1 nov. 2011

“La apropiación fue un crimen particularmente ominoso”


Gelman recordó que estaba en Roma cuando
 secuestraron a su hijo, Marcelo, y a su nuera, Claudia.
Juan Gelman declaró en la causa por el plan sistemático de sustracción de bebés durante la dictadura

El poeta dio su testimonio desde México. Contó cómo fue la búsqueda de su nieta, Macarena Gelman, nacida en cautiverio, y reiteró sus críticas a ex autoridades de Uruguay.

Gelman recordó que estaba en Roma cuando secuestraron a su hijo, Marcelo, y a su nuera, Claudia.

Juan Gelman terminaba la declaración. Un juez le preguntó si tiene contactos con su nieta recuperada. “Por supuesto, nos escribimos –dijo–. Vino a México y espero que este año vuelva. Conversamos. Ella ha tenido una actitud muy destacada en esta búsqueda de los restos de su madre, porque como yo le dije al doctor (Jorge) Batlle: ‘Quiero encontrar esos restos, para que descansen al lado de los de mi hijo, que tuvieron su entierro y ahora tienen un lugar de memoria, es decir, con una historia que se recupera en la lápida’. Y Macarena desea de todo corazón que eso ocurra. Y por eso ha hecho lo que ha hecho, y sí nos vemos: comimos unos bifes de chorizo exquisitos en un almuerzo que tuvimos.”

El poeta declaró ayer desde México, vía teleconferencia, en la causa por el plan sistemático de apropiación de bebés, que incluye un expediente con el nombre de Macarena. Gelman había dado testimonio en la instrucción de la causa por el Plan Cóndor y en el juicio oral por el centro clandestino Automotores Orletti, base del Cóndor en Buenos Aires, donde estuvieron secuestrados su hijo Marcelo y su nuera Claudia Iruretagoyena, embarazada. En la audiencia, reconstruyó el carácter arqueológico de esa búsqueda de años, entre espías, policías y las resistencias del poder político uruguayo. Pese a que no fue la primera vez que lo dijo, insistió en su denuncia al Partido Colorado y a Julio María Sanguinetti: dijo que el ex presidente oriental, alertado de la búsqueda, protegió mientras pudo al apropiador de Macarena, Angel Touriño.

Los números

La cara frente a la pantalla. Unos papeles a mano. La revisión en los últimos días de una vida sumergida en una causa de dos mil páginas. El poeta estaba exiliado en Roma cuando secuestraron a Marcelo, el 24 de agosto de 1976, hecho del que supo dos días más tarde. Un dirigente de la Democracia Cristiana italiana lo enlazó con el encargado de la Secretaría Latina del Secretariado del Vaticano. Hubo una gestión ante un obispo de la nunciatura argentina, el enlace con un militar y los primeros datos. Era mayo de 1977: “Dijo que mis dos hijos seguían vivos. Mi hijo y mi nuera, aunque les auguró un destino infortunado y dijo que había nacido una criatura en cautiverio. En ese entonces no supimos si era una niña o un niño porque el cable venía en inglés: a child was born”.

Gelman hizo una reconstrucción de fechas y nombres, pese a que en algún momento dijo no ser bueno con los números. El 27 de noviembre de 1977, una gestión con el entonces cardenal Raúl Francisco Primatesta. Agosto de 1981, pedido a la nunciatura. Septiembre, contacto entre Ubaldo Calabresi y Albano Harguindeguy. Octubre, respuesta negativa.

En 1988, cuando pudo volver a Argentina, se reunió con Juan Pablo Bertazza, sobreviviente de Orletti. Luego un contacto con Sara Méndez, una uruguaya sobreviviente del campo, madre de otro niño robado y trasladada a Uruguay, habilitó las certezas de que Claudia podía ser esa joven que los secuestrados uruguayos habían visto embarazada en un centro clandestino del Ministerio de Defensa oriental. El dato del llamado a una ambulancia, el momento del parto. El nombre del Hospital Militar. El traslado. “Y cinco días después oyeron el llanto de un bebé cada tres horas, supongo que por el hambre que naturalmente tienen los recién nacidos.” Las detenidas vieron subir mamaderas al piso superior. Otros sobrevivientes confirmaron los datos. En septiembre de 1988, Gelman se dispuso a viajar a Uruguay.

