29 oct. 2010

Un espacio para la Memoria Colectiva Republicana


Inauguración del Monumento Conmemorativo a las víctimas de la violencia franquista 27 octubre de 2010, Cementerio de Torrero, Zaragoza


La memoria de la Segunda República, la memoria de los valores democráticos a ella asociados, la memoria de las personas represaliadas y asesinadas por el franquismo desde el fallido golpe de Estado de julio de 1936, y hasta bien entrada la década de los años 40, había sido arrinconada en este nuestro país a los privados y clandestinos límites de la memoria personal y familiar. De un tiempo a esta parte, lenta, costosa, pero imparablemente, el movimiento de recuperación de la memoria colectiva de las víctimas del franquismo ha puesto en un lugar central el recuerdo de estos crímenes, el homenaje a quienes los padecieron, y la dignificación de determinados lugares físicos en donde se cometieron.

Zaragoza fue un significado centro de represión republicana en la retaguardia fascista. En sus barrios rurales, como Monzalbarba; en los terrenos del entonces lejano acuartelamiento de Valdespartera, y hoy ya barrio de la ciudad; en los centros de detención, tortura y represión del casco urbano; en los campos de concentración surgidos en el entorno de la Academia General Militar, como el campo de San Juan de Mozarrifar. Y las tapias traseras del cementerio de Torrero, como escenario final de masivos fusilamientos de las personas republicanas desafectas al golpe.

Valdespartera cuenta desde abril de este año con un sencillo monolito de recuerdo, homenaje y dignificación a todas las más de 1000 víctimas que allí fueron asesinadas. Ahora le ha tocado el turno al cementerio de Torrero, con la inauguración de un monumento conmemorativo de las 3543 personas que, según investigaciones históricas de hace dos décadas, fueron asesinadas en distintas localizaciones de Zaragoza, 3096 entre 1936-39, y 447 entre 1939-46.

Realizado por el Ayuntamiento de la ciudad, significa un punto concreto en el espacio público ciudadano que invita a la reflexión sobre la etapa de la Segunda República, porque proporciona referencias concretas con que conocer e interpretar mejor la forma en que ésta fue abortada a sangre y fuego, mediante el exterminio de republicanos, sindicalistas, socialistas, anarquistas, comunistas y, en general, de todas aquellas personas que no fueran fascistas o adictas a la sublevación militar.

La ciudadanía de Zaragoza, ya tiene otro espacio para recordar a las personas que defendieron la legitimidad republicana y los ideales emancipatorios a ella vinculados, y que por ello fueron víctimas de la violencia fascista. Fueron víctimas por ser republicanas, porque la Segunda República supuso logros que tardarían luego largas décadas en volver a recuperarse, como la igualdad formal en derechos de hombres y mujeres, la educación pública, laica y gratuita o el conato de una reforma agraria, y algunos que bien pudiera decirse que aún están lejanos o, cuando menos, pendientes, como la separación efectiva entre Estado e Iglesia católica.

Es por ello que hay que seguir concediendo importancia al conocimiento de la historia reciente, de esa memoria democrática con mayúsculas, para que deje de circunscribirse exclusivamente a un grupo concreto, a unas personas aisladas, y pase a formar parte de la memoria colectiva de toda la ciudadanía.

Es por eso que monumentos conmemorativos como el inaugurado en el cementerio de Torrero de Zaragoza son muy necesarios, aunque no saldan ninguna deuda, no cierran ninguna herida, ni con ello las personas represaliadas descansan ya en paz, porque el proceso de reconstrucción de la memoria colectiva de la brutal represión de la república democrática está aún muy incompleto, como atestiguan por ejemplo las más de 600 personas de este monumento que permanecen todavía sin identificar.

Es imprescindible aunar la labor de las asociaciones vinculadas directa e indirectamente con la memoria colectiva, la de las investigaciones históricas, el trabajo en archivos todavía de difícil acceso. Hay que seguir manteniendo la presión social reivindicativa hacia las instituciones representativas para que este movimiento de recuperación de la memoria colectiva siga recuperando espacios para la memoria democrática republicana. Hay que hacerlo porque, por ejemplo, este mismo Ayuntamiento que realiza el monumento conmemorativo referido, mantiene en una dejadez bochornosa un monumento que homenajea a las más de 900 personas de Aragón que fueron internadas en campos de concentración y exterminio nazis.

La lucha continúa.

Tomado Imagén,Artículo:
La República.es

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