantiles. ¿De qué guerra se puede hablar cuando uno de los bandos sólo lanzó volantes y sólo disparó consignas en movilizaciones populares? Pero si además el victimario no dió jamás la más ínfima señal de arrepentimiento, entonces su acto de salvajismo y enajenación no cabe más que considerarlo como una renuncia indeclinable, definitiva e irreversible a la propia condición humana.

Con todo el respeto que me merece Lucía Topolansky y descontando en ella una visión humanitaria, y la intención de mostrar ante sus victimarios y la sociedad que su espíritu es radicalmente superior al de sus captores de antaño, creo que sus declaraciones son equivocadas.

Quienes están presos por delitos de lesa humanidad, tengan la edad que tengan, han mostrado toda su vida el más absoluto desprecio por la especie humana. Nadie los excluyó de la humanidad: se autoexluyeron a picana limpia, a fuerza de robar bebés, a fuerza de jactarse de sus " actos de guerra" contra civiles desarmados y que jamás empuñaron un arma, como las víctimas del "300 Carlos". Renunciaron libremente a la condición humana cuando tenían todo el poder en sus manos y jamás intentaron retirar su renuncia que exhibieron indeclinable.

No deben gozar de ningún privilegio ni trato especial, ni de ninguna reducción de pena de ningún tipo en atención a su edad. Deben simplemente permanecer en el lugar al que ellos mismos se condujeron por su opción de vida ( de muerte, debería decir): lo más lejos posible de la especie humana, condenados a, con mucha suerte y viento a favor, algún día encontrarse con alguna forma embrionaria de conciencia, que les permita al menos atisbar las aberraciones que cometieron.

Comunistas en Madrid.
Tomado: pcumadrid:blogspot.com
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