31 oct. 2010

Marcelino Camacho: "mientras haya capitalismo habrá lucha de clases"



LA REPÚBLICA" recupera la primera entrevista que este periódico hizo a Marcelino Camacho en 2006, en su casa de Carabanchel. El histórico sindicalista y comunista está murió el jueves por la noche

¿Cómo será la III República en nuestro país?

Será un sistema basado en la libertad. Está claro que entre una República y otro régimen, (la monarquía), el primero lo elegimos, el segundo nos viene impuesto y es hereditario. Yo creo que el ser humano por el hecho de nacer debe tener la vida asegurada, desde que nace hasta que muere. Tenerla asegurada con pleno empleo, porque sólo el trabajo crea riqueza. Por eso, la III República debería darnos trabajo, paz, libertad, igualdad y el máximo de democracia. Considero que una democracia es lo que tenemos pero la igualdad en el sistema que reina en nuestro país no está tan clara porque no elegimos al jefe del Estado.

Las medidas que se tomaron en la II República hace ahora 75 años iban en esa dirección: el derecho a voto de las mujeres, separación de poderes, reforma agraria, sanidad pública, educación para todos y todas, en fin, un Estado moderno, igualitario con las mujeres y que quitaba protagonismo a la iglesia. Hoy podemos decir que en España existe democracia, sí, pero, ya sabéis, de la democracia, el “demos” es una cosa, y la “cracia” la tiene la banca, que limita las libertades y no tiene nada que vaya hacia la igualdad, el socialismo, todo lo contrario.

Creo que es necesario no perder la memoria histórica y que se tenga en cuenta que hemos vivido una etapa muy breve pero muy avanzada que fue la II República. En la última fase de ésta se sublevaron el gran capital, los aparatos militares, y tuvieron el apoyo del fascismo italiano y otros sectores que determinaron la derrota de los defensores de la libertad.

Y muchos hombres y mujeres lucharon y dejaron sus vidas en la defensa de la República.

¿Cómo empieza su militancia política?


Mi origen social siempre ha sido obrero. Mi padre era ferroviario, guardagujas en la Estación de La Rasa, Soria, y era militante de UGT y en esa línea de trenes trabajé durante un tiempo. Yo preparaba la enseñanza primaria y aprendía el oficio en la estación con mi padre.

En 1934 se desencadenó la Revolución de Octubre, en Asturias, allí tuvo un carácter de lucha armada y en otras partes del país se apoyó con una huelga general. Uno de los participantes de la huelga en Sevilla, el compañero Ramón Laguna Toribio que era un factor del ferrocarril, fue castigado y lo trasladaron a la estación de La Rasa donde estaba mi padre. Él me dio los primeros materiales, por ejemplo, El Manifiesto Comunista de Marx y Engels o la Aportación a la Crítica de la Economía, yo ya leía El Origen de la Familia. Me encontraba en posiciones de izquierdas, pero oscilaba sin concretar mis ideas. No estaba en ningún partido y gracias al compañero Ramón me planteé entrar en el Partido Comunista e ingresé en el año 35, y hasta ahora, con 88 años, sigo militando, y acudo a todas las asambleas de Izquierda Unida de mi barrio.

¿Cuándo se fundó Comisiones Obreras?

A pesar de mi militancia en UGT al principio, consideraba que las posturas que tenía no eran del todo correctas. Naturalmente los sindicatos deben ser, en primer lugar, la fuerza de los trabajadores y trabajadoras asalariadas porque somos la mayoría de la población. Y segundo lugar, porque producimos todo lo que hay, la riqueza del país. Somos imprescindibles. La patronal tiene una sola organización y los sindicatos estamos divididos. Entonces el objetivo era, es y sigue siendo unirse.

Me di cuenta que estando en UGT no había manera de conseguir eso, y es cuando, con otros compañeros analizamos la posibilidad de fundar un sindicato. Todo empezó en la mina La Gamocha, en Asturias. Allí se les daba a los mineros un saco de carbón todos los meses, y al quitarles la empresa ese carbón lo que hicieron fue crear una comisión para defenderse. Al final, tuvieron que devolverles la dotación. Bajo esta forma de comisión se hizo frente a otros problemas. La Comisión de la Gamocha estaba integrada por militantes de muchas ideologías, socialistas, comunistas, curas, e incluso gente de derechas. Entonces nosotros desde Madrid nos planteamos estudiar qué era aquello, y nos dimos cuenta que esa forma de lucha nueva, era necesaria. Y a partir de ahí creamos Comisiones. Durante un período actuamos como movimiento, y después se transformó en la organización sindical más importante de nuestro país que es la que tenemos ahora.

