14 nov. 2010

¿El resurgir de la fraternidad?.


La Huelga

Hace uno años Antoni Domenech se planteaba, en un excelente libro, el porqué del eclipse del valor de la fraternidad dentro de las tradiciones izquierdistas. Una cuestión que no es baladí, ya que este valor, al considerar la Humanidad como una gran hermandad, fue unos de los pilares fundamentales de los movimientos emancipatorios desde la famosa formulación, durante la Revolución Francesa, del lema "Libertad, Igualdad y Fraternidad". Y a partir de este lema, el objetivo de todos estos movimientos fue el de crear un mundo donde reinase la igualdad y la libertad, pero también la fraternidad, la ayuda mutua, el respeto, el cuidado de todos aquellos que comparten con nosotros la vida en este mundo. Y, sobre todo, la unión en este objetivo común.

Mucho ha llovido, sin embargo, desde entonces. Revoluciones, contrarrevoluciones, cismas, cainismos y discusiones bizantinas parecen haber encerrado la fraternidad bajo siete llaves, dejando vía libre a la promoción de valores tipicamente mercantiles en la sociedad, como la competitividad, el individualismo enfermizo del consumidor y el "sálvese quién pueda". Valores que, por sin todavía algún lector no se ha dado cuenta, nos abocan a una nueva época de barbarie, como recordó no hace mucho Jose Luis Sampedro. Y mientras, una izquierda derrotada (duele reconocerlo, pero es así), se entregó o bien al socioliberalismo más descarnado, o se dedicó, en no pocas ocasiones, a analizar sin descanso la ofensiva neoliberal, sin armas para combatirlas, y a lo sumo mostrando un regodeo no poco disimulado con el estallido de las crisis, viendo en ellas una prueba de que se tiene razón.

Pero teniendo razón no basta. Hay que actuar, proponer, cambiar las cosas que están mal hechas. Abandonar los exclusivos "clubes de té" de todo pelaje, donde se discute hasta la saciedad cada aspecto del capitalismo, y renunciar a poner como objetivo último la conservación de los pocos despachitos institucionales que se conservan aquí o allá. Hay que recuperar la fraternidad, la ayuda mutua y la unión de todos aquellos que tenemos una visión de un mundo mejor. No se trata de renunciar a convicciones, propuestas o matices que siempre enriquecen la necesaria discusión. Se trata de buscar objetivos comunes, que haberlos haylos, y actuar. Como dijo Vandana Shiva, hay que buscar un objetivo donde hacer daño y disparar. Pasar de la discusión a la acción.

A este respecto, Francia nos está dando un ejemplo de unión y acción. La huelga general contra las pensiones está alumbrando una nueva esperanza en Europa: es posible otra forma de hacer las cosas. La fraternidad es posible, si queremos que lo sea. Es posible unirse, dejar de ser unos sectarios, y recuperar el viejo lema: ¡UHP!. Podemos, frente a la oscuridad neoliberal, alumbrar una nueva luz basada en la fraternidad, resucitar el fantasma y recuperar la esperanza.

Tomado: revistaananke.org

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