14 may. 2009

Estados Unidos: ¿Cómo se pagan las guerras?

Desde el año 2001, el financiamiento y los costos de las guerras en Estados Unidos han mantenido un vertiginoso ritmo ascendente. Al iniciarse ese año las operaciones militares en Afganistán, luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre, las asignaciones para ese escenario bélico fueron de casi 17 mil millones de dólares.Solo dos años después, cuando Estados Unidos invadió Iraq, esa cifra ascendió a 93 mil millones.
Hoy, para sostener ambos conflictos, el Departamento de Defensa destina la enajenante cantidad de 130 mil millones de dólares, agrupados en el eufemístico concepto de "fondos suplementarios".
En teoría, las asignaciones fuera de los planes anuales tienen la intención de proveer fondos adicionales para gastos imprevistos que, por ser solicitados después de aprobado el presupuesto base, no reciben el mismo nivel de pesquisa oficial.
De esta forma, durante siete años consecutivos la administración Bush se valió de esos fondos suplementarios para pagar su llamada guerra contra el terrorismo, toda vez que este resquicio le permitió, una y otra vez, eludir los controles de gastos del Congreso.
Los demócratas prometieron, primero cuando asumieron el control del Congreso y luego de la Casa Blanca, que renunciarían a los gastos suplementarios de emergencia como forma de financiar las guerras en Iraq y Afganistán. Pero hasta hoy, eso no ha ocurrido.
Así lo ratificó el Secretario de Defensa, Robert Gates, al presentar ante el Congreso el plan de reajuste del presupuesto de Defensa para el año fiscal 2010. Lo solicitado no significa, para nada, una disminución en la cantidad destinada al financiamiento de ambos conflictos.
Según Gates, parte del financiamiento que en estos años había sido solicitado y entregado en varias partidas consideradas como "gastos suplementarios", ahora será incluido en la propuesta del Presupuesto Base del Pentágono.
El monto de lo pedido por el Departamento de defensa para el año fiscal 2010 -sin incluir el presupuesto a las guerras- ronda la cifra record de 533 mil millones de dólares; lo que significa 20 mil millones más que lo solicitado para el 2009.
El reto militar de Barack Obama
Dicho estimado da por sentado que Estados Unidos pueda cumplir el cronograma previsto para la retirada, antes que finalice el próximo año, de casi 100 mil efectivos de Iraq, dejando una "fuerza residual" de 35 mil a 50 mil, que abandonará ese país a finales de 2011.
El mayor reto militar de Barack Obama será Afganistán, donde las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos han estado comprometidas por más de siete años. Allí la actual administración asegura ha puesto en práctica una política de "poder de fuego y diplomacia agresiva".
Obama anunció su intención de enviar a Afganistán tres nuevas brigadas de combate, -14 mil soldados- aunque el Pentágono estudia la posibilidad de duplicar el número actual de efectivos y llegar a los 60 mil soldados a finales de año.
Los líderes militares han alertado sobre el incremento de las bajas a medida que aumenta el tamaño de la fuerza y han descrito a Afganistán y Paquistán como más "complejos e intratables" que Iraq.
En un informe elaborado por la Junta de Jefes de Estado Mayor, y que recoge los pilares de la "nueva estrategia" en Afganistán, se recomienda relegar los esfuerzos negociadores y volcarse en el objetivo militar de "derrotar al Talibán".
Al iniciarse el 2009, Estados Unidos mantenía unos 200 mil efectivos desplegados en Iraq y Afganistán.
Para el año fiscal 2011 está previsto que esta cifra disminuya a 125 mil efectivos, a partir de reducir el personal en Iraq a 50 mil, aumentar el contingente en Afganistán entre 60 mil y 70 mil militares, y mantener 10 mil efectivos desplegados, quizás en Kuwait, como apoyo.
Cálculos del Servicio de Investigaciones del Congreso han estimado que el costo anual por cada efectivo en ultramar es de alrededor de 390 mil dólares. Ese monto pudiera dar una idea de lo que, en términos de incremento de gastos, significaría un retraso en la retirada de Iraq.
De cualquier manera, los gastos seguirán siendo inexorablemente proporcionales a la ecuación: cantidad de efectivos desplegados, por tiempo que se prolongue el despliegue, o lo que es lo mismo: tiempo de guerra por efectivo participante.
No obstante, la propia experiencia demuestra que es imposible predecir los costos reales de las guerras, lo que ha obligado a elevar una y otra vez el monto solicitado para los conflictos armados.
En tal sentido, el Centro de Valoraciones Estratégicas y Presupuestarias de Estados Unidos publicó una valoración del costo financiero de las operaciones realizadas por las Fuerzas Armadas del país en el período 2001-2009 y su proyección hasta el 2018.
Según ese estudio, desde el 2001 el gobierno y los contribuyentes estadounidenses han destinado ya unos 904 mil millones de dólares para financiar las operaciones armadas de la "sacrosanta" cruzada mundial antiterrorista.
Ello se desglosa en 648 mil millones de dólares para Iraq y 170 mil millones para Afganistán, lo cual significa que la guerra en Iraq ya ha costado más que todas las libradas anteriormente por Estados Unidos, exceptuando la Segunda Guerra Mundial.
Como resultado, la llamada "Guerra Global contra el Terrorismo" ha causado un impacto negativo para la economía norteamericana. En opinión de analistas, resulta "insostenible" continuar destinando la actual cantidad de fondos a las Fuerzas Armadas.
Precisamente, el temor a que la actual crisis financiera y económica no solo se prolongue, sino que se agrave, es lo que ha propiciado la reorientación de varios programas de armamentos concebidos desde la década de 1980.
La adquisición y desarrollo de nuevos sistemas y tecnologías quedará en un segundo plano.
La estrategia presupuestaria del Departamento de Defensa prevé destinar mayor cantidad de fondos para el incremento del número de efectivos, así como el mantenimiento y la modernización de los sistemas actuales de combate.
Algunos críticos sostienen que, en el caso concreto de Afganistán, tales incrementos significan verter recursos adicionales en un "agujero negro" en el corazçon de las montañas de Asia Central.
Gustavo Robreño Díaz
Tomado: Prensa Latina

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