13 may. 2009

Atom Egoyan tras el estreno de Adoration

Se ha estrenado Adoration, nueva reflexión del realizador sobre las imágenes, su estatus y su sentido más allá de su apariencia.
Ya en Cannes, donde la obra, presentada a concurso, se llevó el premio del jurado ecuménico, habíamos sido partícipes de la admiración que despierta Adoration. De todos los creadores a tener en cuenta, Atom Egoyan es, en la línea de un Godard, de esos cuya búsqueda teórica es, más allá de la intriga, de la inteligencia de los diálogos, de la calidad de la foto, o del juego de comedia, lo más evidente en esa parte irreductible de una película que se llama cine. De ahí nuestro placer al entrevistarle.
¿De dónde surge la idea de la película ?
Atom Egoyan : Tengo un hijo de quince años y, cuando yo tenía quince años, era un apasionado del teatro. Recordé todo eso, y luego, me pregunté qué se puede hacer en la era de Internet para crear el drama y comunicarse de esta forma con la mayor cantidad de gente posible. Antes llegabas a la gente que tenías a tu alrededor, ahora, a millones de personas. Me acordé también de esa historia de un árabe que había utilizado a su prometida embarazada para transportar una bomba. Las dos historias se juntaron. También pensé en aquellos que me enseñaron a escribir obras de teatro, en la responsabilidad de los profesores, en lo que confiamos en ellos, en cómo un profesor puede imponer, cómo la religión, el arte, todo pierde sentido.
¿Ha sido fácil elegir al reparto ?
Atom Egoyan : Pensé en Arsinée enseguida (Arsinée Khanjian, compañera y actriz fetiche del director) y este texto realmente estaba escrito para ella. Hay algo en ella que hace que en un momento determinado deje de vivir en el mundo real y encarne el personaje. Me encanta verlo en los demás, Catherine Breillat u Oliver Assayas, pero escribo para ella. Después, fue muy difícil encontrar un hijo que resultase creíble en relación a sus padres. Scott Spiedman literalmente se “autoaudicionó”.
¿Considera esta película una continuación de sus películas anteriores ?
Atom Egoyan : Es muy diferente en la segunda parte, con una naturalización de la conversación una vez que la gente ha entablado contacto. Esta parte es muy generosa con el público, incluso aunque yo personalmente prefiera la parte misteriosa del principio. Pero el público prefiere que los personajes estén definidos y la acción sea generosa, es decir, a partir del momento en que se da cuenta de que la mujer es el único nexo con el padre.
Y en el fondo...
Atom Egoyan : Internet ha hecho que mis películas sean diferentes de las de los años ochenta. Speaking parts ya hablaba de la comunicación por satélite, pero ésta era privada, la gente tenía el control.
Con Internet, todo el mundo puede volver universales los momentos más íntimos de la vida. Lo que se pone en Internet se ve inmediatamente en todas partes. Tenemos la necesidad de comunicarnos, a riesgo de hablar de cualquier cosa. Es una sed de información sin valor. De golpe, se hace imposible saber qué es interesante. Hay que hurgar en todas partes. Al final, hace falta redefinirse y dotarse de un sistema de valores. Internet es el triunfo del relativismo. La nueva generación no conoce la jerarquía del saber e ignora el mérito que tiene tener una opinión. Simon, el adolescente de la película, es muy de su generación. No tiene la impresión de ser irresponsable y piensa que tiene derecho a poner lo que quiera en la red, si eso le sirve de ayuda. Incluso las víctimas son abstractas. Para él no hay nada real.
En la época de mis primeras películas, la tecnología no era fácilmente accesible, era muy opresiva y estaba reservada a un entorno muy concreto. Con Internet, ocurre lo contrario, la tecnología no tiene ningún límite ni es para nada opresiva. Si hay un número indefinido de opiniones, ¿cómo se puede saber cuál es la buena ? En Family Viewing, tenemos el vídeo que activa el recuerdo de la abuela, por lo que la cámara se convierte en un fetiche. Tiene algo de religioso. Pero no se puede robar una imagen de Internet. Hay que enseñar a los jóvenes que la película está concebida para la gran pantalla y la concentración. Es una experiencia continua, sin detener la imagen para ir al baño. Si podemos pasar hacia delante con el mando, ¿en qué se queda el plano de diez minutos del final de Sacrificio, el rostro de Ana Karina mirando a la Juana de Arco de Dreyer en Vivir su vida ? Cuando muestro a los estudiantes la película de Straub sobre Bach, les aclaro que se trata de una elección del director sobre la que ellos no tienen ningún poder. Hubo un momento en que todo el mundo estaba educado así. Ahora, para eso, están las cinematecas, pero eso son museos.
Jean Roy
Traducción: Sara De Albornoz
Tomado: L´Humanité

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