Trueque

En la causa por Macarena en Argentina está acusado el represor Eduardo Ruffo, parte del grupo de tareas de Aníbal Gordon, hombre de Orletti, apropiador de Carla Rutila Artés y uno de los hombres que intervinieron en la apropiación del hijo de Sara Méndez. Gelman se encontró con su nombre mientras preparaba el viaje a Uruguay. Necesitaba renovar el pasaporte y el ex canciller Rafael Bielsa lo puso en contacto con un gestor llamado Claudio: un nombre que Gelman todavía está convencido de que es falso. Gelman dio un reportaje en Página/12 sobre un expediente que permitía confirmar la estructura del centro clandestino, el nombre de Aníbal Gordon, la cadena de mandos con la SIDE. Y 24 horas después el gestor lo llamó para decirle que “estaba todo equivocado”. “Y se ofreció a hablar con la gente que había estado en Orletti. Tuvimos una reunión en la casa donde me hospedaba con mi mujer. El viene acompañado con una señora que también manejaba el lenguaje del caso.”

El gestor le pidió que redactara una carta con “veintipico” de copias para los miembros orgánicos e inorgánicos de la SIDE. Y la foto de su nuera. “Al pasar el tiempo, nos cuenta que había hablado con Ruffo. Y que Ruffo lo único que le dijo es que en el primer polo del Plan Cóndor, que era Orletti, la vivienda la compartían militares argentinos y uruguayos. Que había ahí canjes o trueques y que muy probablemente mi nuera embarazada hubiera ido a parar a Uruguay.”

Florencia Sotelo, de Abuelas de Plaza de Mayo, insistió más tarde con esa pregunta. “Que lo del trueque eran intercambios de favores entre comillas –dijo Gelman–. Lo único que agregó fue que estaba en una familia de una persona que tenía un cargo importante en el gobierno de Sanguinetti, era el jefe de policía del departamento de San José”, Angel Touriño.

Una vez que se lanzó la campaña de búsqueda en Uruguay, una vecina de Touriño terminó de acercar los últimos datos. La mujer dijo que los Touriño habían recibido a una niña en un canasta, que era un matrimonio de edad y la señora deseaba un niño con mucha fuerza: que los vecinos a eso lo llamaron el “milagro de la Navidad”.

“El 1º de abril pudimos concretar una cita en la que estaba el obispo (Pablo Galimberti, mediador y confesor en el lecho de muerte de Touriño), mi mujer y yo, y Macarena, mi nieta. Ese fue nuestro primer contacto. Me preguntó si yo estaba seguro de que era su abuelo, le dije que tenía 99 por ciento de seguridad, pero la certeza era un ADN. Y que si estaba de acuerdo. Me dijo que sí, por supuesto.”

La jueza María del Carmen Roqueta, del Tribunal 6, le preguntó al final si quería decir algo más. “Lo único que quiero decir es que, de todos los crímenes cometidos por las dictaduras del Cono Sur, el de la apropiación de los niños me parece un crimen particularmente ominoso. Así lo entendió el general (Martín) Balza, ése fue el adjetivo que utilizó para clasificarlo. Y usted disculpe, pero para preparar este testimonio me interné en las dos mil páginas de la investigación, de modo que esto me volvió presente el pasado. De manera que no quiero insistir... en ciertas cosas.”

Secuestro de vientres

En la audiencia le preguntaron a Juan Gelman si había algún otro motivo que se sepa sobre el traslado de Claudia Iruretagoyena al Uruguay. ¿Por qué se la llevaron? ¿Quién lo habría ordenado? “Ese fue un acuerdo entre los militares argentinos y uruguayos, que estaban al mando del teniente (José Nino) Gavazzo, que en ese momento estaba en Orletti, porque ése era el polo del primer Plan Cóndor en Argentina. Llegaron a robar y repartir los bienes, incluso roban cosas como la taza de baño. En consecuencia no sé cuál es la contraparte del favor (del trueque), pero yo pienso que mi nuera, era joven, 19 años, muy bonita, no la trataron mal, no la torturaron, le dieron un vestido seguramente de las desaparecidas de Orletti y cuando estaba a punto, a los ocho meses y medio, la trasladaron a Uruguay: quiere decir que, como dije antes, ése fue un secuestro de vientres, me parece que está claro, al menos para mí.” En su declaración, Gelman contó: “No conocía entonces si ellos (su hijo y su nuera) tenían militancia política pero, aunque la tuvieran, me parece que el procedimiento para juzgar conductas impropias por parte de la ley no era el secuestro ni el asesinato”. Y agregó: “Lo que estoy seguro es de que mi nieta no estaba en ninguna militancia política porque estaba en el vientre de su madre”.

Alejandra Dandan.

Tomado: Página 12.com.ar

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