¿Qué recuerda de sus años de cárcel y exilio?

Entre prisiones y campos concentración he estado 14 años preso. Me ha tocado hacer nueve huelgas de hambre, reivindicaciones que luego eran castigadas con 20 días de celda de castigo.

En la cárcel los presos políticos estábamos separados de los presos comunes, normalmente, bueno en Francia he estado en los calabozos, pero donde he estado en la cárcel ha sido aquí.

Al final de la Guerra Civil me procesaron y me condenaron a doce años y un día, aunque luego me rebajarían la pena. Tres años después, en el 1942 me mandaron al 94 Batallón Disciplinario de Trabajadores Penados en Guipúzcoa, allí cogí una infección muy fuerte que me tuvo internado en el hospital de Zumaya. Cuando me recuperé al cabo de un mes, me trasladaron al 93 Batallón de Penados en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca. En ese tiempo se produce el desembarco de los aliados en el norte de África y me envían allí. Del Campo de concentración de Tánger, enfermo de paludismo, me ingresan en el Hospital de Larache. En esos días tan duros me enteré que detuvieron a mi hermana, trabajaba para el Partido Comunista.

Como estaba en las oficinas del campo de concentración un día me dijo un capitán: “me piden un informe tuyo, quieren llevarte otra vez a la cárcel. Y entonces lo que hice fue escaparme con otros tres compañeros. Al llegar a la calle los franceses que mandaban en toda esa zona, nos dieron un uniforme del ejército francés y salimos a la calle, y buscamos refugio en Argelia. Conseguí asilo político en Orán y me hice fresador. Allí conocí a Josefina, y cuando Franco reconoció que tenía que cambiar el estilo fascistoide dio un indulto para todas las personas que se habían evadido de los campos de concentración. Para entonces yo ya me había casado y habían nacido mis dos hijos, Yenia y Marcel. Volví en el 57 a España a petición de mis compañeros. Al llegar a Madrid busqué trabajo en la empresa Perkins, como oficial fresador, no ganaba mucho, pero íbamos tirando. En el 67 me detuvieron otra vez, y salí de Carabanchel en el 72, en marzo, y en junio de ese mismo año de nuevo me mandaron a prisión.

Durante el proceso 1.001 vinieron organizaciones internacionales de derechos humanos que se entrevistaron con usted.

Sí, me cayeron 20 años, “los diez procesados suman un total de más de 161 años sin libertad” decía el sumario. Entonces llegaron a nuestro país representantes de Amnistía Internacional y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y aunque no les dejaban, se entrevistaron con nosotros en la cárcel. Conseguimos que no hubiese ningún policía durante las conversaciones. Después sacaron un informe que no gustó nada.

En noviembre de 1975 el indulto del Rey nos devuelve la libertad, y a la calle. Fueron años muy duros, pero no dejamos de organizarnos y mandar cartas a las fábricas para alentar a los trabajadores.

¿ Siente que ha merecido la pena tanto sufrimiento?


Bueno yo creo, ya sabes, que ni el trabajo, ni el pan, ni la libertad, nunca nos han regalado nada. Todo es el resultado de nuestra lucha. Naturalmente, si estamos unidos, si nos movemos, y nos organizamos, si damos alternativas, habrá merecido la pena. No se trata de negociar sin más. Nuestra fuerza debe ser nuestra bandera.

Es decir, como hay clases hay lucha, y la lucha de clases tiene diferentes formas. No es que seas hábil negociando es que sepas que en la fábrica, en tu lugar de trabajo, cuentas con el apoyo de los trabajadores.

¿Cómo se siente después de tantos años de lucha por la libertad?

Tengo 88 años, me siento físicamente bien, con algunos achaques, pero procuro no pasarme con las comidas. Desde hace muchos tiempo, Josefina y yo cenamos un yogourt y fruta, hago gimnasia todas las mañanas, pongo la manta en este pequeño espacio del comedor, porque esta casa tiene 70 metros cuadrados, llevo viviendo aquí desde 1960.

Tengo muchas condecoraciones, me han nombrado Excelentísimo Señor de cinco países diferentes, tengo la Orden del Mérito Constitucional, del rey, soy Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia. He sido recibido por muchos presidentes de todo el mundo, parlamentario durante dos legislaturas, y dejé de serlo porque mi vocación era defender a los trabajadores desde mi cargo de Secretario General, pero por encima de todo me sigo considerando un obrero. Nunca he recibido el salario del sindicato, siempre de mi trabajo, he sido fresador y ahora vivo de mi paga de jubilado.

