25 nov. 2010

Día Internacional del Retrete



¿Quién me iba a decir a mí, tan descreído en aniversarios y conmemoraciones, que iba a encontrar, por fin, un feliz día internacional que valiera el agasajo?
Ni el día del padre, el de la madre, el del niño o el de la secretaria, me han merecido nunca respeto alguno, desnaturalizados hasta el aburrimiento si éste viniera empacado y pudiera etiquetarse.

Las innovaciones que en la materia ha habido, con la institución del día del arbusto o del ornitorrinco, tampoco han conseguido interesarme, sin querer restar con ello mis respetos a todos los animalitos y vegetales que estén de cumpleaños.

Lo que de verdad me ha emocionado, en lo que constituye un merecidísimo reconocimiento al más sublime y humano de los espacios, es ese Día Internacional del Retrete que celebró el mundo el 19 de noviembre y del que, desgraciadamente, vengo a saber ahora, días después.

Ni siquiera los grandes medios, tan dados a resaltar fruslerías, se ocuparon de tan feliz aniversario.

La verdad es que tres veces al día, lo reconozco, rindo pleitesía al retrete, no por sus haberes, que los tiene, sino por ser y haberlo sido siempre, ese único reducto amurallado, provisto de cerrojo, al que no llegan visitas indebidas; ese sagrado altar en el que entregarse a la lectura sin timbres que interrumpan ni llamadas que importunen.

Si no fuéramos hipócritas, tan esclavos de las dignas biografías que mentimos, tendríamos que reconocer que en ningún otro trono, como en los retretes, hemos sido más propios y felices, sin un notario al lado que registre la cotidiana historia en la que estamos, un juez que te autorice el paso o la opinión, sin una cita previa, sin un reproche, sin un lamento, sólo nosotros mismos y el retrete. Y en él hemos soñado y descubierto los dos o tres enigmas pendejos de la vida, esos que son la esencia de todos los humanos afanes, que nos llevan y nos traen, de letrina en letrina, y en cuya concurrida soledad hemos urdido las historias que mejor sabemos y contamos.

Lamentablemente, nadie programó jubilosas manifestaciones al respecto de su aniversario que bien pudieron haberse expresado en atención a todos los gustos y posturas que solemos, que nada nos globaliza con más hondura y equidad que esos restos mortales que los días nos desprenden. Ni siquiera tuve noticias de que, en atención al día, se vendieran en el mundo algunos miles más de inodoros y escobillas que en cualquier otra fecha, como triste y mercurial destino que el calendario reserva a estas celebraciones.

Y así ocurrió que el 19 yo también falté a la cita y olvidando que el mundo celebraba el Día Internacional del Retrete me abstuve de rendirle a su memoria mi cálido agasajo.

Pero como a él no le importa y tampoco celebré el 12 de octubre ni el 20 de noviembre, hoy mismo aúno en un solo homenaje esas tres onomásticas y, cumplido con holgura el expediente, con copia a la corona, tiro de la cadena… y hasta nunca.

Koldo Campos Sagaseta

Tomado: Cronopiando.com

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