¿Cree las movilizaciones de los jóvenes y los sindicatos en Francia pueden ser un ejemplo para España?

Sí, por supuesto. La negociación, mientras exista el capitalismo es un elemento que forma parte de la lucha de clases. De lo que se trata es de no negociar con debilidad en el apoyo. En la economía el valor de un producto es igual al trabajo socialmente necesario para su obtención, luego en el mercado, el precio de ese producto se vende más caro, no por lo que ha costado producirlo, eso se llama plusvalía, y la plusvalía es lo que el capital se lleva, es trabajo no pagado.

¿Qué opina de Comisiones Obreras, el sindicato que usted fundó?

Hombre yo creo que podría, que debería, movilizarse más. Además, debería reforzarse la unidad. Es cierto que algunos documentos los firman UGT y CCOO pero, ¿por qué tenemos que tener siete sindicatos y los patronos uno nada más?, ¿queremos la división? Hace falta unirse y tener en cuenta que debemos movilizarnos. Es necesario negociar, pero mientras exista el capitalismo hay lucha de clases, y la correlación de fuerzas es decisiva. No hay que tirar bombas, hay que conseguir mejores condiciones con la lucha pacífica de masas y clases. Si creemos que sólo negociando por muy hábil que se sea les vas a hacer que te suban el salario...

Habéis visto que en Francia, quieren echar a la juventud a los 26 años porque les de la gana ¿Dónde están los derechos de los trabajadores y trabajadoras?

A los jóvenes españoles les diría que el botellón no va a solucionar sus problemas, tienen que organizarse.

¿Usted ha viajado varias veces a Latinoamérica, como ve los cambios de gobierno que se están dando en este continente?



Bueno yo creo que, en primer lugar, en el mundo hay una crisis, el capital está en crisis y las crisis son cíclicas, inciden en el sistema capitalista. Hay una lucha por los mercados feroz, por la riqueza. Es decir, la explotación colonial, hace que haya esas diferencias, esa lucha de clases, y en esas guerras, lo que quieren las multinacionales es seguir esquilmando toda la riqueza. Por ejemplo, la deuda externa, es un gran crimen contra estos países. Al mismo tiempo existe una gran crisis, Estados Unidos tiene una deuda de cerca 70.000 millones de dólares. El capitalismo no planifica, porque cada uno lucha por ahogar al otro. Y las guerras son la lucha por apoderarse de las riquezas del otro.

Si se le deja, el capital tratará de explotar a los trabajadores al máximo. Dependerá de los trabajadores, del grado de organización, de movilización. Si se es débil, el patrón tendrá más beneficios, y si es más fuerte el trabajador asalariado, la trabajadora asalariada, tendrá mejores condiciones.

¿Qué le parece la guerra de Iraq?

Es una atrocidad, una barbaridad. La guerra de Iraq no debió de hacerse, es un crimen de Estado, no tiene vuelta de hoja, es una masacre. Estados Unidos está cometiendo un delito, sencillamente.

¿Qué papel ha tenido el Partido Comunista de España, puede seguir transformando la sociedad?


Yo creo que el Partido Comunista ha sido la fuerza más combativa, no la más grande, el partido socialista ha tenido más gente que el partido comunista. Lo que sucede es que el sistema electoral nos ha dado menos diputados en el parlamento, nos perjudica, y los recursos, las radios, los periódicos, las televisiones están dominados por ese gran capital.

Usted ha firmado el Manifiesto por la República, ¿qué le ha parecido esta iniciativa que han tomado escritores, artistas e intelectuales de nuestro país?

Me parece muy positivo que se revindique lo que significa la República. Yo soy partidario de que todos elijan, que se elija a gente que esté al lado del pueblo y que pueda hacer cosas. Creo en la República siempre que nada este dominado por nadie, nada más que por los que el pueblo elijan.

No es por casualidad que el rey haya visitado Francia estos días. Dice un editorial de la prensa “estos son tiempos de reconciliaciones y este es un rey casi republicano de visita oficial en una república casi monárquica...”, Es decir, que las piruetas de esta gente, ciertos gestos no son por casualidad. Durante la República se deban pasos que avanzaban hacia el socialismo, y por eso se sublevaron los militares, no se sublevaron por nada, sino porque las medidas que iba tomando el Frente Popular caminaban hacia la igualdad, hacia la justicia.

María José Esteso / laRepublica.es

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